Sólo sueños.
Hay una barrera infranqueable entre tú y yo, una montaña que se eleva hasta el infinito y hará imposible que podamos estar siquiera un sólo un momento cerca; lo sabes tan bien como yo y a pesar de ello, tu mirada translucía una extraña y repentina sensación de interés, o quizá de necesidad por saber qué clase de persona sería, cómo podría conducirme en tu cercanía, cómo sonaría mi voz en tus oidos, y qué de misteriosa tendría mi palabra.
Sé que te resultaba muy difícil apartar tu mirada de mi y aunque me propuse no cruzarla contigo, varias veces sucedió, sacudiendo mi corazón de un modo que no podía, por más que quise, disimular.
¿Cómo es posible conocer a alguien sin nunca antes haberlo tenido cerca?
¿Cómo discernir los sentimientos con un simple cruce de miradas; cómo reconocer en esa persona algo que jamás antes pudo adivinarse en cualquier otro ser humano.....?
Sabes tan bien como yo que soy un sueño para ti, tanto como tú lo eres para mi y sin embargo, un gran vacío se hace sitio en mi corazón al admitir como en tan poco tiempo, volverás a estar lejos, muy lejos, y no seré más que el recuerdo de algo que nunca fue, pero sucedió; un sueño de estar despierto, una gratificante sensación de dolor porque el destino no nos permitió más que saber que jamás estaríamos juntos.
Sé que te resultaba muy difícil apartar tu mirada de mi y aunque me propuse no cruzarla contigo, varias veces sucedió, sacudiendo mi corazón de un modo que no podía, por más que quise, disimular.
¿Cómo es posible conocer a alguien sin nunca antes haberlo tenido cerca?
¿Cómo discernir los sentimientos con un simple cruce de miradas; cómo reconocer en esa persona algo que jamás antes pudo adivinarse en cualquier otro ser humano.....?
Sabes tan bien como yo que soy un sueño para ti, tanto como tú lo eres para mi y sin embargo, un gran vacío se hace sitio en mi corazón al admitir como en tan poco tiempo, volverás a estar lejos, muy lejos, y no seré más que el recuerdo de algo que nunca fue, pero sucedió; un sueño de estar despierto, una gratificante sensación de dolor porque el destino no nos permitió más que saber que jamás estaríamos juntos.
La madurez.
Cuando uno es joven, le va la marcha, salir, las discos, el cubateo, dormir poco y presumir continuamente de horas ininterrumpidas de fiesta; la conversación suele ser superficial, artificiosa en exceso y dirigida, sobre todo, a impresionar a las chicas. No sé porque motivo, pensamos que ellas son una suerte de individuos de regional preferente, mientras nosotros, los chicos, lo somos de liga de campeones. Sé que las buenas formas en el vestir, la alegría y locuacidad en el comportamiento, una cara bonita y un buen perfume pueden obrar maravillas. Si a eso añadimos la espontaneidad que proporcionan unos buenos chistes, disponemos de los ingredientes necesarios -aunque no suficientes- para ser especialmente atractivos para ellas.
Nunca nos atrevemos a mencionar nuestra formación académica, estudios, y sobre todo, nos empeñamos, nos empecinamos en no ser aburridos. Ser aburrido con una chica es estar muerto antes de empezar, garantiza el fracaso y perder por goleada.
Lo que ocurre es que no tenemos una idea clara de qué es ser aburrido exactamente. Pensamos que ser aburrido es querer irse a dormir antes de las 4 de la mañana, no beber alcohol, no presumir de dormir poco dedicando la vida en pleno a la fiesta total, no hacer idioteces con el coche en la carretera y no estar en rebeldía contra tus padres -tus viejos-
Hace tiempo supe que mi problema era seguir la corriente que a todos nos arrastraba, que nos hacía iguales, cortados por el mismo superficial patrón de ignorancia y en general, malas costumbres.
Decidí entonces cambiar el cubateo por el descanso, el pasteleo inútil por el gimnasio, la estupidez de la pérdida de tiempo por la lectura o el teatro, la impuesta homogeneidad en el vestir y el comportamiento por la tuya propia, los chistes simplones por la fina ironía y la sutileza.....y me ha dado un resultado que ni yo mismo esperaba.
Lo que podría aparecer a los ojos de las chicas como un carca trasnochado, aburrido, fuera de lugar, demasiado formal y antiguo es ahora distinto:
conversa con la perspectiva que proporcionan años de cierta formación humana y criterio propio, sin miedo a ser tachado de rémora del pasado, porque uno es capaz de defender argumentos con solidez y sin miedo a discrepar de opiniones más comunes; hay ausencia total de miedo al rechazo. Ello es fundamental.
Uno es como es, y no debe tratar de ser diferente queriendo ser idéntico a los demás, porque así es como una mujer encuentra y ve a todos los hombres. Y precisamente cuando halla a uno distinto, diferente, surge el interés, la atracción.
Decididamente, en general las mujeres son mucho más maduras e inteligentes de lo que los hombres acostumbramos a creer.
El sustituir ociosas costumbres por la práctica del deporte -que nunca abandoné, aunque estuve muy próximo- me ha ido diferenciando cada vez más de mis coetáneos, incluso aproximándome más y más en mi aspecto y forma a un veinteañero. Y eso gusta, gusta mucho, porque una mujer joven es ante todo, joven y ama la estética, las formas, la perfección.
Qué curiosa combinación ésta, pero he de señalar que es efectiva. Sin olvidar la experiencia que proporciona la edad en el sexo. Hipócrita sería el no reconocerlo. Uno no presume, ni se envanece, ni se vanagloria de nada. Simplemente da lo que es capaz de dar. Y ellas juzgan. Así de sencillo.
Quizá desaproveché mi juventud; demasiadas horas perdidas en las que ni me divertía, ni aprendía ni experimentaba nada. Tal vez por eso, claro, era joven.

Nunca nos atrevemos a mencionar nuestra formación académica, estudios, y sobre todo, nos empeñamos, nos empecinamos en no ser aburridos. Ser aburrido con una chica es estar muerto antes de empezar, garantiza el fracaso y perder por goleada.
Lo que ocurre es que no tenemos una idea clara de qué es ser aburrido exactamente. Pensamos que ser aburrido es querer irse a dormir antes de las 4 de la mañana, no beber alcohol, no presumir de dormir poco dedicando la vida en pleno a la fiesta total, no hacer idioteces con el coche en la carretera y no estar en rebeldía contra tus padres -tus viejos-
Hace tiempo supe que mi problema era seguir la corriente que a todos nos arrastraba, que nos hacía iguales, cortados por el mismo superficial patrón de ignorancia y en general, malas costumbres.
Decidí entonces cambiar el cubateo por el descanso, el pasteleo inútil por el gimnasio, la estupidez de la pérdida de tiempo por la lectura o el teatro, la impuesta homogeneidad en el vestir y el comportamiento por la tuya propia, los chistes simplones por la fina ironía y la sutileza.....y me ha dado un resultado que ni yo mismo esperaba.
Lo que podría aparecer a los ojos de las chicas como un carca trasnochado, aburrido, fuera de lugar, demasiado formal y antiguo es ahora distinto:
conversa con la perspectiva que proporcionan años de cierta formación humana y criterio propio, sin miedo a ser tachado de rémora del pasado, porque uno es capaz de defender argumentos con solidez y sin miedo a discrepar de opiniones más comunes; hay ausencia total de miedo al rechazo. Ello es fundamental.
Uno es como es, y no debe tratar de ser diferente queriendo ser idéntico a los demás, porque así es como una mujer encuentra y ve a todos los hombres. Y precisamente cuando halla a uno distinto, diferente, surge el interés, la atracción.
Decididamente, en general las mujeres son mucho más maduras e inteligentes de lo que los hombres acostumbramos a creer.
El sustituir ociosas costumbres por la práctica del deporte -que nunca abandoné, aunque estuve muy próximo- me ha ido diferenciando cada vez más de mis coetáneos, incluso aproximándome más y más en mi aspecto y forma a un veinteañero. Y eso gusta, gusta mucho, porque una mujer joven es ante todo, joven y ama la estética, las formas, la perfección.
Qué curiosa combinación ésta, pero he de señalar que es efectiva. Sin olvidar la experiencia que proporciona la edad en el sexo. Hipócrita sería el no reconocerlo. Uno no presume, ni se envanece, ni se vanagloria de nada. Simplemente da lo que es capaz de dar. Y ellas juzgan. Así de sencillo.
Quizá desaproveché mi juventud; demasiadas horas perdidas en las que ni me divertía, ni aprendía ni experimentaba nada. Tal vez por eso, claro, era joven.

La metamorfosis.
Durante muchos años, y como fruto de mi extraordinaria timidez e inseguridad, mis relaciones con las mujeres fueron casi inexistentes. Además, las típicas bromas que se gastaban en el colegio a propósito de las novias que, a veces de manera aleatoria le asignaban a uno, terminaron por cerrar un círculo de difícil reapertura.
La situación rozaba lo tragi-cómico, porque siendo ya hombre hecho y derecho, no había tenido nunca novia reconocida -lo trágico- y porque incluso llegué a creer que algo tendría yo (¿o era algo que no tenía, es decir, de lo que carecía?) para estar en dicha tesitura -lo cómico-
Exceptuando a Aurora (nombre ficticio), nunca llegué a ir separado de la pandilla con una chica. En aquel entoces tenía 17 años.
Bien fuera por mi fortaleza mental, bien fuera porque en mi cabeza revoloteaban otras ideas, mis dos principales decepciones amorosas, ya pasados los 25 años, no me afectaron a largo plazo, o si lo hicieron, fue para originar en mi una especie de inmunidad al enamoramiento - cuestión de la que ya hablé en uno de mis primeros escritos del blog.
Tal vez porque desde los 25 años, si bien no he desechado la idea de encontrar una mujer a mi medida, sí que lo he tenido como algo más bien secundario, he podido ir superando la visión de amigo tras amigo casándose, separándose, reproduciéndose, sin considerar que algo grave estaba sucediendo conmigo.
Dicho en román paladín, no me ha amargado la existencia ver que no encontraba a nadie para compartir mi vida. Por contra, una exquisita libertad permea por todos los poros de mi cuerpo, algo que no pueden precisamente afirmar esos amigos, ahora ¿felizmente? casados, con niños, con tripones enormes y alópecicos perdidos.
¿Y qué ha ocurrido conmigo? Que no se qué extraña circunstancia se da ahora para que tres delicias de 19, 21 y 24 años se muestren interesadas, hasta el enamoramiento, de mi.
Sí, chicas jóvenes de 19, 21 y 24 años que jamás me miraron cuando yo tenía tal edad, resulta que ahora quieren pasar el fin de semana junto a mi, compartir mi cama, mis besos, el sexo que les doy; quieren ir de vacaciones a algún lejano lugar, quieren ser parte de mi vida.
Ha sido, pues, la metamorfosis; la bestia que se torna en bella; el ninguneado en deseado; el rechazado en apreciado; el olvidado en recordado y requerido....
¿Cuáles son las claves de esta transformación?
El próximo día os contaré qué cosas han cambiado y el porqué, en mi opinión de tan milagrosa transmutación.

La situación rozaba lo tragi-cómico, porque siendo ya hombre hecho y derecho, no había tenido nunca novia reconocida -lo trágico- y porque incluso llegué a creer que algo tendría yo (¿o era algo que no tenía, es decir, de lo que carecía?) para estar en dicha tesitura -lo cómico-
Exceptuando a Aurora (nombre ficticio), nunca llegué a ir separado de la pandilla con una chica. En aquel entoces tenía 17 años.
Bien fuera por mi fortaleza mental, bien fuera porque en mi cabeza revoloteaban otras ideas, mis dos principales decepciones amorosas, ya pasados los 25 años, no me afectaron a largo plazo, o si lo hicieron, fue para originar en mi una especie de inmunidad al enamoramiento - cuestión de la que ya hablé en uno de mis primeros escritos del blog.
Tal vez porque desde los 25 años, si bien no he desechado la idea de encontrar una mujer a mi medida, sí que lo he tenido como algo más bien secundario, he podido ir superando la visión de amigo tras amigo casándose, separándose, reproduciéndose, sin considerar que algo grave estaba sucediendo conmigo.
Dicho en román paladín, no me ha amargado la existencia ver que no encontraba a nadie para compartir mi vida. Por contra, una exquisita libertad permea por todos los poros de mi cuerpo, algo que no pueden precisamente afirmar esos amigos, ahora ¿felizmente? casados, con niños, con tripones enormes y alópecicos perdidos.
¿Y qué ha ocurrido conmigo? Que no se qué extraña circunstancia se da ahora para que tres delicias de 19, 21 y 24 años se muestren interesadas, hasta el enamoramiento, de mi.
Sí, chicas jóvenes de 19, 21 y 24 años que jamás me miraron cuando yo tenía tal edad, resulta que ahora quieren pasar el fin de semana junto a mi, compartir mi cama, mis besos, el sexo que les doy; quieren ir de vacaciones a algún lejano lugar, quieren ser parte de mi vida.
Ha sido, pues, la metamorfosis; la bestia que se torna en bella; el ninguneado en deseado; el rechazado en apreciado; el olvidado en recordado y requerido....
¿Cuáles son las claves de esta transformación?
El próximo día os contaré qué cosas han cambiado y el porqué, en mi opinión de tan milagrosa transmutación.
