Un presidente jubilado y peleón
Desperté por la mañana gracias a un aparatito que te dice iiiiiiiiiiii todas los días a la misma hora. Esta vez sí que podría ir al trabajo. me vestí rapidamente, pues ya le había cogido el tranquillo a eso de los ropajes (y digo yo, en verano ¿por qué no irán sin todo eso? Menudo calor deben pasar los pobres). Dos pantalones y tres camisas me limitaban un poco el movimiento, pero si así van los terráqueos, pues habrá que seguir la corriente (no vayan a pensar que soy un tipo raro y sospechen que vengo de otro planeta).
En la cocina me tomé un café. No me gustó mucho, aunque decidí echarle algo de agua al segundo y leche al tercero y la cosa mejoró. Luego ya, con el cuarto, al que añadí leche de nuevo y azúcar, le empecé a coger el gusto.
En fin, abrí la puerta de casa y me encontré un cubo y una fregona (el palo casi me da en la cabeza, pues estaba apoyado contra mi puerta). Pasé de ello y empecé a bajar las escaleras. De repente, un señor mayor... bueno, viejo decrépito, bajó corriendo desde le piso de arriba dándome voces.
- ¡Oye, oye, oye! ¡Esperaaaaa!
Yo esperé.
- Hola, buenos días ¿Qué tal está usted? -curso de educación aprendido en casa con papi y mami.
- ¿Eres el nuevo?
Supongo que se refería al planeta.
- Sí, acabo de llegar.
- ¿Has visto el cubo?
- Sí, se le debe haber olvidado a alguien. No se preocupe, no lo tocaré.
El viejo se enfadó.
- Pues que sepas que eso se pone ahí para fregar.
Ya sabía que los cubos servían para fregar. No sé por qué me lo decía.
- Ya lo sé. Si quiere, le digo a su dueño cuando aparezca que fregue lo que usted quiera.
Entonces empezó a darme toquecitos con el dedo en mi hombro. Una sensación muy molesta, la verdad. Amén de que se colocó tan cerca de mí que su cara se me hizo borrosa y no tuve más remedio que apartarme un pasito. Aunque no sirvió de nada, porque volvió a acercárseme y a seguir dándome golpecitos con el dedo.
- Tienes que fregar el pasillo y, además, tienes una bombilla fundida.
Me busqué la bombilla por todo el cuerpo pero no me la encontré.
- Mmmm, ¿podría decirme dónde, si es usted tan amable?
Pareció enfadarse más. Era muy posible que la educación fuese diferente en La Tierra. A mí me enseñaron a no invadir el espacio visual del otro, a no toquetearle sin permiso, a no levantar el tono de voz y a tratar con cortesía si me tratan con cortesía. Pero bueno, como uno tiene que adaptarse a todo, me acerqué a él hasta hacerle borrosa mi cara y le empecé a toquetear también con mi dedo en la frente. Así me pondría a su nivel y dejaría de estar enfadado.
Se enfadó más. No lo entiendo.
- Oye, ¿qué haces?
- ¿Yo? Lo mismo que usted ¿No le gusta?
- ¡¡¡ Menuda falta de respeto a los mayores!!!
Nada, que no doy una. Este mundo es más complicado de lo que parecía a primera vista. Los ojos se le empezaron a inyectar en sangre y me asusté tanto que tuve que salir corriendo.
- ¡¡¡ Tienes que cambiar la bombilla fundida!!! -dijo mientras me perseguía.
Me dio caza en el portal, agarrándome por una de las camisas para mantenerme inmovilizado.
- Si no cambias la bombilla y friegas el suelo, tomaremos medidas en la comunidad.
- Vale, vale. Lo haré -dije para salir de aquella.
- Y además debe pagar la comunidad.
- Ah -respondí. Eso sí me sonaba. Lo había estudiado-. Es para que limpien la escalera y cambien las bombillas ¿verdad?
Respondió secamente.
- Entonces -seguí confuso-, si pago para eso ¿por qué he de cambiarlas yo?
- Encima listillo -me chilló-. No te escaquees y hazlo todo cuanto antes. Estaré vigilándote mañana, tarde y noche.
Me soltó para volver a darme golpecitos con su dedo. Ese fue el momento en que aproveché para salir por pies para refugiarme en la nave escolar y ver a mi escuadrón de pequenos terráqueos.
Qué susto de hombre, por el amor de Gas, dios de mi planeta.
En fin, me he extendido mucho. Voy a descansar un poco de la emoción del recuerdo y volveré a seguir narrando experiencias.
En la cocina me tomé un café. No me gustó mucho, aunque decidí echarle algo de agua al segundo y leche al tercero y la cosa mejoró. Luego ya, con el cuarto, al que añadí leche de nuevo y azúcar, le empecé a coger el gusto.
En fin, abrí la puerta de casa y me encontré un cubo y una fregona (el palo casi me da en la cabeza, pues estaba apoyado contra mi puerta). Pasé de ello y empecé a bajar las escaleras. De repente, un señor mayor... bueno, viejo decrépito, bajó corriendo desde le piso de arriba dándome voces.
- ¡Oye, oye, oye! ¡Esperaaaaa!
Yo esperé.
- Hola, buenos días ¿Qué tal está usted? -curso de educación aprendido en casa con papi y mami.
- ¿Eres el nuevo?
Supongo que se refería al planeta.
- Sí, acabo de llegar.
- ¿Has visto el cubo?
- Sí, se le debe haber olvidado a alguien. No se preocupe, no lo tocaré.
El viejo se enfadó.
- Pues que sepas que eso se pone ahí para fregar.
Ya sabía que los cubos servían para fregar. No sé por qué me lo decía.
- Ya lo sé. Si quiere, le digo a su dueño cuando aparezca que fregue lo que usted quiera.
Entonces empezó a darme toquecitos con el dedo en mi hombro. Una sensación muy molesta, la verdad. Amén de que se colocó tan cerca de mí que su cara se me hizo borrosa y no tuve más remedio que apartarme un pasito. Aunque no sirvió de nada, porque volvió a acercárseme y a seguir dándome golpecitos con el dedo.
- Tienes que fregar el pasillo y, además, tienes una bombilla fundida.
Me busqué la bombilla por todo el cuerpo pero no me la encontré.
- Mmmm, ¿podría decirme dónde, si es usted tan amable?
Pareció enfadarse más. Era muy posible que la educación fuese diferente en La Tierra. A mí me enseñaron a no invadir el espacio visual del otro, a no toquetearle sin permiso, a no levantar el tono de voz y a tratar con cortesía si me tratan con cortesía. Pero bueno, como uno tiene que adaptarse a todo, me acerqué a él hasta hacerle borrosa mi cara y le empecé a toquetear también con mi dedo en la frente. Así me pondría a su nivel y dejaría de estar enfadado.
Se enfadó más. No lo entiendo.
- Oye, ¿qué haces?
- ¿Yo? Lo mismo que usted ¿No le gusta?
- ¡¡¡ Menuda falta de respeto a los mayores!!!
Nada, que no doy una. Este mundo es más complicado de lo que parecía a primera vista. Los ojos se le empezaron a inyectar en sangre y me asusté tanto que tuve que salir corriendo.
- ¡¡¡ Tienes que cambiar la bombilla fundida!!! -dijo mientras me perseguía.
Me dio caza en el portal, agarrándome por una de las camisas para mantenerme inmovilizado.
- Si no cambias la bombilla y friegas el suelo, tomaremos medidas en la comunidad.
- Vale, vale. Lo haré -dije para salir de aquella.
- Y además debe pagar la comunidad.
- Ah -respondí. Eso sí me sonaba. Lo había estudiado-. Es para que limpien la escalera y cambien las bombillas ¿verdad?
Respondió secamente.
- Entonces -seguí confuso-, si pago para eso ¿por qué he de cambiarlas yo?
- Encima listillo -me chilló-. No te escaquees y hazlo todo cuanto antes. Estaré vigilándote mañana, tarde y noche.
Me soltó para volver a darme golpecitos con su dedo. Ese fue el momento en que aproveché para salir por pies para refugiarme en la nave escolar y ver a mi escuadrón de pequenos terráqueos.
Qué susto de hombre, por el amor de Gas, dios de mi planeta.
En fin, me he extendido mucho. Voy a descansar un poco de la emoción del recuerdo y volveré a seguir narrando experiencias.
Primera visita al lugar de trabajo
Dormí cinco días seguidos. La verdad es que está muy bien eso de dormir. Te relajas, cirras los ojos (esto es importante, yo al principio no era capaz hasta descubrir que dejando caer los párpados todo era más sencillo) y hala, listo para hacer el vago. Es curioso, yo nunca había pasado tanto tiempo sin hacer nada. Desgraciadamente, parece ser que ni siquiera los humanos tienen permitido descansar tanto. Menuda bronca me cayó del señor del castillo (jefe de estadios, estudios, estoicos... o algo similar).
En fin, me desperté y me enfundé el traje. Me costó lo mío. Los llamados pantalones no son gorros para las cabezas con antenas, no lo probéis; las piernas no te caben por las mangas de las camisas (rompí tres antes de percatarme); las chaquetas no son cinturones y la ropa interior es lo primero que has de ponerte. Afortunadamente, pude ver en la televisión a alguien vestido en el canal... ¿cuál era su nombre? Ah, sí... juego de chico, pero en inglés.
seis horas después salí de mi casa. Bueno, de casa de mi huesped, y me dirigí a mi centro de trabajo. Estaba cerrado. El guardían de la puerta de tarde (llamado Kon Serje, es un soldado sin lanza pero con caseta) me dijo que sólo se trabajaba por las mañanas. Este planeta me encanta: no sólo duermen todas las caídas de sol y después de la llamada comida, sino que también trabajan medio día únicamente. Como ente voy a pedir el traslado definitivo a este cuerpo, ya estoy cansado de vagar por el espacio 365 días al año. Quiero ser español.
Frustrado por no poder acceder a mi puesto, decidí al menos investigar el entorno. El edificio era similar a una nave de carga interespacial ThuluuX 26 / 761 AluraN0027 Cargomaster 2000. A saber, de tres plantas (que no es un herbáceo sino la forma de llamar al piso, que no es un edificio, sino la forma de llamar a cada una de las diferentes elevaciones por las que pasean los humanos), con tres rectángulos al aire libre para juegos (dos con el pie y uno con las manos, pero en todos con una cosa gomosa y redonda que bota e intenta escapar de los que la persiguen, a saber, dos equipos con el mismo número de jugadores) y otro edificio para practicar deportes a cubierto.
No estaba mal, al mando de un escuadrón de reclutas en una nave nodriza terráquea. Yo que sólo era barrendero de gas en mi querido planeta. Ahhh, añoro el color fucsia y el olor a nuez.
Volví a casa y ahora estoy de nuevo sentado en la cama. Quizá sea interesante hacer un recorrido por algo más que la habitación donde hago dormir este cuerpo y el baño adjunto donde todavía no me he bañado ni podré, porque recuerdo que sólo tengo ducha.
Bueno, hasta mañana, mejor me pongo a investigar algo por aquí.
Vuelvo en breve.
En fin, me desperté y me enfundé el traje. Me costó lo mío. Los llamados pantalones no son gorros para las cabezas con antenas, no lo probéis; las piernas no te caben por las mangas de las camisas (rompí tres antes de percatarme); las chaquetas no son cinturones y la ropa interior es lo primero que has de ponerte. Afortunadamente, pude ver en la televisión a alguien vestido en el canal... ¿cuál era su nombre? Ah, sí... juego de chico, pero en inglés.
seis horas después salí de mi casa. Bueno, de casa de mi huesped, y me dirigí a mi centro de trabajo. Estaba cerrado. El guardían de la puerta de tarde (llamado Kon Serje, es un soldado sin lanza pero con caseta) me dijo que sólo se trabajaba por las mañanas. Este planeta me encanta: no sólo duermen todas las caídas de sol y después de la llamada comida, sino que también trabajan medio día únicamente. Como ente voy a pedir el traslado definitivo a este cuerpo, ya estoy cansado de vagar por el espacio 365 días al año. Quiero ser español.
Frustrado por no poder acceder a mi puesto, decidí al menos investigar el entorno. El edificio era similar a una nave de carga interespacial ThuluuX 26 / 761 AluraN0027 Cargomaster 2000. A saber, de tres plantas (que no es un herbáceo sino la forma de llamar al piso, que no es un edificio, sino la forma de llamar a cada una de las diferentes elevaciones por las que pasean los humanos), con tres rectángulos al aire libre para juegos (dos con el pie y uno con las manos, pero en todos con una cosa gomosa y redonda que bota e intenta escapar de los que la persiguen, a saber, dos equipos con el mismo número de jugadores) y otro edificio para practicar deportes a cubierto.
No estaba mal, al mando de un escuadrón de reclutas en una nave nodriza terráquea. Yo que sólo era barrendero de gas en mi querido planeta. Ahhh, añoro el color fucsia y el olor a nuez.
Volví a casa y ahora estoy de nuevo sentado en la cama. Quizá sea interesante hacer un recorrido por algo más que la habitación donde hago dormir este cuerpo y el baño adjunto donde todavía no me he bañado ni podré, porque recuerdo que sólo tengo ducha.
Bueno, hasta mañana, mejor me pongo a investigar algo por aquí.
Vuelvo en breve.





