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Diario de un profe (casi) novato
2º año de experiencias en el instituto, ahora en el norte de Madrid
Acerca de
No nací una tarde lluviosa de septiembre, me dijo mi madre que naci a la una y cuarto de la madrugada (lo tenía mal antes) y no se me da muy bien hablar de mí. El caso es que este va a ser mi segundo año como profesor de secundaria y poco a poco voy encontrando mi sitio... Por lo menos aquí, ya que he encontrado algo qué contar ;-)
Sindicación
 
Un sueño angustioso...
Los que me conocéis un poco, ya sabéis que mis sueños suelen ser..., especiales. Hoy he soñado con el instituto, así que lo compartiré con vosotros :p

En el sueño estoy en mi primer día de clase tras la baja esta (que por cierto, hoy tengo el papel; pedí la cita para pedir la baja y tardan tres días en dármela...). Es miércoles. Todo es extraño desde la primera hora: tengo el refuerzo de 2º B (aunque ahora que lo pienso no es la clase que en realidad tengo el miércoles) y estoy acompañado de dos profesores en en aula. Hay una especie de debate y por tanto no puedo impartir la clase con normalidad.

Salgo y en los pasillos veo un montón de caras nuevas, tanto de alumnos (algunos muy peques), como de profes. Le pregunto a G., la orientadora, y me comenta que hay novedades, ya que han puesto asignaturas nuevas (todas muy extrañas). Me dice, además, que me convendría hablar con uno, que es de PSV. Yo me quedo extrañado y se lo comento: ¿Para qué quiero hablar con un tío del PSV Eindhoven? (aparrado hasta en los sueños... :s). G. se parte, claro. Ella está refiriéndose a la constructora...

Entonces llega el jefe de estudios y me dice que los padres de los alumnos de 3º que van a pasar a 4º quieren hablar conmigo. Qué raro, pienso yo. ¿Para qué? No recuerdo si me lo dice cuando le pregunto o después, cuando llegamos a la clase donde aguardan (un aula muy extraña: la mesa del profesor está elevada, pero mucho, los padres, sentados en los pupitres, están muy debajo, como un piso más abajo). Veo en la mesa un papel con el nombre del jefe de estudios, de G., la orientadora, B., otra orientadora (que luego también aparecerá) y el mío al final. Van a comentar cosas sobre el viaje de fin de curso, a Egipto. Los chicos quieren que vaya con ellos. No me acabo de enterar si es para este curso (no me pega que en 3º se haga un viaje de estudios) o si es para cuando pasen a 4º, así que les comento que si sigo en el instituto no tendré problemas en ir con ellos.

La reunión se aplaza porque llega una música de fondo y al jefe de estudios le deja tan perplejo que sale para preguntar de dónde sale, si lo han puesto en el hilo musical o si es que en la clase de música están haciendo algo. Se va y pasan mis dos horas libres de los miércoles antes del recreo. Las he malgastado en esa reunión que no se ha producido.

Entonces, no sé por qué, tengo que irme a casa, pero ya voy a ir justo por culpa de dicha reunión. En el sueño vivo en el pueblo, que es mucho más pueblo de lo que es en realidad, por cierto. Creo que tengo que mirar algo de papeleo por Internet, alguna circular o algo así. El caso es que se me hace tarde para regresar a mi siguiente clase, y aquí viene el sufrimiento en el sueño...

Salgo totalmente nervioso porque voy a llegar tarde. Estoy seguro de saber cómo llegar al instituto, pero conforme me voy acercando, las distancias se van alargando, no acabo de llegar al instituto y encima estoy como cansado, me cuesta horrores no sólo correr, sino incluso caminar. Es como cuando sueñas que te persiguen y no puedes avanzar. Espantoso...

Llego a un cruce donde supuestamente tenía que estar el insti, pero al pasarlo veo que hay un descampado y la señal de que el pabellón estaba a la derecha no es cierta (el pabellón está justo al lado del instituto). Ayyyyy, me he equivocado. Veo a unos obreros trabajando en el descampado y se extrañan de verme allí. Me comentan que el instituto está más a la izquierda. Uno me acompaña un rato. Entonces (aquí creo que viene lo más surrealista de todo el sueño) hay zonas de suelo que empiezan a hundirse en círculos negros y explotan por la combustión del petróleo o algo así. Como si el descampado fuera un campo de minas (creo que hay algo de influencia en la Momia, que la han echado en la tele hace poco, con las escenas de los escarabajos...). A nuestro alrededor, pisar cualquier mancha oscura en el suelo es un peligro.

Las sorteo como puedo y después, por fin, llego al instituto, a una puerta como de emergencia que nunca había visto. Veo a mis alumnos de 1º, que aguardan tirados en un pasillo. Me miran con un gran enfado. Podrías haber avisado, ¿no? , me dice una. No sabía que no iba a venir, contesto yo, deprimido, alterado, enfadado. Paso por donde están sin pararme, mirando al frente desolado.

Voy a una especie de escalera de hierro que sube en espiral (tampoco las reconozco) y me encuentro a B., a la que veo por 1ª vez porque ella también ha estado de baja. Me pregunta qué tal y yo, casi a punto de llorar, le contesto que ha sido el peor día de mi vida, golpeo con el puño la escalera y le cuento que el remate ha sido lo del descampado...

Ahí me he despertado. Sin ser una pesadilla, qué mal rato he pasado en el sueño. Hacía mucho que no recordaba uno tan bien.

Bueno... ¿Interpretaciones? :p
 
Mierda de luneeeeeeeeeeeeees
Tanto esperarlo, tanto esperar que acabara la Semana Santa, y va y el médico (kljdiofjadiof******) y no sólo no me quita la escayola, sino que me la ha reforzado y me ha emplazado para el lunes que viene. ¡Otra semana más lisiado! Y yo qué pensaba (ingenuamente) que hoy era la última ducha con la pierna fuera de la bañera, que no he dormido siesta para regularizar los horarios de a diario (anoche me quedé viendo el Brasil-Perú y descubrí que en Telemadrid echaban Ciudadano Kane y no me dormí hasta las miles) y que mañana podría dar clases con normalidad...

Le he preguntado al médico si podía ir (yo quieroooo) y me ha dicho que no. Jo.

En fin, me voy a ver El escondite en dvd. ¡Viva la piratería! (que conste que no me la he comprado yo, sino el novio de mi hermana... Era una exclamación irónica).

(Comentario a posteriori: si podéis evitarlo, ¡¡¡no vayáis a verla!!!, u os sentiréis estafados de pagar lo que vale el cine para ver este chapuza. Sólo merece la pena por ver a la niña, Dakota Fanning (bueno, y si eres chico, a Elisabeth Shue y a Famke Jansen; y vale, DeNiro es DeNiro). Pero en serio, está muy desaprovechada y hace aguas por todas partes).
 
¡Qué ganas de que llegue el lunes!
Nunca creí que dijera eso... Pero ahí está, de titular y todo... Ganas de que se acabe esta Semana Santa (que ha parecido de Pasión, verdaderamente...) y que empiece la siguiente. El lunes voy al especialista y espero quitarme la escayola y que el martes lo único raro que vean los chicos sea que durante esta semana me he dejado crecer la barba...

¡Necesito dejar de verme los deditos de mi pie izquierdo!



Y también quiero que llegue el martes y empezar (espero poder empezar) las clases de nuevo. Como he tenido tiempo (sobre todo por las mañanas; no sé qué me pasa por las tardes, que me disperso demasiado y suelo levantarme medio zombie de la siesta), ¡hasta me he preparado clases!, algo que no había podido hacer en los últimos tiempos como me hubiera gustado.

En concreto, he preparado el tema que siempre me ha causado escalofríos: sintaxis, el análisis gramatical. Porque yo soy más de literatura que de lenguaje y he esquivado como he podido algo que no se me da demasiado bien. El caso es que me siento bastante orgulloso de los apuntes que he recopilado (aunque me falta ordenarlo un poco) y creo que los chicos se van a poder enterar bien de cómo hacer un buen análisis y yo poder guiarles. Incluso puede que me atreva a tocar puntos que en el temario no vienen (la oración compleja) y que me parece importante que no sólo vean en 4º de la ESO.

Necesito escudarme en los apuntes y en los libros cuando doy la clase. Aunque ya casi no me pone nervioso dirigirme a los chicos, soy de las personas que la teoría la intento aplicar a la práctica y las definiciones suelo entenderlas, pero no las sé explicar si no las estoy leyendo. Y tiendo a ser muy esquemático. Se ve que lo que me cuesta a mí, trato de hacerlo digerible adelgazándolo de retórica y explicaciones inncesarias. No soy de los que se enrollan demasiado, sino que voy directo al grano, quizás demasiado. Así que lo paso mal cuando pese a mis esfuerzos por esquematizar, hay alguien que no lo entiende (y lo pasaría aún peor si algún chico se salta el orden seguido y me plantea una duda de algo que no estuviéramos viendo, jeje. Por suerte -o por desgracia- en lo que llevo de curso todavía no han tenido demasiadas dudas que yo les pudiera resolver).

Me gustaría ser un profe mejor en el sentido de tener varias explicaciones para un mismo asunto. Si el chico no lo entiende por una vía, poder ofrecerle otra. Ahí se nota mi bisoñez y que no soy el buen profe que me gustaría poder ser. Quizá por eso (estoy con el 4º punto, chocolatera, por si no te habías enterado...) intento compensar esa carencia con un trato bastante directo con los alumnos.

A veces, el trato diría que es demasiado cercano. Entre que soy joven y ya de por sí el respeto que te tienen no es el mismo como el que le puedan tener a un profe veterano (en mi centro hay dos casos claros: son los únicos profesores a los que se les llama de don. Claro que a mí me llaman de don y me crearía un complejo de purito, aparte de verme peligrosamente envejecido :s), y que me gusta la dinámica de involucrarme en el tú a tú con ellos, soy consciente de que permito demasiado.

Por ejemplo, quizá no debería tomarles el pelo. Que cuando estén saliendo no le coja del brazo a una y, con toda la seriedad que me es posible, decirle: perdona, no puedes salir del centro. El director quiere hablar contigo por lo que ha sucedido. Jajajajaja. Es impagable la carita de susto que ponen :p. Pero te atienes a que la respuesta sea: ¡Pero qué tonto eres, profe!.

Algo que me tendré que plantear -si esto de la interinidad sigue adelante o si en las próximas oposiciones además de aprobar consigo plaza- será cuál es el objetivo del instituto y, en concreto, de la ESO. ¿Que aprendan el temario, o que se carguen de otro tipo de bagaje más necesario e importante para sus vidas? De momento, sigo el temario bastante, pero el año que viene ya cambiaré cosillas. Poco a poco...
 
LA ESTAMPIDA (O LA GRAN EVASIÓN)
Me sitúo... Fecha indeterminada de la 1ª evaluación... Ni muy pronto, ni muy tarde (lo que hay que hacer por no negarme a la evidencia de que no me acuerdo ni remotamente de en qué fecha ocurrió...). Viernes, 14:00 (última hora, vaya).

Estoy en el refuerzo de 1º B, y para variar el nivel de decibelios sube por momentos a registros incalculables... No me hace caso ni el tato (un saludo, Tato). Ya no recuerdo qué estaba dando; aunque hay que aclarar que en esta clase mucha teoría no doy, sólo les dicto cuando no me dejan en paz; por lo general suelo ponerles actividades que hacen en esa hora.

La secuencia se precipita y todo pasa muy rápido. Un chico bajito y con gafas, muy inquieto, le tira con el canuto a M., un marroquí grandote y pesado (tanto en términos de kilos como en lo plasta que es el muchacho) que parece más un mono que un niño (es que es muy primario, pero mucho; apenas sabe escribir ni hablar en español). O fue al revés y el de gafitas le acabó escupiendo al marroquí.

Cuando me quise dar cuenta, tenía al moro persiguiendo al gafitas por la clase. Persiguiéndole en plan literal, fuera de sí, como una bestia parda, le faltaba soltar espumarajos por la boca y vahos de humo por las fosas nasales, rodeando dos filas de mesas con las ganas de estrujar al gafitas. Si no dieron 10 vueltas, no dieron ninguna.

¿Y tú qué hacías?, podéis preguntar...

Aparte de alucinar y de intentar en un inicio a que volvieran a sus sitios, empecé a preocuparme por la integridad del gafitas. Si M. le cogía, le iba a hacer papilla. Y como me estaba mareando tanta vuelta, pensé (si es que yo no sé para qué pienso...) que lo mejor sería abrir la puerta para que el gafitas pudiera huir mejor (había otro árabe que intentaba agarrarle para facilitarle la paliza a M.).

Y, efectivamente, la abrí.........................

Salió el gafitas...

Salió M. detrás de él...

... Y salieron luego tres cuartas partes de los chicos de la claseeeeeeeeeeeeeee ... :s

(al grito de ¡sangre, sangre!; vale, esto no, pero salían con el ánimo de presenciar una pelea y la disposición era parecida...).

No miré atrás, pero debió de quedarse medio vacía el aula... Todos mis alumnos salieron detrás del gato y el ratón que habían prolongado su corre corre que te pillo por los pasillos del instituto.

¿Qué hice entonces? ¿Suicidarme, tirarme de los pelos? No... Mis pensamientos son confusos al respecto... Creo que grité como un desesperado para que entraran, después de superar la fase de "shock". Recuerdo a una compañera salir de la clase de al lado para ver qué pasaba, de dónde salía tanto jaleo... Y que no tardaron demasiado en volver mis borreguitos al matadero... La cosa acabó en un par de partes para los principales encausados y que se me escaparon los demás porque no pude distinguir de entre la turba exactamente quién había salido. Y porque ya había tenido suficiente jaleo...

He ahí la anécdota. Los que la oyen se ríen mucho. Yo todavía sudo frío recordándolo...
 
SIETE ASTILLAS CLAVADAS
Te dormiste. No aguantaste más y te dormiste. Tus párpados pesaron más que tus responsabilidades y te olvidaste de que llevabas el volante. No hiciste caso cuando ellas te lo advirtieron: primera astilla. Contestaste con reproches y con insultos ante la sugerencia de parar que te ofrecieron: segunda astilla. Bebiste demasiado, además: tercera astilla. La noche pasada te perdiste solo en malas calles cuando debiste haberte quedado en casa para compartir con tu mujer la noticia que ibais a dar a vuestra hija: cuarta astilla. Te empeñaste en cumplir con el papel de marido y de padre en el momento más inoportuno: quinta astilla. A pesar de todo lo anterior y de que era de noche, no quitaste el pie del acelerador: sexta astilla.

... Siete astillas hay clavadas en tu sentimiento de culpa, y lo peor es que la séptima no se partió del todo como tenías planeado y aquí estás con tu cara salpicada en sangre, debajo de los hierros del coche y mirándote en el espejo quebrado del retrovisor sin haberte muerto como deseabas.



Estoy trasteando por ahí, poniendo un poco de orden en archivos y demás y me he encontrado este microrrelato que escribí en el curso de "Dirección de talleres literarios". A ver si mañana encuentro ganas y refiero la anécdota más divertida (para los que la oyen) que me ha sucedido en el insti.
 
Nota al post anterior
En el hospital, se me olvidó comentarlo, a un chaval que se había caído con la bici en la Casa de Campo, en una salita de espera contigua adonde te enyesaban, la doctora le colocó el dedo rotooooooooooooooo.

... Y yo estaba al lado suyo, y hasta pude oír el crujido de su dedo...

¡El sistema de salud pública está fatal! Esas cosas deberían hacerse con más intimidad, lejos de escrupulosos como yo que no quieren tener el honor de compartir el crujido de los huesos de los demás. Odio el sonido de huesos quebrados...

Sólo con pensar en los que me sonaron a mí tuve suficiente, y ahora me duele más recordándolo que en el momento en que me hice daño, que pensé que no era más que una torcedura de ligamento o algo así.
 
¡QUÉ MALA PATA!
El post de antes de ayer anunciaba partido ayer y hoy escribo con la pata en alto...

Mi escasa imagen de deportista ha quedado por los suelos. Y eso que ni llegué a jugar el partido oficial de profes contra alumnos. Haré una breve cronología del día de ayer:

5:57 de la mañana: me levanto ilusionado: ¡último día de clase! En vez de la acostumbrada ropa, pantalón de chándal, pantalón corto debajo, camiseta, sudadera y zapatillas deportivas.

7:30, Móstoles. Me encuentro con C., mi compi de lengua. Él va con vaqueros, pero debajo con los pantalones cortos, como me dice. El partidito nos hace ilusión.

8:10, alrededores del pueblo: vacío. Ese vacío se extiende más tarde al instituto. Apenas hay alumnos. A primera hora tengo a los de 2º. Tengo a 4 y les da por jugar al fútbol. Después de colocar una loseta del techo (con una escalera) en el pasillo y leer los periódicos, me decido a sacarles al patio, previa aprobación de J., el secretario (o jefe de estudios adjunto o algo, jeje).

Me acompaña B., la compi de orientación, así que perfecto. Además tengo la coña con ella, puesto que uno de mis alumnos está loquito por sus huesos. Antes de acabar la clase salen también al patio los de 3º, con los que me toca después. Me piden que les lleve al pabellón. Me informo si los de Educación Física tienen clase y como no tienen les llevo. Además me dice B. que me vuelve a acompañar (sus alumnos no han venido...).

09:10: los de 3º quieren jugar un partido, pero son pocos y nos piden que juguemos con ellos. B. ha sido jugadora en sus tiempos mozos (jeje, más o menos como mis tiempos mozos). P., el de geografía, y yo, nos habíamos metido con sus dotes futbolísticas y nos había amenazado con pegarnos en la rodilla pese a jugar con nosotros. El caso es que llevo sin jugar al fútbol desde mi época de estudiante en el insti, así que por precaución me pongo de portero.

Pero me pasa lo de siempre cuando jugaba, que aunque el físico no me acompañe me acabo emocionando: alguna salida a lo Higuita (que me costó un gol, por cierto...), subidas por la banda, falta de oxígeno, un pulmón y parte del otro tirado por la pista...

Ganamos al equipo de B., que fue más lista y se retiró antes que yo, que no me conformé con emular a Casillas ni tampoco con disfrutar de nuestra holgada victoria sobre esos alumnos con los que había estado vacilando a primera hora.

Llegamos al momento cumbre: subida por la banda izquierda, intento de recortar hacia la derecha, mi cuerpo va a ese lado, pero mi pie izquierdo se clava en el suelo. Oigo un chasquido (crackkkk) y pal banquillo, con B. Pese a que me dolía pensé que sería una de mis típicas dolencias. No se me quitó la cojera en toda la mañana, pero vaya, aguanté el tirón.

El resto fue cuesta abajo: quedé eliminado en 1ª ronda al futbolín, de pareja con P., la profe de biología. Tampoco pasaba nada, no me apetecía estar de pie y el futbolín no es algo que me apasione. Prefería estar sentado en una de las butacas, con buena compañía (como me dijeron, cuanto mayor sea la dolencia, más chicas están a tu alrededor :p), mi bote de Acquarius y conguitos (B. aseguró que era lo mejor, junto con los frutos secos, para las agujetas que tendríamos tanto ella como yo como C., mi compi, que echó dos carreritas, y A., de música, que entró como una flecha y su fuego se fue apagando conforme fue perdiendo oxígeno, jeje).

A eso de las 12 llegó el partido estrella de fútbol. Quise jugar, y de hecho empecé: como portero y sin moverme demasiado, eso sí. Me metieron un gol, pero no tuve la culpa, me fusilaron tras una pérdida de balón justo delante de mí del profe sustituto de Plástica. En los segundos cambios, el profe de E. Física (el de turno completo, I.) me sustituyó y ya no jugué más :-(

A las 13 horas, después de nuestra remontada (2-1) y primera victoria (bueno, segunda, también habían ganado al fútbolín M., la secretaria, y M., de Tecnología) tocó el basquet, donde la estrella de nuestro equipo fue A., de E. Física, con sus más de metro noventa. Huelga decir que ganamos, claro.

Ya para entonces estaba más en labores de profe-guarda de seguridad que de otra cosa. La única nota negativa la puso el imbécil (o impresentable) de A., de 1º C, que tiró un petardazo a la pista y tuvo que venir su hermana para llevárselo. Y que los chicos querían salir y no les podíamos dejar irse (órdenes del jefe, aunque no las compartamos). B. y yo, apostados en la puerta principal, hacíamos el tapón por nuestro lado. Otros profes vigilaban las puertas de las gradas.

A eso de las 2 menos cuarto, los profes que quedábamos nos fuimos a un bar (con un diseño de paredes tipo cebra, muy "fashion") a tomar unas cervezas, coca colas y cervecitas. Estuvo genial. Si algún día me decido a decirles a mis compis que hago esta página, deberían de saber que gracias a ellos en parte me encanta ser profe, y sentirme parte de algo, y no fuera de lugar como en la gran mayoría de ocasiones.

Poco a poco fueron marchándose y nos íbamos quedando menos. Sobre qué hablábamos, mejor hacer un voto de censura. Digamos que si un inspector o algún padre estuviera por ahí, pondría el grito en el cielo. ¿Y estos son los que se encargan de la educación?, jeje. A eso de las cinco los que quedábamos decidimos (decidieron, yo me pegué a G., para que me trajera a Madrid...) irnos.

Incluso en el coche proseguimos con la conversación animada, gracias en gran medida al puntito chisposo que tenía I., el profe sustituto de Plástica. Propuse que siguiéramos un poco más, pero G. tenía que hacer las maletas y no prosperó la moción. G. se pasó de la estación de Cuatro vientos y me dejó en Campamento. Pensaba que era línea 10 y resultó que no, así que tuve que dar más vueltas que nunca y eso que iba cojo.

Miré el móvil, que lo llevaba en la mochila, y tenía llamadas de casa. Avisé a mis padres de que llegaba en malas condiciones. Se lo decía a mis compis: que más que el dolor que tenía, lo peor era que mi madre me había avisado: "a ver cómo llegas...", con el tonito que me recordaba a cuando me hice un esguince.

Comí y al médico de urgencias (otra caminata...), que me remitió a que me hicieran una radiografía para descartar lesión ósea, lesión que luego se confirmó: pequeña fisura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo. Tras la odisea de rigor en el Clínico, por culpa de un cambio de horario de los traumatólogos, me pusieron una férula. Espera en la salida para que mi padre se enterara de que estaba fuera, taxi y a casa a las doce y algo (había llegado al hospital algo pasadas las nueve).



Y colorín colorado, este cojo y sus agujetas incorporadas (me duele más que el pieeeeeee), han terminado.
 
El duro trago de los papis
Ayer llegué bastante tarde, entre otras cosas porque tuve que entregar las notas a los padres.

¿Qué dice este "atontao" de darle las notas a los padres y por la tarde?

Sí, sí. No he dicho mal. Tuve que darle las notas a los padres a las 5 de la tarde. Todos los tutores de este instituto lo hacen. Y aunque diga el director (me reservo los calificativos, serían todos peyorativos) que es una práctica común en todos los institutos, el hombre no hace sino subrayar una de las característicias más ESTÚPIDAS de este centro (y sus respectivas secciones).

Que hay que hacer una reunión periódica con padres, vale. Pero que se encubra con lo de dar las notas, ya no. Y encima un martes. Imaginaos cómo está el ambiente en el instituto si encima les hemos entregado las notas.

Hoy en 1º, por ejemplo, la lección ha sido intentar permanecer en silencio. Porque me habían recibido los 20 alumnos hablándome a la vez. Es algo que me crispa un poco. Y ese crispamiento me ha durado hasta mediada la hora (última hora), de modo que ha habido un momento que a una alumna que se había asomado a la ventana para hablar con no sé quién que pasaba, le he dicho con este tono mío de grito descompuesto: ¡Qué pena que no se puedan dar ostias!

Sé que no está bien este tipo de frases, y menos con los peques, pero es que son impulsos irreprimibles e instintivos que duran el instante en que lo estás soltando. Y luego es demasiado tarde para arrepentirte.

En mi descargo está el hecho de que desde 4ª hora no había dado clase. En 3º porque el trabajo que les tenía preparado lo tenía en fase de desaguisado. Todas las fotocopias revueltas. Me estuvieron ayudando 4 ó 5 y el resto charlando. Y luego en 2º me siguieron 3 alumnas y se metieron en clase. Total, faltaba media clase mía. Y eso que les avisé que les iba a poner un trabajo para Semana Santa que valdría 2 puntos de la nota.

(Trabajo: dos cuentos -mi idea era ponerles 4 ó 5 pero el presupuesto de fotocopias sobrepasaba el límite; y, además, no tenía tiempo- y actividades de resumir, decir el tema, la estructura, y un par de apuntes de morfología; incluso tenía actividades personalizadas para los de apoyo e integración, aunque sólo pude entregar una, el resto no vino. Los cuentos son ¡Adiós, "Cordera"! y La lengua de las mariposas).

Y la clase fue un continuo preguntarme: "Profe, ¿puedo irme contigo a la siguiente hora?". Bufff. No consigo que mis alumnos vengan a clase, pero las que no son mis alumnas sí que intentan entrar...

Y a todo esto, yo estaba hablando de la payasada de las notas por la tarde. Lo mejor fue irnos P., el de Geografía, y G., la de Biología, al Xanadú, a un mexicano. Lo peor, tener que aguantar a la típica madre excusando a su niño o amparándole para no venir toda la semana al instituto porque, claro, dónde va a estar mejor que en la calle con amigos de todo tipo de calaña, probando su resistencia para enredarse con los porros o las pastillas.

Eso sí, yo no tuve una madre como P. (encima docente), que dijo que si los chicos hablaban era porque los profesores no sabíamos imponernos. Toma... O a R., la tutora del 1º A, que los padres se quejaron de mi compi de departamento en vez de exponer sus quejas al profesor. Sólo con imaginar que en mi primer año me hubiera pasado lo que a él (que también se han quejado algunos padres de 4º), me da un chungo...

(PD: mañana partidoooooooooooooooo. Empezamos a las 11, con la sesión de futbolín :p jeje; seguimos a las 12, con el partido estrella de fútbol; y rematamos a las 13 con el básquet. Estoy apuntado a todas. Si tardo 3 ó 4 días en aparecer, achacarlo a que estaré reponiéndome de mis agujetas y de las entradas marrulleras de mi compi B., que ha amenazado con usarme de pelota, pese a ir con ella en el equipo. Y todo por picarla un poco...)

 
El final de la 2ª evaluación y el principio de la 3ª...
Entre dos aguas. Es decir, que estamos en tierra de nadie. La 2ª evaluación ha terminado, el último (pequeño) esfuerzo por parte de los alumnos ha sido realizado y llega el relax. Aunque hemos empezado la 3ª evaluación (yo desde finales de la semana pasada), no hay ambiente ni ganas para eso. Cuesta sudor y lágrimas conseguir algo de atención. Y aquí la atención habitualmente suele ser escasa a diario, así que figuraos lo que significa. El cero absoluto. Y sólo estamos a lunes...

Ayer vi una película curiosa en Telemadrid: Rebelión en las aulas (la fecha de la peli en el enlace está mal, quitémosle 30 añitos), en la que el profesor Thackeray se las ve y se las desea por hacerse con el interés de unos "terribles" alumnos. A base de métodos nada académicos, consigue hacerse respetar y querer y obtiene logros tales como que a las chicas se les diga señoritas o que los chicos se laven y se peinen.

Yo me conformaría con inculcar esos valores con estos chicos. Y me gustaría encontrarme con esos camorristas tan problemáticos que al lado de los de hoy en día parecen hermanas de la caridad. Pero bueno, me falta perspectiva para ver si estamos influyendo de alguna manera en esos chicos. Y debo tener paciencia y olvidarme de seguir con el sujeto y el predicado y dar algo más suave para estos últimos días, como me ha dicho mi compi.
 
Un 11-M en un instituto de Madrid
Un día como otro, salvo por los pequeños homenajes que podíamos hacer desde nuestras respectivas posiciones. 5 minutos de silencio en el patio con todos los alumnos reunidos. Salvo bochornosas excepciones, silencio sepulcral. Algunos profes han hecho lacitos negros en los talleres y se los han puesto. Yo he hecho con los de 1º y con mis tutorandos (los de 2º, vaya) un "Mural de las lamentaciones": una cartulina negra en la que los chicos han escrito mensajes de todo tipo (si hago alguna foto, lo escaneo). Y les he mandado una redacción sobre sus vivencias hace un año. Lo más seguro es que además les ponga un comentario de textos con la canción de Luz Casal, Ecos.

Por otro orden de cosas, me está encantando la película Barrio, que les estoy poniendo a 2º B. Hoy incluso con el Patata tranquilo viéndola, o al menos quietecito. Faltaba el otro que le revuelve, que está expulsado (se van turnando, jeje). La mala leche es que no la acabamos y hasta el martes me quedaré con las ganas de ver el final...

Y para acabar, mis babys de 1º se subieron a mi chepa como si fuera un caballito. Como me dice Anita, no me hago respetar... Y ahora, a la camitaaaaaaaaaa, que tengo déficit de sueño por culpa de mi retraso con las notas (nota -redundancia-: no poner nunca más exámenes a un día o el día que vas a entregar notas).
 
ONCE DE MARZO
Esta semana he tenido un poco abandonado el blog, pero es que ha sido semana de notas y evaluaciones y he andado muy pillado de tiempo. Llevo con déficit de sueño ni se sabe... Todo por ceder y ponerles exámenes a última hora.

En el tren esta mañana estuve pensando qué hacer para el día de mañana viernes once de marzo con los chicos. Creo que al final, y a falta de nada planeado, lo mejor será guardar un minuto de silencio y que hagan un mural de frases, "El mural de las lamentaciones", donde cada uno pueda expresarse.

En el tren (cercanías que pasa por Atocha, aunque yo lo cojo después), además, escribí este poema para ese día. Se titula como el título del post:

Una explosión.
Y otra.
Y otra más.
Una vida
tras de otra
por los suelos,
por los aires,
por los siglos
de los siglos.

Hoy hace un año
se nos pararon
los corazones
y algunos
no han vuelto
a latir.

Tú, yo, muchos de nosotros,
pudimos continuar
y llorar a los muertos
y apoyar a los que se les había
arrancado la piel
con la que respiraban.

Tú, yo, muchos de nosotros,
hemos vuelto a la normalidad
e incluso muchos días
no nos hemos acordado
de que hubo un once de marzo
y que para muchos no llegaron más.

Hoy hace un año
se nos pararon
las respiraciones
y muchas no han vuelto
a resurgir.

Ni tú, ni nosotros.
Iba ella, iba él.
No llegaron
a su estación
y faltaron
a su trabajos,
a sus casas,
a sus citas diarias
con la rutina.

Se los llevaron
sin razones
y nada los devolverá
y veremos sus tristezas
y cada día dolerá
como un doce de marzo
de dos mil cuatro
y sólo podremos
ayudar no olvidando,
rindiéndoles homenaje,
haciendo de la memoria
el arma de nuestro viaje.
 
Tras un finde movidito llega la... ¿calma?
Si que llega. Hoy sí. Y menos mal, no estaba yo como para reaccionar a los estímulos externos. Es lo que pasa cuando necesitas un día libre para descansar del fin de semana (y más si te lo has pasado muy bien: gracias, por cierto, que sé que a veces os pasáis y me leeis).

Así que no hay demasiado que comentar. Sólo que estoy un poco hasta arriba de correcciones. Para el examen de mañana, partiré de la canción nueva de Amaral, de su disco Pájaros en la cabeza.

Espero que hayáis pasado un buen fin de semana. Ah, y espero que convenzamos al ... (iba a poner una burrada, me contendré)..., al jefe de estudios para que no retrase el partidoooooooooo.
 
¡Por fin es viernes!
Por fin me quito de encima esta semanita. Y ya se otea la Semana Santa. Vacaciones...

Hoy tuve la famosa clase de 2º B de nuevo (y para rematar, el refuerzo de 1º B a última). Ya tengo suficientes notas como para evaluarles, así que hoy me traje una cinta de vídeo. Lo tenía planeado desde antes del suceso del martes. Gladiator, que no ha tenido nada de éxito. No les ha gustado, salvo la escena inicial de la batalla, las cabezas cortadas, la sangre, el volumen a tope desgranando los gritos, los tajos y la barbarie. El resto, nada.

Los de 2º se han pasado casi la mitad de la clase eructando. Así como suena. Hasta un cerdo o un animalito salvaje tiene mejor comportamiento que estos individuos. Sobre todo eran tres, capitaneados por patata.bmp, que también había intentado quedarse con el mando, apagar la tele o se había arrastrado a cuatro patas para apagar el vídeo.

Me estuve aguantando, tuve paciencia, viendo lo que hacían. Cuando acabé, le pedí a dos alumnas que dejaran el vídeo en el aula y a los tres cerdos les dije que me acompañaran al jefe de estudios. El patata se fue corriendo e I. tampoco vino de primeras. Sólo J., que ese todavía tiene arreglo, al menos se preocupa de entregarme las hojas (tendríais que ver el nivel de dichas hojas...), me acompañó.

Le comenté lo sucedido al jefe de estudios y le echó un rapapolvos, amenazándole con echarle tres días. Intercedí por él (y ya hablaré y le diré qué camino quiere seguir); luego llegaron los otros dos. I. negaba a la mayor lo de los eructos. Él no había eructado, no sabía. Sólo estaba haciendo el gesto de soltarlo o incitándole al Patata a que lo hiciera (lo que no se atreve le pide al otro que lo haga). El jefe de estudios le dijo que no le pondría parte, pero que dicho comportamiento quedaría reflejado en la comisión de convivencia que tiene el martes.

Y lo sorprendente fue que el otro, antes de recibir amonestación o sermón, cogió y se fue, casi bajo el consentimiento del jefe de estudios. Vale darle por perdido, pero es que así pierde autoridad incluso él. Y de veras que este sujeto no tiene que estar aquí. Va a 5 partes diarios, la mayoría de ellos con faltas graves. En fin... Otro día le pongo el parte, aunque me lo rompa (que se lo dije también a él).

PD: no sé por qué, pero mi ordenador, cuando me bajo una imagen de Internet, sea cual sea su formato, me lo mete bajo formato BMP y, aunque luego le doy a guardar como formato, es JPEG, al contrario que mi escaneo, que ya se subió como jpg (minúsculas) y se pudo ver. Por eso las imágenes no suelen salir.

¡Buen finde!
 
Hoy se disculpó conmigo
El jefe de estudios, a segunda hora, me pidió disculpas. Me ha comentado que hubo un malentendido, al menos de su parte. Que cuando me vino con el alumno, se fijó sobre todo en que si se estaba portando bien al principio, y que no debía haber hecho lo que hizo. Luego incluso repitió las excusas delante del resto de compañeros, en la reunión (que se nos quedó corta) del recreo. Un alivio para mí, aunque el daño esté hecho, y se le haya pedido en dicha reunión que no vuelva a quitarnos la autoridad a ninguno de nosotros, aun no teniendo razón. Porque a última hora, según comentó B., una compi de orientación, los chicos tenían de monotema el suceso conmigo, e interpretado a su manera, y en términos no demasiado buenos respecto a mí. El daño está hecho y veremos el viernes con qué me encuentro. Lo bueno es que si tengo que dar una respuesta contundente, esta vez estaré respaldado.

Y diría que el resto del día ha sido tranquilo, pero... Mentiría. A última hora, estaba liado con material que había empleado en la tutoría, y he tenido que ir a la sala de profesores a dejar tijeras e ir a por celo para que pegaran los murales que habían hecho (sangre, sudor y lágrimas y gritos me costó conseguir que formaran grupos de 6 y que se arrancaran a trabajar, además de limpiar el aula, que lo habían dejado hecho una porquería); de camino, por el pasillo, avisé a los del 1º C que no salieran del aula mientras dejaba las cosas.

Al volver, me encuentro con uno, A., acercándose al baño. Tienes un parte, A. Él se excusaba con que le había dejado don J., que estaba allí. Me da igual, yo no te di permiso y no te había dejado salir del pasillo, y me has desobedecido. Además, antes me había tratado de mentir diciéndome que A., su tutora, le había dado permiso para ir al baño, cuando no se lo había permitido. Este chico me trató de vender la burra y convencerme (aviso: este alumno ha vuelto de una comisión de convivencia, le impusieron una semana de expulsión nada más a cambio de limpiar la basura en el recreo durante 4 días, cosa que ha incumplido y por tanto está demás en el centro; y claro, ha visto que puede hacer lo que quiera y está muy crecido. Este chico ya ha dado muchos problemas, es muy problemático, un repetidor con una historia familiar muy chunga detrás).

Que le quitara el parte, que le había dicho don J. que saliera al baño (ja, ja, ja. Un profe, por su propia iniciativa, le ve cara de vejiga necesitada y le dice que vaya al baño). Cuando me ve que sigo rellenando el parte, se pone histérico perdido, se sofoca, le suben los colores, la voz, pierde la compostura y me grita como un energúmeno porque era su tercer parte y acarreaba expulsión. Me coge el libro de partes, estrujándolo (hay que joderse, qué poca autoridad tengo, y qué fácil es quitarme el libro de partes), y por fortuna estaba P, de Geografía, de guardia, que estaba por allí y que ya había advertido que iba a ver tomate con el chaval.

No recuerdo cómo llegamos fuera del pasillo, creo que A. se escapaba, porque la discusión siguió allí. Tengo testigos de lo que sucede, cómo el tono chulesco y los gritos desaforados se oyen por cualquier aula. Hay un momento incluso en que levanta la mano por encima de su hombro en un ademán de pegarme (digamos que su distancia respecto a mí es casi nula, porque pega su cara a la mía). Pero al final P. se lo lleva y, al terminar, veo a este chico, que se iba casi dando puñetazos a las paredes, riéndose al entrar. Menudo cuento, vaya cómo le preocupa el parte.

Esta vez estaba más tranquilo a pesar de que la cosa subió mucho de tono. El chico me cae bien, aunque no puede estar en una clase porque la torpedea, no sabe estar en grupo, y es muy violento, y domina a sus compañeros al ser mayor. Además, estoy seguro de que cuando le recordemos lo que ha pasado, ni se acordará de que me levantó la mano, no sabía ni lo que hacía.

En fin... Que me he cortado el pelo y a ver si con cambio de look llega la tranquilidad :p
 
CUANDO TU AUTORIDAD SE VE PISOTEADA...
De veras que me había mentalizado. Que el panorama que me iba a encontrar no tenía nada que ver con el mío (remontarme a mis padres ya sería algo absurdo, cuando los profes te atizaban a la mínima y si se quejaba el vástago al progenitor, encima te caía doble ración de bofetadas). En la EGB y en BUP estábamos masificados y, pese a eso, en el aula se respiraba un ambiente de respeto. Ibas a clase con el ánimo de estar en clase. Otra cosa ya era que estudiaras o no y que hubiera el o los compañeros que buscaban desafiar al profesor o mostrar su innata rebeldía, actitud generalmente propia de los repetidores hastiados de todo (pregunta: ¿en el instituto qué se pretende: recibir una educación, una cultura, una titulación? Quien no quiera estudiar, ¿por qué tiene que permanecer hasta los 16 años y no se le permite otras vías?).

Así que llevaba bien que en esta ESO el respeto sea algo que no existe; que la educación en algunos chicos parezca una broma pesada; que el ambiente del instituto te exija día sí y día también una actitud de vigilante, de profe de guardería: no salgas de clase, ni comas, no hagas pompas con el chicle, no te levantes, no le hables al compañero de la otra fila, no te metas en los armarios, vete a tu clase, deja de pasearte a tus anchas por los pasillos, no tires papeles ni tizas, no le llames puta a tu compañera, no le escribas muere a tu compañero, no le toques el culo a ninguna niña, no le quites el estuche a tu compañero, no mandes mensajitos a tu novia, no escupas, no quiero oír el nuevo politono de tu móvil de nueva generación, haz el favor, por favor te lo pido por vigesimoquinta vez, de callarte...

Es que esto es más una cárcel que un instituto, me dijo una madre, me presionáis mucho al niño con los partes, no sé si dijo la misma madre. ¿Se puede saber cómo hay tantos suspensos?, dicen muchos padres al recibir las notas. ¿Cómo hay tantos expulsados?, es la única duda en el claustro del director del centro, que no se pasa nunca por nuestra sección y no tienen ni idea que hay muchos menos partes de los que debería haber. Y el inspector rondando, velando por que no haya pobres alumnos desamparados ante la veleidad y sectarismo del profesor malvado.

Cuando volvía en metro, miré la agenda del instituto: normas de convivencia (horarios, relaciones, utilización de espacios, salidas y entradas del centro, materiales, uso de teléfonos móviles), procedimientos cuando se incumplen las normas de convivencia. Hay incluso un apartado para CONDUCTAS GRAVEMENTE PERJUDICIALES PARA LA CONVIVENCIA DEL CENTRO. Me he sonreído. Leo cosas tan peregrinas como respeto, tolerancia, respetar la integridad moral. Esas cosas que muchos se saltan a la torera haciendo lo que les da la gana y arrinconando al que todavía se toma en serio lo de estudiar. Y cuando persigues eso, las inspecciones te miran con suspicacia. Llega el director de turno, que atiende más a la Administración (alejada de las aulas) que a sus compañeros, y pone el grito en el cielo con las expulsiones. Y no sabe (o sí lo sabe, pero se hace el tonto) que detrás de cada expulsión ha habido una acumulación de faltas que has pasado por alto o que has permitido o que te has comido con patatas.

Patatas... Un alumno nuestro tiene como mote entre sus compañeros el "patata". No sé si por si su constitución física o porque se refieren a su cerebro. Este chico es un caso de psicólogo, no rige bien, está muy pasado y no le hacen falta drogas como a otros para ser de lo más absurdo. Pues bien, este elemento me ha dado hoy la clase:

2ª hora, 9:10. Mi primera hora (los lunes y martes entro una hora más tarde, dichoso yo). Vamos a seguir con la ortografía. Reglas de la "be.bmpb" y de la "v.bmpv". Sacad boli y papel. La mayoría ni se inmuta (estoy hablando de una clase reducida, en el refuerzo, unos 8 serían hoy), así que les amenazo (muchas veces es la única forma de que hagan algo de caso): quien no saque papel, tiene un parte (no me lo había leído aún, pero más adelante, en esa agenda que también tienen los alumnos, viene que el alumno tiene el deber de estudiar, aunque ya se eliminará, pobre adolescente, qué explotado).

Uno, el del mote antes referido, sigue sin obedecer (¿es una obligación del alumno obedecer al profesor, o no tiene por qué atenerse a los caprichosos devaneos nuestros? Ah, claro, obedecer es sinónimo de humillarse, postrarse, dejar que te avasallen). Bien, si no quiere trabajar, que se vaya. Parte y al aula de guardia, y así que se marque la diferencia entre los que vienen al instituto a trabajar y los que no.

¿Por qué me pones parte? No molesto a nadie. A medida que ve que sigo con la redacción del apercibimiento, se va poniendo más nervioso, más insolente, más bravucón. A medida que transcurren los segundos, el ambiente se va crispando. Dice una serie de tonterías que no me acuerdo y que le jalean dos o tres, a los que amenazo con otro parte por reírle las gracias. En ese momento no tengo el libro de partes, así que salgo de clase a por él. Cuando vuelvo, otro alumno está entrando. Se excusa con que tenía que hablar con otra profesora, que me lo había dicho. Tú también tienes parte. No me había pedido permiso. El "Patata" está más envalentonado. Sigue discutiendo la validez del parte, no se lo podía poner por no hacer nada. Me quita el libro de partes cuando me dirigía al otro que había salido. Más risas de los otros. Consigo quitárselo. Le relleno el parte (no saldrá en el post, pero aquí está: ). Se lo doy y me lo rompe en pedazos (risas), así que le relleno otro por romper el primero, pero corre la misma suerte (más risas). Incluso quiere quitarme la copia que ha de guardar el profe y la que ha de entregarse en secretaría. Y no quiere salir, así que el que sale soy yo, en busca de los profes de guardia.

Antes de comentarle la situación al profe de música, hablo con la conserje, que para cuando nos dirigimos al aula, ya había conseguido sacarle. Se lo lleva A., discutiendo con él, que sigue en sus trece por la injusticia del apercibimiento. Me meto en clase y empiezo por fin.

Pero al poco rato llega el jefe de estudios con A. y el susodicho alumno. Me llama para que salga para que le explique qué ha sucedido. Se cierra en banda ciñéndose en la primera causa del parte. ¿No molestaba, no?, con este alumno habíamos llegado a un acuerdo... (él, porque que yo -ni otros compañeros- sabía que a este -y a algún otro- había que dispensarle un trato especial). Así que me lo mete en clase, bajo la incrédula mirada de A.

Yo: alucinado, indefenso, impotente, ridiculizado, ninguneado, desautorizado...

Lo positivo: la solidaridad de mis compañeros, que se tomaron como propio el ultraje. Saber que no sólo a mí me pareció ridículo lo que había pasado. En el recreo firmamos una hoja para revisar criterios disciplinarios y P, de Geografía, se lo entregó al jefe de estudios.

G., la orientadora, que me trajo en coche hasta la estación de metro, me hizo ver que por lo menos había tenido la suerte de que el instituto contaba con una plantilla de interinos y que todos íbamos por el mismo camino, que en otro lugar podría haberme visto encima aislado. Cada uno de los profes tenemos una odisea casi diaria que contar y que sufrir y al menos nos tenemos los unos a los otros para llorarnos las penas, ya que el Ministerio de Educación y la sociedad en general mira para otro lado.