[MANIFIESTO]
Una frase que lo inicie todo. Esa es la principal dificultad. Para que surja efecto, una proclama ha de nutrirse desde el impacto de la palabra. La palabra origina la acción y la acción es el fin último, por ello necesita que algo la desencadene. Para que la bala salga disparada, ha de apretarse el gatillo. Tenemos la frase:
Los mecanismos de un asesinato siempre son apasionantes.
En tiempos como los actuales, ya era hora de proclamar actividades alejadas de la rutina que nos depara cada aburrido día de nuestras existencias y que nos haga vislumbrar que otro horizonte es posible más allá de estériles confrontaciones políticas, pasatiempos lúdicos intrascendentes o banales distracciones deportivas o televisivas. El ser humano tiene que evitar su degradación, necesita de ideas inspiradas que le liberen de su estancamiento espiritual. Volver a recuperar la dignidad perdida en este tránsito hacia un mundo mecanizado y capitalizado, ese ha de ser nuestro objetivo.
El arte no es la salida. Sería darnos de bruces contra puertas cerradas que no llevan a ninguna parte. El arte en sí ha desaparecido por culpa de los intereses. No se busca conmover, se busca vender. El dinero lo mueve todo, y es un principio incompatible con la creación. Cualquier producto es válido pasa la masa si ha pasado por la publicidad, no existen los filtros del buen gusto. Crear es mostrar nuevas formas de ver las cosas y eso cada vez escasea más. Crear no tiene que llevar aparejado una bolsa llena de monedas. No. El arte ha de ser espontáneo, natural, sin contraprestaciones. Y por desgracia, algo sin esas premisas está abocado a la desaparición, al desprecio, al olvido.
Por eso nuestra doctrina parte de una idea brillante y que no está corrompida por la sociedad impura. Nuestra doctrina cifra en el asesinato la receta para no pasar jamás desapercibidos, es la única manera de desafiar al olvido. La muerte sólo puede ser vencida por la muerte:
El asesinato tiene que ser la base de todo.
Cualquiera que no esté de acuerdo nunca podrá sumarse a esta revolución que está empezando en pequeños foros dentro de un movimiento imparable y arrollador, un universo cerrado y autónomo como es Internet, que expandirá como una explosión esta verdad tan afilada como necesaria. Quien no quiera saber más, que lo deje. Esto no es un ejercicio para niños. Quien pretenda algo más, quien aspire a trascender de lo efímero, que siga leyendo:
Una visión ha de ser compartida. Para ello, una palabra puede ser la semilla.
Creemos el culto del asesinato, seamos sus evangelizadores, alimentemos el terreno y planteemos la necesidad de hacer algo diferente como un ejercicio necesario para expandir nuestros horizontes. Para eso, antes de nada, necesitamos desprender nuestras mentes de cualquier residuo, liberarnos de prejuicios y afrontar el futuro con la mirada limpia.
Urge una explicación de la afirmación para no espantar o defraudar a nadie. ¿Por qué los mecanismos del asesinato son apasionantes? La respuesta se halla en el proceso, que es el siguiente:
Lo primero es la idea, la revelación. Nuestras vidas son una permanente inmersión en lo gris. Una idea puede convertirse en nuestra salvación. La idea es luz, es brillo, es vida: Dios tuvo una idea cuando se le ocurrió alumbrar la creación. Seamos nosotros dioses, ideemos algo inspirado, demoledor, mágico. Creemos una ruptura, que se produzca un antes (basado en la oscuridad) y un después (de brillo cegador). La creatividad en su máximo exponente.
En este proceso, pues, la idea puede que llegue al principio en forma de intuición, casi un sueño sin forma, una luz borrosa al final del túnel; vale que la genialidad está en este inspirado momento que no le llega a cualquiera y ya nos hace diferentes; pero necesitamos continuar, no quedarnos estancados. La apología del paralítico es algo contra lo que renegar.
Sí. Quien posee una idea le da sentido a su vida. Aunque lo único que haga sea alimentar esa idea sin ser capaz de darle forma. Aquí habría que distinguir al soñador del hombre de acción. Al cobarde del valiente. Al que no tiene miedo de intentar y probar del que se resigna con darle forma a su idea en el plano abstracto. La pureza de lo que no existe es peor que la impureza del que lo intenta, aunque fracase. Vivir por darle forma a un ideal es consagrarse a una actividad colosal. Es necesario darle el valor suficiente, glorificar a cualquiera que no se deja vencer por cualquier imprevisto. Este manifiesto honra y elogia a cuantos lo han intentado o lo intentarán y anima a dar el empujón definitivo a quienes aún no han traspasado el umbral de la planificación.
El siguiente paso consiste en alejar los peligros, las dudas, los inconvenientes, barajar los pros y los contras, llegar a la conclusión de que no hay vuelta atrás. ¿Qué es mejor, silenciarse detrás de una cortina apagada u opaca, o abrir las ventanas, recibir la luz del sol y saber que esa ventana la has abierto tú y que el mundo que te recibe es el mundo que tú quieres dominar con tus actos? La doctrina de quien se arriesga a avanzar con el asesinato es la doctrina del fuerte, del que no tiene miedo, del que se sabe un Dios con derecho a modelar lo que tiene a su alcance. Si algo no le gusta y puede eliminarlo, debe eliminarlo. El poder de hacerlo está en su mano.
Tras eso, tras haber madurado esa intuición hasta el punto de hacerlo el eje de su existencia, llega el momento de moldear con fuerza el barro, lo cual significa mancharse o, como se diría vulgarmente, “pringarse”: la planificación. Porque en una sociedad tan hipócrita como la nuestra asesinar es delito, no vale con realizar el acto en sí, es necesario eludir el dedo acusatorio.
Un asesino descubierto es un criminal culpable, puesto que se pone en juego la trama de los convencionalismos, de la tradición, del factor de corrección que supone la religión e incluso –paradojas– de la ley. No nos vale lamentarnos ni gritar a los cuatro vientos que la hipocresía reina entre nosotros. Al contrario. Nos alegramos de que esto sea así porque es el motivo por el cual nuestra tarea posee el rango de suprema. Matar no es la finalidad. Asesinar tampoco. Buscamos el crimen perfecto, el diseño idóneo para no pasar desapercibidos. Elegimos la gloria, aunque debemos resignarnos al anonimato.
Gracias a ir contra la ley, el asesinato tiene un punto mayor de atractivo para el titán que acomete la empresa de diseñar y ejecutar un crimen. No nos vale con el mero hecho de apretar un gatillo, asestar una puñalada o estrangular al otro (adversario, oponente, contrario). No podemos dejarnos atrapar. Ni por la sociedad ni por nosotros mismos, que corremos el riesgo de ser influenciados y reprimidos por esta urdimbre tejida desde tiempos inmemoriales. Nos rebelamos contra la tiranía y la dictadura de que nos digan lo que está bien y lo que está mal. Nosotros imponemos las normas. Fuera remordimientos, son sólo un lastre del que hay que desprenderse.
Nuestro objetivo, pues, se trata de un crimen perfecto. No estamos hablando de un torpe acto que nos señale a los ojos de los demás como criminales de poca consideración; ni de un horrendo y censurable crimen pasional; ni bajezas rastreras como ajustes de cuentas que nos ligan a conceptos viscerales como la venganza, muy lejos del territorio del intelecto. Eso sí que degrada a la condición humana. ¿Matar porque sí? ¿Es que somos animales y ahora nos movemos por nuestros instintos y no por nuestra materia gris? Siempre que el ser humano se ha regido por fundamentalismos fanáticos ha sido indicativo de la pobreza evolutiva y cultural de esa determinada etapa. Tampoco se puede hablar bien de quien emplea la muerte como arma para lograr un objetivo colectivo. La muerte es algo privado, no pertenece a ninguna sociedad que pretenda bajo la ley de la sangre algún objetivo. ¿Es que aún vivimos de espaldas al reloj imparable de nuestra modernización y progreso, inscritos como un sello anacrónico en un sobre que jamás llegará a nuestro destino?
Por favor, seamos coherentes con la inteligencia, derribemos mitos y fronteras, propongamos sin temor que el nuevo arte, una vez que la pintura, escritura, escultura y arquitectura no tienen nada nuevo que decir, es el arte del asesinato perfecto, y elaboremos un manifiesto que glorifique algo que hasta ahora sólo se ha visto ocasionalmente, sin teorías especializadas o críticas constructivas. Alabemos el ingenio del asesino en serie que destrona los sórdidos imperios de los “defensores” de la ley –pero no al psicópata movido por desagradables impulsos trastornados–, loemos la imaginación de quien consigue quitarse de en medio a quien le impide realizarse con plenitud –pero no al que no es capaz de manchar de sangre sus propias manos y paga a alguien para que lo haga–, glorifiquemos al que sea merecedor siguiendo estas directrices.
Para que no queden dudas, el tribunal que ha redactado este manifiesto se erigirá vigilante sobre los asesinatos y marcará cuáles son merecedores de entrar en los anales de la historia y cuáles no. En foros diseminados por cualquier rincón de la red, los señalizaremos con la marca propia de la organización cuando consideremos que verdaderamente son merecedores de tal distinción. Y las futuras personas que se vean seducidas por este manifiesto, que dejen constancia a su vez con alguna marca de que son discípulos nuestros, que no sólo será la marca de su obra, sino que será inscrita en esta iniciativa sin parangón en la historia de la humanidad.
Extracto encontrado en diversos foros de Internet como consecuencia de las investigaciones de la INTERPOL, después del creciente e inusitado proliferación de crímenes fuera de las líneas habituales. Actualmente se considera la pista más barajada para explicar dichos crímenes, aunque se está lejos de encontrar al promotor o promotores de dicha iniciativa que se ha tratado de ocultar a los medios de comunicación para no producir un estado de alarma.
Los mecanismos de un asesinato siempre son apasionantes.
En tiempos como los actuales, ya era hora de proclamar actividades alejadas de la rutina que nos depara cada aburrido día de nuestras existencias y que nos haga vislumbrar que otro horizonte es posible más allá de estériles confrontaciones políticas, pasatiempos lúdicos intrascendentes o banales distracciones deportivas o televisivas. El ser humano tiene que evitar su degradación, necesita de ideas inspiradas que le liberen de su estancamiento espiritual. Volver a recuperar la dignidad perdida en este tránsito hacia un mundo mecanizado y capitalizado, ese ha de ser nuestro objetivo.
El arte no es la salida. Sería darnos de bruces contra puertas cerradas que no llevan a ninguna parte. El arte en sí ha desaparecido por culpa de los intereses. No se busca conmover, se busca vender. El dinero lo mueve todo, y es un principio incompatible con la creación. Cualquier producto es válido pasa la masa si ha pasado por la publicidad, no existen los filtros del buen gusto. Crear es mostrar nuevas formas de ver las cosas y eso cada vez escasea más. Crear no tiene que llevar aparejado una bolsa llena de monedas. No. El arte ha de ser espontáneo, natural, sin contraprestaciones. Y por desgracia, algo sin esas premisas está abocado a la desaparición, al desprecio, al olvido.
Por eso nuestra doctrina parte de una idea brillante y que no está corrompida por la sociedad impura. Nuestra doctrina cifra en el asesinato la receta para no pasar jamás desapercibidos, es la única manera de desafiar al olvido. La muerte sólo puede ser vencida por la muerte:
El asesinato tiene que ser la base de todo.
Cualquiera que no esté de acuerdo nunca podrá sumarse a esta revolución que está empezando en pequeños foros dentro de un movimiento imparable y arrollador, un universo cerrado y autónomo como es Internet, que expandirá como una explosión esta verdad tan afilada como necesaria. Quien no quiera saber más, que lo deje. Esto no es un ejercicio para niños. Quien pretenda algo más, quien aspire a trascender de lo efímero, que siga leyendo:
Una visión ha de ser compartida. Para ello, una palabra puede ser la semilla.
Creemos el culto del asesinato, seamos sus evangelizadores, alimentemos el terreno y planteemos la necesidad de hacer algo diferente como un ejercicio necesario para expandir nuestros horizontes. Para eso, antes de nada, necesitamos desprender nuestras mentes de cualquier residuo, liberarnos de prejuicios y afrontar el futuro con la mirada limpia.
Urge una explicación de la afirmación para no espantar o defraudar a nadie. ¿Por qué los mecanismos del asesinato son apasionantes? La respuesta se halla en el proceso, que es el siguiente:
Lo primero es la idea, la revelación. Nuestras vidas son una permanente inmersión en lo gris. Una idea puede convertirse en nuestra salvación. La idea es luz, es brillo, es vida: Dios tuvo una idea cuando se le ocurrió alumbrar la creación. Seamos nosotros dioses, ideemos algo inspirado, demoledor, mágico. Creemos una ruptura, que se produzca un antes (basado en la oscuridad) y un después (de brillo cegador). La creatividad en su máximo exponente.
En este proceso, pues, la idea puede que llegue al principio en forma de intuición, casi un sueño sin forma, una luz borrosa al final del túnel; vale que la genialidad está en este inspirado momento que no le llega a cualquiera y ya nos hace diferentes; pero necesitamos continuar, no quedarnos estancados. La apología del paralítico es algo contra lo que renegar.
Sí. Quien posee una idea le da sentido a su vida. Aunque lo único que haga sea alimentar esa idea sin ser capaz de darle forma. Aquí habría que distinguir al soñador del hombre de acción. Al cobarde del valiente. Al que no tiene miedo de intentar y probar del que se resigna con darle forma a su idea en el plano abstracto. La pureza de lo que no existe es peor que la impureza del que lo intenta, aunque fracase. Vivir por darle forma a un ideal es consagrarse a una actividad colosal. Es necesario darle el valor suficiente, glorificar a cualquiera que no se deja vencer por cualquier imprevisto. Este manifiesto honra y elogia a cuantos lo han intentado o lo intentarán y anima a dar el empujón definitivo a quienes aún no han traspasado el umbral de la planificación.
El siguiente paso consiste en alejar los peligros, las dudas, los inconvenientes, barajar los pros y los contras, llegar a la conclusión de que no hay vuelta atrás. ¿Qué es mejor, silenciarse detrás de una cortina apagada u opaca, o abrir las ventanas, recibir la luz del sol y saber que esa ventana la has abierto tú y que el mundo que te recibe es el mundo que tú quieres dominar con tus actos? La doctrina de quien se arriesga a avanzar con el asesinato es la doctrina del fuerte, del que no tiene miedo, del que se sabe un Dios con derecho a modelar lo que tiene a su alcance. Si algo no le gusta y puede eliminarlo, debe eliminarlo. El poder de hacerlo está en su mano.
Tras eso, tras haber madurado esa intuición hasta el punto de hacerlo el eje de su existencia, llega el momento de moldear con fuerza el barro, lo cual significa mancharse o, como se diría vulgarmente, “pringarse”: la planificación. Porque en una sociedad tan hipócrita como la nuestra asesinar es delito, no vale con realizar el acto en sí, es necesario eludir el dedo acusatorio.
Un asesino descubierto es un criminal culpable, puesto que se pone en juego la trama de los convencionalismos, de la tradición, del factor de corrección que supone la religión e incluso –paradojas– de la ley. No nos vale lamentarnos ni gritar a los cuatro vientos que la hipocresía reina entre nosotros. Al contrario. Nos alegramos de que esto sea así porque es el motivo por el cual nuestra tarea posee el rango de suprema. Matar no es la finalidad. Asesinar tampoco. Buscamos el crimen perfecto, el diseño idóneo para no pasar desapercibidos. Elegimos la gloria, aunque debemos resignarnos al anonimato.
Gracias a ir contra la ley, el asesinato tiene un punto mayor de atractivo para el titán que acomete la empresa de diseñar y ejecutar un crimen. No nos vale con el mero hecho de apretar un gatillo, asestar una puñalada o estrangular al otro (adversario, oponente, contrario). No podemos dejarnos atrapar. Ni por la sociedad ni por nosotros mismos, que corremos el riesgo de ser influenciados y reprimidos por esta urdimbre tejida desde tiempos inmemoriales. Nos rebelamos contra la tiranía y la dictadura de que nos digan lo que está bien y lo que está mal. Nosotros imponemos las normas. Fuera remordimientos, son sólo un lastre del que hay que desprenderse.
Nuestro objetivo, pues, se trata de un crimen perfecto. No estamos hablando de un torpe acto que nos señale a los ojos de los demás como criminales de poca consideración; ni de un horrendo y censurable crimen pasional; ni bajezas rastreras como ajustes de cuentas que nos ligan a conceptos viscerales como la venganza, muy lejos del territorio del intelecto. Eso sí que degrada a la condición humana. ¿Matar porque sí? ¿Es que somos animales y ahora nos movemos por nuestros instintos y no por nuestra materia gris? Siempre que el ser humano se ha regido por fundamentalismos fanáticos ha sido indicativo de la pobreza evolutiva y cultural de esa determinada etapa. Tampoco se puede hablar bien de quien emplea la muerte como arma para lograr un objetivo colectivo. La muerte es algo privado, no pertenece a ninguna sociedad que pretenda bajo la ley de la sangre algún objetivo. ¿Es que aún vivimos de espaldas al reloj imparable de nuestra modernización y progreso, inscritos como un sello anacrónico en un sobre que jamás llegará a nuestro destino?
Por favor, seamos coherentes con la inteligencia, derribemos mitos y fronteras, propongamos sin temor que el nuevo arte, una vez que la pintura, escritura, escultura y arquitectura no tienen nada nuevo que decir, es el arte del asesinato perfecto, y elaboremos un manifiesto que glorifique algo que hasta ahora sólo se ha visto ocasionalmente, sin teorías especializadas o críticas constructivas. Alabemos el ingenio del asesino en serie que destrona los sórdidos imperios de los “defensores” de la ley –pero no al psicópata movido por desagradables impulsos trastornados–, loemos la imaginación de quien consigue quitarse de en medio a quien le impide realizarse con plenitud –pero no al que no es capaz de manchar de sangre sus propias manos y paga a alguien para que lo haga–, glorifiquemos al que sea merecedor siguiendo estas directrices.
Para que no queden dudas, el tribunal que ha redactado este manifiesto se erigirá vigilante sobre los asesinatos y marcará cuáles son merecedores de entrar en los anales de la historia y cuáles no. En foros diseminados por cualquier rincón de la red, los señalizaremos con la marca propia de la organización cuando consideremos que verdaderamente son merecedores de tal distinción. Y las futuras personas que se vean seducidas por este manifiesto, que dejen constancia a su vez con alguna marca de que son discípulos nuestros, que no sólo será la marca de su obra, sino que será inscrita en esta iniciativa sin parangón en la historia de la humanidad.
Comentario:
Hola!!!! :)
¿Qué tal andas, profe? Oye, ya veo que por aquí están apelando a la anarquía y dejando entrever que necesitan historietas de tus alumnos rápidamente, pero que sepas que yo no me uniré al voto popular porque este relato me ha gustado mucho. Pero... (en todas las historias hay un pero) como no tengo nada de tiempo te diré que estoy de acuerdo con Laura ;) La historia da miedo porque verdaderamente la perspectiva del perturbado está realmente lograda :) Ahora, tengo que irme, las obligaciones me llaman :p Ánimo con el martes, y un besito!!!! ;)
¿Qué tal andas, profe? Oye, ya veo que por aquí están apelando a la anarquía y dejando entrever que necesitan historietas de tus alumnos rápidamente, pero que sepas que yo no me uniré al voto popular porque este relato me ha gustado mucho. Pero... (en todas las historias hay un pero) como no tengo nada de tiempo te diré que estoy de acuerdo con Laura ;) La historia da miedo porque verdaderamente la perspectiva del perturbado está realmente lograda :) Ahora, tengo que irme, las obligaciones me llaman :p Ánimo con el martes, y un besito!!!! ;)
Comentario:
Madre mía!! Cacho post... me uno a la petición popular, al clamor popular mejor dicho!! Queremos más sangre, más historias llenas de acné y faltas de ortografía.
Reconsidéralo
Besicos
Reconsidéralo
Besicos
Comentario:
¿Sabes? Me gusta tu ciudad :p Y eso que ya he estado dos o tres veces, pero este fin de semana ha sido diferente. Si pudiera elegir, elegiría que todo pasase tal y como ha pasado exactamente y supongo que eso es muy bueno. Cómo necesitaba reírme, bromear, jugar y hablar como lo he hecho estos días. Y es extraño pensar que hace unas horas estaba saliendo de un ascensor tan curioso, jeje, y ahora estoy aquí, otra vez en casa.
¡¡VALEEE, YA ME CENTRO EN EL POST!! Es que todo tiene relación, porque quería decir que como me imprimí el relato, lo he leído en el tren y por cierto, estaba asustada por si la de al lado le echaba un ojo y se asustaba. Qué lee esta niñaaaaa, que me cambien de asiento!!!
Qué fuerte, yo creo que hay que tener una mente muy "psicótica y psicópata" para escribir algo así, jajajaja. El nuevo "arte". Aunque si lo piensas... en qué se diferencia de pintar un cuadro? Ambos son procesos estudiados, planificados, que requieren una técnica y que ofrecen un resultado final tras haber surgido de una idea... :p
Está muy bien escrito (mucho, mucho, cómo no...) pero ya te digo que da miedo porque... en serio, o quien lo ha escrito tiene demasiada psicología y empatía para ponerse en cualquier tipo de mente -en este caso de un perturbado, jajaja- o... o maaaaal porque realmente lo es :p
Ah, si sin querer he dejado la marca esa (que como no sé cuál es, lo mismo he creado un código secreto), nada, que ha sido un error, eh? Que muy guay el manifiesto y todo eso, pero conmigo no contéis, jajaja
Bueno cosa, un beso ;) (y un beset)
¡¡VALEEE, YA ME CENTRO EN EL POST!! Es que todo tiene relación, porque quería decir que como me imprimí el relato, lo he leído en el tren y por cierto, estaba asustada por si la de al lado le echaba un ojo y se asustaba. Qué lee esta niñaaaaa, que me cambien de asiento!!!
Qué fuerte, yo creo que hay que tener una mente muy "psicótica y psicópata" para escribir algo así, jajajaja. El nuevo "arte". Aunque si lo piensas... en qué se diferencia de pintar un cuadro? Ambos son procesos estudiados, planificados, que requieren una técnica y que ofrecen un resultado final tras haber surgido de una idea... :p
Está muy bien escrito (mucho, mucho, cómo no...) pero ya te digo que da miedo porque... en serio, o quien lo ha escrito tiene demasiada psicología y empatía para ponerse en cualquier tipo de mente -en este caso de un perturbado, jajaja- o... o maaaaal porque realmente lo es :p
Ah, si sin querer he dejado la marca esa (que como no sé cuál es, lo mismo he creado un código secreto), nada, que ha sido un error, eh? Que muy guay el manifiesto y todo eso, pero conmigo no contéis, jajaja
Bueno cosa, un beso ;) (y un beset)
Comentario:
Tiene razón Afrodita!!! echamos de menos tus historias en el colegio !!!
Muchos besitos y disfruta del finde !!! :_)
Muchos besitos y disfruta del finde !!! :_)
Comentario:
Podrías alternar los relatos con tus batallitas con los alumnos!! Anda, porfaaaaa, con lo divertidas q son tus historias!!!
Besotes
Besotes





