logotipo

img_google
Diarios Gatunos
Encuentros y desencuentros gatunos por los tejados de Barcelona...
Acerca de
Mesmerismo: doctrina del magnetismo animal, expuesta en la segunda mitad del siglo XVIII por el médico alemán Mesmer. El mesmerismo se basa en la idea de una fuerza mágnetica capaz de controlar el cuerpo. Mesmerizar: atracción magnética que le produzco al Gato cuando se planta frente a mis ojos. Semejante al vértigo, pero más " chuli". Gata mesmerizante: dícese de mi.
Enlaces
...Y La Gata quiso poner fotos....
Sindicación
 
Cuando el sudor sabe a chile....
(La historia de La Princesa Egoísta y El Hombre más fuerte del mundo)

Siempre he creído que las personas, además de olores tienen sabores. Por supuesto, tal cualidad no está al alcance de todos, requiere un gran entrenamiento por parte del comensal, que consta de una gran dosis de extravagancia, una porción de tiempo, una nariz y media de mentirosa, y una gran lengua curiosa ( una abuela cocinera acelerará el proceso, pero no es imprescindible. Consultar puntos de venta.)

El Hombre llegó a mis papilas en el momento justo para mi ( pro) pero con las ideas preconcebidas ( contra). Por aquel entonces yo trabajaba en una pastelería. Ocho meses oliendo a nata, manchada de trufa y con la nariz llena de azúcar glasé… incluso mi cabello era de ángel !!!, todo un paraíso para una gran golosa….. pero todo en esta vida empacha, y empachada acabé de tanto dulce.
El Hombre no era goloso, pero como a nadie le amarga un dulce… aquel día entró, comparó, no encontró nada mejor y compró. Compró el mayor dulce de toda la tienda, el que no tenía etiqueta con precio, el inaccesible, el que no se iba a acabar en toda la noche, así de práctico era El Hombre. Sólo le costó dos miradas de pantera, enseñarme sus manos, y la frase que había esperado toda la vida: - ¿A qué sabes?- no hace falta que te explique lo que sentí en aquel momento, no te subestimo, se que lo entiendes.
- A chocolate- le contesté.
- ¿Con leche?

Negación por mi parte. Un número de teléfono por la suya.

Y le llamé, claro que le llamé ¿Si te dieran el número del cielo no llamarías? ¿Y el del infierno? Da igual, llamarías a los dos porque la curiosidad por hallar la verdad es más poderosa que la razón, y si no la encuentras, sabrás que al menos ahí no está, un paso menos que recorrer, un camino más por contar.


El Hombre vivía en un suburbio en la periferia de la ciudad, allí donde todo huele a azufre, a humeantes calderas que escupen el aliento de quienes se dejan el sudor 10 horas diarias por un sueldo de mierda, donde programan a la gente al igual que a sus máquinas, donde tienen médicos 24 horas para las máquinas y donde las personas no tienen derecho a seguridad social, porque el derecho debiera ser algo que uno puede utilizar cuando lo necesite, y no algo que está ahí sólo en casos extremos. Por eso supe de inmediato que mi llamada no había sido al cielo sino al cierzo.

El Hombre resultó ser carpintero, de vocación, algo “raro, raro, raro” en nuestros tiempos, y su madriguera, un reflejo de sus pasiones: la ebanistería y la cocina. Aquel lugar donde sobrevivía, tenía el mismo encanto que tienen los tugurios con luces de neón.
Pequeño, oscuro, lleno de humo, pero donde uno se siente como en casa, y agradece al dueño que simplemente sea, y que no intente ser lo que no es.
Así que aquella noche, El Hombre y yo, fuimos. Fuimos lo que éramos, dos escorpiones buscando envenenar.

El Hombre follaba tal y como trabajaba, con las manos, los ojos y el martillo. Tenía un cuerpo del montón, atlético, pero del montón. Pero tenía el martillo más perfecto que jamás he visto, largo, ni muy fino, ni muy grueso, con una enorme vena en medio, y un glande grande a proporción del mango, sobresaliente, que como la guinda de un pastel, siempre te la guardas para el final. Era lento, paciente-…. Sssshhhh….- decía, y a mi me volvía loca, casi lograba que me corriera solo con su calma, la misma calma que en la vida real me ponía histérica; pero me sometía, el muy cabrón me miraba y yo me dejaba a hacer, si protestaba me tapaba la boca para que no chillara, y entonces yo le lamía, le mordía esos dedos con sabor a cueva, a mi cueva, y me perdía en su silencio, porque El Hombre no hablaba con los labios, hablaba con los ojos y éstos no emiten sonidos, así que yo, charlatana empedernida en la cama y fuera de ella, me callaba, intentando aprender esa lengua que me era tan desconocida, pero tan necesaria para llegar a sus tripas. El Hombre nunca quiso que yo llegara a sus tripas, un poco de eso y un poco de falta de habilidad- por su parte- para la enseñanza, hizo que me viera obligada a apuntarme a un cursillo de esos a distancia para aprender idiomas... Ingenua! ... Aprendí lecciones básicas, que me sirvieron para entenderle durante un breve espacio de tiempo, pero tal y como llegaron, se fueron. Siempre he creído que cómo mejor se aprende una lengua, es viviendo en un país donde se hable, así pues, atlas de geografía en mano, me dispuse a encontrar aquel misterioso país donde se hablara esa extraña lengua, al son de “ Los Zombis”:

Y yo-te- buscaré-en Groenlandia-en Perú-
-en El Tibet-en Japón-
-en La Isla de Pascua-

Y le busqué, te juro que le busqué, pero no encontré ningún dichoso país donde se hablara o se tuviera conciencia de la maldita lengua. Peor no podían ir las cosas, no sólo no entendía su idioma, ni existía ningún país al que poder irme para luego regresar, sino que esa lengua, dialecto o como quieras llamarlo, solo la hablaba él, y no me la quería enseñar. Intenté crear una nueva lengua que sólo conociéramos él y yo, pero no funcionó, debíamos seguir sus reglas, y, o aceptaba, o me iba a la mierda, de nuevo.


Me fui a la mierda. Era el colmo!, yo no pintaba nada en esa película, era una simple figurante, y una servidora estaba acostumbrada- y encantada- de ser la protagonista de todas sus novelas, podía aceptar tener a un partenaire, pero ser la que llora desconsolada en casa mientras el héroe consigue triunfos… nunca!.
Me decía a mi misma que no valía la pena, que había estado con muchos tíos y que pensándolo fríamente, éste tampoco era para quedarse en casa escuchando nuestras canciones, mirando nuestras fotos, oliendo su camiseta, leyendo una y otra vez sus cartas….. actos los cuales, según tenía entendido, reflejaban que una estaba muy colgada, y que había dejado escapar al hombre de su vida.

Yo, no tenía ningún síntoma de esos, así que el autodiagnóstico dijo que no me pasaba absolutamente nada, y me receté una tarde de compras con amigas, unos cuantos whiskys con naranja, y una noche loca de las que no se olvidan….
Me engañaba, lo sé, pero uno se da cuenta tarde de esas cosas. Es ahora, con la tranquilidad y la calma de quien todo lo ha perdido, cuando me doy de bruces contra el suelo cada vez que lo pienso.

El Hombre, ciertamente, era el hombre-valga la redundancia- con más defectos de todos cuantos he conocido: era egoísta, tacaño, egocéntrico, manipulador, lunático, mentiroso, cobarde…. Pero tenía algo que hacía que las noches locas que, muy responsablemente, me disponía a obedecer por prescripción facultativa, solo tuvieran de locura la que me secuestraba cuando llegaba a mi cama y me masturbaba compulsivamente, recordando su cuerpo… Mmmhh…. Mi cuerpo.
Siempre seguía las mismas pautas. Me desnudaba. Me metía en la cama. Cerraba los ojos. Respiraba profundamente. Me chupaba los labios, emulando el mismo gesto que hacía él antes de comerme. Respiraba profundamente. Y justo en ese momento venía a mí su olor… Mmmh… ese olor a él, a su sexo, y abría la boca para aspirarlo todo, y llenarme de azufre, ese que te indica que estás a punto de entrar en el infierno. Aguantaba esos segundos en un intento de que se hicieran eternos……….. y cuando notaba que me ahogaba, solo entonces, abría la boca para devorarle el sexo-duro, tenso, grande- siempre empezando por la base, para reservar la guinda para el final. De vez en cuando, iba alzando la vista para ver la imagen, que aún hoy, me hace estremecer: su mirada de pantera, fulminante, ávida de deseo, gritando- No pares!, Sigue Princesa!- mordiéndose el labio inferior, diciéndome- Me vuelves loco- en su idioma, claro está.Y yo no paraba, cómo iba a parar?... Y con su olor y estás imágenes llegaba el momento, y con él las taquicardias previas, la excesiva salivación que se produce instantes antes de degustar un plato delicioso: su sabor. A chile.

Recuerdo el día que le dije al Hombre, por primera vez, a qué sabía. Fue justo después de mi cursillo a distancia. Llevábamos un mes sin vernos, y por fin yo me creía preparada para intentar, de nuevo, comunicarme con él. Había reflexionado mucho, y tenía- o creía tener- nociones básicas de su idioma. Me sentía fuerte, cercana a él, y arrepentida por no haber entendido su lengua, que ahora tan especial me resultaba. La distancia y sus cursillos tienen eso, la melancolía de la ausencia, que es el LSD de las rupturas. Porque más que la presencia, lo que engancha es la ausencia. Tener a alguien para luego echarlo de menos. Quien no echa de menos a nadie nunca ha querido, y esa es una existencia muy tranquila, no dependo de nadie, no doy explicaciones, sólo me tengo a mí y con eso me basta. No es tranquila, ni siquiera es trágica, simplemente no es. Y seamos sensatos ¿quién demonios quiere tranquilidad? ¿quién quiere una vida sin sal, sin picante? ¿sin chile? Sea como sea, servidora, ni la quería entonces, ni la quiere ahora. No me fue muy difícil volver a quedar con él, orgulloso como era, y constructor de todo tipo de puertas, vallas y escaleras de madera, se construyó un pequeño fuerte al cuál me dejo acceder después de varios maullidos, y algún que otro arañazo.

Verle de nuevo, supuso el fin de mi fortaleza adquirida en los ya mencionados cursillos. En cuanto me enfrenté a su mirada supe que nunca tendría la fortaleza de aquel hombre. Aunque ya no lo veo como una virtud.
Me dejé mecer entre sus brazos, me dejé chupar la sangre, y digo me dejé, porque era absolutamente consciente de que eso es lo que estaba haciendo y no opuse resistencia, me abandoné a sus colmillos sabedora de que si no puedes luchar contra tu enemigo, únete a él!. Me uní, adelanté mis caderas para facilitarle la entrada, para obligarle a entrar, y cuando le tuve dentro sonreí y di gracias a mi ángel por permitirme gozar de aquel momento, y chillé, ese día chillé sin dejar que me tapara la boca, porque no era mi garganta quien aullaba.
Ni siquiera me di cuenta de que estaba llorando.

- ¿ Qué te pasa?
- De todo, pero… ¿ A qué te refieres?
- Estás llorando- dijo, sin dejar de embestirme.
- Es por tu sabor- caí en ese instante.
- ¿ Mi sabor te hace llorar?
- Sí, porque sabes a chile, que es picante, y siempre que como picante se me saltan las lágrimas. ¿ A ti no?. ….. no pares cabrón….
- No hay ninguna comida que me haga llorar, y si la hubiera te aseguro que no volvería a probarla nunca más- me susurró entre gemidos.
- ¿ Te has emborrachado alguna vez hasta caerte muerto?- El Hombre asintió con la cabeza, estaba demasiado ocupado comiendo ostra, y perfeccionista como era, no iba a dejar el trabajo a medio hacer, cosa que le agradecí enormemente.
- Y ¿ Cuándo has pillado la gran” papa”, no te has jurado que ésta será la última vez?- Ésta vez, hizo un intento de querer afirmar mediante un sí que ahogué, sujetando su pelo para que no se moviera de dónde estaba, enredado entre mis bajos.
- Pero a pesar de tu buen juicio, y de tu experiencia etílica, has vuelto a emborracharte, y a caerte muerto- El “ muerto” no se si llegué a pronunciarlo, porque El Hombre había pasado a servirse no sólo de su lengua sinó también de sus dedos, y en un santiamén me corrí…... Cabrón, hacía conmigo lo que quería.

Fue entonces cuando yo estaba casi en coma, cuando el cerebro de El Hombre, procesó la información que acababa de recibir, volvió a octavo de E.G.B., e interpretó la metáfora. Por su expresión me di cuenta, que lejos de agradarle como a la mayoría de los mortales, a él no le gustó. El Hombre no quería que nadie le quisiera tanto como para no poder resistirse a él, por varias razones:

1- No se sentía capaz de corresponder a tales muestras de amor.
2- Tenía pánico a sufrir, y el amor sin sufrimiento es como las lentejas sin chorizo.
3- El Hombre era el ser más egoísta que he conocido. Quería vivir solo para no depender de nadie, no por la libertad que ello conlleva, ni por la seguridad aparente de quien lo logra ( falso! Más adelante tendré ocasión de desarrollar ésta elucubración), sino por poder hacer lo que quisiera, cuando él quisiera, sin contar con quienes le ayudaron en el camino, dejándoles a un lado a merced de otra oferta mejor.

Así, que no, no le hizo ninguna gracia que a mi me supiera a chile. Aún hoy, cuando el efecto del LSD de la ruptura hace su trabajo, no puedo evitar entrar en un mexicano y pedir chile, y tomarme un tequila al son de Chavela Vargas.
 
 
Comentario:
El vaso vacio siempre nos estará esperando "bajo el volcán"...
¿verdad Gata?
 
Comentario:
Perraaaaaaaaaaaaaa soooo perrrrrrrrrrrrraaaaaaaaaaaa jajajaj pero que bien me escribes, me sientes, me pones, me excitas meeee mee recuerdas enganches me recuerdas amores me recuerdassssss mil cosas!!! perraaa que yo a ti te kiero conocer perracaaaaa

y ahora en serio.... me encanta que haya gente que hable asi y exprese todo lo que otros necesitamos expresar con humor....si yo hablara de quien me pone asi en este momento..pero me da verguenza

un muerdo!!!
 
Comentario:
Si es que el chile a pesar de picante puede ser muy adictivo
 
Comentario:
mmmmm...sabores, olores... un placer para los sentidos, gata...
 
Comentario:
yo lo adorno a veces con un poquito de dulce y la nata va muy bien.... aunque engorda
 
Comentario:

Gatita perfumada de sémenes carpinteros, decirte que apenas pruebo el alcohol, lo que si me va son los chupitos de flujos femeninos.
Y que me alegro que me hayas encontrado, a ver que día bajas a verme, dejaré la ventana abierta.
un beso rojo
 
Comentario:
Wow, creo que tienes dotes literarios, ¿no has pensado en escribir algún cuento o una novela? De hecho, ya tienes un público que te lee y te comenta.

Saludosssss...
 
Comentario:
Duro de fachada y debiles cimientos
 
Comentario:
Asi que al fin y al cabo el Hombre sintio miedo, miedo de sufrir, xq no hay dolor mas insoportable q el amor, q el deseo de amor, q el amor por el deseo, y aun asi q dolor es tan dulce como el amor, q lagrimas son mas sinceras que las q se derraman por amor, q sangre es mas pura y dulce q la q cae por amor, sangre q brota de los arañazos que producen las uñas de una mujer desgarrando piel, musculo y alma al llegar al mas intenso orgasmo, q envidia de las espaldas en las que afilas tus uñas gata, no m gusta lo q escribes, xo m encanta lo que cuentas.
 
Comentario:
GataGata:
Tú has puesto el manjar en la mesa para que sea degustado....ahora shhhhh, deja al plato que hable... los entresijos culinarios son secretos de la cocinera.

Beso de admiración y de nostalgia.
 
Comentario:
GatoSabio:
a veces una no sabe que hacer con los trastos y decide reciclarlos...
en esta mesa, para repetir, hay que haber.....sí! tú puedes repetir MI Gato...
Marramamiauuuuuuuuu!!
 
Comentario:
GataGata:
¡¡Delicioso!!
Me deja en la boca ese sabor a....ese sabor que pide más....
¿ se puede repetir en esta mesa ?
No