CAMARERO (II)
Dicen que la desgracia es una constante en la vida de un artista para que éste pueda expresar su arte en todo su esplendor.
En ese caso, creo que llamaré a un editor, porque debo estar camino de convertirme en un futuro Tolstoi.
Sí, ya, pensarás, no es para tanto, pero tienes que entenderlo. Trabajar aquí justo antes de que se incendiara y conocer a su anterior propietario hizo por mis nervios lo que una bala puede hacer por tu cabeza. No exagero. Trabajar aquí puso a prueba mi paciencia.
Derrumbó toda ética laboral que pudiera haber tenido.
A costa de mí mismo.
A costa de mis nudillos. Y de mi nariz.
Ésta es una historia de maduración, porque al empezar yo era un adolescente de habla rebuscada que no había trabajado en su vida, y he acabado convirtiéndome en un tipejo cínico. La historia será lineal, con el típico planteamiento de presentación, nudo y desenlace.
Por supuesto, no estás aquí al lado, charlando conmigo en el pub: yo estoy sentado escribiendo en mi ordenador, representándome a mí mismo en tu imaginación, y tú estás en la oficina, en el transporte público, en la cama, leyéndome. Pero no esperes una prosa digna de Nóbel, porque de verdad que quiero contarte esto como si estuviéramos tomándonos una copa. Porque dime, ¿qué tiene más encanto, un relato escrito o una historia hablada? ¿Libro o sonido? ¿Escritor o chamán?
No esperes diálogos de novela, carentes de emoción, errores gramaticales y expresiones modernas.
Estás avisado.
Estás a tiempo.
Éste es un contrato, y estás obligado a aceptar lo que en él se especifica. Y si no te gusta, puedes romperlo.
Y comprar un libro que sí hable de la Guerra Civil.
En ese caso, creo que llamaré a un editor, porque debo estar camino de convertirme en un futuro Tolstoi.
Sí, ya, pensarás, no es para tanto, pero tienes que entenderlo. Trabajar aquí justo antes de que se incendiara y conocer a su anterior propietario hizo por mis nervios lo que una bala puede hacer por tu cabeza. No exagero. Trabajar aquí puso a prueba mi paciencia.
Derrumbó toda ética laboral que pudiera haber tenido.
A costa de mí mismo.
A costa de mis nudillos. Y de mi nariz.
Ésta es una historia de maduración, porque al empezar yo era un adolescente de habla rebuscada que no había trabajado en su vida, y he acabado convirtiéndome en un tipejo cínico. La historia será lineal, con el típico planteamiento de presentación, nudo y desenlace.
Por supuesto, no estás aquí al lado, charlando conmigo en el pub: yo estoy sentado escribiendo en mi ordenador, representándome a mí mismo en tu imaginación, y tú estás en la oficina, en el transporte público, en la cama, leyéndome. Pero no esperes una prosa digna de Nóbel, porque de verdad que quiero contarte esto como si estuviéramos tomándonos una copa. Porque dime, ¿qué tiene más encanto, un relato escrito o una historia hablada? ¿Libro o sonido? ¿Escritor o chamán?
No esperes diálogos de novela, carentes de emoción, errores gramaticales y expresiones modernas.
Estás avisado.
Estás a tiempo.
Éste es un contrato, y estás obligado a aceptar lo que en él se especifica. Y si no te gusta, puedes romperlo.
Y comprar un libro que sí hable de la Guerra Civil.
Comentario:
Actualiza ya hombre!! xD





