¿Donde estás?
¿Es posible que hoy te haya visto?
Sí, a tí, a esa persona a la que busco desde hace no sé cuánto tiempo, y a la que nunca encuentro.
La verdad es que podría haberte preguntado, sencilla solución, pero como siempre, he preferido que entre tú y yo haya un abismo insoslayable, una barrera infranqueable, una nebulosa, mezcla de indiferencia, timidez, inseguridad y dejadez.
Es la misma historia de siempre. Te miro a los ojos, tú miras los míos y a mi me parece haber encontrado a quién también me buscaba y me deseaba.
Pero nunca lo voy a saber.
Mi mirada, penetrente, acaso insolente no hace más que perturbarte, y te preguntas quién soy y qué quiero.
Una vaga sensación de interés te hace tenerme en tus pensamientos por un tiempo.
¿Quién será? ¿Cómo será? ¿Tan frío y apático como aparenta? ¿Es su timidez, su cobardía, su indiferencia la que me confunde?
¿Qué quiere?
¿Porqué me mira de ese modo, tan fijo, que taladra mis defensas e inerme quiere verme ante él?
¿Y porqué luego me abandona; no prosigue, temeroso...?
Pero, ¿de qué?
Sí, ya sé, quizá es inseguro. Uno de tantos. O quizá sólo mira mis piernas de bailarina, mi pecho que tantas otras miradas concita, mientras libidinosos pensamientos casi me desnudan ante ese desconcertante mirar.....
Es lo mismo de siempre. Uno más. Otro que espera que me abandone a mi suerte en su brazos, pensando que son los brazos que tanto ansié en mi vida, esos brazos que ma dan seguridad, calor y cariño. Y miraló, si es que no tiene ni el arrojo suficiente como para preguntarme cómo me llamo. No esperará a que sea yo quién se dirija a él. Pues no sé quién se creerá que es.
O tal vez me esté volviendo paranoica y en realidad, tampoco tenga interés por mi. Acostumbrada a concitar toda suerte de miradas, comentarios, lascivos pensamientos e incluso intentos de contacto inmediato, quizá este pobre no es de esos.
Sí, creo que se trata de eso. Me he confundido. Y es una lástima, porque para uno que me resulta interesante, lejos de empalagos e idiotas. Pero que le vamos a hacer.
Y entoces, ella se aleja de mi, sin que haya sido capaz de articular palabra, de hacer otra cosa que intimidar con la mirada, de parecer, sólo eso, parecer tener interés por ella.
¿Eras tú? ¿Eras tú quién yo esperaba? Te he tenido, por un momento te he tenido cerca de mi, pero no he sabido conseguirte.
Y te alejas de mi. Y nuestros comunes pensamientos se diluyen a cada paso que das. ¿Volveré a verte?
Quizá sí, pero entonces será diferente. Ya no tendremos nada en común.
Entonces, seré consciente de que tú nunca serás mía.
No, no eras tú.....
Sí, a tí, a esa persona a la que busco desde hace no sé cuánto tiempo, y a la que nunca encuentro.
La verdad es que podría haberte preguntado, sencilla solución, pero como siempre, he preferido que entre tú y yo haya un abismo insoslayable, una barrera infranqueable, una nebulosa, mezcla de indiferencia, timidez, inseguridad y dejadez.
Es la misma historia de siempre. Te miro a los ojos, tú miras los míos y a mi me parece haber encontrado a quién también me buscaba y me deseaba.
Pero nunca lo voy a saber.
Mi mirada, penetrente, acaso insolente no hace más que perturbarte, y te preguntas quién soy y qué quiero.
Una vaga sensación de interés te hace tenerme en tus pensamientos por un tiempo.
¿Quién será? ¿Cómo será? ¿Tan frío y apático como aparenta? ¿Es su timidez, su cobardía, su indiferencia la que me confunde?
¿Qué quiere?
¿Porqué me mira de ese modo, tan fijo, que taladra mis defensas e inerme quiere verme ante él?
¿Y porqué luego me abandona; no prosigue, temeroso...?
Pero, ¿de qué?
Sí, ya sé, quizá es inseguro. Uno de tantos. O quizá sólo mira mis piernas de bailarina, mi pecho que tantas otras miradas concita, mientras libidinosos pensamientos casi me desnudan ante ese desconcertante mirar.....
Es lo mismo de siempre. Uno más. Otro que espera que me abandone a mi suerte en su brazos, pensando que son los brazos que tanto ansié en mi vida, esos brazos que ma dan seguridad, calor y cariño. Y miraló, si es que no tiene ni el arrojo suficiente como para preguntarme cómo me llamo. No esperará a que sea yo quién se dirija a él. Pues no sé quién se creerá que es.
O tal vez me esté volviendo paranoica y en realidad, tampoco tenga interés por mi. Acostumbrada a concitar toda suerte de miradas, comentarios, lascivos pensamientos e incluso intentos de contacto inmediato, quizá este pobre no es de esos.
Sí, creo que se trata de eso. Me he confundido. Y es una lástima, porque para uno que me resulta interesante, lejos de empalagos e idiotas. Pero que le vamos a hacer.
Y entoces, ella se aleja de mi, sin que haya sido capaz de articular palabra, de hacer otra cosa que intimidar con la mirada, de parecer, sólo eso, parecer tener interés por ella.
¿Eras tú? ¿Eras tú quién yo esperaba? Te he tenido, por un momento te he tenido cerca de mi, pero no he sabido conseguirte.
Y te alejas de mi. Y nuestros comunes pensamientos se diluyen a cada paso que das. ¿Volveré a verte?
Quizá sí, pero entonces será diferente. Ya no tendremos nada en común.
Entonces, seré consciente de que tú nunca serás mía.
No, no eras tú.....
La vuelta.
La inevitable vuelta a casa lleva aparejado consigo el no menos evitable retorno al trabajo, a las costumbres, a las rutinas -en el literal sentido de la palabra- que asolan nuestra existencia.
Pero no hay de qué extrañarse. El ser humano ha constituído su deambular por la vida como un ciclo que ha de cumplirse, una y otra vez. Ese ciclo, a su vez evidentemente influido por el cíclico acontecer universal, cósmico -y para no divagar más, porque la Tierra gira alrededor del sol y éste lo hace en otra órbitra alrededor de sistemas estelares mayores- nos conduce inexorablemente a volver al mismo camino cada unidad de existencia transcurrida, si bien ese camino está jalonado por acontecimientos, vivencias y sensaciones diferentes cada vez.
Porque cualquiera que ha practicado "footing" y lo ha hecho en un determinado circuito, sabe en cada momento por qué camino, vereda, cuesta tiene que pasar en cada momento, aunque las sensaciones son distintas cada día, los pensamientos, los tormentos que determinan cuánto estamos dispuestos a sufrir ese día, qué ritmo queremos seguir, qué ánimo nos impulsa a mejorar nuestro recorrido y llegar a la meta en las mejores condiciones posibles, también diferencian un día de otro.
No descubro nada nuevo. Pero a veces, uno no piensa en que éste ha sido un año más, sino en que nos queda un año menos por disfrutar o por sufrir, según se mire.
Volvemos al principio, al punto de partida, con nuestro equipaje, presto a ser incrementado de nuevas experiencias, momentos de vida, sensaciones, que a buen seguro determinarán el resto del viaje, el resto del camino, el resto de nuestros ciclos.
Vivimos encerrados en una jaula y a veces no somos conscientes de ello. ¿Alguien se imagina -que es mucho imaginar- qué podría pensar una bacteria - Escherichia coli, por ejemplo- si viviera encerrada y sin poder salir del Santiago Bernabeu?
Nosotros, bacterias grandes, vivimos confinados en un enorme ciclo que repetimos una y otra vez, y que jamás podremos romper, para huir hacia otra parte.
Tal vez lo peor no sea que nunca romperemos ese ciclo y la imposibilidad de salir de él, sino el ser conscientes de ello.
Como dijo Mark Twain, es más fácil quedarse fuera que salir. Pero a nosotros, nadie nos dio la posibilidad de quedarnos fuera.
Pero no hay de qué extrañarse. El ser humano ha constituído su deambular por la vida como un ciclo que ha de cumplirse, una y otra vez. Ese ciclo, a su vez evidentemente influido por el cíclico acontecer universal, cósmico -y para no divagar más, porque la Tierra gira alrededor del sol y éste lo hace en otra órbitra alrededor de sistemas estelares mayores- nos conduce inexorablemente a volver al mismo camino cada unidad de existencia transcurrida, si bien ese camino está jalonado por acontecimientos, vivencias y sensaciones diferentes cada vez.
Porque cualquiera que ha practicado "footing" y lo ha hecho en un determinado circuito, sabe en cada momento por qué camino, vereda, cuesta tiene que pasar en cada momento, aunque las sensaciones son distintas cada día, los pensamientos, los tormentos que determinan cuánto estamos dispuestos a sufrir ese día, qué ritmo queremos seguir, qué ánimo nos impulsa a mejorar nuestro recorrido y llegar a la meta en las mejores condiciones posibles, también diferencian un día de otro.
No descubro nada nuevo. Pero a veces, uno no piensa en que éste ha sido un año más, sino en que nos queda un año menos por disfrutar o por sufrir, según se mire.
Volvemos al principio, al punto de partida, con nuestro equipaje, presto a ser incrementado de nuevas experiencias, momentos de vida, sensaciones, que a buen seguro determinarán el resto del viaje, el resto del camino, el resto de nuestros ciclos.
Vivimos encerrados en una jaula y a veces no somos conscientes de ello. ¿Alguien se imagina -que es mucho imaginar- qué podría pensar una bacteria - Escherichia coli, por ejemplo- si viviera encerrada y sin poder salir del Santiago Bernabeu?
Nosotros, bacterias grandes, vivimos confinados en un enorme ciclo que repetimos una y otra vez, y que jamás podremos romper, para huir hacia otra parte.
Tal vez lo peor no sea que nunca romperemos ese ciclo y la imposibilidad de salir de él, sino el ser conscientes de ello.
Como dijo Mark Twain, es más fácil quedarse fuera que salir. Pero a nosotros, nadie nos dio la posibilidad de quedarnos fuera.