Codificación
El profesor Steelman toqueteaba el gran aparato defensivo cuando sus colegas llegaron al laboratorio. La máquina en cuestión, una estructura metálica rematada a ambos lados por una especie de trombones sujetos y cubiertos por cables, despertó en sus compañeros extrañeza, reticencia y alguna carcajada.
- ¿Y pretende usted, majadero – comenzó Klein, llenándose la boca con aquella falta de respeto -, solucionar así el “problema” que descubrió después de consumir peyote?
Me lo merezco, pensó Steelman con amargura; aunque todos los presentes, físicos cuánticos de probada excelencia, estiraban igual los límites de la realidad con o sin drogas, jamás admitirían consumirlas para alimentar sus teorías. Un científico, pensaban unánimemente, sólo tiene tres constantes: pelo, prestigio y cerebro; y sólo el primero podía aproximarse a cero sin ser catastrófico.
- Como sabrán – rememoró Steelman -, un grupo de seres ultradimensionales ha alcanzado nuestro universo. Dada la naturaleza de su universo, apenas pueden interactuar con nosotros; pero pueden espiarnos incluso en el interior de nuestras cabezas. Mi invento es sencillo: codifica la frecuencia vibratoria de nuestro universo de tal forma que resulte ininteligible para estos “intrusos curiosos”.
- ¡Pero es una locura! – maldijo Fredrikks, antes de echarse a reír -. ¿Y cuándo piensa activar esa máquina infernal, para que veamos el ridículo que ha hecho?
- Ya lo he hecho – aseveró Steelman -. En estz misni monwbri se wbxywbrep a okwbi ewbsunuwbri.
T pau dyw xini wk vywb sixrie kifei au nwra, t oie wai bi oywswa wbrwbswe wari.
DUB
SinDios
Relatos en menos de 250 palabras para gente con prisas.
© del autor.
- ¿Y pretende usted, majadero – comenzó Klein, llenándose la boca con aquella falta de respeto -, solucionar así el “problema” que descubrió después de consumir peyote?
Me lo merezco, pensó Steelman con amargura; aunque todos los presentes, físicos cuánticos de probada excelencia, estiraban igual los límites de la realidad con o sin drogas, jamás admitirían consumirlas para alimentar sus teorías. Un científico, pensaban unánimemente, sólo tiene tres constantes: pelo, prestigio y cerebro; y sólo el primero podía aproximarse a cero sin ser catastrófico.
- Como sabrán – rememoró Steelman -, un grupo de seres ultradimensionales ha alcanzado nuestro universo. Dada la naturaleza de su universo, apenas pueden interactuar con nosotros; pero pueden espiarnos incluso en el interior de nuestras cabezas. Mi invento es sencillo: codifica la frecuencia vibratoria de nuestro universo de tal forma que resulte ininteligible para estos “intrusos curiosos”.
- ¡Pero es una locura! – maldijo Fredrikks, antes de echarse a reír -. ¿Y cuándo piensa activar esa máquina infernal, para que veamos el ridículo que ha hecho?
- Ya lo he hecho – aseveró Steelman -. En estz misni monwbri se wbxywbrep a okwbi ewbsunuwbri.
T pau dyw xini wk vywb sixrie kifei au nwra, t oie wai bi oywswa wbrwbswe wari.
SinDios
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Comentario:
Me ha encantado! Escribes muy bien. También yo escribo microrrelatos y relatos, pero no tan buenos como los tuyos, sin duda. Los puedes encontrar en mi blog "Cuaderno de historias".
Si lo que quieres es leer artículos de opinión, y compartir mis opiniones, puedes entrar en "Mis reflexiones".
Y si quieres participar como autor de cuentos infantiles, entra en "Vamos a imaginar".
Un saludo,
Sara.
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