La vuelta.
La inevitable vuelta a casa lleva aparejado consigo el no menos evitable retorno al trabajo, a las costumbres, a las rutinas -en el literal sentido de la palabra- que asolan nuestra existencia.
Pero no hay de qué extrañarse. El ser humano ha constituído su deambular por la vida como un ciclo que ha de cumplirse, una y otra vez. Ese ciclo, a su vez evidentemente influido por el cíclico acontecer universal, cósmico -y para no divagar más, porque la Tierra gira alrededor del sol y éste lo hace en otra órbitra alrededor de sistemas estelares mayores- nos conduce inexorablemente a volver al mismo camino cada unidad de existencia transcurrida, si bien ese camino está jalonado por acontecimientos, vivencias y sensaciones diferentes cada vez.
Porque cualquiera que ha practicado "footing" y lo ha hecho en un determinado circuito, sabe en cada momento por qué camino, vereda, cuesta tiene que pasar en cada momento, aunque las sensaciones son distintas cada día, los pensamientos, los tormentos que determinan cuánto estamos dispuestos a sufrir ese día, qué ritmo queremos seguir, qué ánimo nos impulsa a mejorar nuestro recorrido y llegar a la meta en las mejores condiciones posibles, también diferencian un día de otro.
No descubro nada nuevo. Pero a veces, uno no piensa en que éste ha sido un año más, sino en que nos queda un año menos por disfrutar o por sufrir, según se mire.
Volvemos al principio, al punto de partida, con nuestro equipaje, presto a ser incrementado de nuevas experiencias, momentos de vida, sensaciones, que a buen seguro determinarán el resto del viaje, el resto del camino, el resto de nuestros ciclos.
Vivimos encerrados en una jaula y a veces no somos conscientes de ello. ¿Alguien se imagina -que es mucho imaginar- qué podría pensar una bacteria - Escherichia coli, por ejemplo- si viviera encerrada y sin poder salir del Santiago Bernabeu?
Nosotros, bacterias grandes, vivimos confinados en un enorme ciclo que repetimos una y otra vez, y que jamás podremos romper, para huir hacia otra parte.
Tal vez lo peor no sea que nunca romperemos ese ciclo y la imposibilidad de salir de él, sino el ser conscientes de ello.
Como dijo Mark Twain, es más fácil quedarse fuera que salir. Pero a nosotros, nadie nos dio la posibilidad de quedarnos fuera.
Pero no hay de qué extrañarse. El ser humano ha constituído su deambular por la vida como un ciclo que ha de cumplirse, una y otra vez. Ese ciclo, a su vez evidentemente influido por el cíclico acontecer universal, cósmico -y para no divagar más, porque la Tierra gira alrededor del sol y éste lo hace en otra órbitra alrededor de sistemas estelares mayores- nos conduce inexorablemente a volver al mismo camino cada unidad de existencia transcurrida, si bien ese camino está jalonado por acontecimientos, vivencias y sensaciones diferentes cada vez.
Porque cualquiera que ha practicado "footing" y lo ha hecho en un determinado circuito, sabe en cada momento por qué camino, vereda, cuesta tiene que pasar en cada momento, aunque las sensaciones son distintas cada día, los pensamientos, los tormentos que determinan cuánto estamos dispuestos a sufrir ese día, qué ritmo queremos seguir, qué ánimo nos impulsa a mejorar nuestro recorrido y llegar a la meta en las mejores condiciones posibles, también diferencian un día de otro.
No descubro nada nuevo. Pero a veces, uno no piensa en que éste ha sido un año más, sino en que nos queda un año menos por disfrutar o por sufrir, según se mire.
Volvemos al principio, al punto de partida, con nuestro equipaje, presto a ser incrementado de nuevas experiencias, momentos de vida, sensaciones, que a buen seguro determinarán el resto del viaje, el resto del camino, el resto de nuestros ciclos.
Vivimos encerrados en una jaula y a veces no somos conscientes de ello. ¿Alguien se imagina -que es mucho imaginar- qué podría pensar una bacteria - Escherichia coli, por ejemplo- si viviera encerrada y sin poder salir del Santiago Bernabeu?
Nosotros, bacterias grandes, vivimos confinados en un enorme ciclo que repetimos una y otra vez, y que jamás podremos romper, para huir hacia otra parte.
Tal vez lo peor no sea que nunca romperemos ese ciclo y la imposibilidad de salir de él, sino el ser conscientes de ello.
Como dijo Mark Twain, es más fácil quedarse fuera que salir. Pero a nosotros, nadie nos dio la posibilidad de quedarnos fuera.
Comentario:
ME GUSTA MUCHO LO QUE EXPRESAS