DIVINO INTERLUDIO
Dos Hombres estaban tranquilos, tomándose un café.
- ¿Y si dejamos nuestras rencillas? – dijo Uno.
- Sigh. Ellos se pelean; nosotros, discutimos – añadió el Otro.
Dios se rascó la barbilla y puntualizó.
- Pero influimos en su comportamiento. Oye, ¿y Ya-sabes-quién?
- Yo que sé – gruñó Alá mirando su reloj -, pero se le enfriará el café.
Apareció Yahvé al poco tiempo, con gesto adusto y mirada perdida.
- Perdonad – carraspeó – asuntos urgentes.
- ¿Como matar a los míos? – gritó Alá.
- ¡Vete por ahí!
- Ya empiezan...
- ¡Buscamos la paz, y ni siquiera sabemos por dónde empezar!
- ...
- ...
- ... ¿y si empezamos pidiendo unos tés?
- ¿Y si dejamos nuestras rencillas? – dijo Uno.
- Sigh. Ellos se pelean; nosotros, discutimos – añadió el Otro.
Dios se rascó la barbilla y puntualizó.
- Pero influimos en su comportamiento. Oye, ¿y Ya-sabes-quién?
- Yo que sé – gruñó Alá mirando su reloj -, pero se le enfriará el café.
Apareció Yahvé al poco tiempo, con gesto adusto y mirada perdida.
- Perdonad – carraspeó – asuntos urgentes.
- ¿Como matar a los míos? – gritó Alá.
- ¡Vete por ahí!
- Ya empiezan...
- ¡Buscamos la paz, y ni siquiera sabemos por dónde empezar!
- ...
- ...
- ... ¿y si empezamos pidiendo unos tés?





