El Perro Manuel (y III)
En una situación como aquella, lo normal es pensar que estás soñando: un hombre de metro setenta y escaso vello corporal interpreta, su cuerpo retorcido, el papel de pastor alemán mientras todo el mundo se lo cree, menos tú. Sentía que era el fin del mundo y por eso ya no importaba nada.
Aparte, ¿qué pensaría el propio Manuel? ¿Pensaría como un perro o seguiría siendo una persona dentro de su cabeza? Me resultaba complejo aceptar que una persona quisiera vivir como un perro para evitar una discusión, o para preservar una amistad. Que alguien trate de imaginarle, por favor, que se imagine a un chico de metro setenta y cara infantil con el culo en el suelo, las piernas enlazadas y el torso erguido, los brazos estirados hacia abajo y las palmas sobre el piso.
¿No es ridículo? ¿Para volverse loco? Estaba a punto de estallar, pues pensaba que todo se debía a una broma orquestada al alimón entre Ernesto y Manuel. De algún modo se habían compinchado sin que lo supiera y… no, tampoco, porque Ernesto se tendría que preguntar qué demonios habíamos hecho con el perro.
El chucho sigue en el cubo de basura (y seguirá, y tendrá una pequeña columna en el periódico, de cómo unos basureros encontraron a un pastor alemán aplastado por la maquinaria del camión), pensé.
- Bueno, se acabó – dije yo, algo alterado. De todas formas, sólo llevaban veinte minutos con la broma, y tarde o temprano uno de los dos se cansaría de disimular. No había de qué precuparse, no tenía motivos para sentirme mal.
- ¿El qué? – inquirió Ernesto, mirándome asustado. Mi aseveración interrumpió un intercambio de mimos entre el “perro” y él, y mi tono y su volumen lo sobresaltaron.
- Rourff – ladró Manuel, muy dentro de su papel. Se le veía contento, con la lengua fuera, cerca de Ernesto, y su cara se giró y sus ojos encontraron los míos, y el gesto cambió a una mueca suplicante.
¿Trataba de pedirme que no lo delatara?
- Esto es una farsa, en realidad tu perro está muerto. Ése que tienes ahí es nuestro amigo Manuel, intentando imitar a tu perro, no con mucho éxito. – Me vino a la cabeza la primera escena de la pesadilla, Manuel moviéndose como un perro bajo las caricias de Ernesto: una persona no posee la misma anatomía que un perro, y mimetizar ciertos gestos no solo estaba reservado a expertos de la contorsión, sino al ser humano en general. Y sin embargo, Manuel conseguía agitar la espalda y la rabadilla como un animal.
- ¿Es una broma?
Manuel clavó su mirada contra mí. Gritaba delator.
- Te lo juro que no.
Entonces Ernesto volvió la vista hacia Manuel, cogió su cara entre las manos y le clavó una adusta mirada que, desde mi perspectiva, bien podría tener rayos X. Diez segundos después, dejó a nuestro colega y volvió hacia mí. Los primeros pasos trataba de mantener un porte serio, pero la fachada se derrumbó un paso antes de alcanzarme.
Se partió el culo de risa.
- Es una broma, ja ja ja.
No pude más. Me vencieron los nervios, tenía noqueado el sentido de la realidad.
Huí de la casa, sin reparar en las explicaciones que tendría que dar después.
Aparte, ¿qué pensaría el propio Manuel? ¿Pensaría como un perro o seguiría siendo una persona dentro de su cabeza? Me resultaba complejo aceptar que una persona quisiera vivir como un perro para evitar una discusión, o para preservar una amistad. Que alguien trate de imaginarle, por favor, que se imagine a un chico de metro setenta y cara infantil con el culo en el suelo, las piernas enlazadas y el torso erguido, los brazos estirados hacia abajo y las palmas sobre el piso.
¿No es ridículo? ¿Para volverse loco? Estaba a punto de estallar, pues pensaba que todo se debía a una broma orquestada al alimón entre Ernesto y Manuel. De algún modo se habían compinchado sin que lo supiera y… no, tampoco, porque Ernesto se tendría que preguntar qué demonios habíamos hecho con el perro.
El chucho sigue en el cubo de basura (y seguirá, y tendrá una pequeña columna en el periódico, de cómo unos basureros encontraron a un pastor alemán aplastado por la maquinaria del camión), pensé.
- Bueno, se acabó – dije yo, algo alterado. De todas formas, sólo llevaban veinte minutos con la broma, y tarde o temprano uno de los dos se cansaría de disimular. No había de qué precuparse, no tenía motivos para sentirme mal.
- ¿El qué? – inquirió Ernesto, mirándome asustado. Mi aseveración interrumpió un intercambio de mimos entre el “perro” y él, y mi tono y su volumen lo sobresaltaron.
- Rourff – ladró Manuel, muy dentro de su papel. Se le veía contento, con la lengua fuera, cerca de Ernesto, y su cara se giró y sus ojos encontraron los míos, y el gesto cambió a una mueca suplicante.
¿Trataba de pedirme que no lo delatara?
- Esto es una farsa, en realidad tu perro está muerto. Ése que tienes ahí es nuestro amigo Manuel, intentando imitar a tu perro, no con mucho éxito. – Me vino a la cabeza la primera escena de la pesadilla, Manuel moviéndose como un perro bajo las caricias de Ernesto: una persona no posee la misma anatomía que un perro, y mimetizar ciertos gestos no solo estaba reservado a expertos de la contorsión, sino al ser humano en general. Y sin embargo, Manuel conseguía agitar la espalda y la rabadilla como un animal.
- ¿Es una broma?
Manuel clavó su mirada contra mí. Gritaba delator.
- Te lo juro que no.
Entonces Ernesto volvió la vista hacia Manuel, cogió su cara entre las manos y le clavó una adusta mirada que, desde mi perspectiva, bien podría tener rayos X. Diez segundos después, dejó a nuestro colega y volvió hacia mí. Los primeros pasos trataba de mantener un porte serio, pero la fachada se derrumbó un paso antes de alcanzarme.
Se partió el culo de risa.
- Es una broma, ja ja ja.
No pude más. Me vencieron los nervios, tenía noqueado el sentido de la realidad.
Huí de la casa, sin reparar en las explicaciones que tendría que dar después.
Comentario:
Lo prometido es deuda... acabo de estrenar zona de enlaces de interés en mi web y, cómo no, te has llevado premio. Bueno, aún me tengo que currar un poco más los enlaces, pero el primer blog que he puesto ha sido el tuyo (bien merecido).
Peloteos a parte, estoy con Lady Darksoul en eso de que nos tienes a todos enganchados... estoy seguro de que tienes el final de la historia escrito ya desde hace meses pero lo entregas por fascículos por puro marketing...
A ver cuando llega ese final, que estoy intrigado con Manuel!!!
Peloteos a parte, estoy con Lady Darksoul en eso de que nos tienes a todos enganchados... estoy seguro de que tienes el final de la historia escrito ya desde hace meses pero lo entregas por fascículos por puro marketing...
A ver cuando llega ese final, que estoy intrigado con Manuel!!!
Comentario:
No seas cabrón, querido, tú escribes por entregas para mantenernos enganchados. Excusas, las justas.
Míster Capote, ahora que le veo comentar, le diré que he intentado elogiarle en su blog y no se ha dejado :)) Saludos y feliz año.
Míster Capote, ahora que le veo comentar, le diré que he intentado elogiarle en su blog y no se ha dejado :)) Saludos y feliz año.
Comentario:
Roufff!!





