La hora de la despedida.
Ya sé que te vas. Era algo inevitable; sabía que habría de ocurrir, tarde o temprano, pero mantenía -no sé si de un modo demasiado inocente- la esperanza de que fueras tú esa persona que tanto quise encontrar y con la que me he sentido tan, tan bien......
Sé que te vas y que jamás sabremos el uno del otro, jamás volveremos a cruzar nuestras miradas, jamás entrelazaremos nuestras manos mientras exploramos nuestros mutuos deseos de amor y protección, jamás nos abrazaremos y sentiremos los latidos de nuestros corazones al unísono, como queriendo ser sólo uno y dar vida al otro, jamás oiré tu voz, pronunciando mi nombre, susurrando palabras que no sé si hieren o gustan demasiado, jamás sentire tu cuerpo junto al mío, como si nunca hubieran estado separados por un abismo de tiempo, de tierras, de culturas, de vivencias; siempre todo ya será sin ti; cada momento, cada lugar, cada instante, cada nimiedad en la que estabas, ya, será, para siempre, sin ti......

Allá donde te encuentres, sólo espero que en tu corazón, haya un pequeño, muy pequeño y recóndito lugar en el que me halle presente.
Y cuando encuentres a esa persona, que te haga de nuevo sentir lo mismo que yo, sólo deseo que sonrias, me recuerdes, alces la cabeza y sacándome de ese rinconcito de tu corazón, susurres mi nombre, y dejes que la brisa, allá donde yo me encuentre, me traiga tu voz y tus palabras.......entonces, sé feliz, muy feliz y olvídate de mi para siempre........diecinueve añitos......
Sé que te vas y que jamás sabremos el uno del otro, jamás volveremos a cruzar nuestras miradas, jamás entrelazaremos nuestras manos mientras exploramos nuestros mutuos deseos de amor y protección, jamás nos abrazaremos y sentiremos los latidos de nuestros corazones al unísono, como queriendo ser sólo uno y dar vida al otro, jamás oiré tu voz, pronunciando mi nombre, susurrando palabras que no sé si hieren o gustan demasiado, jamás sentire tu cuerpo junto al mío, como si nunca hubieran estado separados por un abismo de tiempo, de tierras, de culturas, de vivencias; siempre todo ya será sin ti; cada momento, cada lugar, cada instante, cada nimiedad en la que estabas, ya, será, para siempre, sin ti......

Allá donde te encuentres, sólo espero que en tu corazón, haya un pequeño, muy pequeño y recóndito lugar en el que me halle presente.
Y cuando encuentres a esa persona, que te haga de nuevo sentir lo mismo que yo, sólo deseo que sonrias, me recuerdes, alces la cabeza y sacándome de ese rinconcito de tu corazón, susurres mi nombre, y dejes que la brisa, allá donde yo me encuentre, me traiga tu voz y tus palabras.......entonces, sé feliz, muy feliz y olvídate de mi para siempre........diecinueve añitos......
De blogs y bitácoras bis.
He de reconocer que soy bastante negado para la informática, que me sigue pareciendo materia áspera como pocas, y para la que hay que estar bien dotado, si se desea permanecer en la cresta de la ola de un tsunami llamado internet, lar do habitan los magabites, las redes virtuales, las sindicaciones, los servidores remotos y los lenguajes informáticos, especie de dialecto que, como digo, únicamente los escogidos son capaces de dominar sin que cada pequeño avance de cada día, les haga peligrar el rumbo.
Aun así, lo intento; buena prueba de ello es este llamado blog, cuya traducción al español puede ser cuaderno de bitácora de navegantes virtuales, de mares de información, de océanos de servidores, de tempestades de megabites y de calma chicha de pérdida de conexión con el servidor.
Pero ¿a quién puede interesar lo que aquí se dice? ¿Realmente hay personas que leen lo que escribo?
Desnudar el alma en internet es relativamente fácil.

Los asistentes para la creación de estos recónditos mundos son tan fáciles de seguir, que hasta la torpeza personificada -como yo- puede tener su propia estrella, aunque sea fugaz, en el universo de las vivencias puestas al descubierto.
Incluso, añadir imágenes, poner un contador para saber, caray, ¡ que hay gente que te lee !, y que repite; modificar el diseño para hacerlo más atractivo al visitante, es tarea sencilla (pues ya podría demostrarlo, porque hay que ver que flojito blog tengo).
Lo difícil, mucho más que moverse en un mundo en el que cada día todo cambia y nada es igual, es tener algo que decir.
He visitado algunos blogs para ver qué decían, cómo lo decían y porqué lo decían. Propósito de aprender.
Y he tenido la valentía de relatar aqui vivencias que sólo mi corazón conocía y jamás antes compartidas. Mas el universo de la red de redes posibilita poner al servicio de los demás nuestra visión de la realidad, del pequeño mundo en el que nos movemos a diario y de lo cotidiano que vivimos y sufrimos. De nuestras alegrías y nuestras penas; de nuestras frustraciones e ilusiones; de nuestros deseos y ambiciones; de nuestra intimidad.
Hay veces en las que la página en blanco de crear artículo nuevo es un monstruo que abre sus fauces y parace querer devorarnos. Será porque no tenemos qué decir, o cómo decirlo o nos aterroriza que alguien pueda conocer aquello que nos atormenta, que nos seduce y que bien podría ser utilizado en contra nuestra.....en el juicio que se nos practique.
Pero al final, resulta que todos somos de carne y hueso y que estamos cortados por idéntico patrón. Para ser este universo tan inmenso, tan aparentemente despersonalizado, resulta que todos sufrimos, todos nos alegramos, todos vivimos la misma vida bajo el mismo cielo, pero con horizontes diferentes.
Ojalá siempre tenga algo que contar y sepa cómo hacerlo. Seguro que al otro lado de esta pantalla, habrá alguien que sienta en su corazón que los magabites, son, en realidad, lágrimas de otra persona de alguna parte del mundo.
Aun así, lo intento; buena prueba de ello es este llamado blog, cuya traducción al español puede ser cuaderno de bitácora de navegantes virtuales, de mares de información, de océanos de servidores, de tempestades de megabites y de calma chicha de pérdida de conexión con el servidor.
Pero ¿a quién puede interesar lo que aquí se dice? ¿Realmente hay personas que leen lo que escribo?
Desnudar el alma en internet es relativamente fácil.

Los asistentes para la creación de estos recónditos mundos son tan fáciles de seguir, que hasta la torpeza personificada -como yo- puede tener su propia estrella, aunque sea fugaz, en el universo de las vivencias puestas al descubierto.
Incluso, añadir imágenes, poner un contador para saber, caray, ¡ que hay gente que te lee !, y que repite; modificar el diseño para hacerlo más atractivo al visitante, es tarea sencilla (pues ya podría demostrarlo, porque hay que ver que flojito blog tengo).
Lo difícil, mucho más que moverse en un mundo en el que cada día todo cambia y nada es igual, es tener algo que decir.
He visitado algunos blogs para ver qué decían, cómo lo decían y porqué lo decían. Propósito de aprender.
Y he tenido la valentía de relatar aqui vivencias que sólo mi corazón conocía y jamás antes compartidas. Mas el universo de la red de redes posibilita poner al servicio de los demás nuestra visión de la realidad, del pequeño mundo en el que nos movemos a diario y de lo cotidiano que vivimos y sufrimos. De nuestras alegrías y nuestras penas; de nuestras frustraciones e ilusiones; de nuestros deseos y ambiciones; de nuestra intimidad.
Hay veces en las que la página en blanco de crear artículo nuevo es un monstruo que abre sus fauces y parace querer devorarnos. Será porque no tenemos qué decir, o cómo decirlo o nos aterroriza que alguien pueda conocer aquello que nos atormenta, que nos seduce y que bien podría ser utilizado en contra nuestra.....en el juicio que se nos practique.
Pero al final, resulta que todos somos de carne y hueso y que estamos cortados por idéntico patrón. Para ser este universo tan inmenso, tan aparentemente despersonalizado, resulta que todos sufrimos, todos nos alegramos, todos vivimos la misma vida bajo el mismo cielo, pero con horizontes diferentes.
Ojalá siempre tenga algo que contar y sepa cómo hacerlo. Seguro que al otro lado de esta pantalla, habrá alguien que sienta en su corazón que los magabites, son, en realidad, lágrimas de otra persona de alguna parte del mundo.
Nueva experiencia
Me estoy enfrentando, desde hace algunos meses, a una experiencia desconocida hasta ahora para mi. Puede parecer algo tan trivial, tan superfluo de relatar que no despierte el más mínimo interés de nadie. Porque creo que no abundan - y corríjanme si no ando bien encaminado- los hombres solteros que además de serlo, hayan de ejercer como tales.
Cuando me conminan a elegir el color de la pintura con la que he de decorar mi nueva casa; cuando he de saber si los mecanismos de la instalación eléctrica combinarán bien con los antedichos colores electos; cuando he de decidir si el cuarto de baño ha de tener una u otra distribución y si la grifería es adecuada; cuando debo, con todas las consecuencias, decidir si las cortinas serán así o de otra manera, y si esta alfombra combinará adecuadamente no sólo con los colores de la maldita pared, sino con los muebles, que maldita sea, aun no he elegido; entonces, me doy cuenta de lo difícil que es ser soltero y ejercer con dignidad y aplomo la soltería.
Es cuando, súbitamente, envidio a todos aquellos que tienen una mujercita con la que consultar tan trascendentes decisiones. Y no hablo en clave irónica; no hablo de coña, porque el lugar en el que voy a vivir no lo creo asunto baladí, del que pueda hacer dejación de funciones de modo que, finalmente, mi dulce hogar háyase transformado, como por arte de la más evidente displicencia, en cámara de los horrores estética, en la que mis más desasosegantes pesadillas tomen cuerpo cada mañana, al despertar, o durante la noche, cuando retorno a mi nido de confort acabando la dura jornada de trabajo.

Y sea entonces cuando, al tomar una ducha, el terror se apodere de mi al comprender, por fin, la odiosa selección de sanitarios que hice; y sea presa del pánico cuando quiera entrar a la cocina y mis ojos delaten la siniestra combinación de suelo-pared-muebles; y cualquier película de Fred Astaire sea causa de taquicardia cuando soy consciente del crimen que he cometido con el saloncito, que prometía tanto en sus comienzos, como simple habitáculo definido por cuatro paredes y un techo, con tanto futuro y tantas posibilidades arruinadas por no tener a quien pedir opinión.
A veces, como antaño, como siempre, qué necesaria es una mujer.
¡ Y miren que no hablo de precisamente de sexo !
Cuando me conminan a elegir el color de la pintura con la que he de decorar mi nueva casa; cuando he de saber si los mecanismos de la instalación eléctrica combinarán bien con los antedichos colores electos; cuando he de decidir si el cuarto de baño ha de tener una u otra distribución y si la grifería es adecuada; cuando debo, con todas las consecuencias, decidir si las cortinas serán así o de otra manera, y si esta alfombra combinará adecuadamente no sólo con los colores de la maldita pared, sino con los muebles, que maldita sea, aun no he elegido; entonces, me doy cuenta de lo difícil que es ser soltero y ejercer con dignidad y aplomo la soltería.
Es cuando, súbitamente, envidio a todos aquellos que tienen una mujercita con la que consultar tan trascendentes decisiones. Y no hablo en clave irónica; no hablo de coña, porque el lugar en el que voy a vivir no lo creo asunto baladí, del que pueda hacer dejación de funciones de modo que, finalmente, mi dulce hogar háyase transformado, como por arte de la más evidente displicencia, en cámara de los horrores estética, en la que mis más desasosegantes pesadillas tomen cuerpo cada mañana, al despertar, o durante la noche, cuando retorno a mi nido de confort acabando la dura jornada de trabajo.

Y sea entonces cuando, al tomar una ducha, el terror se apodere de mi al comprender, por fin, la odiosa selección de sanitarios que hice; y sea presa del pánico cuando quiera entrar a la cocina y mis ojos delaten la siniestra combinación de suelo-pared-muebles; y cualquier película de Fred Astaire sea causa de taquicardia cuando soy consciente del crimen que he cometido con el saloncito, que prometía tanto en sus comienzos, como simple habitáculo definido por cuatro paredes y un techo, con tanto futuro y tantas posibilidades arruinadas por no tener a quien pedir opinión.
A veces, como antaño, como siempre, qué necesaria es una mujer.
¡ Y miren que no hablo de precisamente de sexo !
La Navidad.
Hubo un tiempo en que mi corazón se estremecía al llegar la Navidad; no sé porqué motivo, pero así sucedía año tras año.
Ocurría cuando era niño, lo cual imagino no era sólo asunto que a mi concerniera, sino que más bien era común al resto de las gentes.
Cuando uno es niño, cree en los Reyes Mayos (o en Papá Noel, o Santa Claus, como quieran) y la importancia de ello deriva no del simple hecho de querer, desear y anhelar regalos, sino de tener arraigada en el corazón la creencia de que Navidad es magia; de que hay alguien bueno que se preocupa de nosotros, y al que no podemos ocultar nuestro suspenso en matemáticas, que nos negamos a comer el potage de mediodía o que nos portamos fatal en casa. Y eso es peligroso, ya que corremos el grave peligro de quedarnos sin regalos. Y lo peor, sin magia, sin la magia de una noche cuasi en vela, de incertidumbre, de nerviosismo, de ilusión contenida y luego desbordada.
Porque siempre, siempre los Reyes Magos, o Santa Claus superan con creces nuestras expectativas.
Yo, al menos, nunca me sentí defraudado. Muy al contrario.
Y en Navidad, el aire era distinto; transfundía a mi corazón un sentimiento especial, ese sentimiento que me impulsaba a decorar el Belén, a colocar el árbol de Navidad con el mayor de los cuidados, como si fuese la única vez en la vida que ello habría de suceder.

Cuando uno es niño no entiende de otras cosas que no sean las que surgen del interior, muy del interior. Por ello, los niños son puros y son capaces de percibir ese algo especial de la Navidad.
Y a medida que uno crece, esa mágica capacidad de percepción se desvanece, se diluye al paso de días, semanas, meses y años, de modo que sólo cuando queremos regresar al pasado y entender porqué ya la Navidad no nos dice nada y es tan distinta, comprendemos que hay cosas para las que jamás debimos dejar de ser niños.
Para mi, la Navidad es vorágine humana, sentimientos fingidos, querer ser buenos sólo un día y justificar así lo que hacemos durante los otros 364.
Me he preguntado tantas veces si es normal que casi odie la Navidad, si seré un extraño en el mundo y si esa marea humana de confeti, matasuegras, gorritos de cartón, canapés y cava realmente manifiestan lo que sienten, lo fingen o simplemente es que nunca furon niños, como yo.
Ocurría cuando era niño, lo cual imagino no era sólo asunto que a mi concerniera, sino que más bien era común al resto de las gentes.
Cuando uno es niño, cree en los Reyes Mayos (o en Papá Noel, o Santa Claus, como quieran) y la importancia de ello deriva no del simple hecho de querer, desear y anhelar regalos, sino de tener arraigada en el corazón la creencia de que Navidad es magia; de que hay alguien bueno que se preocupa de nosotros, y al que no podemos ocultar nuestro suspenso en matemáticas, que nos negamos a comer el potage de mediodía o que nos portamos fatal en casa. Y eso es peligroso, ya que corremos el grave peligro de quedarnos sin regalos. Y lo peor, sin magia, sin la magia de una noche cuasi en vela, de incertidumbre, de nerviosismo, de ilusión contenida y luego desbordada.
Porque siempre, siempre los Reyes Magos, o Santa Claus superan con creces nuestras expectativas.
Yo, al menos, nunca me sentí defraudado. Muy al contrario.
Y en Navidad, el aire era distinto; transfundía a mi corazón un sentimiento especial, ese sentimiento que me impulsaba a decorar el Belén, a colocar el árbol de Navidad con el mayor de los cuidados, como si fuese la única vez en la vida que ello habría de suceder.

Cuando uno es niño no entiende de otras cosas que no sean las que surgen del interior, muy del interior. Por ello, los niños son puros y son capaces de percibir ese algo especial de la Navidad.
Y a medida que uno crece, esa mágica capacidad de percepción se desvanece, se diluye al paso de días, semanas, meses y años, de modo que sólo cuando queremos regresar al pasado y entender porqué ya la Navidad no nos dice nada y es tan distinta, comprendemos que hay cosas para las que jamás debimos dejar de ser niños.
Para mi, la Navidad es vorágine humana, sentimientos fingidos, querer ser buenos sólo un día y justificar así lo que hacemos durante los otros 364.
Me he preguntado tantas veces si es normal que casi odie la Navidad, si seré un extraño en el mundo y si esa marea humana de confeti, matasuegras, gorritos de cartón, canapés y cava realmente manifiestan lo que sienten, lo fingen o simplemente es que nunca furon niños, como yo.
El camino.
Camino solitario, el de la vida
frío, lejano el horizonte
a veces tortuoso
o cuesta arriba;
llano y lento de andar,
sin saber adónde me conduce
lo sigo paso a paso
sin encontrar quien acompañe,
quien ayuda preste;
quien la mano tienda, cuando uno desfallece
y cree que no merece la pena el caminar,
el alejarse de ningún sitio
para a ningún sitio ir a parar....
¿Eres tú el rumbo
de mi caminar?
¿Porqué te cruzaste en mi camino,
si pronto, me ibas a dejar
sólo, frente a un horizonte oscuro,
presagiando tormenta, vientos
de soledad y de amargura?
Sigo triste mi caminar
mi caminar sigo triste
porque a tu lado no voy a hallar
quien consuele
mi dolor, el dolor
que tú me hiciste.

frío, lejano el horizonte
a veces tortuoso
o cuesta arriba;
llano y lento de andar,
sin saber adónde me conduce
lo sigo paso a paso
sin encontrar quien acompañe,
quien ayuda preste;
quien la mano tienda, cuando uno desfallece
y cree que no merece la pena el caminar,
el alejarse de ningún sitio
para a ningún sitio ir a parar....
¿Eres tú el rumbo
de mi caminar?
¿Porqué te cruzaste en mi camino,
si pronto, me ibas a dejar
sólo, frente a un horizonte oscuro,
presagiando tormenta, vientos
de soledad y de amargura?
Sigo triste mi caminar
mi caminar sigo triste
porque a tu lado no voy a hallar
quien consuele
mi dolor, el dolor
que tú me hiciste.

Es dura la vida ¿verdad?
¿Porqué es así la vida? ¿Porqué? ¿Porqué me tiene que pasar esto? Nunca nada va a cambiar.....¿porqué es así mi vida....?Entre sollozos, lágrimas que rezumaban la más triste y desesperada amargura, me hacías estas preguntas y yo, con un nudo en la garganta, sabiéndome lejos de la trsite realidad que te oprime y descerraja día a día tu joven y triste corazón, no era capaz de encontrar una respuesta, siquiera de hallar palabras que consolaran tu desesperado grito contra las injusticias, el sufrimiento que te afecta a ti, y, como tú dices, a tu mamá, a la que tanto amas. Y me has demostrado que la amas, porque lo haces todo por ella, y consagras tus esfuerzos y tus desdichas a paliar el sufrimiento ajeno; consagras tus diecinueve añitos y tu cuerpo de mujer a la persona que te dio la vida, que te amó y que te ama, y que tampoco podría soportar las lágrimas que derramas, una tras otra y que se llevan de tu rostro, al caer, las marcas de la crueldad con que la vida te marca hoy...y te marcará mañana.
No sé cuando dejarás de llorar, porque bien dices que te conozco a ti, pero no tu vida; no sé cuando dejarás de sufrir; no sé cuándo en tus diecinueve añitos habrá alegría y esperanza; no sé si un día llegarás a ser como yo, una persona que jamás padeció en sus carnes la crueldad de la sinrazón, de la injusticia, del abyecto oprobio que te humilla....
No lo sé, y no sé cómo darte esperanza, cómo darte un poco de felicidad. Sólo sé que estar contigo no es suficiente; únicamente abrazarte y besarte no es bastante, pero tu rostro cambia y se ilumina y me doy cuenta de que por unos instantes eres feliz de verdad...instantes en los que, simultáneamente, una sobrecogedora tristeza me invade: ¡qué poco es lo que puedo hacer por ti!
No sé cuando dejarás de llorar, porque bien dices que te conozco a ti, pero no tu vida; no sé cuando dejarás de sufrir; no sé cuándo en tus diecinueve añitos habrá alegría y esperanza; no sé si un día llegarás a ser como yo, una persona que jamás padeció en sus carnes la crueldad de la sinrazón, de la injusticia, del abyecto oprobio que te humilla....
No lo sé, y no sé cómo darte esperanza, cómo darte un poco de felicidad. Sólo sé que estar contigo no es suficiente; únicamente abrazarte y besarte no es bastante, pero tu rostro cambia y se ilumina y me doy cuenta de que por unos instantes eres feliz de verdad...instantes en los que, simultáneamente, una sobrecogedora tristeza me invade: ¡qué poco es lo que puedo hacer por ti!