CABO DE GATA (RECUERDOS)
Los últimos rayos de sol
para el último poema del verano.
Lo que ayer era una extensión
de mis dedos,
hoy queda muy lejos.
Lejos del mar,
lejos de vosotros,
lo vivido es una roca
contra el tiempo y la distancia.
El blanco de la cal en las casas
silenciosas del Pozo de los Frailes;
sol, arena, sal; sal, arena, sol.
Aguas transparentes, peces mordedores de pies;
el aire lleno de caricias doradas;
las nubes vacías de significados.
Curvas, baches, carreteras en la noche,
árboles recién plantados, raíles
en el borde del asfalto.
Ronquidos, legañas, sudor;
abejas invitadas amenazando
con miradas penetrantes.
Sintonías de series infantiles,
chupitos regateados, risas violadas
en cualquier descampado.
Los días acortándose como una maldición;
la noche asociada con el frío;
el calor, difuminándose; las aspas del ventilador, quietas.
Ya no hay más días de playa,
ni más chapuzones en busca de balones
disparados rebotando en el mar.
Los ecos de las risas inacabables
se borran como las huellas en la arena
tras el beso de las olas.
Los ojos, saturados de vistas azules;
las bocas, agrietadas de tanto reír;
cuando la tristeza amenace con instalarse
definitivamente en el invierno,
en el abrigo de las calefacciones
y en el vaho de cada respiración,
tu voz acudirá a mis oídos,
tu compañía a mi corazón,
y tanta ñoñería va a reventar
los maullidos de esa pequeña gata
que se abalanza contra todos
para quedarse y jugar.
para el último poema del verano.
Lo que ayer era una extensión
de mis dedos,
hoy queda muy lejos.
Lejos del mar,
lejos de vosotros,
lo vivido es una roca
contra el tiempo y la distancia.
Imposibles piedras
entre la arena,
escondidas dentro del mar,
en forma de rocas
al final de los perfiles
que conforman las calas,
afilados escalones
desafiando a las olas...
Es tiempo para recordar...
El blanco de la cal en las casas
silenciosas del Pozo de los Frailes;
sol, arena, sal; sal, arena, sol.
Aguas transparentes, peces mordedores de pies;
el aire lleno de caricias doradas;
las nubes vacías de significados.
Curvas, baches, carreteras en la noche,
árboles recién plantados, raíles
en el borde del asfalto.
Ronquidos, legañas, sudor;
abejas invitadas amenazando
con miradas penetrantes.
Sintonías de series infantiles,
chupitos regateados, risas violadas
en cualquier descampado.
Los días acortándose como una maldición;
la noche asociada con el frío;
el calor, difuminándose; las aspas del ventilador, quietas.
Ya no hay más días de playa,
ni más chapuzones en busca de balones
disparados rebotando en el mar.
Los ecos de las risas inacabables
se borran como las huellas en la arena
tras el beso de las olas.
Los ojos, saturados de vistas azules;
las bocas, agrietadas de tanto reír;
cuando la tristeza amenace con instalarse
definitivamente en el invierno,
en el abrigo de las calefacciones
y en el vaho de cada respiración,
tu voz acudirá a mis oídos,
tu compañía a mi corazón,
y tanta ñoñería va a reventar
los maullidos de esa pequeña gata
que se abalanza contra todos
para quedarse y jugar.
SIMBOLOGÍA DE LOS SUEÑOS
He soñado con que Dios se encarnaba en mí... ¿Debería psicoanalizarme?
Bueno, esa noche también soñé con que era un cazador de terroristas y disparaba a las ruedas de un camión articulado y que me perseguían unos vampiros... Y esta misma noche (o sea, la pasada, que aún no me he dormido), sin ir más lejos, soñé que estaba en una especie de pandilla o de grupo a lo boyscout (era algo más peque) y un cuadro (de un museo) ¡nos abducía! Y luego en el cuadro iban desapareciendo chicos, iban muriendo misteriosamente. En un determinado momento bajábamos unas escaleras y nos dábamos cuenta de que no podíamos salir, porque había una especie de confrontación de realidades, la del cuadro y la del mundo real, de la que nos separaba una especie de espejo que nos permitía ver lo de fuera, pero los de fuera no podían vernos...
Y en el sueño este que digo, era como estar dentro de una peli tipo Indiana Jones: un grupo destacado de personas se habían congregado en una especie de monasterio o convento en busca de resolver un enigma o encontrar algo que estaba a punto de producirse o revelarse, algo importantísimo. Y yo estaba entre esas personas.
Era de noche y no recuerdo muy bien cómo pasaba, pero Dios se metía en mi cuerpo (juraría que sin mi permiso). Y luego varias personas pedían comprobaciones de que eso era cierto y si bien no metían sus dedos en mis llagas (más que nada porque no tenía), para demostrárselo empezaba a levitar...
Por otra parte, estoy acabando un libro de poemas y estoy bastante contento, tengo una sensación parecida a cuando termino algún relato y me gusta cómo me ha quedado. Sólo me falta un poema, que lo escribiré en Cabo de Gata o cuando vuelva (que me voy 4 días, ya los últimos, y a la cruda realidad). Es la primera vez que en un libro de poesía me sale algo tan cerrado, tan uniforme, aunque supongo que me durará poco mi alegría, porque la poesía que escribo no me gusta al cabo de haberla escrito. Pero esta vez creo que he escrito algo diferente, y el hecho de no sonarme a mí mismo me alegra (aunque, paradójicamente, pueda sonar a otros autores, sobre todo dos, que son los que he leído estas vacaciones y han sido mi referencia: José Ángel Valente> y Jaime Siles, de los cuales os dejo un poema de cada uno -hay más, por si os interesan-). Pego (en total primicia :p) uno de mis poemas, no es de los más representativos, o tal vez sí. Se titula SOL:
Y ya para acabar, he estado mirando la web de mi nuevo insti y... ¡Qué grande! Pone algo de que hay dos edificios; pone, además, que el departamento de lengua está formado por 9 profes, y caray... Todo eso impone. Sé que me voy a pasar las tres cuartas partes del curso buscando las cosas y perdiéndome... Supongo que es normal un poco de pánico, suele pasar cuando se producen cambios...
Bueno, esa noche también soñé con que era un cazador de terroristas y disparaba a las ruedas de un camión articulado y que me perseguían unos vampiros... Y esta misma noche (o sea, la pasada, que aún no me he dormido), sin ir más lejos, soñé que estaba en una especie de pandilla o de grupo a lo boyscout (era algo más peque) y un cuadro (de un museo) ¡nos abducía! Y luego en el cuadro iban desapareciendo chicos, iban muriendo misteriosamente. En un determinado momento bajábamos unas escaleras y nos dábamos cuenta de que no podíamos salir, porque había una especie de confrontación de realidades, la del cuadro y la del mundo real, de la que nos separaba una especie de espejo que nos permitía ver lo de fuera, pero los de fuera no podían vernos...
Y en el sueño este que digo, era como estar dentro de una peli tipo Indiana Jones: un grupo destacado de personas se habían congregado en una especie de monasterio o convento en busca de resolver un enigma o encontrar algo que estaba a punto de producirse o revelarse, algo importantísimo. Y yo estaba entre esas personas.
Era de noche y no recuerdo muy bien cómo pasaba, pero Dios se metía en mi cuerpo (juraría que sin mi permiso). Y luego varias personas pedían comprobaciones de que eso era cierto y si bien no metían sus dedos en mis llagas (más que nada porque no tenía), para demostrárselo empezaba a levitar...
A ver quién es el/la guapo/a que le busca una interpretación a ese/os sueño/s (no vale con decir que estoy fatal, eso ya lo sé).
Por otra parte, estoy acabando un libro de poemas y estoy bastante contento, tengo una sensación parecida a cuando termino algún relato y me gusta cómo me ha quedado. Sólo me falta un poema, que lo escribiré en Cabo de Gata o cuando vuelva (que me voy 4 días, ya los últimos, y a la cruda realidad). Es la primera vez que en un libro de poesía me sale algo tan cerrado, tan uniforme, aunque supongo que me durará poco mi alegría, porque la poesía que escribo no me gusta al cabo de haberla escrito. Pero esta vez creo que he escrito algo diferente, y el hecho de no sonarme a mí mismo me alegra (aunque, paradójicamente, pueda sonar a otros autores, sobre todo dos, que son los que he leído estas vacaciones y han sido mi referencia: José Ángel Valente> y Jaime Siles, de los cuales os dejo un poema de cada uno -hay más, por si os interesan-). Pego (en total primicia :p) uno de mis poemas, no es de los más representativos, o tal vez sí. Se titula SOL:
Te invité a mi mesa
y te pusiste en frente.
Alzamos una copa de licor
y brindamos por nosotros.
Nuestra conversación se sostenía
de tópicos, y te reíste de pronto.
Una nube casi acaba con mi dicha.
“Cada vez estás más bajo,
vas a acabar arrodillándote
ante mí”, le dije en broma.
“Es la hora de volver a casa”,
respondió.
Era la hora en que atardecías.
Y ya para acabar, he estado mirando la web de mi nuevo insti y... ¡Qué grande! Pone algo de que hay dos edificios; pone, además, que el departamento de lengua está formado por 9 profes, y caray... Todo eso impone. Sé que me voy a pasar las tres cuartas partes del curso buscando las cosas y perdiéndome... Supongo que es normal un poco de pánico, suele pasar cuando se producen cambios...
Puedo decir con orgullo que... YO ESTUVE ALLÍ
Indudablemente, no es una frase que haga referencia a los días transcurridos en la playa, donde nada más llegar y aprovechando uno de los escasos días de pleno sol, me quemé (quemarse es poco, y si no que alguien hubiera visto la forma de pelarme, con unos picores insufribles...) la espalda y desde entonces me dediqué a tomar el sol desde la sombra (si estuviera Laura y no de vacaciones, nos diría qué tipo de paradoja es esta).
No estoy diciendo que me lo pasara mal, ni mucho menos. Hice lo que quería: descansar y desconectar, escribir, leer, nadar un poco, refrigerarme bajo el aire acondicionado que hay en la casa de la playa y disfrutar de los atardeceres en la azotea. Pero si dejas todo eso por anticipado, el 11 de agosto, levantándote a las 8 y poco de la mañana, para coger un tren (el de la muerte...) y llegar otra vez a Madrid a eso de las dos y media, para nada más dejar las maletas y ducharte, es por algo...
(Casi me salto la parte del viaje, de ambos viajes. Allá va:
Estrés : se produce, por ejemplo, cuando una alarma sonando durante una hora en una de las maletas entre vagones.
I love el desodorante : y qué poco cariño lo tienen algunos, como una abuelilla que dejaba una insidiosa estela tras su paso...
¿¿¿??? : esa peli de flipados chinos.
:-D: Cara que se te pone al descubrirle una utilidad a los cascos que reparten en el tren, puesto que oír el hilo musical de las dos o tres emisoras o lo que sea que se oiga no es una de ellas. No. Es mejor la lucha de auriculares: se coge el cable por un lado, empiezas a girar el casco y se entabla una batalla con tu hermana, como si estuvieras en el oeste con el lazo.
Notas para el futuro : nada de tener hijos. Los perros dan menos problemas y son más agradecidos. Además, me pueden meter en la cárcel porque considerarían delito hacer desaparecer a alguno de esos seres que no paran de llorar y de dar por cu**.
También es casualidad... : encontrarte en tu vagón con una pareja de fanáticos de U2, que van oyendo en el Mp3 sus canciones, leyendo la Rolling Stone artículos sobre el concierto, revisando la entrada... Y verlos horas más tarde en el graderío, entre las más de 50.000 personas).
Y llega por fin el momento... Ese estadio que nunca has pisado y que probablemente nunca volverás a pisar frente a tus ojos, rodeado de masas enfebrecidas y nerviosas, te llama y acudes a su llamada, siendo devorado por él y lo que promete en su interior.
Es demasiado pronto, pero poco a poco el estadio se va llenando. Sólo había comido un bocata de tortilla a las dos y busqué algo de comer (es que nos encerraron con una valla y no pude salirrrrr), pero en vano: o refresco, o cerveza, o camiseta a no menos de 30 euros, o prismáticos. Me siento en el lateral izquierdo (Luz se había quedado en medio y era demasiado agobio), el de la sombra, en un trocito de hierba (habían puesto unas placas para proteger el césped) y dejo que pase el tiempo. A eso ayudan los teloneros: Kaiser Cheifs (creo; no estuvieron mal, mucha tralla, muy pirado el cantante) y Franz Ferdinand (bastante interesantes, muchos cambios de ritmos con las guitarras, aunque hubiera preferido oír a Keane).
Lo peor, de nueve y media a diez, la espera... Qué nervios, pronto aparecerían Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen... No sólo los vería en la foto de la entrada

Y, por fin, ¡1, 2, 3, 14! Desde ese momento no hay descanso, éxito tras éxito te arrastra el entusiasmo propio y el del resto (Madrid vibró y creo que hizo vibrar a U2, nunca había visto sonreír a Clayton, por ejemplo, y Bono hizo referencias a aquel concierto mítico del Bernabéu en 1987, llegando a decir que había recuperado el espíritu de aquel concierto): Sunday Bloody Sunday, Where the streets have no name, City of blinding lights (en estas dos sobre todo el solo que da inicio a la canción de The Edge te pone los pelos de punta), In the name of love, Miracle Drug, I still haven`t found what I'm looking for, Sometimes you ca´nt make it on your own, I will follow, All because of you, With or Withouth you, One... Los títulos lo dicen todo. Personalmente, me faltaron (es que dos horas y algo se te hace poco, jeje) A man and a woman (es una de las más bonitas del nuevo disco), All I want is you y Staring at the sun (no incluyeron ninguna del disco Pop, y fue con el que yo conocí a U2, y esta canción fue digamos la que me enganchó no sólo a ellos, sino a la música en general, y The Edge se hubiera lucido también).
Tiempo para gritar, para saltar, para imitar como imitadores lo que hacía Bono, tiempo para las reivindicaciones (lo siento, África, pero cuando estaba mandando el mensaje, empezó a sonar One...), las protestas y peticiones a los políticos, los recordatorios a las víctimas de los atentados terroristas (con mención especial para los del 11-M), las un poco salidas de tono religiosas de Bono, la parafernalia de un impresionante y luminoso escenario, los cabreos del propio Bono al no funcionar dos micros al principio, sus guiños al público: "Madrid, tienes mucho corazón" (esto con acento macarrónico, claro), "y muchos cojones"...
En una palabra, inolvidable.
No estoy diciendo que me lo pasara mal, ni mucho menos. Hice lo que quería: descansar y desconectar, escribir, leer, nadar un poco, refrigerarme bajo el aire acondicionado que hay en la casa de la playa y disfrutar de los atardeceres en la azotea. Pero si dejas todo eso por anticipado, el 11 de agosto, levantándote a las 8 y poco de la mañana, para coger un tren (el de la muerte...) y llegar otra vez a Madrid a eso de las dos y media, para nada más dejar las maletas y ducharte, es por algo...
(Casi me salto la parte del viaje, de ambos viajes. Allá va:
Estrés : se produce, por ejemplo, cuando una alarma sonando durante una hora en una de las maletas entre vagones.
I love el desodorante : y qué poco cariño lo tienen algunos, como una abuelilla que dejaba una insidiosa estela tras su paso...
¿¿¿??? : esa peli de flipados chinos.
:-D: Cara que se te pone al descubrirle una utilidad a los cascos que reparten en el tren, puesto que oír el hilo musical de las dos o tres emisoras o lo que sea que se oiga no es una de ellas. No. Es mejor la lucha de auriculares: se coge el cable por un lado, empiezas a girar el casco y se entabla una batalla con tu hermana, como si estuvieras en el oeste con el lazo.
Notas para el futuro : nada de tener hijos. Los perros dan menos problemas y son más agradecidos. Además, me pueden meter en la cárcel porque considerarían delito hacer desaparecer a alguno de esos seres que no paran de llorar y de dar por cu**.
También es casualidad... : encontrarte en tu vagón con una pareja de fanáticos de U2, que van oyendo en el Mp3 sus canciones, leyendo la Rolling Stone artículos sobre el concierto, revisando la entrada... Y verlos horas más tarde en el graderío, entre las más de 50.000 personas).
Y llega por fin el momento... Ese estadio que nunca has pisado y que probablemente nunca volverás a pisar frente a tus ojos, rodeado de masas enfebrecidas y nerviosas, te llama y acudes a su llamada, siendo devorado por él y lo que promete en su interior.
Es demasiado pronto, pero poco a poco el estadio se va llenando. Sólo había comido un bocata de tortilla a las dos y busqué algo de comer (es que nos encerraron con una valla y no pude salirrrrr), pero en vano: o refresco, o cerveza, o camiseta a no menos de 30 euros, o prismáticos. Me siento en el lateral izquierdo (Luz se había quedado en medio y era demasiado agobio), el de la sombra, en un trocito de hierba (habían puesto unas placas para proteger el césped) y dejo que pase el tiempo. A eso ayudan los teloneros: Kaiser Cheifs (creo; no estuvieron mal, mucha tralla, muy pirado el cantante) y Franz Ferdinand (bastante interesantes, muchos cambios de ritmos con las guitarras, aunque hubiera preferido oír a Keane).
Lo peor, de nueve y media a diez, la espera... Qué nervios, pronto aparecerían Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen... No sólo los vería en la foto de la entrada

Y, por fin, ¡1, 2, 3, 14! Desde ese momento no hay descanso, éxito tras éxito te arrastra el entusiasmo propio y el del resto (Madrid vibró y creo que hizo vibrar a U2, nunca había visto sonreír a Clayton, por ejemplo, y Bono hizo referencias a aquel concierto mítico del Bernabéu en 1987, llegando a decir que había recuperado el espíritu de aquel concierto): Sunday Bloody Sunday, Where the streets have no name, City of blinding lights (en estas dos sobre todo el solo que da inicio a la canción de The Edge te pone los pelos de punta), In the name of love, Miracle Drug, I still haven`t found what I'm looking for, Sometimes you ca´nt make it on your own, I will follow, All because of you, With or Withouth you, One... Los títulos lo dicen todo. Personalmente, me faltaron (es que dos horas y algo se te hace poco, jeje) A man and a woman (es una de las más bonitas del nuevo disco), All I want is you y Staring at the sun (no incluyeron ninguna del disco Pop, y fue con el que yo conocí a U2, y esta canción fue digamos la que me enganchó no sólo a ellos, sino a la música en general, y The Edge se hubiera lucido también).
Tiempo para gritar, para saltar, para imitar como imitadores lo que hacía Bono, tiempo para las reivindicaciones (lo siento, África, pero cuando estaba mandando el mensaje, empezó a sonar One...), las protestas y peticiones a los políticos, los recordatorios a las víctimas de los atentados terroristas (con mención especial para los del 11-M), las un poco salidas de tono religiosas de Bono, la parafernalia de un impresionante y luminoso escenario, los cabreos del propio Bono al no funcionar dos micros al principio, sus guiños al público: "Madrid, tienes mucho corazón" (esto con acento macarrónico, claro), "y muchos cojones"...
En una palabra, inolvidable.





