Algo más que sexo.
A veces me pregunto porqué en ocasiones uno anda loco por el sexo y no hace más que pensar en coitar sin descanso, mientras hay días o semanas en que todo lo que huela a sexo se hace incluso detestable.
No sé si tendrá que ver en ello el hecho de que los solteros no disponemos a diario -en general- de alguien con quien darle gusto al hermanito y resulta trabajoso muchas veces encontrar con quien retozar un rato.
Aunque me viene ahora a la cabeza aquel dicho de follas menos que un casado, que por cierto no acabo de entender del todo, pues es de suponer que a las mujeres casadas debe de interesarles el sexo, entre otras cosas, porque como no satisfagan a sus maridos, éstos irán a buscar fuera la carencia que sufren dentro.
El caso es que ignoro por completo si esta ausencia absoluta de deseo carnal es normal, anormal o depende de las circunstancias. Desde luego he de afirmar que las mías no son precisamente difíciles -en cuanto mi situación laboral, económica, mental- por lo que deduzco que en caso de ser normal, no la comprendo, y en caso de ser anormal, me gustaría saber a qué se debe tal fenómeno de la naturaleza.
Sí es cierto que la ausencia de estabiliadad emocional, que en ocasiones es buscada en la práctica esporádica de sexo con quien primero te salga al paso (eso sí; respetando, al menos en mi caso, unos cánones bastante rigurosos), puede influir de manera determinante en sentirse bien y apreciar el contacto sexual como algo más que un simple orgasmo, o el disfrutar de un cuerpo tierno, bien formado, desable, profundamente deseable.
Pero hete aquí que cuando uno acaba del goce de tal primor anatómico, se siente sólo, aislado y preguntándose el porqué lo que dos horas antes era un sueño de mujer se ha transmutado y no es más que un estorbo, alguien que sobra, a quién jamás se podrá confiar algo que no sean fluídos corporales.

No sé si tendrá que ver en ello el hecho de que los solteros no disponemos a diario -en general- de alguien con quien darle gusto al hermanito y resulta trabajoso muchas veces encontrar con quien retozar un rato.
Aunque me viene ahora a la cabeza aquel dicho de follas menos que un casado, que por cierto no acabo de entender del todo, pues es de suponer que a las mujeres casadas debe de interesarles el sexo, entre otras cosas, porque como no satisfagan a sus maridos, éstos irán a buscar fuera la carencia que sufren dentro.
El caso es que ignoro por completo si esta ausencia absoluta de deseo carnal es normal, anormal o depende de las circunstancias. Desde luego he de afirmar que las mías no son precisamente difíciles -en cuanto mi situación laboral, económica, mental- por lo que deduzco que en caso de ser normal, no la comprendo, y en caso de ser anormal, me gustaría saber a qué se debe tal fenómeno de la naturaleza.
Sí es cierto que la ausencia de estabiliadad emocional, que en ocasiones es buscada en la práctica esporádica de sexo con quien primero te salga al paso (eso sí; respetando, al menos en mi caso, unos cánones bastante rigurosos), puede influir de manera determinante en sentirse bien y apreciar el contacto sexual como algo más que un simple orgasmo, o el disfrutar de un cuerpo tierno, bien formado, desable, profundamente deseable.
Pero hete aquí que cuando uno acaba del goce de tal primor anatómico, se siente sólo, aislado y preguntándose el porqué lo que dos horas antes era un sueño de mujer se ha transmutado y no es más que un estorbo, alguien que sobra, a quién jamás se podrá confiar algo que no sean fluídos corporales.
