Aquí de nuevo.
Sí; parecía que las vacaciones no llegaban y ya están a punto de terminar. Hay que volver al trabajo, a la rutina de cada día -qué triste es pensar que cuando no vacacionamos nuestro existir es sólo rutina- a volver a darse cuenta de que los buenos momentos, el descanso, el cambio de ambiente no es más que un pasajero que sube en una estación y baja tan rápido, en la siguiente, que carecemos del tiempo necesario para conocerlo, siquiera para saber su nombre.
Pero cada año nos acordamos de él, del poco tiempo que permaneció junto a nosotros y de la felicidad que nos produjo.
Y ese pasajero, que se sube a nuestra vida cada año, siempre es distinto, pero siempre nos trae algo diferente para poder saborear nuestra existencia.
Luego, lo recordamos, pero poco, pues estamos deseando entonces saber quién será el próximo; qué nos deparará, y que maravillosos recuerdos nos dejará, de modo que afrontemos con esperanza e ilusión un nuevo año de trabajo y sacrificio.

Pero cada año nos acordamos de él, del poco tiempo que permaneció junto a nosotros y de la felicidad que nos produjo.
Y ese pasajero, que se sube a nuestra vida cada año, siempre es distinto, pero siempre nos trae algo diferente para poder saborear nuestra existencia.
Luego, lo recordamos, pero poco, pues estamos deseando entonces saber quién será el próximo; qué nos deparará, y que maravillosos recuerdos nos dejará, de modo que afrontemos con esperanza e ilusión un nuevo año de trabajo y sacrificio.






