[VANAS PERSECUCIONES (I parte)]
Salió del cine. La película que había visto le emocionaba hasta tal punto que no pudo evitar comenzar a llorar desconsoladamente. Corría como abatido, pero movía los brazos sin control para ahuyentar a los fantasmas del pasado que lo perseguían. Era una carrera vana: siempre con idéntico resultado lo alcanzaban, pero procuraba no dejarse ver en esos momentos para que nadie pudiese conocer sus debilidades: “si te conocen bien eres manipulable...estás perdido”, se repetía constantemente, como un dogma de fe que le han inculcado pero en el que no cree en absoluto.
Todo le hubiera ido bien a aquel hombre de gesto tierno, tez blanca y pelo rubio de no ser porque ese día yo estaba en el cine. No sé qué ocurrió, algún proceso extraño se desencadenó en mi cuerpo y aquellos pensamientos ridículos, pero sumamente insistentes y subversivos se apoderaron de mi subconsciente hasta hacerme sucumbir ante la tentación que yo me negaba a aceptar: quería perseguirle. Yo no sé por qué a veces el hombre es más emocional que racional, ni por qué diantres yo no soy la excepción, pero lo cierto es que comencé a correr desenfrenadamente hacia lo que sería la mayor locura de mi vida, sin oponer la menor resistencia.
Años después, sigo sin saber qué fue exactamente lo que me hizo salir atropelladamente de aquel cine en una fría mañana de finales de septiembre, pero sospecho que un extraño fulgor de inocencia en sus ojos (que muy poca gente posee) provocó en mí un sentimiento de compasión. La bondad es mercancía escasa en estos tiempos, y me dio la sensación de que aquel hombre tenía en exceso. No puedo acabar de creer que fuera sólo eso lo que me impulsó a violar la intimidad a la que aquel hombre tenía derecho y a trotar por las calles de Princeton en una lluviosa noche estrellada desafiando a mi propia curiosidad, pero creo que así fue, e intentar negarlo no me convertiría sino en una infeliz.
Creo que no notó que alguien le seguía, si no su reacción hubiera sido bastante diferente, así que después de recorrer un par de kilómetros a buen ritmo, se detuvo (casualidad o quizás no) a las puertas de la Facultad de aquel grandioso campus en el que yo iba a trabajar por primera vez en mi vida. Lo primero que me vino a la mente al detenerme fue que necesitaba urgentemente algo de deporte que me proporcionase la frescura que por aquel entonces me faltaba, pero rápidamente me concentré en lo que me había llevado hasta allí: aquel misterioso hombre. Sentí miedo, pues lo que ahora veía en sus ojos no era inocencia, sino rencor, que lo hacía parecer muy poco humano en aquel ambiente perdido en medio de la naturaleza, y ardía en deseos de marcharme, pero la extraña fuerza que allí me retenía no dejó de actuar, hasta que volví a mirar y noté un gesto de impotencia que rodeaba su ser, y mi compasión afloró de nuevo transformándose en un altruismo que, potencialmente, sería peligroso.
Después de un rato allí sentado, entregado a una profunda meditación, pareció sentirse avergonzado y olvidar el motivo que le había hecho tan susceptible, así que se levantó y en un instante pareció distinguir mi figura borrosa, pero después debió pensar que dicha figura era inexistente y que no era sino producto de sus propios miedos, por lo que se tranquilizó y me limité a seguirlo hasta mi apartamento recientemente alquilado en el centro.
Ya era bastante tarde (demasiado para los de mi profesión) cuando acabé de cenar y me acosté en la cama dispuesta a disfrutar de un sueño renovador, pero eso fue exactamente lo único que no ocurrió, pues en mis sueños (o quizás estaba despierta) me asaltaron las dudas sobre si era lícito o no lo que había hecho y me invadió el sentimiento de culpabilidad y el remordimiento. Todo esto se vio agravado por una pesadilla en la que yo era enviada al infierno, donde el demonio me juzgaba y me humillaba en presencia de los ángeles, que estaban allí para contemplar el mayor crimen de la especie humana. Allí nada parecía tener sentido, y ni yo misma podía encontrar las palabras que me justificasen ante el demonio, por lo que se decidió imponerme un castigo que cumpliría eternamente. Entonces sonó el despertador, alejándome de los infiernos para ascender al mundo real y darme cuenta de que, ocurriese lo que ocurriese, jamás volvería a seguir a aquel pobre hombre.
Me puse el abrigo (intentaba combatir como podía el poco aprecio que le tenía al clima de los EEUU) y me dirigí hacia la Facultad con nuevos ánimos. Pero duraron menos de lo esperado. Cuando llevaba un rato allí comencé a preguntarme por qué a veces uno decide hacer algo aún cuando sabe que está equivocado, y a culparme por lo que había hecho la noche anterior. Estas preguntas surgieron porque aquella fue una mañana muy poco productiva, en la que mejor hubiera sido que me quedase en casa recuperando las horas de sueño que me impedían concentrarme. Algunos compañeros me preguntaron si me ocurría algo e hice lo que pude por pronunciar un no altamente convincente, aunque no sé si lo logré. Salí del trabajo camino del apartamento con la idea en mente de parar en la biblioteca a recoger un libro de ensayo científico que me había recomendado un compañero, pero pronto captó mi atención una persona que caminaba inquieta por la otra acera. Era él. Intenté guardar mis peores intenciones para otro momento más oportuno, pero sólo mi subconsciente tiene la capacidad de convicción necesaria para impedir a mi conciencia funcionar correctamente, así que crucé la acera y me camuflé entre la muchedumbre con un único objetivo: ver a dónde se dirigía. He de admitir que fue bastante mi sorpresa cuando fue a su apartamento, a comer. No se me había ocurrido que alguien tan misterioso como él hiciera cosas con tan poca gracia. Una vez que localicé su apartamento (estaría a veinte minutos del mío...) me dirigí a tomar una comida ligera. Puse también música chill out para ver si conseguía olvidar mis maquiavélicos planes, pero cometí el error de finalizar la sesión con una canción de rock (es la música que me gusta) que me exaltó todavía más. Después de disfrutar durante un rato del silencio y atender una llamada de un amigo en la que se preocupaba por mi vida en América, decidí ya iniciar el espionaje, y me dirigí a su apartamento, descubriendo por primera vez en mi vida que tengo muy poca facilidad para la orientación en territorios ajenos (yo creí que tenía memoria fotográfica). Una vez allí quise abortar el plan de espionaje e iniciar el plan B, que consistiría en centrar mi atención en otra cosa inmediatamente. Pero no fui capaz y allí me quedé, de pie durante una media hora recibiendo miradas inquisitivas de curiosos. Cuando por fin me había convencido a mí misma de que lo mejor sería marchar, salió de su apartamento haciéndome olvidar esa estúpida suposición. Durante toda la tarde anduvo errante por gran parte de la ciudad, hasta que se sentó en la hierba a observar la melancolía que fluía por el río menos concurrido de todo el lugar. Por un momento estuve tentada a unirme a él, pero después recordé que no tenía ningún derecho y me marché a casa, avergonzada. Sea lo que fuere lo que escondía aquel hombre, y por mucha curiosidad que me inspirase, no sería tan interesante como para perder mi dignidad.
Muchas veces me recuerda esta fase de mi vida a una paranoia. El día que no se espía se experimenta una sensación de vacío e incomodidad muy desagradable que sólo cesa espiando. Lo que empezó con un seguimiento ocasional para satisfacer mi curiosidad acabó convirtiéndose en una verdadera adicción. No había día que no me enterase de sus movimientos, y en caso de que así fuese experimentaba síndrome de abstinencia. Un día llegué incluso a comer en el mismo restaurante de comida rápida que él, a pesar de que suelo pasarlo bastante mal para lograr comerla.
Así pasé dos años de mi vida, siguiéndolo, hasta que un día me convencí de que aquello no tenía ningún sentido y tenía que acabar ya, poniendo todo de mi parte para que así fuera. Ya iba hacia mi casa realmente feliz cuando, al doblar una esquina, caí bruscamente. Era él.
- Señorita, sería conveniente que vigilara usted sus pasos, no querrá que un día alguien tropiece con sus pies y caiga-dijo inmediatamente.
- Disculpe, señor, pero estaremos de acuerdo en que ha sido usted el que me ha tirado…¿cómo explica si no que haya sido yo la que caí al suelo y no usted? Venía corriendo y, para eso, las esquinas son un sitio difícil (dígamelo a mí…) No pasa nada.
- Tenga cuidado con esa lengua suya, que un día se envenena.
Después de tanto tiempo vigilándolo, sabía que la discusión sería en vano, ya que ese día no estaba receptivo. A pesar de todo, intervine:
- Le escucho, señor. Pero escúcheme también usted a mí: yo creo que ese exceso de velocidad suyo le va a traer problemas un día…cualquiera que no lo conociese diría que tenía usted prisa, pero yo…yo creo que escapaba usted de sus recuerdos.
- Es usted una insolente, además de poco prudente-estalló, en un ataque de cólera- ¿Nunca le han dicho que es de buenos modales dar una opinión sólo cuando se la piden?
- Sí, me lo han mencionado un par de veces, como muchas otras cosas, y nunca la doy, pero veo en sus ojos a un ser que la pide a gritos deliberados-dije, con el único fin de provocarle.
- Yo tal vez necesite una segunda opinión, pero usted (permítame la indecencia), necesita un psicoanalista.
Llegada esta fase del intercambio de palabras sabía ya que no diría nada y, además, que sólo podría escuchar de su boca descalificaciones. Así se lo dije:
- Ya veo que en estos momentos no es fácil para usted expresar sus emociones, ni para mí invitarle a hacerlo. Veo también que esta discusión es superflua. Cálmese, y vaya con Dios.
- Yo no necesito calmantes de ningún tipo, y menos de los que usted me pueda proporcionar. Parece inocente, la pregunta es si lo es…-dijo, confirmando mis sospechas.
Seguía impregnando el ambiente de malas palabras, pero yo ya me había ido. Si hay algo que no me guste son los interlocutores poco accesibles. Me dirigí a casa, y no debí haber recorrido ni cien metros cuando empecé a preguntarme si además de hacer algo tan sumamente rastrero como vigilarlo sin su consentimiento tenía yo derecho a juzgarle de manera tan dura, tuviera o no tuviera razón. Estaba bastante cansada, así que me límite a caminar como una autómata con la mente en blanco para no llegar a una conclusión que no me gustara oír. Creo que a pesar de todo, no conseguí dejar la mente totalmente libre de tensiones porque me pregunté qué pretendía conseguir ayudando a aquel hombre. Que añoraba algo…que quizás había otra solución que no fuera entregarse a la amargura…eso lo sabíamos tanto yo como él, sin embargo era yo la que se obcecaba con intentar hacérselo ver. Pero…¿y si ya lo sabía? Cuando llegué a casa metí los pies en agua tibia…no hay nada más relajante que sentir el rélax en los propios pies. Bueno, quizás sea más relajante tener la conciencia tranquila, pero como a esas alturas eso era una utopía a la que yo no podía aspirar, opté por mojar los pies. Después escuché un poco de rock para descargar la adrenalina que me sobraba e hice un bocadillo que recordaré siempre por lo mal que me supo…sabía ligeramente a sin razón y a remordimiento…que mala combinación, no volveré a probarlo…
Al día siguiente, después de una mañana un poco dura en la Facultad, pero muy entretenida, ya se habían disipado todas mis dudas para transformarse en una certeza de no sé exactamente qué. Pasé por la biblioteca para recogerle el libro a mi amigo de una vez por todas, y después me dirigía a casa a paso rápido cuando repentinamente volví a caer al suelo doblando la misma esquina que el día anterior. La situación no era la misma, sin embargo.
- Me dirijo al psicoanalista, ¿usted se da a la fuga?-comenté, en tono jovial.
- Muy graciosa. No, es mi manera de afrontar los problemas.
- Muy saludable, por cierto…si cada vez que tiene un problema hace la maratón yo creo que tendrá una vida larga-repliqué de nuevo en tono desenfadado. No quería volver a cometer el mismo error que el día anterior.
- Lamento decirle que tiene usted bastante razón.
- Creo que eso es un error…no sé por qué habría de lamentarlo…de todos modos, gracias por la parte que me toca.
Desde ese día comenzamos a vernos bastante a menudo, y en los encuentros ya no se respiraba aquella tensión indescriptible. Yo no sé si es una desgracia o una bendición, pero gran parte de los amigos que tengo los he hecho así, por accidente. Nuestros lazos de amistad eran firmes y a la vez débiles, sin embargo creo que ha sido uno de mis mejores amigos, sino el mejor. Con débiles me refiero a que yo no sabía apenas nada de él, de sus aspectos personales ni él de los míos, éramos dos personas a las que no nos gustaba demasiado hablar de nosotros, pero que sin embargo conectábamos muy bien, nos entendíamos sin necesidad de hablar, y ése es uno de los mejores sentimientos del mundo. Digo que éramos muy buenos amigos porque siempre podíamos refugiarnos el uno en el otro para abstraernos y evadirnos de la realidad. Era él una de las personas más inteligentes y más frías (a veces simplemente desagradable) que he conocido nunca. Era bastante independiente, siempre mostrando sus principios como carta de presentación, gustasen o no. Lo cierto es que reunía todas las condiciones para ser odiado por las masas, y yo lo sabía, pero no podía dejar de observarlo con respeto y admiración, procurando aprender de él.
(CONTINUARÁ...)
Todo le hubiera ido bien a aquel hombre de gesto tierno, tez blanca y pelo rubio de no ser porque ese día yo estaba en el cine. No sé qué ocurrió, algún proceso extraño se desencadenó en mi cuerpo y aquellos pensamientos ridículos, pero sumamente insistentes y subversivos se apoderaron de mi subconsciente hasta hacerme sucumbir ante la tentación que yo me negaba a aceptar: quería perseguirle. Yo no sé por qué a veces el hombre es más emocional que racional, ni por qué diantres yo no soy la excepción, pero lo cierto es que comencé a correr desenfrenadamente hacia lo que sería la mayor locura de mi vida, sin oponer la menor resistencia.
Años después, sigo sin saber qué fue exactamente lo que me hizo salir atropelladamente de aquel cine en una fría mañana de finales de septiembre, pero sospecho que un extraño fulgor de inocencia en sus ojos (que muy poca gente posee) provocó en mí un sentimiento de compasión. La bondad es mercancía escasa en estos tiempos, y me dio la sensación de que aquel hombre tenía en exceso. No puedo acabar de creer que fuera sólo eso lo que me impulsó a violar la intimidad a la que aquel hombre tenía derecho y a trotar por las calles de Princeton en una lluviosa noche estrellada desafiando a mi propia curiosidad, pero creo que así fue, e intentar negarlo no me convertiría sino en una infeliz.
Creo que no notó que alguien le seguía, si no su reacción hubiera sido bastante diferente, así que después de recorrer un par de kilómetros a buen ritmo, se detuvo (casualidad o quizás no) a las puertas de la Facultad de aquel grandioso campus en el que yo iba a trabajar por primera vez en mi vida. Lo primero que me vino a la mente al detenerme fue que necesitaba urgentemente algo de deporte que me proporcionase la frescura que por aquel entonces me faltaba, pero rápidamente me concentré en lo que me había llevado hasta allí: aquel misterioso hombre. Sentí miedo, pues lo que ahora veía en sus ojos no era inocencia, sino rencor, que lo hacía parecer muy poco humano en aquel ambiente perdido en medio de la naturaleza, y ardía en deseos de marcharme, pero la extraña fuerza que allí me retenía no dejó de actuar, hasta que volví a mirar y noté un gesto de impotencia que rodeaba su ser, y mi compasión afloró de nuevo transformándose en un altruismo que, potencialmente, sería peligroso.
Después de un rato allí sentado, entregado a una profunda meditación, pareció sentirse avergonzado y olvidar el motivo que le había hecho tan susceptible, así que se levantó y en un instante pareció distinguir mi figura borrosa, pero después debió pensar que dicha figura era inexistente y que no era sino producto de sus propios miedos, por lo que se tranquilizó y me limité a seguirlo hasta mi apartamento recientemente alquilado en el centro.
Ya era bastante tarde (demasiado para los de mi profesión) cuando acabé de cenar y me acosté en la cama dispuesta a disfrutar de un sueño renovador, pero eso fue exactamente lo único que no ocurrió, pues en mis sueños (o quizás estaba despierta) me asaltaron las dudas sobre si era lícito o no lo que había hecho y me invadió el sentimiento de culpabilidad y el remordimiento. Todo esto se vio agravado por una pesadilla en la que yo era enviada al infierno, donde el demonio me juzgaba y me humillaba en presencia de los ángeles, que estaban allí para contemplar el mayor crimen de la especie humana. Allí nada parecía tener sentido, y ni yo misma podía encontrar las palabras que me justificasen ante el demonio, por lo que se decidió imponerme un castigo que cumpliría eternamente. Entonces sonó el despertador, alejándome de los infiernos para ascender al mundo real y darme cuenta de que, ocurriese lo que ocurriese, jamás volvería a seguir a aquel pobre hombre.
Me puse el abrigo (intentaba combatir como podía el poco aprecio que le tenía al clima de los EEUU) y me dirigí hacia la Facultad con nuevos ánimos. Pero duraron menos de lo esperado. Cuando llevaba un rato allí comencé a preguntarme por qué a veces uno decide hacer algo aún cuando sabe que está equivocado, y a culparme por lo que había hecho la noche anterior. Estas preguntas surgieron porque aquella fue una mañana muy poco productiva, en la que mejor hubiera sido que me quedase en casa recuperando las horas de sueño que me impedían concentrarme. Algunos compañeros me preguntaron si me ocurría algo e hice lo que pude por pronunciar un no altamente convincente, aunque no sé si lo logré. Salí del trabajo camino del apartamento con la idea en mente de parar en la biblioteca a recoger un libro de ensayo científico que me había recomendado un compañero, pero pronto captó mi atención una persona que caminaba inquieta por la otra acera. Era él. Intenté guardar mis peores intenciones para otro momento más oportuno, pero sólo mi subconsciente tiene la capacidad de convicción necesaria para impedir a mi conciencia funcionar correctamente, así que crucé la acera y me camuflé entre la muchedumbre con un único objetivo: ver a dónde se dirigía. He de admitir que fue bastante mi sorpresa cuando fue a su apartamento, a comer. No se me había ocurrido que alguien tan misterioso como él hiciera cosas con tan poca gracia. Una vez que localicé su apartamento (estaría a veinte minutos del mío...) me dirigí a tomar una comida ligera. Puse también música chill out para ver si conseguía olvidar mis maquiavélicos planes, pero cometí el error de finalizar la sesión con una canción de rock (es la música que me gusta) que me exaltó todavía más. Después de disfrutar durante un rato del silencio y atender una llamada de un amigo en la que se preocupaba por mi vida en América, decidí ya iniciar el espionaje, y me dirigí a su apartamento, descubriendo por primera vez en mi vida que tengo muy poca facilidad para la orientación en territorios ajenos (yo creí que tenía memoria fotográfica). Una vez allí quise abortar el plan de espionaje e iniciar el plan B, que consistiría en centrar mi atención en otra cosa inmediatamente. Pero no fui capaz y allí me quedé, de pie durante una media hora recibiendo miradas inquisitivas de curiosos. Cuando por fin me había convencido a mí misma de que lo mejor sería marchar, salió de su apartamento haciéndome olvidar esa estúpida suposición. Durante toda la tarde anduvo errante por gran parte de la ciudad, hasta que se sentó en la hierba a observar la melancolía que fluía por el río menos concurrido de todo el lugar. Por un momento estuve tentada a unirme a él, pero después recordé que no tenía ningún derecho y me marché a casa, avergonzada. Sea lo que fuere lo que escondía aquel hombre, y por mucha curiosidad que me inspirase, no sería tan interesante como para perder mi dignidad.
Muchas veces me recuerda esta fase de mi vida a una paranoia. El día que no se espía se experimenta una sensación de vacío e incomodidad muy desagradable que sólo cesa espiando. Lo que empezó con un seguimiento ocasional para satisfacer mi curiosidad acabó convirtiéndose en una verdadera adicción. No había día que no me enterase de sus movimientos, y en caso de que así fuese experimentaba síndrome de abstinencia. Un día llegué incluso a comer en el mismo restaurante de comida rápida que él, a pesar de que suelo pasarlo bastante mal para lograr comerla.
Así pasé dos años de mi vida, siguiéndolo, hasta que un día me convencí de que aquello no tenía ningún sentido y tenía que acabar ya, poniendo todo de mi parte para que así fuera. Ya iba hacia mi casa realmente feliz cuando, al doblar una esquina, caí bruscamente. Era él.
- Señorita, sería conveniente que vigilara usted sus pasos, no querrá que un día alguien tropiece con sus pies y caiga-dijo inmediatamente.
- Disculpe, señor, pero estaremos de acuerdo en que ha sido usted el que me ha tirado…¿cómo explica si no que haya sido yo la que caí al suelo y no usted? Venía corriendo y, para eso, las esquinas son un sitio difícil (dígamelo a mí…) No pasa nada.
- Tenga cuidado con esa lengua suya, que un día se envenena.
Después de tanto tiempo vigilándolo, sabía que la discusión sería en vano, ya que ese día no estaba receptivo. A pesar de todo, intervine:
- Le escucho, señor. Pero escúcheme también usted a mí: yo creo que ese exceso de velocidad suyo le va a traer problemas un día…cualquiera que no lo conociese diría que tenía usted prisa, pero yo…yo creo que escapaba usted de sus recuerdos.
- Es usted una insolente, además de poco prudente-estalló, en un ataque de cólera- ¿Nunca le han dicho que es de buenos modales dar una opinión sólo cuando se la piden?
- Sí, me lo han mencionado un par de veces, como muchas otras cosas, y nunca la doy, pero veo en sus ojos a un ser que la pide a gritos deliberados-dije, con el único fin de provocarle.
- Yo tal vez necesite una segunda opinión, pero usted (permítame la indecencia), necesita un psicoanalista.
Llegada esta fase del intercambio de palabras sabía ya que no diría nada y, además, que sólo podría escuchar de su boca descalificaciones. Así se lo dije:
- Ya veo que en estos momentos no es fácil para usted expresar sus emociones, ni para mí invitarle a hacerlo. Veo también que esta discusión es superflua. Cálmese, y vaya con Dios.
- Yo no necesito calmantes de ningún tipo, y menos de los que usted me pueda proporcionar. Parece inocente, la pregunta es si lo es…-dijo, confirmando mis sospechas.
Seguía impregnando el ambiente de malas palabras, pero yo ya me había ido. Si hay algo que no me guste son los interlocutores poco accesibles. Me dirigí a casa, y no debí haber recorrido ni cien metros cuando empecé a preguntarme si además de hacer algo tan sumamente rastrero como vigilarlo sin su consentimiento tenía yo derecho a juzgarle de manera tan dura, tuviera o no tuviera razón. Estaba bastante cansada, así que me límite a caminar como una autómata con la mente en blanco para no llegar a una conclusión que no me gustara oír. Creo que a pesar de todo, no conseguí dejar la mente totalmente libre de tensiones porque me pregunté qué pretendía conseguir ayudando a aquel hombre. Que añoraba algo…que quizás había otra solución que no fuera entregarse a la amargura…eso lo sabíamos tanto yo como él, sin embargo era yo la que se obcecaba con intentar hacérselo ver. Pero…¿y si ya lo sabía? Cuando llegué a casa metí los pies en agua tibia…no hay nada más relajante que sentir el rélax en los propios pies. Bueno, quizás sea más relajante tener la conciencia tranquila, pero como a esas alturas eso era una utopía a la que yo no podía aspirar, opté por mojar los pies. Después escuché un poco de rock para descargar la adrenalina que me sobraba e hice un bocadillo que recordaré siempre por lo mal que me supo…sabía ligeramente a sin razón y a remordimiento…que mala combinación, no volveré a probarlo…
Al día siguiente, después de una mañana un poco dura en la Facultad, pero muy entretenida, ya se habían disipado todas mis dudas para transformarse en una certeza de no sé exactamente qué. Pasé por la biblioteca para recogerle el libro a mi amigo de una vez por todas, y después me dirigía a casa a paso rápido cuando repentinamente volví a caer al suelo doblando la misma esquina que el día anterior. La situación no era la misma, sin embargo.
- Me dirijo al psicoanalista, ¿usted se da a la fuga?-comenté, en tono jovial.
- Muy graciosa. No, es mi manera de afrontar los problemas.
- Muy saludable, por cierto…si cada vez que tiene un problema hace la maratón yo creo que tendrá una vida larga-repliqué de nuevo en tono desenfadado. No quería volver a cometer el mismo error que el día anterior.
- Lamento decirle que tiene usted bastante razón.
- Creo que eso es un error…no sé por qué habría de lamentarlo…de todos modos, gracias por la parte que me toca.
Desde ese día comenzamos a vernos bastante a menudo, y en los encuentros ya no se respiraba aquella tensión indescriptible. Yo no sé si es una desgracia o una bendición, pero gran parte de los amigos que tengo los he hecho así, por accidente. Nuestros lazos de amistad eran firmes y a la vez débiles, sin embargo creo que ha sido uno de mis mejores amigos, sino el mejor. Con débiles me refiero a que yo no sabía apenas nada de él, de sus aspectos personales ni él de los míos, éramos dos personas a las que no nos gustaba demasiado hablar de nosotros, pero que sin embargo conectábamos muy bien, nos entendíamos sin necesidad de hablar, y ése es uno de los mejores sentimientos del mundo. Digo que éramos muy buenos amigos porque siempre podíamos refugiarnos el uno en el otro para abstraernos y evadirnos de la realidad. Era él una de las personas más inteligentes y más frías (a veces simplemente desagradable) que he conocido nunca. Era bastante independiente, siempre mostrando sus principios como carta de presentación, gustasen o no. Lo cierto es que reunía todas las condiciones para ser odiado por las masas, y yo lo sabía, pero no podía dejar de observarlo con respeto y admiración, procurando aprender de él.
(CONTINUARÁ...)
Comentario:
Uhhhh...un comentario breve, brevísimo, que me temo que tengo que ir a cenar :p Así que hoy no haré crítica literaria. Deberías estar experimentando ahora un profundo sentimiento de desazón al tiempo que exclamas "Ohhh no, infelice, entonces...¿qué me queda?" :p
¿Qué tal ese martes, profe? ;) Yo muy bien. ¿Sabes qué...? Soy libreeeee :) Un besito!!!! :)
¿Qué tal ese martes, profe? ;) Yo muy bien. ¿Sabes qué...? Soy libreeeee :) Un besito!!!! :)
Comentario:
La verdad es que tengo ante mi pantalla el relato de un serio competidor.
Por favor, no te presentes a ningún concurso ;)
Besos
Por favor, no te presentes a ningún concurso ;)
Besos
Comentario:
Interesantísimo, quiero la segunda parte, jooooooooo.
Comentario:
Ma molao y toy intrigada... a ver la segunda parte....
Besos
Besos
Comentario:
Supongo que levantarse a las doce y pico de la mañana es lo que tiene. Que ahora no hay quien duerma.
Dejo constancia de mi insomnio aquí, jajaja. Ya no sé qué más hacer: he leído, he escrito una carta, he medio escrito mi próximo post... (aunque os voy a escandalizar, pero es que si mi vida y mi familia son así, yo no puedo hacer nada) y ahora estoy mirando hacia todos los lados buscando respuestas a mis preguntas:
1- ¿Voy mañana a clase?
2- ¿Subo a tomar el sol mañana a pesar de mi experiencia traumática del sábado?
3- ¿QUÉ VA A SER DE MI VIDA EL AÑO QUE VIENEEEEEEEE,EEEEEEEE,EEEEEEEEEE?
(me angustia, me angustia el tema) :p
Ale, un beset. Seguro que estás durmiendo como un bebé, con la babita y todo. Qué bien viven algunos...
Dejo constancia de mi insomnio aquí, jajaja. Ya no sé qué más hacer: he leído, he escrito una carta, he medio escrito mi próximo post... (aunque os voy a escandalizar, pero es que si mi vida y mi familia son así, yo no puedo hacer nada) y ahora estoy mirando hacia todos los lados buscando respuestas a mis preguntas:
1- ¿Voy mañana a clase?
2- ¿Subo a tomar el sol mañana a pesar de mi experiencia traumática del sábado?
3- ¿QUÉ VA A SER DE MI VIDA EL AÑO QUE VIENEEEEEEEE,EEEEEEEE,EEEEEEEEEE?
(me angustia, me angustia el tema) :p
Ale, un beset. Seguro que estás durmiendo como un bebé, con la babita y todo. Qué bien viven algunos...
Comentario:
Hola, gracias por pasarte por mi blog y comentarme.
Bueno ante todo te soy sincero que cuando ví lo extenso que es, pensé en leerlo a trozos, pero claro empecé a leerlo y ya me involucré tanto en la historia que quiero ya la 2ª parte!!. Como bien han dicho por ahi abajo, es como si tuviera un libro en mis manos y me lo quitaran y no me dejaran terminar de leerlo jeje.
Así que espero ansiosamente la 2ª parte y a ver si se enamoran los protagonistas.
Saludos, y cuidate!
Bueno ante todo te soy sincero que cuando ví lo extenso que es, pensé en leerlo a trozos, pero claro empecé a leerlo y ya me involucré tanto en la historia que quiero ya la 2ª parte!!. Como bien han dicho por ahi abajo, es como si tuviera un libro en mis manos y me lo quitaran y no me dejaran terminar de leerlo jeje.
Así que espero ansiosamente la 2ª parte y a ver si se enamoran los protagonistas.
Saludos, y cuidate!
Comentario:
Yaycos cierra los blogs, así que me he pasado a Blogger. La nueva url es http://kotinussa.blogspot.com
Te agradecería que cambiaras el enlace que tienes en tu blog.
Besos y hasta pronto.
Te agradecería que cambiaras el enlace que tienes en tu blog.
Besos y hasta pronto.
Comentario:
¿Por qué los bebés huelen tan bien? Anoche tuve a mi prima en brazos un montón de tiempo y juraría que ahora mi camiseta huele a ella... :)
Jo, la tenía en el sofá, las dos tumbadas hacia arriba y ella encima y era encantandora, una imagen muy tierna, jeje. Mi padre me dijo algo así como "uyyyy, que se te va a despertar el instinto maternal"... jajaja, ¡pues anda que no lo tengo desarrollado ni nada últimamente, jaja! Aunque los nenes son sólo así de encantadores cuando están durmiendo, y durante un ratito... 24 horas al día, 365 días al año... uf, creo que nunca estaré preparada para algo así :S
Bueno, eso que... ¡¡¡necesito saber si los protagonistas van a enamorarse o qué!!! Aunque los fines de semana hay menos gente que lee los blogs, así que supongo que deberé esperar por lo menos toda la semana para que a la gente le dé tiempo a leerlo, en fins! :p
Un beset molt fort, voy a subir a la terraza a ver si han recogido la ropa... :p
Jo, la tenía en el sofá, las dos tumbadas hacia arriba y ella encima y era encantandora, una imagen muy tierna, jeje. Mi padre me dijo algo así como "uyyyy, que se te va a despertar el instinto maternal"... jajaja, ¡pues anda que no lo tengo desarrollado ni nada últimamente, jaja! Aunque los nenes son sólo así de encantadores cuando están durmiendo, y durante un ratito... 24 horas al día, 365 días al año... uf, creo que nunca estaré preparada para algo así :S
Bueno, eso que... ¡¡¡necesito saber si los protagonistas van a enamorarse o qué!!! Aunque los fines de semana hay menos gente que lee los blogs, así que supongo que deberé esperar por lo menos toda la semana para que a la gente le dé tiempo a leerlo, en fins! :p
Un beset molt fort, voy a subir a la terraza a ver si han recogido la ropa... :p
Comentario:
Ya he vueltoo...
El relato me está gustando mucho (en gerundio porque todavía no ha acabado, y menos mal, albergo todavía la posibilidad de los protagonistas se enamoren, y eso que va de un crimen perfecto, pero yo qué sé, ahora que después de un mal comienzo empiezan a ser tan importantes el uno para el otro...)
Y bueno, me siento un poco como si me hubieras arrancado de las manos un libro que estuviera leyendo, por ese "Continuará", pero supongo que será necesario porque aún quedará bastante relato (como luego nos pongas un párrafo solo y se acabe podemos matarte...)
Es muy ágil y como he dicho antes, cargado de expresiones que te hacen pensar (La bondad es mercancía escasa en estos tiempos, algo así. Me ha gustado. Ah, y también mucho la de "El hombre a veces es más emocional que racional". Lo estoy diciendo de memoria, que el autor/a no se ofenda si no reproduzco fielmente sus palabras, jeje, pero ves? El hecho de que me acuerde significa que realmente me ha gustado)
En fin, ya veremos cómo acaba, que ahora que más o menos tenemos situados a los personajes, me parece que van a empezar a pasar cosas....
Ah, felicidades al escritor/a, tanto por lo que ha escrito, como por haberse animado a participar en esto ;)
(Y no quiero dar pena con mi nick, pero es lo que más me caracteriza hoy)
El relato me está gustando mucho (en gerundio porque todavía no ha acabado, y menos mal, albergo todavía la posibilidad de los protagonistas se enamoren, y eso que va de un crimen perfecto, pero yo qué sé, ahora que después de un mal comienzo empiezan a ser tan importantes el uno para el otro...)
Y bueno, me siento un poco como si me hubieras arrancado de las manos un libro que estuviera leyendo, por ese "Continuará", pero supongo que será necesario porque aún quedará bastante relato (como luego nos pongas un párrafo solo y se acabe podemos matarte...)
Es muy ágil y como he dicho antes, cargado de expresiones que te hacen pensar (La bondad es mercancía escasa en estos tiempos, algo así. Me ha gustado. Ah, y también mucho la de "El hombre a veces es más emocional que racional". Lo estoy diciendo de memoria, que el autor/a no se ofenda si no reproduzco fielmente sus palabras, jeje, pero ves? El hecho de que me acuerde significa que realmente me ha gustado)
En fin, ya veremos cómo acaba, que ahora que más o menos tenemos situados a los personajes, me parece que van a empezar a pasar cosas....
Ah, felicidades al escritor/a, tanto por lo que ha escrito, como por haberse animado a participar en esto ;)
(Y no quiero dar pena con mi nick, pero es lo que más me caracteriza hoy)
Comentario:
¡Me lo voy a imprimir y lo voy a leer en el autobús! ¡Y luego vendré a decir que me ha parecido!
Mensaje para el autor/a:
De momento puedo decirte que me gusta mucho el título, y eso que son dos palabras, pero me resulta atractivo; también la primera frase (que son tres palabras, ya, pero es un comienzo intrigante, a mí es que literariamente hablando me gustan las expresiones cortas, jeje) y alguna frase más que he visto de reojo por ahí y que son del tipo de frases que subrayaría y luego anotaría si aparecieran en un libro ;)
Mensaje para el autor/a:
De momento puedo decirte que me gusta mucho el título, y eso que son dos palabras, pero me resulta atractivo; también la primera frase (que son tres palabras, ya, pero es un comienzo intrigante, a mí es que literariamente hablando me gustan las expresiones cortas, jeje) y alguna frase más que he visto de reojo por ahí y que son del tipo de frases que subrayaría y luego anotaría si aparecieran en un libro ;)
Comentario:
A los que me conoceis, juro que el relato no es mio... lo digo por la extensión :-D
Luego lo leo...
Besos
Luego lo leo...
Besos





