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Diarios Gatunos
Encuentros y desencuentros gatunos por los tejados de Barcelona...
Acerca de
Mesmerismo: doctrina del magnetismo animal, expuesta en la segunda mitad del siglo XVIII por el médico alemán Mesmer. El mesmerismo se basa en la idea de una fuerza mágnetica capaz de controlar el cuerpo. Mesmerizar: atracción magnética que le produzco al Gato cuando se planta frente a mis ojos. Semejante al vértigo, pero más " chuli". Gata mesmerizante: dícese de mi.
Enlaces
...Y La Gata quiso poner fotos....
Sindicación
 
Historia y Geografía.
Un carajo me importa que saltes o no saltes la barrera
De miedos, de medios, de humo, de noches o de días.
Una mierda me importan todas las geografías
Que separan nuestras rutas,
Gata, Maga, Diosa, Puta
O si tu manual de historia
Está escrito con letras distintas a las de la historia mía.

Y si nos vemos o no nos vemos, me importa un coño
( enana, sabes que me tienes hasta el moño )
Me da lo mismo, me la suda, me la refanflinfa
Si yo siempre dije adiós, hasta nunca, a reveure, arrivederci,
Good bye, a todo aquello que quería
A todo lo que amé, mi amor, Gata, loca mía.

Si nuestro amor esquizo es un vuelo de palomas
Que circulea en el aire,
Circuliemos o no culiemos,
Da igual,
Bajemos o no bajemos a follar al río
Floja me la trae que vayas o que vengas
Que el semen de tus gárgaras sea o no sea semen mío.

( “Dábale arroz a la zorra el abad”, no soy abad, tú sí eres zorra
Yo no te daré arroz pero imagina la de hostias que te daría...)

Tantos mapas nos separan:
Apócrifas cartografías.
Porque el barro de tu alma
Es el barro de la mía
Hecho con la misma tierra sucia
Con la misma agua limpia.

Reina, Sabia, Tonta, Maga, Puta, Gata...Loca mía.

Cat Mesmer, domingo a la tarde en El Container. Resaca.

 
La otra parte del mundo.
Me escapé de casa 17 veces, entre los 15 y los 17 años. A diferencia de gente que ha hecho lo mismo, de gente que dice que ha hecho lo mismo, de libros que hablan sobre gente que ha hecho lo mismo y de películas que cuentan que otra gente ha hecho lo mismo, yo no tengo unos padres hijos de puta. Mis padres son ángeles que alguien envió para que yo no olvidara jamás que tengo conciencia. De ellos, de él, de ella, hablaré en otra ocasión.
Tuve una infancia feliz, pletórica, regada por litros de amor, de autoestima, de protección, de confianza. Me alimentaron con sus bocas extasiándome a besos, me alimentaron con sus ojos que siempre me miraron orgullosos, me alimentaron con sus manos, tendiéndomelas siempre que me caía, me alimentaron con sus narices, olfateando cualquier cambio de humor que se avecinaba y me alimentaron con sus oídos, pidiendo siempre mi opinión ante cualquier cuestión.
Y escucho a la gente decir qué suerte has tenido, y escucho a gente decir que ojalá volvieran a ser niños, y escucho que dicen que lo mejor de la vida es la infancia. Y yo siempre he querido ser mayor. Y yo aún sigo queriendo ser mayor.

Observo a los niños en los parques, veo cómo se esconden entre los matorrales para que sus padres no les vean, como corren hacia las pequeñas casetas que hay en las zonas de juegos, saboreando cada minuto que pasan sin ser observados por las miradas de sus protectores, y oigo como los mayores les dicen siempre: no te alejes demasiado.
Observo que no todos los niños tienen este comportamiento. En los parques también hay niños que no se separan nunca del círculo marcado por los adultos. Hay una niña que le dice a otra:

- Te vienes al laguito de detrás de los bancos?
Y la otra niña contesta:
- No, que mi mama no me deja, dice que ahí van los mayores y que hacen cosas malas.

Veo como la cara de la niña que ha hecho la proposición se ilumina ante la advertencia de la niña que ha rechazado la proposición. Se queda unos segundos quieta, valorando la situación. Mira a su madre, está charlando con otra madre y no mira. Me mira a mí, sonrío y le guiño un ojo. Ella mira detrás de los bancos. El laguito estará a unos 30 metros. Para ella, eso es un mundo, es la aventura de su vida, pero sabe que puede tener gravísimas consecuencias….su madre le pegará una bofetada, la reñirá delante de todos sus amigos, se quedará sin la muñeca que le había prometido que le compraría este fin de semana, y sentirá que ha decepcionado a su madre, que la ha hecho sufrir. La niña se va al columpio, pienso que no lo va a hacer, que las consecuencias han pesado más que la aventura, que la muñeca era al fin más importante que ir al lago.Vuelvo a mirar al columpio, el columpio sigue moviéndose, pero la niña ya no está. Giro la cabeza, y veo su vestidito blanco dirigirse hacia los bancos. Sólo oigo un “toc-toc, toc-toc”, no sé si son los latidos de su corazoncito o los latidos del mío…. Dioss!! Qué largos son esos 30 metros ahora mismo! Parece que no vayamos a llegar nunca. Miro a la madre, aún está enfrascada en la conversación sobre la subida de los precios con el euro. La niña está a punto de llegar, lo vamos a lograr!!!!... Entonces la niña que ha rechazado la proposición se levanta y va hacia su madre, que es la interlocutora de la madre del vestidito blanco. Me cago en esa niña! Sé que se lo va a chivatear… Vuelvo a girarme y el vestidito se pierde detrás de los arbustos que separan el mundo…. Sí!! Lo ha conseguido!! Toma ya!....
Todo ocurre según lo previsto, la madre se levanta corriendo, llega a los arbustos en 3 zancadas, coge a la niña del vestidito blanco del brazo, la zarandea, le pega en el culo, le dice que cuántas veces le ha dicho que ahí no puede ir, que es una niña mala, que a ver si aprende de su amiguita ( la chivata) que es una niña obediente y quiere a su madre, no como ella que sólo la hace sufrir, le dice que se acabó el juego por hoy, que se van a casa y que está castigada, y que ya verás cuando se lo cuente al papa la gracia que le va a hacer, y que se olvide de la casita de muñecas que no se la merece.
Por un momento, un escasísimo momento, siento lástima por la niña. Está de espaldas a mí, y no le veo la carita. Me acerco a la fuente que cae justo a su izquierda. Me agacho a beber, mientras la madre va a buscar las cosas y se despide de la otra madre. Mientras bebo, miro a la niña, está de perfil mirando en dirección a la otra parte del mundo, pienso que quizás se haya asustado por lo que ha visto, que quizás piense que su madre tenía razón y no tenía que haber ido. Pero la niña me mira, y veo en sus ojos La Libertad. Creo dedicarle la mayor de las sonrisas, hasta que la niña me sonríe y descubro que hoy la mayor de las sonrisas es la suya. La sonrisa del Triunfo. Su madre la vuelve a coger del brazo y la arrastra con ella, pero antes de que se la lleve a su cárcel de muñecas, logro tenderle la mano y que ella choque su manita contra la mía, para finalizar con una mirada furtiva a su madre.

La chivata no ha perdido detalle y se siente triunfadora, me da pena, me da rabia, me da asco y le hago la trabanqueta. Llora, patalea, se cabrea, pero yo se que no es porque se haya hecho daño, ni siquiera tiene un rasguño. Llora, patalea y se cabrea porque sabe que me cae mal. Y …tiene razón, me cae mal.

Ahora me toca a mí.
Encamino mis pasos hacia el otro mundo, y me sorprendo gratamente al comprobar que no puedo hacerlos en tres zancadas, al oír el “toc-toc, toc-toc” ya no sé si de mi corazón o del eco del corazoncito de la niña. Llego a los arbustos, y diviso la parte del mundo a la que no se puede ir porque los mayores hacen cosas malas. Y me río, y unas lágrimas se me escapan… y veo el lago, y los bancos, y los mayores que hacen cosas malas…y ahora veo el mar, y unas camas, y a unos niños que disfrutan del primer amor, y se dan besos tiernos, y descubren el sabor de la excitación, y se pasarían horas y horas así, sin más, sin necesidad de nada más, sólo un lago, que para ellos es el mar, sólo unos bancos, que para ellos es una cama en una suite del Ritz y unos besos que algunos mayores llaman “ hacer cosas malas”.
Me siento en el borde del mar, me quito los zapatos y cuando voy a meter los pies en el agua, me doy cuenta que tiene mucha mierda y vuelvo a ver el lago, pero entonces recuerdo las playas de la Barceloneta y la cantidad de mierda que hay en esa parte del mar, y vuelve a ser el mar, y meto los pies.

Y lloro por la madre de la niña del vestidito blanco, lloro porque ha hecho el camino hacia la otra parte del mundo en tres zancadas. Lloro porque se ha perdido la cara de la niña mientras llegaba a la otra parte del mundo, lloro porque yo habría dado todo lo que llevaba encima por ver su expresión cuando llegó a la cima. Lloro porque se perdió uno de los mayores momentos de felicidad de su hija. Lloro porque no se acuerda de lo que es ser niña. Lloro porque en vez de preguntarle qué ha visto, qué ha sentido, ahora estará intentando hacerla sentir culpable.
Pero dejo de llorar cuando pienso que no lo va a conseguir, que esta niña es una potra y se siente orgullosa de sí misma, que no se vende, que no cambia muñecas, casitas, vestidos a cambio de libertad, que después de la reprimenda de su madre, y posteriormente la de su padre, la niña cuando se vaya a dormir soñará con ser mayor y ver el mar, y besarse con un príncipe azul en una suite del Ritz.