Aniversario y encuesta
El caso es que estoy paseando por la playa y se me acerca Ella y me dice: - Feliz aniversario, Balta.
A mi me sorprende (aunque no lo suficiente) que lleve un año sin hablarme y que ahora se acerque a felicitarme. Me hago el tonto.
- ¿Aniversario? Creí que tu cerebro carecía de Centro del Recuerdo...
- Pues ya sabes, hoy hace un año que te abandoné y quería expresarte mis deseos de paz y felicidad.
- ¿Qué se tomaba para evitar el vómito? ¿Primperán?...
- También quería presentarte a mi marido y a mis hijos.
Y aparece un individuo con más nariz que yo (lo cual es meritorio) y una extensa colección de niños SPF (o sea, relimpios, sin bacterias, y con cara de anuncio de Benetton, como los de Julio Iglesias y Miranda)
- No puedo creerlo: en un año y ya tienes marido y varios hijos- y dirigiéndome al marido- No te mueras que ya ves qué bien guarda ésta el luto...-
- Pues yo de negro estoy divina
- Sí, de la muerte...-dice el marido, y ambos rien y se besan, para celebrar la ocurrencia, mientras los niños hacen un castellet.
Esto no puede estar ocurriendo- pienso, y en efecto, enseguida me despierto sudando con la angustia habitual de las pesadillas que últimamente me atenazan. Así que enciendo la luz y compruebo que no estoy en la playa sino en la casa de mis padres. Es que este fin de semana estuve haciendo el ridículo por La Capital. La verdad, dejar el clima de la Isla Redonda para asarme de esa manera en el domicilio familiar fue como abandonar el paraiso para entrar en el infierno. Y como quiera que, efectivamente, se acerca el aniversario de aquel estupendo día en que Ella me abandonó, sigo pensando en cómo celebrarlo. Había pensado en una macrofiesta o fuegos artificiales (sin querer competir con Pamplona, que es su día, claro). Nada que recuerde a tristeza o a melancolía, algo fulgurante, épico, inolvidable.
Y, aunque no me gusta dar la lata, quisiera pedirles a los blogueros ideas de cómo celebrar este magno acontecimiento.
En la playa
El domingo aposenté mi adelgazado cuerpo sobre la arena de la playa. Fui con Chica del Este que me llamó cuando ya estaba en la parada del transporte público y yo todavía desayunando. Así que le dije que se pasara por casa. A su llegada, me avergoncé porque había unos zapatos por el suelo.
- Mejor, así parece la casa de un tío- dijo ella, reforzando mi sospecha de que habitualmente les parezco gay.
Y después, camino de la playa y en la misma, me relata sus últimos ligues. Y pienso en qué hombres le atraen: en general no tienen por qué ser guapos, sólo tener pinta de pijos y, por una u otra razón, no estar dispuestos a una relación seria. Y confirmo eso que dicen que el que te guste tenga pareja "molesta pero no impide" porque la mayoría de los tíos con los que tontea la tienen. Pero, eso sí, ella se queja de no tener novio.
En esto veo a lo lejos una pareja de amiguetes. Se conocieron en el mismo lugar y comenzaron a salir en las mismas fechas que Ella y yo. A ellos se les ve felices. Yo, ni siquiera he superado la fase de la ira. Así que vuelvo a pensar en la psicomagia y en cómo celebrar, a tal efecto, el aniversario de mi ingreso en abandonados anónimos, que es dentro de quince días. Creo que haré una fiesta. Que corra el alcohol.
Y luego nos encontramos con compañera de Actividad Cultural, que está embarazada, y con su encantador marido. Y yo le pregunto a la mujer grávida que si la criatura da pataditas y dice el marido:
- No, pero si quieres te las puedo dar yo.
Lo que me confirma que, detrás de una apariencia normal siempre puede haber un imbécil.
Pero yo sigo siendo simpático, lo cual empiezo a tomar más como un defecto que como una virtud. Igual cuando te dicen eso de "eres muy bueno" o cuando la Chica del este me dice que soy el más inteligente que conoce. Porque sé que, en mi ecuación, nada de eso da como resultante la felicidad.
- Mejor, así parece la casa de un tío- dijo ella, reforzando mi sospecha de que habitualmente les parezco gay.
Y después, camino de la playa y en la misma, me relata sus últimos ligues. Y pienso en qué hombres le atraen: en general no tienen por qué ser guapos, sólo tener pinta de pijos y, por una u otra razón, no estar dispuestos a una relación seria. Y confirmo eso que dicen que el que te guste tenga pareja "molesta pero no impide" porque la mayoría de los tíos con los que tontea la tienen. Pero, eso sí, ella se queja de no tener novio.En esto veo a lo lejos una pareja de amiguetes. Se conocieron en el mismo lugar y comenzaron a salir en las mismas fechas que Ella y yo. A ellos se les ve felices. Yo, ni siquiera he superado la fase de la ira. Así que vuelvo a pensar en la psicomagia y en cómo celebrar, a tal efecto, el aniversario de mi ingreso en abandonados anónimos, que es dentro de quince días. Creo que haré una fiesta. Que corra el alcohol.
Y luego nos encontramos con compañera de Actividad Cultural, que está embarazada, y con su encantador marido. Y yo le pregunto a la mujer grávida que si la criatura da pataditas y dice el marido:
- No, pero si quieres te las puedo dar yo.
Lo que me confirma que, detrás de una apariencia normal siempre puede haber un imbécil.
Pero yo sigo siendo simpático, lo cual empiezo a tomar más como un defecto que como una virtud. Igual cuando te dicen eso de "eres muy bueno" o cuando la Chica del este me dice que soy el más inteligente que conoce. Porque sé que, en mi ecuación, nada de eso da como resultante la felicidad.
En la consulta
Servicio de salud mental, Seguridad Social, consulta nº 4.Una mujer con bata blanca, muy atractiva, entra por la puerta hablando áún por su teléfono movil.
- Escucha Luis, ahora tengo un paciente. Te llamo en cuanto esté en casa y me haya servido un Chivas de 12 años. Adios, cariño.
Toma la historia médica, la relee un rato y me pregunta:
- ¿Y usted cómo se encuentra?
- Pues la verdad, bastante triste desde que no veo a mi mujer y a mi hija. No puedo dejar de pensar en ellas y no tengo ganas de hacer nada. Trato de ilusionarme con otras cosas pero no lo consigo. Así, no sé qué futuro me espera.
La mujer vuelve a coger la historia clínica. En esto entra un individuo.
- Bueno, doctora, el sistema informático ya está como nuevo. Si me necesitas... ya sabes. Ahora tengo que irme.
- Hasta luego, gracias- dice ella mientras sigue su culo con la mirada.
- ¿En qué estábamos?
- (en el culo del informático)- pienso yo pero no lo digo.
- Ah, sí... Me estaba contando como se siente.
- Pues sí, bastante mal, es como si tuviera hipotecado el futuro y no pudiera realizarlo de otra manera...
En esto abre la puerta un hombre de pelo cano y vaqueros apretados y dice:
- Lo siento, Amanda, no sabía que estabas ocupada, sólo venía por si querías tomarte un café.
- Luego hablamos - contesta ella deprisa sin dejar de mirarle hasta que cierra la puerta.
Bueno, ¿Dónde estábamos? -me dice la doctora
- Le estaba contando lo mal que me siento por no ver a mi mujer y a mi hija.
- Pues es absurdo.
- ¿Por qué?
- Por la sencilla razón de que usted no tiene ni una mujer ni una hija.
- Claro que sí, podría estar horas hablándole de ellas.
- No señor, lo que sucede es que, como en otros casos de shock, su mente ha creado una historia para salvar ese vacío y usted la percibe como real pero no lo es: usted no tiene ni una mujer ni una hija.
- Pero yo lo siento tan real...
- Es como yo le digo. Veamos, para que usted se dé cuenta que sólo son imaginaciones... ¿Que más cosas cree que tiene?
- Pues tengo un blog... creo.





