Hiperglucemia
Tras unos días llenos de ausencias se ha reabierto la temporada del abrazo. Empezó mal la tarde pues casi me topo con Ella a mi atropellada llegada a Lugar Cultural aunque trato de que estas cosas no me afecten pues creo que, en el fondo, le molestaría más a Ella que a mí. Al fin y al cabo, si no ha querido ponerse en contacto conmigo en estos siete meses supongo que es por protegerse de algunas preguntas evidentes que, sin el shock primero del inesperado abandono, podría hacerle. Y no me importaba mucho pues había quedado con Dulce que allí estaba esperándome mientras resolvía algunos asuntos a sus hermanos. Hubo entonces abrazos a discrección: a la llegada por nuestro encuentro; cuando se fue, de despedida; cuando le di una cosilla, de agradecimiento, y del mismo carácter cuando me regaló una pintura que había hecho hace unos meses en el lugar de la fotografía. Y por detrás de la imagen escribió delante de mi, copiándolo de su libreta de anotaciones más íntimas:

Surcamos la inmensidad
buscando lo desconocido
surcamos la mar
buscando nuevos horizontes
surcamos el universo
buscando nuevos mundos
surcamos la vida
y descubrimos que andamos
perdidos buscando lo que
tan sólo en nuestro interior
está y aún no encontramos.
Y así estoy yo ahora, tras tanto tiempo perdido, surcando los mares de mis venas, tratando de encontrarme y, de momento, tras esta jornada, observo que me ha subido el azúcar.
Hoy
El día en que tu nacisteNacieron todas la flores
El día en que tu naciste
Cantaron los ruiseñores.
Ya viene amaneciendo,
Ya la luz del día nos vio
Despierta, amiga mía,
Mira que ya amaneció.
Quisiera ser solecito
Para entrar por tu ventana
Y darte los buenos días
Acostadito en tu cama.
Por la luna doy un peso,
Por el sol doy un tostón,
Por mi amiga Valentina
La vida y el corazón.
De las estrellas del cielo
Quisiera bajarte dos,
Una para saludarte
Y otra pa' decirte adiós.
Campanas de boda para San valentín
Dentro de esta carrera de progreso hacia la generalización del matrimonio faltaba dar el paso definitivo y Luís García lo dio. Luís García ha decidido casarse por fin. Quiere hacerlo y luchará por conseguirlo. Ninguna barrera social ni legal se le pondrá por delante ¿Por amor? ¿Por necesidad? Hay quien dice que por las dos cosas a la vez. Hay quien dice incluso que las dos cosas remiten a lo mismo. Al menos en este caso. Luís García es el antihéroe postromántico: va a casarse con alguien a quien conoce de toda la vida y a quien nunca ha querido. Parece una grotesca contradicción. Pero Luís García ha ido madurando. Ya no es ese muchacho imberbe que enamorado de una vecina no dormía en toda la noche escribiendo versos que la enviaba desde la ventana en forma de avión. Luís García ya no es ese jovencito para el que el corazón siempre vencía a la razón y así debía ser, para quien lo útil siempre era enemigo de lo bello y que no concebía el amor sin sufrimiento. No, Luís García ya no es quién se arrojaba en brazos de la muerte por un abandono, quién no veía el futuro sin la mujer que amaba a su lado.
Luís García es un nuevo hombre, quizá el nuevo hombre. Varón, mujer, heterosexual, homosexual, todo eso da igual. Luís García es el hombre con mayúsculas, ese que buscaba Diógenes con una linterna en pleno día y que, a su pesar, Alejandro Magno nunca llegó a ser.Luís García va a casarse con alguien, como un compromiso, no porque le quiera sino porque tiene que aprender a quererle, porque sabe que, aunque ha sido quien más daño le ha hecho, han de caminar, vivir y dormir juntos lo que le quede de vida. En lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte les separe. Y le da igual que le digan que eso no es romántico. Es sobrevivir.
Luís García va a casarse el próximo día de San Valentín consigo mismo.
Y mi hermana pequeña me dice que semejante solución ya la descubrió su ahijada de cuatro años a quién le iban preguntando ¿Y con quién está casada mamá? ¿Y con quién está casado tío Pedro? Y así todos los conocidos, y al llegar a la pregunta ¿Y con quién está casada tu madrina? No respondió “con nadie” sino “consigo misma”
Y como no hay dos sin tres, Baltasar Aceno también se apunta a la autoboda. Para que no digan que los hombres eludimos el compromiso.