El Botellón
Cuando en el futuro se nos mire con ojos vidriosos y subjetivos por encima del hombro, reconociéndonos la invención de nuevas formas de practicar sexo para mostrarlas por Internet, la tala de árboles indiscriminada, el agujero de la capa de ozono y el disco del verano, de vez en cuando se verá obligada a dejar los insultos de lado para señalar algunos logros. No hablo de un hombre con un pie en la Luna, ni de los milagros de la medicina, hablo de algo que va tan a contracorriente como el botellón.
¿Fenómeno de masas o simple oportunismo de los medios? A primera vista, el botellón parece el nuevo gran enemigo a batir después de La Ruta del Bakalao, algo que rellenará espacios informativos hasta que algún pringado busque una forma más llamativa de autodestruirse. La idea que se vende es que los jóvenes bebemos hasta perder el conocimiento, y medio inconscientes, con los sentidos adormecidos por el alcohol, esperamos tener la suerte de que una ambulancia nos atropelle para tratar un seguro coma etílico. Suciedad, ruidos, gente arrastrándose por el suelo... ¿no hay algo común en estos conceptos? Sí. Los tres están vistos desde arriba. La suciedad se convierte en botellas, los ruidos, en personas que exponen su opinión.
En numerosos reportajes (se ensañaron especialmente en Telemadrid) mostraban tontitos y sacrílegos gramaticales haciendo el imbécil en mitad de las calles, y cómo no, la basura que se deja a continuación. No entendía mucho la razón de ser de estos reportajes, porque no retrataban a esos chavales como realmente eran: soy el primero en reconocer que delante de una cámara me comportaría como un imbécil. En un botellón se produce lo que no se consigue en una discoteca, o jugando a la consola en casa con amigos y una pizza: comunicación. Puedes beber, destrozar papeleras, mear junto a un árbol, pero básicamente, lo que más vas a hacer es hablar. ¡En conversaciones sostenidas a lo largo de horas! Quizá podría molestar que intercambiemos opiniones; al fin y al cabo, el espíritu que se nos imprime a través del capitalismo es justo el espíritu de grupo: muchas personas pensando lo mismo, convences a una para comprar algo, y ya tienes diez clientes.
Es posible que, después de todo, los problemas que surgen del botellón no sean más que el típico juego de roles: los jóvenes nos comportamos en ocasiones como niñatos, y los vecinos como padres protectores. ¿Y de quién es la culpa? De todos, y lo digo como suena. No soporto esa gente que, por tener alcohol en la sangre, cree tener licencia para gritar y hacer el bestia. Tampoco es de mi agrado los que dejan la basura por el suelo, porque están en la calle, y qué demonios, ya hay barrenderos ¿no? O los que tocan los bongos, una subespecie que, por lo que a mí respecta, es más de la familia de los hongos, pues aunque nadie parece quererles, acaban surgiendo en una esquina, sus ojos entrecerrados, sintiendo una música a la que sólo ellos, en sus destartalados cerebros, encuentran sentido. Estos tarados empañan el fenómeno del botellón. Los tarados frustran cualquier revolución, ya quedó demostrado cuando toda una generación aprovechó el fin de la dictadura de Franco, no como fuente de un cambio social, sino como la música de fondo para llenarse los bolsillos o pasar de largo.
Ay, los vecinos, qué podremos decir de ellos. Pobres. Doble acristalamiento, y aun así pueden oír las vomitonas y, como no, los malditos bongos. Una vez, un eructo nos dejó estas grietas en el techo, dice una señora mayor. Su marido responde que no es el mismo desde que vio para qué puede valer un portal oscuro... Entiendo ese malestar. De verdad, yo sería el primero en quejarme, ¿pero algunos no se estarán quejando por vicio? Con lo que gusta criticar. Es posible que moleste ver a otros pasándolo en grande un viernes cuando a la mañana siguiente toca madrugar.
Por eso, ahí va mi sugerencia. A los que hacemos botellón, moderar el sonido, erradicar los bongos, y comportarnos como personas y no como toros embravecidos. Limpiar la suciedad, recoger todo y depositarlo en bolsas, y las bolsas directas al contenedor. Y los vecinos, que confíen un poco. Y que si quieren, bajen a tomar algo. Es gratis, se lo merecen: gracias por dejar que nos reunamos allí.
Seth Fortuyn, borracho, de vez en cuando y cada vez menos...
¿Fenómeno de masas o simple oportunismo de los medios? A primera vista, el botellón parece el nuevo gran enemigo a batir después de La Ruta del Bakalao, algo que rellenará espacios informativos hasta que algún pringado busque una forma más llamativa de autodestruirse. La idea que se vende es que los jóvenes bebemos hasta perder el conocimiento, y medio inconscientes, con los sentidos adormecidos por el alcohol, esperamos tener la suerte de que una ambulancia nos atropelle para tratar un seguro coma etílico. Suciedad, ruidos, gente arrastrándose por el suelo... ¿no hay algo común en estos conceptos? Sí. Los tres están vistos desde arriba. La suciedad se convierte en botellas, los ruidos, en personas que exponen su opinión.
En numerosos reportajes (se ensañaron especialmente en Telemadrid) mostraban tontitos y sacrílegos gramaticales haciendo el imbécil en mitad de las calles, y cómo no, la basura que se deja a continuación. No entendía mucho la razón de ser de estos reportajes, porque no retrataban a esos chavales como realmente eran: soy el primero en reconocer que delante de una cámara me comportaría como un imbécil. En un botellón se produce lo que no se consigue en una discoteca, o jugando a la consola en casa con amigos y una pizza: comunicación. Puedes beber, destrozar papeleras, mear junto a un árbol, pero básicamente, lo que más vas a hacer es hablar. ¡En conversaciones sostenidas a lo largo de horas! Quizá podría molestar que intercambiemos opiniones; al fin y al cabo, el espíritu que se nos imprime a través del capitalismo es justo el espíritu de grupo: muchas personas pensando lo mismo, convences a una para comprar algo, y ya tienes diez clientes.
Es posible que, después de todo, los problemas que surgen del botellón no sean más que el típico juego de roles: los jóvenes nos comportamos en ocasiones como niñatos, y los vecinos como padres protectores. ¿Y de quién es la culpa? De todos, y lo digo como suena. No soporto esa gente que, por tener alcohol en la sangre, cree tener licencia para gritar y hacer el bestia. Tampoco es de mi agrado los que dejan la basura por el suelo, porque están en la calle, y qué demonios, ya hay barrenderos ¿no? O los que tocan los bongos, una subespecie que, por lo que a mí respecta, es más de la familia de los hongos, pues aunque nadie parece quererles, acaban surgiendo en una esquina, sus ojos entrecerrados, sintiendo una música a la que sólo ellos, en sus destartalados cerebros, encuentran sentido. Estos tarados empañan el fenómeno del botellón. Los tarados frustran cualquier revolución, ya quedó demostrado cuando toda una generación aprovechó el fin de la dictadura de Franco, no como fuente de un cambio social, sino como la música de fondo para llenarse los bolsillos o pasar de largo.
Ay, los vecinos, qué podremos decir de ellos. Pobres. Doble acristalamiento, y aun así pueden oír las vomitonas y, como no, los malditos bongos. Una vez, un eructo nos dejó estas grietas en el techo, dice una señora mayor. Su marido responde que no es el mismo desde que vio para qué puede valer un portal oscuro... Entiendo ese malestar. De verdad, yo sería el primero en quejarme, ¿pero algunos no se estarán quejando por vicio? Con lo que gusta criticar. Es posible que moleste ver a otros pasándolo en grande un viernes cuando a la mañana siguiente toca madrugar.
Por eso, ahí va mi sugerencia. A los que hacemos botellón, moderar el sonido, erradicar los bongos, y comportarnos como personas y no como toros embravecidos. Limpiar la suciedad, recoger todo y depositarlo en bolsas, y las bolsas directas al contenedor. Y los vecinos, que confíen un poco. Y que si quieren, bajen a tomar algo. Es gratis, se lo merecen: gracias por dejar que nos reunamos allí.
Seth Fortuyn, borracho, de vez en cuando y cada vez menos...
Comentario:
El botellon ya no es lo q era!!Al menos aki en Cáceres,antes era toda la ciudad joven reunida en la plaza y part antigua..se prohibio..y ahora se van al recinto ferial..Lejisimos del centro..!Y mira q yo iba por estar con la gente y ver a kien a diario imposible ver en otros sitios,ya q no bebia,pero akello lo exo d menos..!bsots xDD
Comentario:
El Botellón, como todo fenóneno de masas, no se arregla con un simple "quitame aquí una litrona". No creo que tenga solución real, los jóvenes quieren beber y los viejos dormir, y nadie va a cambiar de opinión. Una "campaña de concienciación" para que limpiemos despues de beber, o que hagamos menos ruido mientras estamos borrachos no serviría para nada. Los que somos cuidadosos no la necesitamos, y los bestiajos seguirán siéndolo.
Comentario:
aysss a mi edad lo del botellon, jejeje :S
Besitos salados de CHOI
Besitos salados de CHOI





