¿Era ella?
La habitación estaba en penumbra, cálida, con suave aroma a limpio. A pesar de la buena temperatura, temblaba todo mi cuerpo y una inexplicable sensación de nerviosismo me recorría de arriba a abajo.
Oí sus pasos, acercándose, se abrió la puerta y allí estaba ella, estilizada, atractiva, con una leve sonrisa mitad inocencia, mitad morbo. Sus tacones, no muy altos, claqueteaban contra el suelo con cada paso, anunciando su proximidad.
Yo permanecía sentado, como paralizado y sin saber qué hacer con la mirada, con mis manos, con mis gestos.
Se sentó a mi lado, paso levemente su mano por mi camisa y acercó su cara a la mía. No tuve más remedio que cerrar mis ojos y sentir su fresco aliento cerca de mi boca.
Sus labios recorrieron mi rostro despacio, entretemiéndose en cada surco, en cada lugar, hasta bajar hacia el cuello. Allí, su líbido se desató salvaje y los besos comenzaron a ser profundos, casi desesperados, llevando inevitablemente nuestras bocas a un encuentro de pasión desatada.
Me relajé repentinemente, mientras nuestras lenguas jugaban en mi boca y en la suya, frenéticas, intensas, llenas de vida, estremeciéndose todo mi cuerpo recorrido por un deseo de tenerla aun más cerca, abrazarla y sentirla.
Mis paralizadas manos perdieron el miedo y buscaron sus duros, grandes y bien formados pechos, mientras ella, con las suyas, trataba de despojarme de la ropa que impedía el contacto íntimo de dos cuerpos en plena ebullición amorosa.
Me desnudó, se desnudó y quedo frente a mi un fascinante cuerpo femenino deseable, apetecible, ardiente de pasión y anhelante de dar placer a mis genitales.
Con su mano, tomo mi polla, dura, erecta, casi marmórea y comenzó a acariaciarla, a chuparla de un modo que pensé que pordría perder casi el sentido. La sensación inmensa de placer recorria cada poro de mi cuerpo, hacíame temblar y casi perder el ritmo de la respiración.
Tuve que bajar mis manos de sus pechos a su estrecha cintura, a sus caderas, a sus nalgas tan bien formadas, duras, a su depilado pubis hasta encontrar lo que jamás creí podría encontrar: su enorme polla, aun más dura que la mía, tiesa, fuerte, mirando hacia arriba.
No pude más que lleverla a mi boca y comenzar a chuparla, a jugar con mi lengua del modo en que a mi siempre me había gustado que lo hicieran con la mia.
En la cama, el sesenta y nueve más brutal que jamás he practicado nos llevó casi al éxtasis completo, sin explicarme cómo un cuerpo femenino, tan femenino como ese podía tener una polla más libidinosa que la mía, cómo era posible que estuviera teniendo uno de los contactos sexuales más intensos de mi vida con un travesti (¿una travesti?) y qué demonios había pasado por mi cabeza para encontrarme en tal situación.
Al abandonar su casa, una de las más extrañas sensaciones invadió mi mente: no sabía exactamente porqué lo hize, desconocía si me podría pasar factura algún día, pero lo más revelador es que no me arrepentía. No lo podía creer: ¡no me arrepentía de ello!, pero no estaba dispuesto a intentarlo nunca más.
Era una mujer perfecta, y sin embargo, tenía una polla como la mía, más bonita que la mía, una polla inmensamente rica y deseable......
¿pero qué demonios pasa conmigo......?

Oí sus pasos, acercándose, se abrió la puerta y allí estaba ella, estilizada, atractiva, con una leve sonrisa mitad inocencia, mitad morbo. Sus tacones, no muy altos, claqueteaban contra el suelo con cada paso, anunciando su proximidad.
Yo permanecía sentado, como paralizado y sin saber qué hacer con la mirada, con mis manos, con mis gestos.
Se sentó a mi lado, paso levemente su mano por mi camisa y acercó su cara a la mía. No tuve más remedio que cerrar mis ojos y sentir su fresco aliento cerca de mi boca.
Sus labios recorrieron mi rostro despacio, entretemiéndose en cada surco, en cada lugar, hasta bajar hacia el cuello. Allí, su líbido se desató salvaje y los besos comenzaron a ser profundos, casi desesperados, llevando inevitablemente nuestras bocas a un encuentro de pasión desatada.
Me relajé repentinemente, mientras nuestras lenguas jugaban en mi boca y en la suya, frenéticas, intensas, llenas de vida, estremeciéndose todo mi cuerpo recorrido por un deseo de tenerla aun más cerca, abrazarla y sentirla.
Mis paralizadas manos perdieron el miedo y buscaron sus duros, grandes y bien formados pechos, mientras ella, con las suyas, trataba de despojarme de la ropa que impedía el contacto íntimo de dos cuerpos en plena ebullición amorosa.
Me desnudó, se desnudó y quedo frente a mi un fascinante cuerpo femenino deseable, apetecible, ardiente de pasión y anhelante de dar placer a mis genitales.
Con su mano, tomo mi polla, dura, erecta, casi marmórea y comenzó a acariaciarla, a chuparla de un modo que pensé que pordría perder casi el sentido. La sensación inmensa de placer recorria cada poro de mi cuerpo, hacíame temblar y casi perder el ritmo de la respiración.
Tuve que bajar mis manos de sus pechos a su estrecha cintura, a sus caderas, a sus nalgas tan bien formadas, duras, a su depilado pubis hasta encontrar lo que jamás creí podría encontrar: su enorme polla, aun más dura que la mía, tiesa, fuerte, mirando hacia arriba.
No pude más que lleverla a mi boca y comenzar a chuparla, a jugar con mi lengua del modo en que a mi siempre me había gustado que lo hicieran con la mia.
En la cama, el sesenta y nueve más brutal que jamás he practicado nos llevó casi al éxtasis completo, sin explicarme cómo un cuerpo femenino, tan femenino como ese podía tener una polla más libidinosa que la mía, cómo era posible que estuviera teniendo uno de los contactos sexuales más intensos de mi vida con un travesti (¿una travesti?) y qué demonios había pasado por mi cabeza para encontrarme en tal situación.
Al abandonar su casa, una de las más extrañas sensaciones invadió mi mente: no sabía exactamente porqué lo hize, desconocía si me podría pasar factura algún día, pero lo más revelador es que no me arrepentía. No lo podía creer: ¡no me arrepentía de ello!, pero no estaba dispuesto a intentarlo nunca más.
Era una mujer perfecta, y sin embargo, tenía una polla como la mía, más bonita que la mía, una polla inmensamente rica y deseable......
¿pero qué demonios pasa conmigo......?
