Mi amigo
Mi amigo Alejandro (nombre ficticio) es un hombre felizmente casado y con descendencia. Traspasa ya la cuarentena y se aproxima a la cincuentena, pero su cara lampiña, su abundante pelo negro azabache y su aparentemente buen tipo (no está todo lo obeso o entrado en carnes y grasas que, en general, los hombres de su edad) le confieren apariencia aniñada, parcialmente evitada por su impecable forma de vestir y modales. Todo un ejemplo de corrección en las formas, el trato a los demás y sonrisa perenne en la boca.
Creo que a Alejandro le habria gustado continuar ahora soltero, aunque él afir me lo contrario, y lo feliz que es en su matrimonio.
Cuán feliz será que sus andanzas en pubes de cuarentonas, a la caza y captura de presa fácil eran habituales en las noches de los viernes.
Me invitó muchas veces a tales correrías, y con él fui, simplemente por saber qué es lo que realmente buscaba, y si lo encontraba.
Debe ser que hubo mala caza las veces en que fui con Alejandro, o que mi elocuencia en la palabra y mi apariencia no se aproximaba a la suya, de niño pijo vestido de etiqueta, yupi de fin de semana, nene con ¿clase? donde los haya.
No obstante, sé que triunfó en muchas ocasiones, y sus triunfos consistían no sólo en el pasteleo empalagoso de los gin-tonic con conversación falaz (el muy cabrito no decía ni una sola verdad de él mismo a sus conquistas), sino que llegaba a la alcoba de la susodicha, a un hotelito o a dónde fuese necesario.
Había otra alternativa a los viernes de marcha, que eran los viernes de putas. En ese terreno era donde se movía como pez en el agua, y donde sus conquistas eran la mar de abundantes. Incluso llegó a presumir de que dos putitas se pelearon abiertamente por él una noche que llegó deslumbrante al local.
Lo más curioso y sorprendente eran los viajes en su coche, destino puti-club (o mejor dicho, ruta de puti-clubes), en los que me sermoneaba sobre el profundo amor que profesaba a su esposa, a sus niños y a su estable y dulce hogar. En el otro platillo de la balanza, sus devaneos y polvos (a ser posible, ¡sin preservativo!) en las casas de lenocinio y todo lo trascendente tras la esporádica aventura.
Cada día de safari era una auténtica y excitante aventura para Alejandro. Igual que en el instituto, en las clases de literatura hacíamos los clásico comentarios de texto, en los viajes de vuelta a casa, se realizaben los comentarios de texto sobre la noche en cuestión; lo que había dado de sí la cópula, análisis psicológicos y humanos de la prostituta y perspectivas de futuro de tales relaciones: podríanse continuar o era mejor correr un tupido velo sobre ellas.
En realidad, con la perspectiva que dan unos pocos (4 o 5) años transcurridos, aun desconozco qué demonios buscaba y ansiaba Alejandro en sus cotidianas correrías.
Estas, no eran, por lo demás, ningún misterio para amigos y conocidos, sino más bien sabidas, comentadas y conocidas.
A mi, en mi más profunda soltería, me hubiera molestado y enfurecido estar en boca del personal como "putero mayor". A él, parecía no incomodarle, o más bien, se autoconvencía de que nadie sabía nada y que su mujer nunca sabría nada, porque confiaba ciegamente en él y en los desmentidos, que a buen seguro, muchas madrugadas tuvo que dar al volver a casa.
¿Cómo puede un soltero satisfacer sus necesidades en términos de sexo?
La masturbación está bien para la adolescencia, con las primeras pelis porno, las primeras revistas ojeadas en la clandestinidad o las pajillas en la cama rememorando el roce con tal o cual amiga.
Mas con el tiempo, uno se da cuenta de que los pajotes son un gasto de tiempo y energía inútiles, y que proporcionan más frustración que placer.
¿Cómo, pues, cambiar de registro?
Existen varias soluciones para los solterones empedernidos.
Creo que a Alejandro le habria gustado continuar ahora soltero, aunque él afir me lo contrario, y lo feliz que es en su matrimonio.
Cuán feliz será que sus andanzas en pubes de cuarentonas, a la caza y captura de presa fácil eran habituales en las noches de los viernes.
Me invitó muchas veces a tales correrías, y con él fui, simplemente por saber qué es lo que realmente buscaba, y si lo encontraba.
Debe ser que hubo mala caza las veces en que fui con Alejandro, o que mi elocuencia en la palabra y mi apariencia no se aproximaba a la suya, de niño pijo vestido de etiqueta, yupi de fin de semana, nene con ¿clase? donde los haya.
No obstante, sé que triunfó en muchas ocasiones, y sus triunfos consistían no sólo en el pasteleo empalagoso de los gin-tonic con conversación falaz (el muy cabrito no decía ni una sola verdad de él mismo a sus conquistas), sino que llegaba a la alcoba de la susodicha, a un hotelito o a dónde fuese necesario.
Había otra alternativa a los viernes de marcha, que eran los viernes de putas. En ese terreno era donde se movía como pez en el agua, y donde sus conquistas eran la mar de abundantes. Incluso llegó a presumir de que dos putitas se pelearon abiertamente por él una noche que llegó deslumbrante al local.
Lo más curioso y sorprendente eran los viajes en su coche, destino puti-club (o mejor dicho, ruta de puti-clubes), en los que me sermoneaba sobre el profundo amor que profesaba a su esposa, a sus niños y a su estable y dulce hogar. En el otro platillo de la balanza, sus devaneos y polvos (a ser posible, ¡sin preservativo!) en las casas de lenocinio y todo lo trascendente tras la esporádica aventura.
Cada día de safari era una auténtica y excitante aventura para Alejandro. Igual que en el instituto, en las clases de literatura hacíamos los clásico comentarios de texto, en los viajes de vuelta a casa, se realizaben los comentarios de texto sobre la noche en cuestión; lo que había dado de sí la cópula, análisis psicológicos y humanos de la prostituta y perspectivas de futuro de tales relaciones: podríanse continuar o era mejor correr un tupido velo sobre ellas.
En realidad, con la perspectiva que dan unos pocos (4 o 5) años transcurridos, aun desconozco qué demonios buscaba y ansiaba Alejandro en sus cotidianas correrías.
Estas, no eran, por lo demás, ningún misterio para amigos y conocidos, sino más bien sabidas, comentadas y conocidas.
A mi, en mi más profunda soltería, me hubiera molestado y enfurecido estar en boca del personal como "putero mayor". A él, parecía no incomodarle, o más bien, se autoconvencía de que nadie sabía nada y que su mujer nunca sabría nada, porque confiaba ciegamente en él y en los desmentidos, que a buen seguro, muchas madrugadas tuvo que dar al volver a casa.
¿Cómo puede un soltero satisfacer sus necesidades en términos de sexo?
La masturbación está bien para la adolescencia, con las primeras pelis porno, las primeras revistas ojeadas en la clandestinidad o las pajillas en la cama rememorando el roce con tal o cual amiga.
Mas con el tiempo, uno se da cuenta de que los pajotes son un gasto de tiempo y energía inútiles, y que proporcionan más frustración que placer.
¿Cómo, pues, cambiar de registro?
Existen varias soluciones para los solterones empedernidos.
El pasado
Creo que hasta que no llegamos a determinada edad, no somos conscientes de que lo nuestro, lo que nos va, nuestro futuro está indeleblemente ligado a la soltería.
Es cierto que en ocasiones las dudas nos asaltan y nos mostramos contrariados por, aparentemente, ir a contracorriente, como caminando por una calle abarrotada de gente que incomprensiblemente va en sentido contrario al nuestro. Así, no es anormal que tengamos que esquivar de forma continua e indefinida personas cuyos caminos desconocemos, pero que sabemos a ciencia cierta que se alejan de nuestra posición cada vez más.
Y cuantos más días, semanas, o meses transcurren, más fintas realizamos para no golpearnos continuamente con quienes parecen haber ideado un maligno complot contra nuestra plácida vida de soltero.
Lo curioso y sorprendente es que nunca parecemos observar en esa amplia calle de la vida a alguien que también siga nuestro devenir a contracorriente. Pero los hay, pero raramente coincidimos con ellos. Entre otras cosas, porque también son pocos; somos una minoría y en estos tiempos de lo "politicamente correcto", el bientrato a las minorías es casi obligado.
Pero nada más lejos de la realidad.
Si no, obsérvese lo siguiente:
Primer día del año: fiestas de nochevieja ideadas para parejas; regalos de Reyes especiales para sorprender a la pareja; día de San Valentín con el inefable tufillo comercial para demostrar cariño y amor a la pareja; viaje de Semana Santa para dos personas con hotel en playa paradisíaca, cenas románticas a la luz de la luna y mucho mucho amor de por medio; idéntica situación para las vacaciones de verano.......
Sé lo que estais pensando....qué tiene que ver todo esto con estar soltero. ¿Acaso los solteros no pueden buscarse su rollito para todas estas situaciones?
Sí; cierto, en la forma es así, pero no en el fondo. Porque todo lo anterior está ideado para parejas, y no para solteros que puedan ir a salto de mata según les paraezca.
En otras ocasiones, sin embargo, nuestra ansia de libertad compensa con creces los malos momentos anteriormente descritos. Que son, en general, y a mi modo de ver, menos frecuentes de lo que pensamos.
A mo se me hace francamente difícil pensar, ahora mismo, en despertar cada mañana junto a la misma persona, comer cada día con ella, pasear o hacer las tareas del hogar cada día junto a ella; salir de fiesta, todos y cada uno de los días con ella, y en especial, copular cada día con esa misma persona.
Sí, tal vez una de las cuestiones que más fracasos matrimoniales conlleva es lo del sexo. ¿Os podeis hacer una idea de cuántos hombres casados pululan cada día por los puti-clubes y locales de alterne con la, -me río yo- pueril coletilla de "ir a tomar una copita y ver el ambiente"?
Allí todo quisque acude a follar, aunque algunos se empeñen en decir que van a "hacer el amor", a encontrar la comprensión que han perdido en casa, el cariño olvidado entre cama y cama o alguien que quiera y sepa escuchar.
Todo ello son milongas.
¿Y las señoras que mientras sus maridos trabajan, se dedican a "trabajarse" a todo el que pueden?
Tengo un amigo, cachondo él, que ha comprado un móvil con tarjeta pre-pago (por aquello de la intimidad) y ha insertado un anuncio en la sección de contactos, ofreciéndose a señoras por una módica cantidad de dinero, suma que le permite ciertas licencias económicas en su apretado vivir día a día. Pensé que sólo le llamarían para gastar bromas y reirse del pobre ingenuo. Resulta que el ingenuo soy yo. Tiene una clientela de casadas maduritas bien nutrida, que le llaman para que las folle a lo bestia, y además para pajearse de vez en cuando si la situación así lo exige.
Al menos ellas son coherentes y no se auto-engañan con esa bobada de "hacer el amor" (imaginaos a un tipo madurete, calvito, bien dotado de michelines y feillo él que acude a pedir comprensión, amor y cariño a una rusa de 20 años, rubia despanpanante que quita el hipo: es sonrojante).
Ellas no le piden a mi amigo el puto, aficionado pero puto, comprensión, amor, cariño, esperanza de futuro -otra estupidez que suelen muchos hombres depositar en las rusas veinteañeras de los clubes de alterne- sino sexo sin freno hasta que venga mi marido, o hasta que encuentre otro que me lo haga mejor que tú.
Así son las cosas. ¿Y quereis que pase a engrosar la nómina de puteros profesionales, puteros de entre semana, que se quitan el anillo al entrar al local y compran viagra para aguantar más con la joven que bien podría tener edad para ser su hija?
¿Y a quién le gustaría que mientras uno se desloma trabajando, la parienta se beneficie al gigoló, cachas de gimnasio y que se lo hace, por cierto, de maravilla? Bueno, es posible que la situación sea que mientras el maridito está "en una reunión importante" -con su rusa, claro- su esposa se esté atragantando con el increíble miembro del gigoló.
¿Quién encuentra consuelo en algo así?
¿Durante cuánto tiempo?
¿Y si ma pasara algo así?
¿Sentiría remordimiento al tener una amiguita y engañar continuamente a mi mujer?
¿Y cuáles serían mis sentimientos sospechando que mi mujer me las está dando con queso?
Os voy a contar un caso real: real como la vida misma. Un caso que me da que pensar.
Es cierto que en ocasiones las dudas nos asaltan y nos mostramos contrariados por, aparentemente, ir a contracorriente, como caminando por una calle abarrotada de gente que incomprensiblemente va en sentido contrario al nuestro. Así, no es anormal que tengamos que esquivar de forma continua e indefinida personas cuyos caminos desconocemos, pero que sabemos a ciencia cierta que se alejan de nuestra posición cada vez más.
Y cuantos más días, semanas, o meses transcurren, más fintas realizamos para no golpearnos continuamente con quienes parecen haber ideado un maligno complot contra nuestra plácida vida de soltero.
Lo curioso y sorprendente es que nunca parecemos observar en esa amplia calle de la vida a alguien que también siga nuestro devenir a contracorriente. Pero los hay, pero raramente coincidimos con ellos. Entre otras cosas, porque también son pocos; somos una minoría y en estos tiempos de lo "politicamente correcto", el bientrato a las minorías es casi obligado.
Pero nada más lejos de la realidad.
Si no, obsérvese lo siguiente:
Primer día del año: fiestas de nochevieja ideadas para parejas; regalos de Reyes especiales para sorprender a la pareja; día de San Valentín con el inefable tufillo comercial para demostrar cariño y amor a la pareja; viaje de Semana Santa para dos personas con hotel en playa paradisíaca, cenas románticas a la luz de la luna y mucho mucho amor de por medio; idéntica situación para las vacaciones de verano.......
Sé lo que estais pensando....qué tiene que ver todo esto con estar soltero. ¿Acaso los solteros no pueden buscarse su rollito para todas estas situaciones?
Sí; cierto, en la forma es así, pero no en el fondo. Porque todo lo anterior está ideado para parejas, y no para solteros que puedan ir a salto de mata según les paraezca.
En otras ocasiones, sin embargo, nuestra ansia de libertad compensa con creces los malos momentos anteriormente descritos. Que son, en general, y a mi modo de ver, menos frecuentes de lo que pensamos.
A mo se me hace francamente difícil pensar, ahora mismo, en despertar cada mañana junto a la misma persona, comer cada día con ella, pasear o hacer las tareas del hogar cada día junto a ella; salir de fiesta, todos y cada uno de los días con ella, y en especial, copular cada día con esa misma persona.
Sí, tal vez una de las cuestiones que más fracasos matrimoniales conlleva es lo del sexo. ¿Os podeis hacer una idea de cuántos hombres casados pululan cada día por los puti-clubes y locales de alterne con la, -me río yo- pueril coletilla de "ir a tomar una copita y ver el ambiente"?
Allí todo quisque acude a follar, aunque algunos se empeñen en decir que van a "hacer el amor", a encontrar la comprensión que han perdido en casa, el cariño olvidado entre cama y cama o alguien que quiera y sepa escuchar.
Todo ello son milongas.
¿Y las señoras que mientras sus maridos trabajan, se dedican a "trabajarse" a todo el que pueden?
Tengo un amigo, cachondo él, que ha comprado un móvil con tarjeta pre-pago (por aquello de la intimidad) y ha insertado un anuncio en la sección de contactos, ofreciéndose a señoras por una módica cantidad de dinero, suma que le permite ciertas licencias económicas en su apretado vivir día a día. Pensé que sólo le llamarían para gastar bromas y reirse del pobre ingenuo. Resulta que el ingenuo soy yo. Tiene una clientela de casadas maduritas bien nutrida, que le llaman para que las folle a lo bestia, y además para pajearse de vez en cuando si la situación así lo exige.
Al menos ellas son coherentes y no se auto-engañan con esa bobada de "hacer el amor" (imaginaos a un tipo madurete, calvito, bien dotado de michelines y feillo él que acude a pedir comprensión, amor y cariño a una rusa de 20 años, rubia despanpanante que quita el hipo: es sonrojante).
Ellas no le piden a mi amigo el puto, aficionado pero puto, comprensión, amor, cariño, esperanza de futuro -otra estupidez que suelen muchos hombres depositar en las rusas veinteañeras de los clubes de alterne- sino sexo sin freno hasta que venga mi marido, o hasta que encuentre otro que me lo haga mejor que tú.
Así son las cosas. ¿Y quereis que pase a engrosar la nómina de puteros profesionales, puteros de entre semana, que se quitan el anillo al entrar al local y compran viagra para aguantar más con la joven que bien podría tener edad para ser su hija?
¿Y a quién le gustaría que mientras uno se desloma trabajando, la parienta se beneficie al gigoló, cachas de gimnasio y que se lo hace, por cierto, de maravilla? Bueno, es posible que la situación sea que mientras el maridito está "en una reunión importante" -con su rusa, claro- su esposa se esté atragantando con el increíble miembro del gigoló.
¿Quién encuentra consuelo en algo así?
¿Durante cuánto tiempo?
¿Y si ma pasara algo así?
¿Sentiría remordimiento al tener una amiguita y engañar continuamente a mi mujer?
¿Y cuáles serían mis sentimientos sospechando que mi mujer me las está dando con queso?
Os voy a contar un caso real: real como la vida misma. Un caso que me da que pensar.
Primer mensaje
Acabo de configurar este blog y estoy ya dispuesto a plasmar mis primeros pensamientos en la red.
En realidad no sé que demonios puede interesar todo esto al resto de los mortales, si bien sé de buena tinta que la soltería es un problema de difusión universal, aunque más arraigado, si cabe, en los países occidentales y desarrollados.
Conozco de primera mano la cuestión, no obstante, tal y como me introduje en estos lares, mi soltería en congénita, de naturaleza desconocida y con síntomas bien definidos:
pánico absoluto a la pérdida de libertad, comodidad descrita en términos de extrema complacencia -cuánto mi mamá me mima- indefinición total en lo que a elección de mujer se refiere (a pesar de mis años ; lo que no acierto a explicarme es cómo un pipiolo de 20 años se casa así, a la ligera, sin pensar lo más mínimo en las consecuencias de su acto - que se supone voluntario-), desmotivación por la vida monótona, rutinaria, estereotipada que siguen mis amigos y conocidos casados.
Sin embargo, otros síntomas de naturaleza psicosomática o vegetativa están ausentes: apetito normal, descanso nocturno adecuado, actividad física de moderada a intensa durante la semana, ausencia de fatiga y aburriemiento en el trabajo, ausencia de nerviosismo, palpitaciones, depresión, o sensación de soledad; sensación de hormigueo intelectual al descubrir nuevas, apasionantes y sumamente estimulantes responsabilidades en el trabajo.
¿Así que todo es felicidad?
Pues no, claro que no. Existen problemas asociados a la conducta solterona, que tiene su origen en lo más remoto de mi existencia. Y allá hay que retroceder para descubrir el verdadero estigma de la soltería que me aqueja, y a buen seguro, os aqueja a muchos de vosotros y vosotras.
Descubramos si existen puntos de interés común entre nosotros.
En realidad no sé que demonios puede interesar todo esto al resto de los mortales, si bien sé de buena tinta que la soltería es un problema de difusión universal, aunque más arraigado, si cabe, en los países occidentales y desarrollados.
Conozco de primera mano la cuestión, no obstante, tal y como me introduje en estos lares, mi soltería en congénita, de naturaleza desconocida y con síntomas bien definidos:
pánico absoluto a la pérdida de libertad, comodidad descrita en términos de extrema complacencia -cuánto mi mamá me mima- indefinición total en lo que a elección de mujer se refiere (a pesar de mis años ; lo que no acierto a explicarme es cómo un pipiolo de 20 años se casa así, a la ligera, sin pensar lo más mínimo en las consecuencias de su acto - que se supone voluntario-), desmotivación por la vida monótona, rutinaria, estereotipada que siguen mis amigos y conocidos casados.
Sin embargo, otros síntomas de naturaleza psicosomática o vegetativa están ausentes: apetito normal, descanso nocturno adecuado, actividad física de moderada a intensa durante la semana, ausencia de fatiga y aburriemiento en el trabajo, ausencia de nerviosismo, palpitaciones, depresión, o sensación de soledad; sensación de hormigueo intelectual al descubrir nuevas, apasionantes y sumamente estimulantes responsabilidades en el trabajo.
¿Así que todo es felicidad?
Pues no, claro que no. Existen problemas asociados a la conducta solterona, que tiene su origen en lo más remoto de mi existencia. Y allá hay que retroceder para descubrir el verdadero estigma de la soltería que me aqueja, y a buen seguro, os aqueja a muchos de vosotros y vosotras.
Descubramos si existen puntos de interés común entre nosotros.