RECORDAR A BENIGNO, BAJAR LA VISTA
Dedicado a este frío invierno, uno de los más fríos que se recuerdan, y a la poca sensibilidad que ha demostrado la prensa respecto a este tema a lo largo de este año, cuando el año pasado parecían preocuparse bastante por estas cosas.
La Historia sólo recuerda los nombres que le vienen en gana, porque es así de fría. Aunque os pida un ejercicio de memoria, es imposible que os acordéis de Benigno Santiago Fernández. ¿Quién es este tipo?, preguntaréis. ¿Ganó un Oscar? ¿Inventó el láser? ¿Fue una figura política? No. Fue un mendigo.
Su historia empezó en un lugar habitualmente frío como es Galicia. Con sólo quince años, Benigno dejó su Galicia natal en busca de pastos más verdes, y recaló en Cataluña. Una vez allí, buscó un trabajo digno en el que apoyarse para poder vivir, y se instaló y trabajó de camarero. Los años siguientes fueron prósperos. Parece ser que montó su propio negocio y todo, lo que le situó económicamente por encima de muchos de nosotros. Y entonces ocurrió el amor.
El amor es como un copo de nieve que te aterriza en la nuca cuando sacas la basura en pantuflas: impresiona al principio y la sensación se disuelve poco a poco recorriéndote la espalda. Pero en lo que a Benigno respecta, le debió de caer una montaña entera. Se enamoró de una mujer por la que es posible que diera un brazo, y por la que sacrificaría un reino. Un día abrió los ojos al oficio de ella, que trabajaba en un prostíbulo sin contarle nada, y no pudo soportar lo que había.
Con el corazón roto y apuñalado, muerto en vida, Benigno se vio inmerso en una profunda depresión, que le llevó a Madrid y a la bebida. Sacrificó su reino pequeño y seguro, cálido, por un montoncito de basura que, sin calentarle, le protegía del frío del invierno. Y allí bebió y bebió, ahogando sus penas, evadiéndose de la tragedia desde el fondo de una botella, calentando sus miembros entumecidos por el invierno, hasta que su hígado dijo basta y su cuerpo se rindió al frío.
Tenía cuarenta y ocho años cuando murió de una crisis hepática en el subterráneo de Colón el pasado invierno. Dentro de lo que cabe, tuvo suerte, pues algunos observaron el suelo y se molestaron en contemplar los ojos del muerto y sacarle su nombre y su pasado. Y como Benigno hay cientos por las calles de Madrid. ¿Y qué hacemos nosotros? Calentamos nuestras conciencias mandando dinero a fondo perdido al Tercer Mundo, cuando el Tercer Mundo nos visita al comprar el pan o el periódico. Miramos hacia arriba, hacia propósitos más “elevados” como comprar Nike, beber Coca Cola, y ayudar a una ONG. Todas ellas marcas comerciales.
Seguid mirando arriba, a ver si veis a Benigno entre las nubes. Con suerte, se os ocurrirá bajar la vista a todos esos mendigos que os piden cincuenta céntimos. Quiero que penséis una cosa: el Tercer Mundo es el Tercer Mundo para mantener el capitalismo. Unos tienen que ser pobres para que el resto sea asquerosamente rico, para que mantengamos nuestro tren de vida. Y por mucho que mandéis dinero, si al capitalismo le interesa que sigan en la miseria, seguirán en la miseria, y suena horrible lo que digo pero es cierto. Los mendigos, aunque también víctimas del capitalismo, no lo son de forma tan intencionada: son personas que, un día, cayeron por la alcantarilla y no encuentran el camino de vuelta; como decía el cantante, sólo buscan algo de dinero con lo que comprar un barco llamado Dignidad.
Hay mafias detrás de ellos, obligándoles a pagar cuotas. Unos beben, otros coleccionan fotos de Christina Ricci, todos buscan el calor que les negamos, y pasamos por encima de ellos mientras pensamos en Salvemos Al Mundo, Tranquiliza Tu Conciencia (Marca registrada). No quiero que les deis limosna, pues pocos podrán gastar todo el dinero, o lo gastarán en lo que no deberían; aunque sea, miradles como personas que tienen dignidad. Y si os veis con ganas, ayudadles.
Seth Fortuyn, estúpido hipócrita de mierda, charlatán estúpido y concienciado incapaza de mojarse... si no fuera hipócrita, no podría escribir algunas atrocidades con las que liberar ese bicho que le pica todos los putos días y que le recuerda que no es una buena persona, no al menos del todo.
La Historia sólo recuerda los nombres que le vienen en gana, porque es así de fría. Aunque os pida un ejercicio de memoria, es imposible que os acordéis de Benigno Santiago Fernández. ¿Quién es este tipo?, preguntaréis. ¿Ganó un Oscar? ¿Inventó el láser? ¿Fue una figura política? No. Fue un mendigo.
Su historia empezó en un lugar habitualmente frío como es Galicia. Con sólo quince años, Benigno dejó su Galicia natal en busca de pastos más verdes, y recaló en Cataluña. Una vez allí, buscó un trabajo digno en el que apoyarse para poder vivir, y se instaló y trabajó de camarero. Los años siguientes fueron prósperos. Parece ser que montó su propio negocio y todo, lo que le situó económicamente por encima de muchos de nosotros. Y entonces ocurrió el amor.
El amor es como un copo de nieve que te aterriza en la nuca cuando sacas la basura en pantuflas: impresiona al principio y la sensación se disuelve poco a poco recorriéndote la espalda. Pero en lo que a Benigno respecta, le debió de caer una montaña entera. Se enamoró de una mujer por la que es posible que diera un brazo, y por la que sacrificaría un reino. Un día abrió los ojos al oficio de ella, que trabajaba en un prostíbulo sin contarle nada, y no pudo soportar lo que había.
Con el corazón roto y apuñalado, muerto en vida, Benigno se vio inmerso en una profunda depresión, que le llevó a Madrid y a la bebida. Sacrificó su reino pequeño y seguro, cálido, por un montoncito de basura que, sin calentarle, le protegía del frío del invierno. Y allí bebió y bebió, ahogando sus penas, evadiéndose de la tragedia desde el fondo de una botella, calentando sus miembros entumecidos por el invierno, hasta que su hígado dijo basta y su cuerpo se rindió al frío.
Tenía cuarenta y ocho años cuando murió de una crisis hepática en el subterráneo de Colón el pasado invierno. Dentro de lo que cabe, tuvo suerte, pues algunos observaron el suelo y se molestaron en contemplar los ojos del muerto y sacarle su nombre y su pasado. Y como Benigno hay cientos por las calles de Madrid. ¿Y qué hacemos nosotros? Calentamos nuestras conciencias mandando dinero a fondo perdido al Tercer Mundo, cuando el Tercer Mundo nos visita al comprar el pan o el periódico. Miramos hacia arriba, hacia propósitos más “elevados” como comprar Nike, beber Coca Cola, y ayudar a una ONG. Todas ellas marcas comerciales.
Seguid mirando arriba, a ver si veis a Benigno entre las nubes. Con suerte, se os ocurrirá bajar la vista a todos esos mendigos que os piden cincuenta céntimos. Quiero que penséis una cosa: el Tercer Mundo es el Tercer Mundo para mantener el capitalismo. Unos tienen que ser pobres para que el resto sea asquerosamente rico, para que mantengamos nuestro tren de vida. Y por mucho que mandéis dinero, si al capitalismo le interesa que sigan en la miseria, seguirán en la miseria, y suena horrible lo que digo pero es cierto. Los mendigos, aunque también víctimas del capitalismo, no lo son de forma tan intencionada: son personas que, un día, cayeron por la alcantarilla y no encuentran el camino de vuelta; como decía el cantante, sólo buscan algo de dinero con lo que comprar un barco llamado Dignidad.
Hay mafias detrás de ellos, obligándoles a pagar cuotas. Unos beben, otros coleccionan fotos de Christina Ricci, todos buscan el calor que les negamos, y pasamos por encima de ellos mientras pensamos en Salvemos Al Mundo, Tranquiliza Tu Conciencia (Marca registrada). No quiero que les deis limosna, pues pocos podrán gastar todo el dinero, o lo gastarán en lo que no deberían; aunque sea, miradles como personas que tienen dignidad. Y si os veis con ganas, ayudadles.
Seth Fortuyn, estúpido hipócrita de mierda, charlatán estúpido y concienciado incapaza de mojarse... si no fuera hipócrita, no podría escribir algunas atrocidades con las que liberar ese bicho que le pica todos los putos días y que le recuerda que no es una buena persona, no al menos del todo.
Comentario:
Gran razon la que tienes,tienes mas razon que un santo,aun asi no todos los mendigos son "Benignos" seguro que captas lo que te digo.
Me ha gustado mucho esta historia y supongo que volvere,saludos sociopata espero volver.
Me ha gustado mucho esta historia y supongo que volvere,saludos sociopata espero volver.





