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Un soltero como otro cualquiera.
Vivencias y pensamientos de un soltero contumaz, recalcitrante.
Acerca de
Soy soltero de nacimiento. Según creo, es algo que tiene que ver con la genética. He intentado todas las terapias posibles, mas sin resultados. Parece que mi única posibilidad de salvación es la terapia génica, si bien...¿en realidad deseo curarme de mi soltería?
Sindicación
 
La Navidad.
Hubo un tiempo en que mi corazón se estremecía al llegar la Navidad; no sé porqué motivo, pero así sucedía año tras año.
Ocurría cuando era niño, lo cual imagino no era sólo asunto que a mi concerniera, sino que más bien era común al resto de las gentes.
Cuando uno es niño, cree en los Reyes Mayos (o en Papá Noel, o Santa Claus, como quieran) y la importancia de ello deriva no del simple hecho de querer, desear y anhelar regalos, sino de tener arraigada en el corazón la creencia de que Navidad es magia; de que hay alguien bueno que se preocupa de nosotros, y al que no podemos ocultar nuestro suspenso en matemáticas, que nos negamos a comer el potage de mediodía o que nos portamos fatal en casa. Y eso es peligroso, ya que corremos el grave peligro de quedarnos sin regalos. Y lo peor, sin magia, sin la magia de una noche cuasi en vela, de incertidumbre, de nerviosismo, de ilusión contenida y luego desbordada.
Porque siempre, siempre los Reyes Magos, o Santa Claus superan con creces nuestras expectativas.
Yo, al menos, nunca me sentí defraudado. Muy al contrario.
Y en Navidad, el aire era distinto; transfundía a mi corazón un sentimiento especial, ese sentimiento que me impulsaba a decorar el Belén, a colocar el árbol de Navidad con el mayor de los cuidados, como si fuese la única vez en la vida que ello habría de suceder.

Cuando uno es niño no entiende de otras cosas que no sean las que surgen del interior, muy del interior. Por ello, los niños son puros y son capaces de percibir ese algo especial de la Navidad.
Y a medida que uno crece, esa mágica capacidad de percepción se desvanece, se diluye al paso de días, semanas, meses y años, de modo que sólo cuando queremos regresar al pasado y entender porqué ya la Navidad no nos dice nada y es tan distinta, comprendemos que hay cosas para las que jamás debimos dejar de ser niños.
Para mi, la Navidad es vorágine humana, sentimientos fingidos, querer ser buenos sólo un día y justificar así lo que hacemos durante los otros 364.
Me he preguntado tantas veces si es normal que casi odie la Navidad, si seré un extraño en el mundo y si esa marea humana de confeti, matasuegras, gorritos de cartón, canapés y cava realmente manifiestan lo que sienten, lo fingen o simplemente es que nunca furon niños, como yo.
No