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DIARIO DE UN TREINTANERO
¿SERÁ POSIBLE SOBREVIVIR CON UN POCO DE DIGNIDAD?
Acerca de
Creo que, a estas alturas, solo hay dos opciones: o quemarse a lo Bonzo o tratar de seguir adelante

Sindicación
 
Soñando
Esta semana he vuelto a soñar contigo, niña linda, la niña más linda de mi redonda isla, mi niña más querida, el amor que más duele en este erial del cariño en que ahora vivo.
Apareciste ondeando cual bandera de mi melancolía, corriendo por el parque con la camiseta de tus frailes, que también fueron los míos; mía, ajena.
Te recuerdo a diario, recuerdo tu frente amplia, tu melenita corta, tu naricita imposible, tus dientes mudando por cuyos huecos exhibías -¡cochina!- un chicle. Recuerdo tu voz ronca de tanto gritar, tu acento de maga tan diferente al de tus padres...
Tu inteligencia... tan superior a la de tus padres.

Extraño tanto tus manitas y tus brazos, cogiéndote de mi cuello, trepando por los columpios, como un monito, impulsándote en voltereta continua en la playa. Incansable, indomable.
Me acuerdo de tí nadando hasta mí y jugando en el agua. Te recuerdo de mi mano cruzando los charcos, yendo de compras, haciendo la tarea. Te recuerdo comiendo mi comida y yo más pendiente de tu gusto que si tuviese a Arzak y a Arguiñano a la mesa. No olvido tu rostro viendo el teatrillo infantil en la alameda, jugando en el parque, probándote mil disfrazes.
Te recuerdo enfurruñada y luego sonriente. Te recuerdo llegando siempre tímida y no queriendo separarte después. Me recuerdo siendo feliz, todo ese tiempo.

Aún estás en mi mente viendo tus películas, contando tus chistes, con tu leche fría y sin azúcar, tumbada en el sofá, escogiendo siempre un hueco a mi lado y con tus mimos, pidiéndome una historia, antes de dormirte. Y yo acariciando tu pelo y bromeando sobre ese exceso de mimo y contándote cosas de mi infancia, de la infancia de mi padre. Y diciéndote mi cielo, mi tesoro, y velando tu sueño.
Te recuerdo también en todo mi futuro, ese que nunca existió y en el cual fuiste creciendo, estudiando, viajando y me acabaste dando nietos que no eran míos porque tú no lo eras. Pero sí, tan sentidos míos como tú siempre fuiste.

El lunes volví a soñar contigo, mi niña linda. Soñé que estaba perdido, y tú, preocupada, me buscabas, por si me había pasado algo, ¡Qué curioso!
Volví a verte en el territorio libre de mis sueños, el único lugar donde podré volver a disfrutar de tu encanto, preso siempre de las veleidades de quien comparte tu sangre. Mientras te veía en mis sueños dejé de pensar, por un momento, en por qué. Por un momento, no sentí el dolor, de querer y no querer que te olvides de mi.

Pero hoy te he visto. Hoy sé que todo este sufrimiento, todo este esfuerzo, ha tenido su fruto. Nueve meses y cinco días después de la ultima vez que estuvimos juntos has pasado a mi lado como si yo no existiera, porque yo ya no existo, mi niña linda, mi cielo, mi tesoro.
 
Haciendo cuentas
Un primo de mi padre, que murió (lógicamente) soltero, dividía a las mujeres en tres grupos:

1- Las que le gustaban a él pero él no les gustaba a ellas.
2- Las que él les gustaba a ellas pero, al revés, no.
3- Las que le gustaban a él y él a ellas pero no le gustaban a su madre.


Hace tiempo que lo de menos es que no le gusten a mi madre, aunque yo añadiría a la clasificación otro grupo:
4- Las que ni me gustan ni les gusto yo a ellas.

Este es el que verdaderamente explica la sociología del problema pues abarca a toda la población femenina del planeta menos tres o cuatro mujeres como mucho.
Y es que no sé si es por mi estado convaleciente, que incluye recaídas en la fase de la ira, o por qué, pero últimamente me pasan cosas muy raras con las mujeres.

Quedo con la señorita C. y tomamos unas cañitas (ella, yo no tomo alcohol). Total que, tras mucho coqueteo y algo de mareíto por su parte, acabamos en el lecho del dolor (es lo que más suelo sentir en mi cama, desde hace meses). Entonces ella espeta la frase:
- Esto es sólo sexo ¿No?
Y se pone a hablar de su ex, cosa que yo no haría con ella jamás, y, claro, salvo algún episodio de ciencia fricción me quedo batante mal el resto del tiempo.

Luego llega P., hermana de una amiga, y que vino por primera vez con nosotros al cine. Se va mi amiga con el marido a cuidar de sus niños y me quedo tomando un café con P. Y cuando todavía no había acabado yo el contenido de la taza, me dice:
- ¿Por qué no nos vamos a tu casa?
Pero de camino en el coche no me mete mano sino que se me pone a decir que si la tengo recogida (la casa), que si tal, que si cual. Y creo que al llegar fue peor porque comprueba que está ordenadísima (y la tapa del inodoro bajada) y entonces creo que piensa:
- (Debe ser homosexual, si no no se explica)
Pero dice:
- Uy, en la pila hay dos platos sin fregar. Tengo hambre, ¿Por qué no haces algo?
Entonces yo, antes que nada, me pongo a fregar los platos y ella dice:
- ¿Por qué te pones a fregar los platos?
Mientras podría pensar:
- (¿Por qué no pasas de preliminares y me echas media docena de polvos sobre la encimera?)
Aunque lo más seguro es que piense:
- (¿Por qué no pasas de limpiar y me das aunque sea un bocadillo que llevo un par de horas sin engullir y ya me está dando el bajón de glucosa? El lunes empiezo el régimen, lo prometo)

Y yo en cinco minutos le hago un guacamole con ensalada y unos pimientos que había asado el día anterior. Y pongo un fado en el equipo de música y la mesa en 30 segundos, todo conjuntado, tonos azules. Y supongo que ella piensa:
- (seguro que es homosexual, ahora no hay duda)
Pero no deja ni las migas. Y yo la rozo al ir a coger el orégano de la estantería y digo:
- Qué bien, me parece que voy a venir más veces a coger especias...
Pero ella sigue pensando en lo que sea y tras cenar y tomarse un té, se marcha abruptamente. Y yo también me quedo mal.

Y para acabar de rematar me voy a Lugar cultural y allí está F, la cual no para de manosearme -se aprovecha de que soy muy cariñoso, amable y que, en general, no sé decir que no- Y, mientras, yo miro a I, que me atrae bastante. Y ésta a su vez podría pensar:
- (Qué pena ese hombre tan interesante, culto y con esos ojazos verdes... y, sin embargo, parece que está saliendo con F...)
Aunque más bien creo que piensa:
- (Si me da tiempo antes de pasar por el gimnasio tengo que ir a devolver la película al videoclub, a ver como está el tráfico...)

Y yo viendo ya que voy a acabar como el primo de mi padre.
 
La fantasma y el Sr. Aceno
Pues esto estoy seguro de que no lo había mencionado antes. Es que se hace difícil y la gente no lo acoje con naturalidad pero yo no tengo la culpa. Pues bien, ahora que estamos de lleno en el tema paranormal, ha llegado el momento de hablar de con quien comparto mi casa. Y es alguien que, si bien no paga, tampoco hace mucho gasto. Y como quiera que no sé su nombre me veo obligado a llamarla La Fantasma.
Y la menciono en femenino porque una vez la ví con sus cabellos largos, claros y rizados, en un espejo.
Mi fantasma no da mucho la lata, apenas se me acurruca de vez en cuando y siento ese halo frio que mencionan los manuales. Y pasea, a veces, su sombra por los espejos. De psicofonías no he tenido quejas hasta la fecha. Y poltergeist, los justos. Es discreta, como su compañero de piso.

Y mis amigos me dicen que cómo soy capaz de vivir con un fantasma pero, la verdad, no tengo muchas quejas. Peor sería vivir con otros...

Y además mi fantasma me quiere bien (qué pena que esté más muerta que yo). Tenía yo el reloj de casa parado, y esto, además de una metáfora, era físicamente cierto, se le había gastado la pila. Y así llevaba semanas, así que mi fantasma decidió bajarlo de su ubicación y ponerlo en la encimera como diciendo "a ver si te pones en hora, te has quedado anclado en el pasado"
Y tenía razón, ya me lo ha dicho más gente. pero es así como hablan los espíritus...
Así que el otro día le puse la pila al reloj y también intenté ponermelas a mí. Aunque haya pasado bastante tiempo es como si estuviera empezando pero con nuevos ánimos.
Y como no podía ser de otro modo escribí sobre el vaho mañanero del espejo del cuarto de baño.
"Gracias, lo estoy intentando"
 
¿Estaré vivo?
El otro día, mientras caminaba en busca de un diapasón me hice esa pregunta. Y no sé por qué, aunque lo sospecho. Y ya sé que algunos la considerarán una pregunta estúpida pero ¿Por qué tendría que saberlo?. Si estuviera muerto no iría caminando en busca de un diapasón -me dirán- o quién sabe, al fin y al cabo, nadie ha vuelto para contarlo.

Y la abundante literatura no me ayuda mucho. Pienso que quizá no estoy muerto pues acabo de desayunar. Pero veo en el nuevo canal del todopoderoso (Cuatro) a la aparecida George, una chica muerta (al ser aplastada por el retrete de una nave espacial) que se dedica a acompañar en ese trance a los que mueren y darles la grata noticia, pero resulta que desayuna tortitas con sirope. Y luego está en la misma cadena (que parece que se nutre principalmente de cocineros y fenómenos paranormales) la cazavampiros y todas sus amigas de nariz de punta y también la rubia medium que está todo el día hablando con el cadáver de su suegro. Y las embrujadas de Tele5 no me van a resolver nada porque ni siquiera son consecuentes con el físico de las distintas hermanas y encima una se queda embarazada de un ángel, que digo yo que eso debería resolver definitivamente la cuestión del sexo de los ángeles. Pero a mí no me ayuda mucho.

Y, antes de que algún hombre me lo diga, recuerdo que las erecciones también son posibles después de la muerte. Y lo peor, sigue creciendo la nariz.
Así que lo mismo soy un finado y, entonces ¿Por qué sigo viniendo a trabajar? ¿Por qué siguen doliéndome tantos órganos de mi cuerpo? ¿Por qué Ella sigue paseándose delante de mí sin decirme ni hola? ¿Por qué esta tristeza tan atroz?
Y se me ocurre una más que evidente contestación: estoy muerto y he ido al infierno.
 
Mentiras y verdades (II)
Observando con cierto detenimiento acaba uno pensando que la verdad es un lujo, como lo es la generosidad. ¿Por qué se hace necesario mentir? ¿Por qué miente la gente? En general, para protegerse. Eso es lo que hacían Anabel y todos los que mentían en el anterior post de la serie. Aún en los casos más sangrantes, la mentira revela una debilidad, el no poder hacer las cosas de otra manera y tener que recurrir a mentir. Y esa debilidad no es sino una enfermedad. En ese sentido pienso que ninguno de ellos era malo, en el sentido de que el que hace mal es que no está bien. Por eso no creo en la maldad, aunque sí en la responsabilidad, porque uno puede hacer mucho daño a otros con sus acciones u omisiones.

Y puestos a protegerse con la mentira lo mejor es creérselo uno mismo. Ahí surge el autoengaño, en el que diversos mecanismos cerebrales nos permiten almacenar una versión de los hechos que jamás ocurrió pero que nos resulta favorable. Se ha demostrado recientemente que la mentira consume una gran cantidad de energía en el cerebro por lo que es un mecanismo que no se puede prolongar mucho: el autoengaño resuelve este problema.
Tal como se sabe, el cerebro lucha contra la ansiedad con una merma del sistema de atención. Discrimina los sucesos no convenientes y los hace desaparecer de la memoria consciente. Era lo que Freud denominaba represión. En general, todos los mecanismos de defensa (proyección, negación, sublimación, etc.) buscan falsear la realidad, ocultar lo que no nos interesa.

Hasta ahora hemos visto las ventajas del autoengaño sobre el propio organismo pero ¿Qué pasa cuando esa persona interacciona con otras? Pues, generalmente, a esas otras no les hace mucha gracia la mentira y tienden, además, a no distinguir si esa persona miente conscientemente o se está autoengañando. Nosotros vivimos en sociedad y tratar de sacar a la luz lo oculto, enfrentar nuestra realidad, no es simplemente un esfuerzo en el rigor psicoanalítico, es un requisito de la convivencia. Con una cierta exigencia de la sociedad, la mentira empieza a no compensar. Si no, que se lo digan a Clinton.