Soñando
Una gran Boa Constrictor se acercó a mí peligrosamente de forma arrastrada y me sacó la lengua. Me giré rápidamente para escapar de aquel bicho y me encontré de cara con un león leonino con la melena de los Jackson Five. No sabía si ir al Este o al Aquel, así que me decidí por salir volando. Sin embargo, el ser humano no puede volar, su densidad es mayor que la del aire, creedme, no miento. Tampoco pude hacerme intangible.
¿Qué hacer, entonces? Lo único que se me ocurrió fue coger a la Boa por la cola (todavía no sé cómo pude evitar sus manos. No me agarró y eso que no fui todo lo rápido que debería haber sido) y utilizarla como un látigo para mantener a raya al león.
La cosa funcionó parcialmente. En el primer latigazo los dientes del bicho se clavaron en el lomo del otro bicho y quedaron embichados, por lo que perdí mi arma imporvisada defensiva. Afortunadmente, el embichamiento sirvió para que los bichos se quedasen discutiendo sobre quién era más fiero y algo sobre la corona junglesca, momento en el que aproveché para poner pies en polvorosa (que no es quitarte los zapatos y calcetines y rociarte con polvos de talco. Es una expresión terráqueo española).
Sin brújula, sin mapa, sin provisiones, perdido en la jungla más espesa (poco inteligente) y recóndita de la América del Sur, no tuve más remedio que recurrir al teléfono de información. Busqué un poste de SOS y se puso una chica muy maja al aparato.
- Dígame.
- Me.
- Vaya, otro gracioso.
- ¿Eso también lo digo?
- Caballero, tiene usted algún problema.
- No tengo caballo, pero sí, tengo un problema.
- Dígame.
- Me.
- ¡Qué me cuente su problema!
- Ah, perdón. Sí. Mire, si un tren sale de la ciudad A en dirección a la ciudad B a 30 Km/h y otro sale 10 min después de B a A con una velocidad de 100 Km/h y la distancia es de 150 km ¿cuánto cuesta un kilo de champiñones durante la estación seca en Tahití?
- ¿En el mes de julio o agosto?
- Caray, pues me pilla desprevenido. No lo sé.
- Puede consultar con un compañero.
- Es que estoy perdido y solo en la selva espesa (no inteligente) y recóndita de la América del Sur.
- Entiendo. En ese caso vaya usted a nuestra sucursal perdida y allí gustosamente le atenderán sin atenderle, puesto que está usted perdido y no va a encontrarla. Buenas tardes.
- Buenas tardes.
Colgué el teléfono y giré sobre mí mismo para conseguir una panorámica de 360 grados. Los humanos sólo tienen dos ojos, y ambos están en la misma parte de la cara.
¿Qué podía hacer?
¿Qué hacer, entonces? Lo único que se me ocurrió fue coger a la Boa por la cola (todavía no sé cómo pude evitar sus manos. No me agarró y eso que no fui todo lo rápido que debería haber sido) y utilizarla como un látigo para mantener a raya al león.
La cosa funcionó parcialmente. En el primer latigazo los dientes del bicho se clavaron en el lomo del otro bicho y quedaron embichados, por lo que perdí mi arma imporvisada defensiva. Afortunadmente, el embichamiento sirvió para que los bichos se quedasen discutiendo sobre quién era más fiero y algo sobre la corona junglesca, momento en el que aproveché para poner pies en polvorosa (que no es quitarte los zapatos y calcetines y rociarte con polvos de talco. Es una expresión terráqueo española).
Sin brújula, sin mapa, sin provisiones, perdido en la jungla más espesa (poco inteligente) y recóndita de la América del Sur, no tuve más remedio que recurrir al teléfono de información. Busqué un poste de SOS y se puso una chica muy maja al aparato.
- Dígame.
- Me.
- Vaya, otro gracioso.
- ¿Eso también lo digo?
- Caballero, tiene usted algún problema.
- No tengo caballo, pero sí, tengo un problema.
- Dígame.
- Me.
- ¡Qué me cuente su problema!
- Ah, perdón. Sí. Mire, si un tren sale de la ciudad A en dirección a la ciudad B a 30 Km/h y otro sale 10 min después de B a A con una velocidad de 100 Km/h y la distancia es de 150 km ¿cuánto cuesta un kilo de champiñones durante la estación seca en Tahití?
- ¿En el mes de julio o agosto?
- Caray, pues me pilla desprevenido. No lo sé.
- Puede consultar con un compañero.
- Es que estoy perdido y solo en la selva espesa (no inteligente) y recóndita de la América del Sur.
- Entiendo. En ese caso vaya usted a nuestra sucursal perdida y allí gustosamente le atenderán sin atenderle, puesto que está usted perdido y no va a encontrarla. Buenas tardes.
- Buenas tardes.
Colgué el teléfono y giré sobre mí mismo para conseguir una panorámica de 360 grados. Los humanos sólo tienen dos ojos, y ambos están en la misma parte de la cara.
¿Qué podía hacer?
Sigo esperando
Zzzzzzzzz.... Zzzzzzzzzz.... mmm.... Zzzzzzzzzz..... Zzzzzzzzzzz..... rac, rac, rac.... Zzzzzzzzzz......uahhhhhh.... Zzzzzzzzzz....... brrrrrrr........ Zzzzzzzz...... ñam, ñam, ñam..... Zzzzzzzzzz........ Zzzzzzzz...... y más Zzzzzzz.......
Por fin el primer día en la nave nodriza terráqueo-eduacional
Tras salir huyendo del presidente impertinente (le preguntaré si se llama Vicente) corrí y corrí perdiendo prendas, al parecer sobrantes, de ropa por el camino. Así, con un sólo pantalón y una camisa (me sentía desnudo respecto a mi indumentaria anterior), llegué al Ins It Uto.
- Usted ¿qué horas son éstas de llegar?
Miré mi reloj y consulté el horario del humano docente a quien estaba usurpando el cuerpo.
- Pues las de ir a clase.
Frunció el ceño en plan amenazador pasivo.
- Que sepa usted que aquí el horario de entrada es a las 0825 a.m.
Sonreí. Es lo que hacen algunos seres humanos bajitos cuando los altos llaman su atención. Y parace que funciona, porque tras ver esa sonrisa, cambian inmediatamente de tono de voz.
- Mire -dije, al menos éste especímen humano era educado a la manera gaseosa de mi planeta; por tanto, respondí de igual modo-. Es que no tengo que dar clase hasta dentro de cinco minutos.
Le cambió la expresión del rostro.
- Uy, perdón ¿es usted profesor?
Asentí.
- No sabe cuánto lo siento... pase, pase.
El tipo no me había sentado, pero intuí que esa era la forma de disculpa en el planeta y volví a sonreir, me despedí y fui buscando mi despacho.
El lugar era inmenso, más que mi piso, lo juro. Busqué algún signo o marca identificadora y hallé uno con la silueta de un hombre. Ésa debía ser otra entrada para humanos. Yo ahora era humano, así que entré.
Había varios compartimentos y varias butacas de pared. Supuse que sería los asientos del profesorado y me senté en uno puesto que no había un nombre que marcara propietario.
Cinco minutos después entró una persona bajita y salió riéndose; al rato, apareció la misma persona bajita junto con otras bajitas y todos se rieron. ¿Tendría algo mal puesto en mi cara? A lo mejor en la tierra los ojos no van a ambos lados de la nariz (para mí lo lógico sería poner uno en la cara y otro en el cogote, sino ¿cómo van a ver lo que les venga por detrás?).
Por fin, cuando ya no podía contar con todos los dedos del cuerpo (y son 21 en los humanos varones, que lo he estudiado) el número de humanos bajitos riéndose, apareció un humano alto.
- Pero Miguel -me dijo, ese era el nombre del cuerpo ocupado-, ¿qué haces ahí? ¿Estás malo?
Yo me levanté de mi asiento empotrado. Un tanto incómodo, porque tenía una fuga de agua y tenía toda la espalda y la culera empapadas.
- Esperaba.
- Mira que caerte ahí. Si estabas malo no haber venido todavía, hombre.
Me ayudó a ponerme erguido.
- Niño, vete a jefatura y di que Miguel, el profesor de Lengua, está aquí. Pero que todavía está malo, me lo he encontrado en el baño. Voy a subir con él a su departamento.
Estaba un poco confuso y no supe qué decir, así que simplemente me dejé llevar por aquel guía.
Ahora estoy en el departamento solito. El guía se fue a por un termo y un metro. No sé para qué. Ya veremos. Mientras, aprovecho para escribir estas líneas.
- Usted ¿qué horas son éstas de llegar?
Miré mi reloj y consulté el horario del humano docente a quien estaba usurpando el cuerpo.
- Pues las de ir a clase.
Frunció el ceño en plan amenazador pasivo.
- Que sepa usted que aquí el horario de entrada es a las 0825 a.m.
Sonreí. Es lo que hacen algunos seres humanos bajitos cuando los altos llaman su atención. Y parace que funciona, porque tras ver esa sonrisa, cambian inmediatamente de tono de voz.
- Mire -dije, al menos éste especímen humano era educado a la manera gaseosa de mi planeta; por tanto, respondí de igual modo-. Es que no tengo que dar clase hasta dentro de cinco minutos.
Le cambió la expresión del rostro.
- Uy, perdón ¿es usted profesor?
Asentí.
- No sabe cuánto lo siento... pase, pase.
El tipo no me había sentado, pero intuí que esa era la forma de disculpa en el planeta y volví a sonreir, me despedí y fui buscando mi despacho.
El lugar era inmenso, más que mi piso, lo juro. Busqué algún signo o marca identificadora y hallé uno con la silueta de un hombre. Ésa debía ser otra entrada para humanos. Yo ahora era humano, así que entré.
Había varios compartimentos y varias butacas de pared. Supuse que sería los asientos del profesorado y me senté en uno puesto que no había un nombre que marcara propietario.
Cinco minutos después entró una persona bajita y salió riéndose; al rato, apareció la misma persona bajita junto con otras bajitas y todos se rieron. ¿Tendría algo mal puesto en mi cara? A lo mejor en la tierra los ojos no van a ambos lados de la nariz (para mí lo lógico sería poner uno en la cara y otro en el cogote, sino ¿cómo van a ver lo que les venga por detrás?).
Por fin, cuando ya no podía contar con todos los dedos del cuerpo (y son 21 en los humanos varones, que lo he estudiado) el número de humanos bajitos riéndose, apareció un humano alto.
- Pero Miguel -me dijo, ese era el nombre del cuerpo ocupado-, ¿qué haces ahí? ¿Estás malo?
Yo me levanté de mi asiento empotrado. Un tanto incómodo, porque tenía una fuga de agua y tenía toda la espalda y la culera empapadas.
- Esperaba.
- Mira que caerte ahí. Si estabas malo no haber venido todavía, hombre.
Me ayudó a ponerme erguido.
- Niño, vete a jefatura y di que Miguel, el profesor de Lengua, está aquí. Pero que todavía está malo, me lo he encontrado en el baño. Voy a subir con él a su departamento.
Estaba un poco confuso y no supe qué decir, así que simplemente me dejé llevar por aquel guía.
Ahora estoy en el departamento solito. El guía se fue a por un termo y un metro. No sé para qué. Ya veremos. Mientras, aprovecho para escribir estas líneas.
Un presidente jubilado y peleón
Desperté por la mañana gracias a un aparatito que te dice iiiiiiiiiiii todas los días a la misma hora. Esta vez sí que podría ir al trabajo. me vestí rapidamente, pues ya le había cogido el tranquillo a eso de los ropajes (y digo yo, en verano ¿por qué no irán sin todo eso? Menudo calor deben pasar los pobres). Dos pantalones y tres camisas me limitaban un poco el movimiento, pero si así van los terráqueos, pues habrá que seguir la corriente (no vayan a pensar que soy un tipo raro y sospechen que vengo de otro planeta).
En la cocina me tomé un café. No me gustó mucho, aunque decidí echarle algo de agua al segundo y leche al tercero y la cosa mejoró. Luego ya, con el cuarto, al que añadí leche de nuevo y azúcar, le empecé a coger el gusto.
En fin, abrí la puerta de casa y me encontré un cubo y una fregona (el palo casi me da en la cabeza, pues estaba apoyado contra mi puerta). Pasé de ello y empecé a bajar las escaleras. De repente, un señor mayor... bueno, viejo decrépito, bajó corriendo desde le piso de arriba dándome voces.
- ¡Oye, oye, oye! ¡Esperaaaaa!
Yo esperé.
- Hola, buenos días ¿Qué tal está usted? -curso de educación aprendido en casa con papi y mami.
- ¿Eres el nuevo?
Supongo que se refería al planeta.
- Sí, acabo de llegar.
- ¿Has visto el cubo?
- Sí, se le debe haber olvidado a alguien. No se preocupe, no lo tocaré.
El viejo se enfadó.
- Pues que sepas que eso se pone ahí para fregar.
Ya sabía que los cubos servían para fregar. No sé por qué me lo decía.
- Ya lo sé. Si quiere, le digo a su dueño cuando aparezca que fregue lo que usted quiera.
Entonces empezó a darme toquecitos con el dedo en mi hombro. Una sensación muy molesta, la verdad. Amén de que se colocó tan cerca de mí que su cara se me hizo borrosa y no tuve más remedio que apartarme un pasito. Aunque no sirvió de nada, porque volvió a acercárseme y a seguir dándome golpecitos con el dedo.
- Tienes que fregar el pasillo y, además, tienes una bombilla fundida.
Me busqué la bombilla por todo el cuerpo pero no me la encontré.
- Mmmm, ¿podría decirme dónde, si es usted tan amable?
Pareció enfadarse más. Era muy posible que la educación fuese diferente en La Tierra. A mí me enseñaron a no invadir el espacio visual del otro, a no toquetearle sin permiso, a no levantar el tono de voz y a tratar con cortesía si me tratan con cortesía. Pero bueno, como uno tiene que adaptarse a todo, me acerqué a él hasta hacerle borrosa mi cara y le empecé a toquetear también con mi dedo en la frente. Así me pondría a su nivel y dejaría de estar enfadado.
Se enfadó más. No lo entiendo.
- Oye, ¿qué haces?
- ¿Yo? Lo mismo que usted ¿No le gusta?
- ¡¡¡ Menuda falta de respeto a los mayores!!!
Nada, que no doy una. Este mundo es más complicado de lo que parecía a primera vista. Los ojos se le empezaron a inyectar en sangre y me asusté tanto que tuve que salir corriendo.
- ¡¡¡ Tienes que cambiar la bombilla fundida!!! -dijo mientras me perseguía.
Me dio caza en el portal, agarrándome por una de las camisas para mantenerme inmovilizado.
- Si no cambias la bombilla y friegas el suelo, tomaremos medidas en la comunidad.
- Vale, vale. Lo haré -dije para salir de aquella.
- Y además debe pagar la comunidad.
- Ah -respondí. Eso sí me sonaba. Lo había estudiado-. Es para que limpien la escalera y cambien las bombillas ¿verdad?
Respondió secamente.
- Entonces -seguí confuso-, si pago para eso ¿por qué he de cambiarlas yo?
- Encima listillo -me chilló-. No te escaquees y hazlo todo cuanto antes. Estaré vigilándote mañana, tarde y noche.
Me soltó para volver a darme golpecitos con su dedo. Ese fue el momento en que aproveché para salir por pies para refugiarme en la nave escolar y ver a mi escuadrón de pequenos terráqueos.
Qué susto de hombre, por el amor de Gas, dios de mi planeta.
En fin, me he extendido mucho. Voy a descansar un poco de la emoción del recuerdo y volveré a seguir narrando experiencias.
En la cocina me tomé un café. No me gustó mucho, aunque decidí echarle algo de agua al segundo y leche al tercero y la cosa mejoró. Luego ya, con el cuarto, al que añadí leche de nuevo y azúcar, le empecé a coger el gusto.
En fin, abrí la puerta de casa y me encontré un cubo y una fregona (el palo casi me da en la cabeza, pues estaba apoyado contra mi puerta). Pasé de ello y empecé a bajar las escaleras. De repente, un señor mayor... bueno, viejo decrépito, bajó corriendo desde le piso de arriba dándome voces.
- ¡Oye, oye, oye! ¡Esperaaaaa!
Yo esperé.
- Hola, buenos días ¿Qué tal está usted? -curso de educación aprendido en casa con papi y mami.
- ¿Eres el nuevo?
Supongo que se refería al planeta.
- Sí, acabo de llegar.
- ¿Has visto el cubo?
- Sí, se le debe haber olvidado a alguien. No se preocupe, no lo tocaré.
El viejo se enfadó.
- Pues que sepas que eso se pone ahí para fregar.
Ya sabía que los cubos servían para fregar. No sé por qué me lo decía.
- Ya lo sé. Si quiere, le digo a su dueño cuando aparezca que fregue lo que usted quiera.
Entonces empezó a darme toquecitos con el dedo en mi hombro. Una sensación muy molesta, la verdad. Amén de que se colocó tan cerca de mí que su cara se me hizo borrosa y no tuve más remedio que apartarme un pasito. Aunque no sirvió de nada, porque volvió a acercárseme y a seguir dándome golpecitos con el dedo.
- Tienes que fregar el pasillo y, además, tienes una bombilla fundida.
Me busqué la bombilla por todo el cuerpo pero no me la encontré.
- Mmmm, ¿podría decirme dónde, si es usted tan amable?
Pareció enfadarse más. Era muy posible que la educación fuese diferente en La Tierra. A mí me enseñaron a no invadir el espacio visual del otro, a no toquetearle sin permiso, a no levantar el tono de voz y a tratar con cortesía si me tratan con cortesía. Pero bueno, como uno tiene que adaptarse a todo, me acerqué a él hasta hacerle borrosa mi cara y le empecé a toquetear también con mi dedo en la frente. Así me pondría a su nivel y dejaría de estar enfadado.
Se enfadó más. No lo entiendo.
- Oye, ¿qué haces?
- ¿Yo? Lo mismo que usted ¿No le gusta?
- ¡¡¡ Menuda falta de respeto a los mayores!!!
Nada, que no doy una. Este mundo es más complicado de lo que parecía a primera vista. Los ojos se le empezaron a inyectar en sangre y me asusté tanto que tuve que salir corriendo.
- ¡¡¡ Tienes que cambiar la bombilla fundida!!! -dijo mientras me perseguía.
Me dio caza en el portal, agarrándome por una de las camisas para mantenerme inmovilizado.
- Si no cambias la bombilla y friegas el suelo, tomaremos medidas en la comunidad.
- Vale, vale. Lo haré -dije para salir de aquella.
- Y además debe pagar la comunidad.
- Ah -respondí. Eso sí me sonaba. Lo había estudiado-. Es para que limpien la escalera y cambien las bombillas ¿verdad?
Respondió secamente.
- Entonces -seguí confuso-, si pago para eso ¿por qué he de cambiarlas yo?
- Encima listillo -me chilló-. No te escaquees y hazlo todo cuanto antes. Estaré vigilándote mañana, tarde y noche.
Me soltó para volver a darme golpecitos con su dedo. Ese fue el momento en que aproveché para salir por pies para refugiarme en la nave escolar y ver a mi escuadrón de pequenos terráqueos.
Qué susto de hombre, por el amor de Gas, dios de mi planeta.
En fin, me he extendido mucho. Voy a descansar un poco de la emoción del recuerdo y volveré a seguir narrando experiencias.
Primera visita al lugar de trabajo
Dormí cinco días seguidos. La verdad es que está muy bien eso de dormir. Te relajas, cirras los ojos (esto es importante, yo al principio no era capaz hasta descubrir que dejando caer los párpados todo era más sencillo) y hala, listo para hacer el vago. Es curioso, yo nunca había pasado tanto tiempo sin hacer nada. Desgraciadamente, parece ser que ni siquiera los humanos tienen permitido descansar tanto. Menuda bronca me cayó del señor del castillo (jefe de estadios, estudios, estoicos... o algo similar).
En fin, me desperté y me enfundé el traje. Me costó lo mío. Los llamados pantalones no son gorros para las cabezas con antenas, no lo probéis; las piernas no te caben por las mangas de las camisas (rompí tres antes de percatarme); las chaquetas no son cinturones y la ropa interior es lo primero que has de ponerte. Afortunadamente, pude ver en la televisión a alguien vestido en el canal... ¿cuál era su nombre? Ah, sí... juego de chico, pero en inglés.
seis horas después salí de mi casa. Bueno, de casa de mi huesped, y me dirigí a mi centro de trabajo. Estaba cerrado. El guardían de la puerta de tarde (llamado Kon Serje, es un soldado sin lanza pero con caseta) me dijo que sólo se trabajaba por las mañanas. Este planeta me encanta: no sólo duermen todas las caídas de sol y después de la llamada comida, sino que también trabajan medio día únicamente. Como ente voy a pedir el traslado definitivo a este cuerpo, ya estoy cansado de vagar por el espacio 365 días al año. Quiero ser español.
Frustrado por no poder acceder a mi puesto, decidí al menos investigar el entorno. El edificio era similar a una nave de carga interespacial ThuluuX 26 / 761 AluraN0027 Cargomaster 2000. A saber, de tres plantas (que no es un herbáceo sino la forma de llamar al piso, que no es un edificio, sino la forma de llamar a cada una de las diferentes elevaciones por las que pasean los humanos), con tres rectángulos al aire libre para juegos (dos con el pie y uno con las manos, pero en todos con una cosa gomosa y redonda que bota e intenta escapar de los que la persiguen, a saber, dos equipos con el mismo número de jugadores) y otro edificio para practicar deportes a cubierto.
No estaba mal, al mando de un escuadrón de reclutas en una nave nodriza terráquea. Yo que sólo era barrendero de gas en mi querido planeta. Ahhh, añoro el color fucsia y el olor a nuez.
Volví a casa y ahora estoy de nuevo sentado en la cama. Quizá sea interesante hacer un recorrido por algo más que la habitación donde hago dormir este cuerpo y el baño adjunto donde todavía no me he bañado ni podré, porque recuerdo que sólo tengo ducha.
Bueno, hasta mañana, mejor me pongo a investigar algo por aquí.
Vuelvo en breve.
En fin, me desperté y me enfundé el traje. Me costó lo mío. Los llamados pantalones no son gorros para las cabezas con antenas, no lo probéis; las piernas no te caben por las mangas de las camisas (rompí tres antes de percatarme); las chaquetas no son cinturones y la ropa interior es lo primero que has de ponerte. Afortunadamente, pude ver en la televisión a alguien vestido en el canal... ¿cuál era su nombre? Ah, sí... juego de chico, pero en inglés.
seis horas después salí de mi casa. Bueno, de casa de mi huesped, y me dirigí a mi centro de trabajo. Estaba cerrado. El guardían de la puerta de tarde (llamado Kon Serje, es un soldado sin lanza pero con caseta) me dijo que sólo se trabajaba por las mañanas. Este planeta me encanta: no sólo duermen todas las caídas de sol y después de la llamada comida, sino que también trabajan medio día únicamente. Como ente voy a pedir el traslado definitivo a este cuerpo, ya estoy cansado de vagar por el espacio 365 días al año. Quiero ser español.
Frustrado por no poder acceder a mi puesto, decidí al menos investigar el entorno. El edificio era similar a una nave de carga interespacial ThuluuX 26 / 761 AluraN0027 Cargomaster 2000. A saber, de tres plantas (que no es un herbáceo sino la forma de llamar al piso, que no es un edificio, sino la forma de llamar a cada una de las diferentes elevaciones por las que pasean los humanos), con tres rectángulos al aire libre para juegos (dos con el pie y uno con las manos, pero en todos con una cosa gomosa y redonda que bota e intenta escapar de los que la persiguen, a saber, dos equipos con el mismo número de jugadores) y otro edificio para practicar deportes a cubierto.
No estaba mal, al mando de un escuadrón de reclutas en una nave nodriza terráquea. Yo que sólo era barrendero de gas en mi querido planeta. Ahhh, añoro el color fucsia y el olor a nuez.
Volví a casa y ahora estoy de nuevo sentado en la cama. Quizá sea interesante hacer un recorrido por algo más que la habitación donde hago dormir este cuerpo y el baño adjunto donde todavía no me he bañado ni podré, porque recuerdo que sólo tengo ducha.
Bueno, hasta mañana, mejor me pongo a investigar algo por aquí.
Vuelvo en breve.