Sábado de Juego (III)
Hoy no he ido a la partida. Decidí quedarme en casa, y no mirar a la cara a esos demonios. Pero ni siquiera en tu hogar estás seguro de los monstruos, y el teléfono sonó.
- ¿Diga?
- Hola, muchacho. ¿Por qué no has venido?
- Joder, tío, estoy hasta arriba de deudas. Ese puta de Manny me sacó hasta el último centavo y...
- Sssch. No quiero oír lamentos. Sabías a qué jugabas, y has perdido. He de decirte que no están nada contentos contigo... han dicho que, si quieres pagar tu deuda, deberás jugar a la rusa.
- No, espera ¿de verdad? Oh Dios, no...
- Oh Dios sí. La jodiste, estás de deudas hasta el culo, y pronto la mierda te saldrá por las orejas. Haz lo que te dicen, amigo.
- Espera, seguro que podré conseguir la pasta ¿ok? Pero no me presiones joder porq-
Me di la vuelta, y vi a mi hijo mirándome, como solía hacerlo... desde abajo. Sin embargo, nunca me pareció inferior, no sé si me explico, y aquella vez no fue una excepción. Me examinó fugazmente en cuanto me volví, pero creo que ya llevaba escuchando algún tiempo.
No tuve más remedio que echarle. Estaba muy tenso, el teléfono echaba humo y mi conversación todavía no había acabado. Le lancé una mirada amenazadora, para intimidarle. No quise hablar, sólo necesitaba que se marchara de inmediato.
Se esfumó.
- Joven, ¿sigues ahí? ¿Oye? Te oigo respirar, no intentes hacerme pensar que la línea se ha cortado. Contaré hasta cinco, muchacho. Después, lamentaras no haberme mandado a la mierda siquiera. Cinco, ¿oye? ¿Qué pasa?
- No, nada, mi hijo.
- Verás...
- Joder, de verdad, estoy con los cojones de corbata... hay demasiadas cosas que pueden salir mal.
- ¿Y a mí qué más me da?
- ¿Pero te has escuchado tío? ¿¡Eh!? ¿Te has escuchado? Tengo familia...
- Ya lo sé... cualquier tipo d-
- Espera, espera.
- Digo que cualquier tipo de pago nos viene bien.
- ¡No!
- Oh, vamos, como si n-
- ¡Ni se os ocurra tocarlos!
- Hiciste un trato, sabías en lo que te metías... y sabemos cosas de ti.
- ¡Lo haré joder, lo haré, pero no me presionéis, no te me pongas farruco conmigo que sabes que la armo! ¡Hasta el puto sabado!
- Hasta el sábado, pues. Tráete la buena suerte, puede que la necesites. Ya conoces las reglas, y cuando llegues allí, nadie te explicará nada, nadie dirá una palabra; vosotros jugáis, nosotros apostamos, punto pelota.
Colgué, y en ese instante, en ese preciso segundo en que el auricular hico clac contra el soporte y mi mano se relajó al liberarse del peso del aparato, el mundo se me vino encima. Sentí como si un enorme camión acabase de chocar contra mí.
¿Cómo decírselo a mi esposa? ¿Cómo contarle que, desde el black jack, he llegado a esto? ¿Qué le diré a mi hijo, que le puedo decir, para que un día no se entristezca porque su papá ya no estará?
¿Cómo se lo diré, si le oigo sollozar detrás del perchero, jadeando de terror? ¿Qué puedo hacer mientras limpio su meado?
- ¿Diga?
- Hola, muchacho. ¿Por qué no has venido?
- Joder, tío, estoy hasta arriba de deudas. Ese puta de Manny me sacó hasta el último centavo y...
- Sssch. No quiero oír lamentos. Sabías a qué jugabas, y has perdido. He de decirte que no están nada contentos contigo... han dicho que, si quieres pagar tu deuda, deberás jugar a la rusa.
- No, espera ¿de verdad? Oh Dios, no...
- Oh Dios sí. La jodiste, estás de deudas hasta el culo, y pronto la mierda te saldrá por las orejas. Haz lo que te dicen, amigo.
- Espera, seguro que podré conseguir la pasta ¿ok? Pero no me presiones joder porq-
Me di la vuelta, y vi a mi hijo mirándome, como solía hacerlo... desde abajo. Sin embargo, nunca me pareció inferior, no sé si me explico, y aquella vez no fue una excepción. Me examinó fugazmente en cuanto me volví, pero creo que ya llevaba escuchando algún tiempo.
No tuve más remedio que echarle. Estaba muy tenso, el teléfono echaba humo y mi conversación todavía no había acabado. Le lancé una mirada amenazadora, para intimidarle. No quise hablar, sólo necesitaba que se marchara de inmediato.
Se esfumó.
- Joven, ¿sigues ahí? ¿Oye? Te oigo respirar, no intentes hacerme pensar que la línea se ha cortado. Contaré hasta cinco, muchacho. Después, lamentaras no haberme mandado a la mierda siquiera. Cinco, ¿oye? ¿Qué pasa?
- No, nada, mi hijo.
- Verás...
- Joder, de verdad, estoy con los cojones de corbata... hay demasiadas cosas que pueden salir mal.
- ¿Y a mí qué más me da?
- ¿Pero te has escuchado tío? ¿¡Eh!? ¿Te has escuchado? Tengo familia...
- Ya lo sé... cualquier tipo d-
- Espera, espera.
- Digo que cualquier tipo de pago nos viene bien.
- ¡No!
- Oh, vamos, como si n-
- ¡Ni se os ocurra tocarlos!
- Hiciste un trato, sabías en lo que te metías... y sabemos cosas de ti.
- ¡Lo haré joder, lo haré, pero no me presionéis, no te me pongas farruco conmigo que sabes que la armo! ¡Hasta el puto sabado!
- Hasta el sábado, pues. Tráete la buena suerte, puede que la necesites. Ya conoces las reglas, y cuando llegues allí, nadie te explicará nada, nadie dirá una palabra; vosotros jugáis, nosotros apostamos, punto pelota.
Colgué, y en ese instante, en ese preciso segundo en que el auricular hico clac contra el soporte y mi mano se relajó al liberarse del peso del aparato, el mundo se me vino encima. Sentí como si un enorme camión acabase de chocar contra mí.
¿Cómo decírselo a mi esposa? ¿Cómo contarle que, desde el black jack, he llegado a esto? ¿Qué le diré a mi hijo, que le puedo decir, para que un día no se entristezca porque su papá ya no estará?
¿Cómo se lo diré, si le oigo sollozar detrás del perchero, jadeando de terror? ¿Qué puedo hacer mientras limpio su meado?
Comentario:
Hey figura!
Lo que me ha costado re-encontrar tu blog XD
A ver si quedamos para tomar unas cañas&brabas
Un saludete
Lo que me ha costado re-encontrar tu blog XD
A ver si quedamos para tomar unas cañas&brabas
Un saludete





