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Un soltero como otro cualquiera.
Vivencias y pensamientos de un soltero contumaz, recalcitrante.
Acerca de
Soy soltero de nacimiento. Según creo, es algo que tiene que ver con la genética. He intentado todas las terapias posibles, mas sin resultados. Parece que mi única posibilidad de salvación es la terapia génica, si bien...¿en realidad deseo curarme de mi soltería?
Sindicación
 
La insoportable levedad del tiempo trancurrido
Tengo conciencia de mi mismo y uso de razón desde hace mucho tiempo, muchos años. Al principio, todo era sencillo, fácil; tú no sobrellevabas tu vida si no que era ésta la que te llevaba a ti a lo largo del tiempo, de los días y semanas; de los años.
A mi me llegó el momento del cambio tal vez un poco tarde. Ese cambio no es brusco, pero enseguida te das cuenta de que eres tú el que empieza a cargar con la vida, y hay a veces que domesticarla, porque nunca nos dijeron qué había que hacer cuando se muere tu padre, cuando la persona que creías el centro del universo desaparece sin decir adiós, cuando a ti comienzan a juzgarte por lo que haces en la vida, en el trabajo y percibes que el mundo no está pintado en rosa, que hay personas -sin saber porqué- desean el mal y el fracaso para ti y todo lo tuyo.
No sé aun si un soltero está mejor provisto de recursos para hacer frente a este aluvión de sinsabores que un casado, un ennoviado o un "rejuntado", como dicen en mi pueblo. Lo único que si sé a ciencia cierta es que ocasionalmente, la soledad es la mejor compañera de viaje, aunque al final estés hastiado de horas y horas para la reflexión, quizá tiempo de más que no sabemos ni queremos aprovechar para dicho menester. Pero otras veces, cómo nos gustaría tener a alguien cerca, alguien con quien compartir la insoportable levedad del tiempo transcurrido desde nuestro último fracaso vital y que nos cae a plomo, encima, como una carga que no vemos, pero que indiscutiblemente sentimos en nuestro corazón y en nuestro ánimo.
Y allende los mares de la imaginación, nos acude la feliz escena de nuestro futuro; todo aquello que desearíamos para la vida que todavía nos queda por disfrutar y padecer y que no acertamos a encontrar.
Nos preguntamos si tomar el siguiente cruce en el camino cambiará sustancialmente el futuro, o sólo será como hace dos encrucijadas, un simple rodeo para seguir avanzando en la misma dirección. Pero en el horizonte siempre vemos, como alcanzable, nuestro sueño, nuestra vida feliz, nuestras ansias cumplidas, pero que jamás sabremos si podremos ser capaces de alcanzar.
 
¿Estamos inmunizados los solteros?
La inmunidad es la capacidad del organismo de generar defensas contra determinados sustancias o agentes extraños y que en potencia pueden ocasionar algún tipo de daño.
El sistema inmune dispone para ello de diferentes modos de actuación, todos ellos integrados y coordinados para lograr este fin. No obstante, los mecanismos de regulación de la respuesta inmune fallan, y nos encontramos ante una respuesta exagerada de nuestro sistema defensivo, que es capaz de causar más daño incluso del que habrían causado las sustancias extrañas frente a las cuales reaccionaron. No obstante, nuestro sistema inmune, en general, nos confiere la capacidad defensiva suficiente para estar protegidos frente a nuevas agresiones del mismo agente patógeno.
Los soltereos, como cualquier persona, nos hemos enamorado muchas veces, y hemos hecho cosas que jamás hubiéramos pensado poder realizar sin estar enamorados.
No voy a entrar a describir el estado de enamoramiento, porque creo que es distinto para cada persona, y cada uno es capaz de reconocerlo cuando llega. En definitiva, las sensaciones podrán ser ligeramente diferentes, pero en el fondo, significa que se está enamorado.
El estar enamorado es bueno, en general, mientras dura. Cuando acaba, empero, vienen los malos momentos, los porqués, las amargas preguntas, la melancolía, la tristeza: nos acaba de infectar el virus de la desilusión.
Si es nuestro primer contacto con dicho agente patógeno, nos encontramos ante la etapa de sensibilización previa: somos vírgenes para esa situación extraña y nos encontramos indefensos, inermes. Ahí comienza a actuar el sistema defensivo, elaborando toda una batería de respuesta para un posterior contacto con el virus de la desilusión. Nuestro organismo, tras el cuadro clínico de tristeza, astenia, falta de esperanza, pasividad, ausencia de respuesta ante estímulos, se recupera sin secuelas. Volvemos a la vida normal, y todo nos vuelve a parecer igual que siempre.
Pero con el tiempo, nos volvemos a enamorar, todo es fantástico hasta que, por desgracia, vuelve a infectarnos el virus de la desilusión. En este caso, lo normal es que se activen rápidamente las defensas que se sintetizaron tras el contacto previo, y actúen de modo que nos protejan del cuadro clínico que tanto nos preocupa.
Por desgracia, esto no siempre es así. ¿Significa ello que nuestro sistema inmune no ha funcionado bien? No, pero ocurre que este nuevo virus de la desilusión es ligeramente distinto al que nos infectó la primera vez (probabelente, alguna mutación puntual) que hace que la respuesta de nuestro sistema inmune no sea lo suficientemente específica, y volvamos a caer en el cuadro de tristeza, amargura, decepción.........
O existe otra posibilidad: tan fuerte es la respuesta defensiva de nuestro organismo, que jamás podremos ser ya infectados por el virus de la desilusión. Muchos de los solteros gozan de un estado de permanente protección, de modo que ya nunca se enamorarán de nuevo. Enseguida reconocerán al agente patógeno que les quiere inocular el virus de la desilusión, y reaccionarán de forma enérgica ante él.
Pero ya dijimos antes que a veces nuestro sistema inmune no es capaz de contenerse y genera una respuesta defensiva tan grande que nos causa aun más daño: son las enfermedades autoinmunes.
Pues bien, esto sucede a veces con algunos solteros. Tan enorme es la reacción ante un amor perdido, que nos sumimos en un estado de tristeza, desesperación, crisis nerviosa, depresión, deseos de suicidio y al final, por desgracia, el paso a la otra vida. Total, por un amor despechado....quién lo iba a decir.
Lo más normal es que los solteros dispongamos de un nivel de protección adecuado frente a nuevos contactos con el agente invasivo, y en mayor o menor medida podamos hacer frente a una nueva infección. A veces, el nivel de protección es tan alto que estamos seguros que es imposible que nos enamoremos de nuevos; es decir, estamos completamente inmunizdos ante un nuevo amor. El enamoramiento, sin embargo, es altamente variable en su genotipo (ADN, ARN), y ligeras modificaciones en él (mutaciones) hacen que no sean fácilmente reconocibles para nuestro sistema inmune. Por ello, todos estamos expuestos a posibles nuevas infecciones y a las condiciones clínicas que el virus nos imponga.
La recomendación, por ello, es la de estar siempre atento para reconocer al agente causal de nuestro mal, y en todo caso, dejar que actúe nuestro sistema defensivo frente a la enfermedad del amor.
 
El sexo.
¡Qué sería de nosotros sin el sexo.....!
Cuando era joven, o más joven que ahora, el sexo me parecía materia revestida de misterio, sombras, lejanía, pecaminosidad y algo extremadamente perjudicial para la salud.
Pero sobre todo, era algo que se ve pero bajo ningún concepto, debe ser usado, so pena de incurrir en delito de graves consecuencias.
Claro que yo era casi un niño, con poca información, menos formación y todo el interés del mundo en dicha materia, cosa que por cierto, era frecuente en mis coetáneos.
La masturbación era un excelente método de procurarse un goce desconocido, y que permitía disfrutar de cualquier hembra.
La mayor parte de ellas formaban parte de la memoria reciente; algunas estaban impresas en papel y casi ninguna en formato televisivo o de video. Pero luego llegaban los remordimientos, acentuados por el extraño estado de sopor en el que quedábamos sumidos tras el gozoso trance. Y que me dicen del acné y de los "granos pajeros"......tópico indemostrado pero que nos avergonzaba al llegar a clase y ser descubiertos por los compañeros. Sí, compañeros y no compañeras, porque éstas no se metían en tales cuestiones.
Más crecidito, cuando uno todavía no ha probado ayuntamiento carnal alguno, la masturbación es mucho más imaginativa, sobre todo, en cuanto a métodos, y uno prueba todo lo que ve, lee, oye o le cuentan.
En época de exámenes, entre dos y tres "manuelas" al día podían llegar a caer sin causar merma en el rendimiento académico o deportivo. Es la época de máxima actividad, en la que a uno le dicen "te pajeas más que los monos", y bien cierto es.
Ahora, no se me ocurriría hacerme tres "tairos" al día, porque seguramente entraría en coma.
Pero finalmente llega el momento en que uno prueba mujer, y a partir de ahí la masturbación deviene en estigma, en inútil gasto energético con poco aprovechameinto, incluído cuando se produce con abundante material audiovisual.
Comenzamos entonces a pasar del orgasmo penetratorio a conocer los más intrincados caminos del arte amatorio, a disfrutar más con los preámbulos que con el espasmódico momento de la eyaculación, y como solteros, nos encanta conocer muchos, pero que muchos nidos de amor distintos.
Nos vuelve loco ese trocito de carne femenina que estudiamos anatómica e histológicamente en todos sus detalles, para conocerlo bien y saber cómo debemos usarlo y tocarlo.
Fornicamos como posesos, y somos capaces de levantar el mástil con tanta frecuencia y poderío que pensamos si no estaremos en los albores de alguna confusa enfermedad que nos mantiene enhiestos cópula tras cópula.
Más avanzado el tiempo, y con la experiencia necesaria, aunque no siempre suficiente, lo del follar sin ton ni son se vuelve supérfluo, nos aburre y a veces hasta nos incomoda.
Descubrimos a alguien con quien disfrutamos como con nadie, nos comenzamos a prodigar en el sexo con esa persona y al final, que más que final es principio, volvemos a darnos cuenta de que en realidad estamos hartos, cansados, hastiados del sexo; que no nos dice nada, porque no amamos, sino simplemente deseamos, y que bien podríamos fornicar con cualquier mujer en el mundo que finalmente no pasaríamos de un discreto orgasmo, sin más trascendencia.
Y uno empieza a preguntarse si podría estar toda su vida, a partir de un momento dado, copulando con la misma mujer sin sentirse culpable de estar haciendo algo así como decirle "cabrón" al árbitro en el fútbol para desahogarse de la tensión de la semana.