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DIARIO DE UN TREINTANERO
¿SERÁ POSIBLE SOBREVIVIR CON UN POCO DE DIGNIDAD?
Acerca de
Creo que, a estas alturas, solo hay dos opciones: o quemarse a lo Bonzo o tratar de seguir adelante

Sindicación
 
Mudanza
Me mudo, es preciso un cambio.
Pero os doy la dirección de mi
nueva casa

Y feliz año a todos
 
Voy a encender la televisión para darme una ducha
La Chica del Este anda como loca por un traumatólogo. Yo le digo que si no le echa para atrás el nombre de la especialidad que induce a que le haga daño y le propongo que mejor un dermatólogo ya que, al fin y al cabo, el amor es una cuestión de piel.
El caso es que para enamorarlo lo desprecia y lo maltrata. Se lo ha prescrito Frau V. que es su principal consejera sentimental. A mí también me consulta pero para tener una segunda opinión. Yo soy para ella un chico bueno, inteligente y fiel y por eso nunca querría unirse afectivamente conmigo. Así que me convierto en una amiga más que le aconseja.
Le comento a una compañera la necesidad que todos tenemos de que nos achuchen de vez en cuando y me suelta de golpe que Miss Yang jamás me achucharía porque le gusto mucho pero sí cualquier otra a quien no importe. Por otra parte, al Joven delgado ya no le emociona tanto Miss Yang, por lo que ya estaría dispuesto a acercarse a ella, incluso.
Siguiendo la ruta, mi amiga bloguera, que valora mucho la edad que vamos teniendo, opina que en estos casos una relación tiene muchas más consecuencias que en la adolescencia y hay que pensárselo mejor, por lo que ha decidido irse a vivir al extranjero con su pareja a la que conoció hace tres semanas.

Me desconcierta la lógica imperante en el mundo sentimental.
 
Celitos
Estos son días de mucha confusión, por decirlo de algún modo. Ando a cada rato en Actividad Cultural con Miss Yang y el Joven Delgado. Y eso podría ser normal si no fuera por el hecho de que ellos se evitan. Así que nos pasamos el día haciendo monerías para que no coincidan en el mismo corro.

Yo, a pesar de eso, al Joven Delgado le veo mucho mejor, aunque es próxima su retirada de Actividad Cultural, supuestamente porque está muy apurado en la Facultad. Y digo esto porque, en general, todo el mundo supone que es por no ver a Miss Yang. ¿Y entonces por qué no se fué en el verano, cuando rompieron? Hay quien piensa que, aunque la evite, en el fondo quiere tenerla cerca. O sea, como dicen en Tigre y Dragón "prefiero ser un fantasma y seguirte a todas partes que caer en la oscuridad más profunda". Es una explicación bonita pero no parece que vaya con su carácter.

Mientras, la Chica del Este sigue dándome la lata con sus celitos. Qué posesivas son algunas mujeres. Yo me paso el día escuchando los rollos de todos los chicos con los que sale o que le gustan (e incluso corrigiéndole los sms que les envia) pero, sin embargo, cuando me ve bailar con Miss Yang se pone como una pantera.
No se acuerda de otra frase de la película: "el que se aferra, jamás conserva".
 
La belleza está en el interior
Como siempre se anda hablando de este tema, reviso algunas versiones del tema de La bella y la bestia. Sin duda, la que más me gusta es Shreck, tan atrevida, seguramente, porque es un dibujo animado. Porque cuánto daño han hecho otras versiones. Y todo puede resumirse en una pregunta:
¿Si lo que importa es la belleza interior y no la exterior por qué al final se tiene que convertir la bestia en un tío buenísimo?

Y casi todas siguen el mismo estereotipo. Pasándonos al ambiente radiofónico-veterinario (dedicado a mi querida amiga Suigeneris) veo la película "la verdad sobre perros y gatos" y quedo igual de insatisfecho. En resumen, el protagonista masculino conoce por la radio a la locutora del programa de mascotas y tienen una cita. Ella, como se ve fea, manda a su amiga buenorra en su lugar. Al final se deshace el entuerto y él se da cuenta de que se ha enamorado de la belleza interior de la locutora. Final feliz.

Pero, claro, sería verdad la conclusión si la actriz fuera tan fea como Lola Gaos, pero sin embargo es esta chica de la foto de la derecha.Así es difícil que me convenzan.

Pero pienso que ni lo intentan porque todos los guionistas creen que la belleza exterior es lo más importante y no se creen sus propios guiones. Y quizá nos pase a todos. A mí, particularmente, para enamorarme, me parece fundamental que las mujeres me parezcan guapas.
Claro que a veces las que a mi me parecen guapas no se lo parecen a los demás, y es porque no conocen su belleza interior...
 
La vida siempre se repite
El Joven Delgado sigue taciturno desde que Miss Yang rompió su compromiso hace ya unos cuantos meses.
Ella, sin embargo, está radiante. Ya lo decía Chico Buarque en su canción Deixe a menina: “detrás de un hombre triste hay siempre una mujer feliz”
Y, como dice José Coronado del yogur Bio, te renuevas por dentro y eso se nota por fuera. Y vaya si se nota. Ayer estaba tan sumamente atractiva que me costaba mantener el habitual rol paternal que ejerzo con ella. Y, encima, la Chica del Este echándome en cara que Miss Yang anda detrás de mí.
-Será que yo ando delante de ella- le contesto. Pero en El Este tienen bastante carácter y parece que no aprecian mi sentido del humor. Es evidente que no debe reprocharme que yo le guste a alguien y que entre la Chica del Este y yo existe una relación de amistad, cada vez más fraternal que no debería dar lugar a los celos. Sin embargo, aquí está otro ejemplo más del Síndrome del Perro del Hortelano, que no solo la aqueja a ella sino a muchas otras.

Y yo, aunque no soy insensible al sugerente modelito que llevaba ayer Miss Yang, me preocupa más (de momento) la misantropía del Joven Delgado y trato de animarle. Tengo experiencia: mi vida es un manual del abandono. Pero es difícil alentarle, es muy inteligente y muy hábil para hacer que los pensamientos negativos triunfen en cualquier debate interno o externo. Y quizá ya no tenga que ver con Miss Yang su desgana, no lo sé. No quiero preguntar sobre el tema a ninguno de los dos. Aunque temo que llegará un momento en que me contarán sobre el asunto.
Quizá cuando ya no pueda ser suficientemente objetivo para apreciarlo.
 
Imagina
(basado en un post de Amanda)

Acudes a un evento social. Todo el mundo finge pasarlo bien. La gente no se relaciona con casi nadie pero el éxito está en la cantidad de ganado y en la apreciación visual de la marca de la ropa, generalmente por personas del mismo sexo. La música puede gustarte o no pero aceptarás estar cuatro horas con una música francamente desagradable porque supones que a los demás sí les gusta, y tú siempre has sido una demócrata. Raro es que comas o bebas nada interesante allí.

Te presentan a Baltasar pero estás esperando otra cosa, así que no le haces ni caso. Aunque tiene unos labios sensuales no te lo imaginas comiéndote nada. De hecho, el título del post no está hecho para ti. Si, por alguna extraña razón, comienzas a hablar con él, descubres con horror una conversación interesante: peligro. No se limita a hablar de cosas superficiales; piensas: ¡intolerable! Algo en el fondo de tus entrañas, y no me refiero al chichi, te hace pensar que no estarás a la altura (y tan sólo porque tienes dificultades en conjugar el verbo convencer y el último libro que leíste fue el manual del windows 95). Aunque él no habla de física cuántica sino que pregunta sobre ti y trata de sacar temas de tu interés, buscas una excusa para huir.

Como tus amigas han desaparecido y ya has ido más veces al baño que tu prostático padre, consientes seguir hablando con él. Qué mala suerte. Encima descubres en él a un hombre educado que te trata como si fueras un ser humano y no un trozo de carne (muslo o pechuga). ¿Tendré mal puesto el wonderbra?, piensas.

El te cuenta cualquier cosa graciosa y te ríes. Por supuesto que no le entiendes pero es o reírte o tratar de contestarle, lo cual sería patético.
Piensas como una posibilidad remota el enrollarte con él (esto, si nadie más del local estuviese disponible, incluidos los camareros, el gorila de la puerta, el vendedor del cupón y la señora de la limpieza de los lavabos) pero no le ves dispuesto a mariposear por el local echándote miraditas estúpidas durante tres horas mientras se despeina cuidadosamente el flequillo, lo que le resta atractivo. Al contrario, insiste en hablar y saber de ti. Desde luego, ves grandes carencias en él: no fuma, así que, claro, no puede estar horas entretenido con un cigarro en una mano y la copa en la otra. No tiene excusa para estar parado sin hacer nada. Ves también carencias en la música: no es lo suficientemente alta para evitar que te siga hablando; que la gente siga hablando.

Bueno, al menos no intenta besarte. Menuda vergüenza que te vean con él tus amigas, no sabes ni donde trabaja, ni qué coche tiene y, desde luego, la ropa no es de marca.

Y hablando de tus amigas, aparecen en este momento. Ya tienes excusa para librarte de semejante pesado.

Te quedas sin sexo (el cual, por otra parte, no sería esta noche sino otra y precedido de una cena preparada por él, acompañada de un suave vino de La Geria y con un disco de alguna sugerente cantante de jazz de fondo, menudo rollo)

Te quedas sin sexo pero con la satisfacción de no volver a ver a Baltasar ni en pintura.
 
Allí estuve yo

Mucho tiempo sin escribir en este blog, sí, pero no por haber estado de vacaciones. Éstas duraron apenas diez días y, por cierto, estuve, entre otros lugares, en el que aparece en la fotografía.
Pero, en general, he estado bastante ocupado y sin internet, debido a la mudanza.

Mucho estrés y menos mal que, a pesar de que el profesor también se ha dado vacaciones, hemos tenido algunas sesiones de Yoga. En la última hacía mucho calor y el ventilador solo funcionaba a ratos, así que "el Ex" pidió un destornillador y se ofreció a ajustarlo sobre la marcha.
- Mi exmujer -nos comentó- me decía que tenía mucha habilidad manual.
- A mí también -se me escapó a mí.
- No sabía que hubieses estado casado
- Es que no lo he estado

Y así pasan los días y lo mismo no escribo más porque no me pasa casi nada y para hablar de las miserias del trabajo, mejor me callo.
 
Sarvangasana
Se acercan las vacaciones para muchos y también se nota en el mundo blog, donde han disminuido los movimientos. Yo escribo poco, más por falta de inspiración y exceso de trabajo que por otra cosa, y, aunque me voy a ir unos días, no creo que eso demore más de lo normal las letras que vierto aquí de vez en cuando.
Mientras tanto sigo con mi vida habitual. El otro día, en la clase de yoga, por más casualidades de la vida, faltaron todas las mujeres y nos quedamos solos el ex-marido de la mujer antes conocida como Ella y yo. Qué número vernos a los dos solos haciendo posturitas, igual sarvangasa que nataraj. A mi me entraba la risa floja, pero la mantuve interior. No puedo evitar recordar el genial comentario de Amanda: no es casualidad encontrarse en yoga al ex-marido de tu ex-novia, "es que aparentemente Ella saca de los nervios a todos los hombres que pasan por su vida"

Así que, aprovechando estas raras situaciones que me brinda el azar, procuré dar solución al problema suscitado en el anterior post. Dado que vivo al lado del Centro de yoga y hay unos contenedores de basura a la puerta, salí justo antes de la clase cargado de bolsas de basura haciéndome el torpe. Justo como esperaba, el ex llegaba en ese momento y se ofreció a ayudarme.
-Sí, gracias -le respondí- toma esta bolsa de basura y yo cojo las otras dos.
Y le dí la bolsa de basura que contenía las cosas íntimas de su ex-mujer. La cogió y la encestó con facilidad en el contenedor y ,un poco chulito, me dijo:
-Si no pesaba nada...
-No te haces idea de lo que pesaba -respondí, mientras pensaba en el acto psicomágico que acababamos de escenificar, y nos metimos tan contentos en la clase a entregarnos a nuestras asanas.

 
Nuestro pequeño mundo
Va pasando el tiempo y se supone que voy encontrándome mejor. Pero tengo mis altibajos, propios de mi carácter pero con las peculiaridades de vivir en la isla redonda.

El otro día soñé que estaba en la cama con la mujer antes conocida como Ella, y créanme, no fue un sueño agradable. Y al despertar me quedé fatal. Ya podía haber soñado con la Chica del Este, que cada día está más guapa, aunque también soy cada vez más amigo suyo y por tanto más padre y menos posible amante.

Y luego sucedió que haciendo limpieza apareció en un armario de mi casa un bolso de Ella, donde guardaba diversas cosas íntimas, y que nunca reclamó (ni reclamó eso ni volvió a llamar...). Y dudé si enviárselo por correo pero ya evité todo contacto en su momento y ahora me parece aún más absurdo y he pensado en quemarlo.

A mi amiga Bianca Castafiore no le parece mal que se lo envíe, incluso me sugiere que debería hablar con Ella porque, en su parecer, estoy "trincado" por no haberlo hecho en su momento. Dice que debo perdonarme a mi mismo y también a Ella, y todo ese rollo espiritual, para poder liberarme.

Yo puestos al rollo oriental y liberador prefiero la relajación, por lo que me he apuntado a clases de yoga. No se si va a liberarme pero, de momento, somos cinco en clase y uno de los alumnos es el ex-esposo de Ella.

No sé si el mundo es un pañuelo... o, simplemente, la isla redonda es muy pequeña.
 
Más sobre la felicidad
Años llevo leyendo sobre la felicidad. Parece que ahora psicólogos y psiquiatras le prestan más atención pues antes sólo se ocupaban de las enfermedades mentales. Devoro libros, artículos y entrevistas. Me intereso por los tres elementos que describe Seligman: la vida de plazer, la vida comprometida y la vida significativa; por el estado de flujo del que habla Mihaly Csikszentmihalyi; por el empathy gap de Daniel Gilbert y por infinidad de lecturas más. Nadie parece tener una definición aceptable de qué es la felicidad.

Entonces, de repente, estoy viendo por internet el telediario del país vecino y dan un reportaje sobre la búsqueda de la felicidad. Hablan varios expertos anglosajones (subtitulados, tienen allí esa buena costumbre) y también entrevistan a gente en un parque. Se acercan a un niño junto a una charca y le preguntan:
- O que é que te faz feliz, Henrique?
- Apanhar os girinos... e muitas mais coisas


(- Enrique.. ¿Que es lo que te hace a ti feliz?
- Coger renacuajos... y muchas cosas más.)


Para qué seguir buscando, no voy a encontrar una definición mejor.

 
Niños de ahora y sentimientos de antes
Estoy ahora disfrutando por unos días de una visita en mi reducida casa. Se trata de un matrimonio con sus dos hijos pequeños, de esos que se comportan como los niños de ahora. Sí, de esos que se niegan a lavarse y sus padres lo aceptan, que exigen comer una chuchería y sus padres se la dan, que se portan mal y sus padres les premian. Es decir, unos niños que tienen unos padres de los de ahora. Sí, esos padres que se sorprenden 20 años después de que a su hijo le dijo la novia que no y él le asestó cuarenta cuchilladas.

Así pues, estaba yo el otro día ya a punto de pedir hora para hacerme la vasectomía cuando me llama la Chica del Este. Sin casi saludar me empieza a contar sus cuitas amorosas, cosa que no me apasiona pero que sobrellevo con estoicismo. Más raro me encuentro cuando me pide consejo sobre los mensajes a escribir a sus ligues. Ya le he dicho que en ese caso parezco el Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, y no solo por la nariz. Pero creo que esa obra no solía aparecer en los programas de estudio de su país y, en todo caso, no lo pilla.

Pues el caso es que ya llevaba yo varias sesiones sufriendo su palpitar por cierto compañero de trabajo cuando ahora me dice casi llorando que está enamoradísima de un cliente de la empresa. Y luego se enfada si le canto esa famosa aria de Rigoletto, quizá porque canto muy mal, pero le viene al pelo.

Sin embargo, yo la escucho y la animo. Me repite cómo se le sale el corazón por la boca cada vez que ve a ese tipo... pero no la compadezco: la envidio, porque yo no he vuelto a sentir esas cosas.

 
Café mañanero
La escena comienza en el bar del desayuno. Una conocida del trabajo, mientras devora un donut de chocolate, le cuenta a uno de mis compañeros:
- Si es que lo que nos interesa a las mujeres es el interior...
Y yo pienso: qué ocasión para hacerme el descreído, y le digo:
- El interior de la cartera, claro
Y la otra entra al trapo y sigue con ese rollo romanticón, además con todos los tópicos:
- Buscamos un hombre que nos haga reir...
- Ahora eres tú la que me hace reir.
- Que sí, que lo importante es que tenga un fondo de conversación.
- ¿Un fondo de inversión?
- La belleza es secundaria...
- Al dinero... -le sentencio, pero mis golpes de chico haciéndose el duro no la acaban de frenar.

Y entonces, mi compañero de trabajo interviene y le dice:
- ¿Entonces por qué yo no tengo novia?

Demostración demoledora.

Y mientras la chica se queda callada ... yo pienso por qué en las encuestas la gente dice que ve los documentales de la TVE2 y lo que más le gustan son las revistas de historia y luego los datos de audiencia y de ventas revelan todo lo contrario. Y también me pregunto por qué esa chica va a sitios donde no se puede hablar y donde lo único que se aprecia es la apariencia externa y los signos de ostentación económica.

Y pienso en más cosas y creo que me voy a acabar creyendo mi papel... menos mal que aún está el mundo bloguero.

 
Botas
Me dice una amiga que nuestra sensibilidad es un handicap y yo añado que nuestra inteligencia, una condena.

Por eso, cuando La mujer antes conocida como Ella pasa por mi lado, con el habitual desprecio, no es éste, ni la nostalgia, los que me dejan fatal. Es, principalmente, ver como teñirse el pelo de naranja para que le haga juego con sus nuevas botas de ante le hace tan feliz.

Porque eso contrasta fuertemente con mi incapacidad en ese sentido. Ya sé que no he probado a comprarme botas de ante... ni esas blancas que parece que se llevan y que a mí me recuerdan a las que llevaba mi Madelman policia militar . Tampoco me he puesto medias a lo Pipi Calzaslargas (la Chica del Este dice que l.m.a.c.c.E. tiene el síndrome Obregón y se cree que tiene 20 años menos de los que tiene; ya la estoy viendo dentro de seis años saliendo con su hija, las dos juntas, a ligar a un MacDonalds).
Pues no. No necesito probar a comprarme complementos ni un coche nuevo para saber que eso no me hace feliz.

Y quizá mi infelicidad no resista una auditoría externa. El auditor me diría que mi vida es normal, que tengo trabajo, una casa, que ahora no hay ningún problema grave de salud en mi familia, que tengo aficiones y que he hecho muchas cosas. Pero yo me siento profundamente incapaz, porque nuestro objetivo fundamental en esta vida no es otro que ser feliz.
Así que agacho la cabeza y, claro, acabo fijándome en las botas.
 
Tertulia sobre el amor
Varios doctores discutían en un bar sobre qué tipo de enfermedad es el amor. Que es una enfermedad es algo que todos tenían claro.

- Yo creo que se trata de una enfermedad vírica –empezó el médico de cabecera-. Llega por épocas, se transmite con cierta facilidad, un beso o contactos más íntimos favorecen su propagación, produce un aumento de la temperatura y nos deja sin fuerzas.

No lo creo –dijo el cardiólogo- porque, en general, las enfermedades víricas provocan una resistencia inmunitaria en el paciente, de modo que está protegido para contraer de nuevo la enfermedad y sabemos que eso no ocurre con el amor… Ha de ser una enfermedad del sistema circulatorio: no hay más que ver como afecta al corazón, cursa con taquicardia, palpitaciones, cuando se acerca la persona amada. También la circulación periférica aumenta y se sonrojan las mejillas y entran unos calores… y por no hablar de otras reacciones circulatorias más interesante que se producen en ciertos órganos que no voy a nombrar porque estamos en horario infantil.

Pues más bien yo creo que se trata de una enfermedad neurológica –intervino el psiquiatra- siempre ha sido así. Provoca confusión, desorden mental, afectación de varias partes del cerebro; igual produce nerviosismo que periodos de ensoñación. Por otra parte, el nervio óptico también se ve afectado porque los enamorados ven las cosas de otra forma, cuando las ven… ya sabemos que el amor es ciego. Y en los nervios periféricos, a veces hay temblores, a veces inmovilidad en función de las emociones.

El camarero, que estaba oyendo todo esto, decidió intervenir.
- Perdonen que me meta –dijo- pero están muy equivocados. Yo no soy médico pero sé perfectamente la naturaleza de ese enfermedad que es el amor. El amor es una enfermedad del aparato digestivo. Empieza porque te apetece llevarte algo a la boca. Una vez en la boca puede resultar dulce o amargo dependiendo del tiempo que lleves comiendo esa comida. También afecta al estómago y sientes como mariposas -siempre se ha dicho- que revolotean allí. Claro que después también ataca a los intestinos y se siente un dolor horrible, como si te mordieran la barriga. Y acaba… claro... sin solución... siendo una mierda.
 
Amistad
Cuando mi amor me dejó me dijo aquello de “podemos ser amigos”. Mi psiquiatra y yo tenemos otra idea de la amistad y no es el premio de consolación por no conseguir el amor. Por ejemplo, alguien que sabe que estás ahogándote en tus lágrimas, que sientes que no vales nada y pasa por completo de ti, definitivamente, no es tu amigo.

Hace poco releí en un blog la frase de Moravia, “la amistad es más difícil y más rara que el amor, por eso hay que salvarla como sea”. Siempre he pensado en que una amistad de verdad no tenía caducidad mientras que el amor, querámoslo o no, dura poco más que un yogur. Pero quizá tenga demasiado idealizada la amistad. Quizá es tan corruptible como el amor, quizá es posible que muchos te utilicen como amigo (igual que pueden hacerlo como pareja) y luego te arrojen a la papelera tranquilamente.

Quizá no, estoy seguro.
 
Virus
Un virus, teóricamente infantil, me ha dejado fuera de circulación las últimas tres semanas. Está descrito que a mi avanzada edad la enfermedad resulta más grave pero eso no me ha librado de las burlas ¡Hasta de mi médico!
A las molestias de la enfermedad he tenido que unir la incomprensión del personal.
Pero sigo vivo. Sigo vivo pero no soy el mismo. Si algo nos diferencia de los demás individuos es nuestro ADN, que es el mismo en todas nuestras células y diferente al de cualquier otro ser humano.

Pues, para no aburrir a los que no sean aficionados a Redes o a C.S.I., resulta que el virus se integra con el ADN del paciente, así que mi ADN ya no es el mismo: ya no soy el mismo de antes.

Y ahora que me doy cuenta... empiezo a repetirme.