Postgrado
“Lo único que podemos saber del Creador, suponiendo que exista, es que siente una debilidad evidente por los coleópteros”.
Thomas H. Huxley
En contra de mis previsiones terminé mis estudios. Bueno, terminé esos estudios. Porque (¿Estaré enfermo?) siempre siento la necesidad de seguir estudiando.
Así que me enfrento a la posibilidad de hacer un curso que ahora llaman de postgrado: en resumen, por ley de este año nos redujeron la categoría de licenciado a graduado (pero sin necesidad de enrollarse con una mujer madura como Dustin Hoffman) y luego nos hacen pagar más formación para acabar dejándonos como estábamos. Así que voy por ahí mirando cursos y veo que es un negocio del que pocos se sustraen en participar.
Me ofrecen un Master sobre “el cumplimiento del Derecho Internacional” y me parece demasiado de ficción, así que me voy a historia egipcia y me encuentro con “Euskadi y Egipto: imperios paralelos”. Comprendo que la historia siempre va a ser un tema polémico, así que me inclino por la zoología, y me ofrecen el siguiente curso: “La memoria desmembrada: represión y matanza de elefantes en la guerra civil y el franquismo”. Desisto: no hay solución.
Y el caso es que, por azar, encuentro en una página web el siguiente curso de postgrado: “Cría del escarabajo pelotero (scarabaeus sacer) en Madagascar”. Al ser un curso a distancia, es algo parecido a las colecciones que se pueden comprar en los quioscos: con el primer fascículo dan las tapas y un kit para hacerte varias pelotas de estiércol tú mismo. Y es que la reproducción del escarabajo pelotero es un tema muy interesante, del que todo el mundo dice saber (basta hacer una búsqueda en google para descubrir miles de citas) pero que pocos conocen en profundidad.
¿Y por qué resultará tan interesante este diminuto ser? ¿Será porque el mover las bolas de estiércol por el suelo es parecido a lo que hace quien gobierne el universo con el sol, haciéndolo rodar por su órbita? ¿Será porque vuelven a renacer de sus propias bolas de porquería? Sorprende la cantidad de seres que se pelean por el estiércol… aunque ¿No sucede también así en el mundo laboral?
Leo en la primera lección que el escarabajo pelotero reduce el efecto de los parásitos y otras plagas en el ganado, hace más digerible el pienso y libera el nitrógeno del estiércol que fertiliza a las especies vegetales. Sorprende que todavía no les hayan dado el Premio Príncipe de Asturias. Y además, el escarabajo me reconcilia con la egiptología: era un animal sagrado. Y si acabo yo también adorándolo siempre puedo acudir a la empresa Joyería Faraónica, que me vende un colgante del susodicho animalito, estuchado, con cordón de seda o caucho (según los colores) por 34 euros más gastos de envío.
Así que estoy encantado. Me voy a por la siguiente unidad didáctica… y a comprar unas camelias, para una amiga convaleciente.
Thomas H. Huxley

En contra de mis previsiones terminé mis estudios. Bueno, terminé esos estudios. Porque (¿Estaré enfermo?) siempre siento la necesidad de seguir estudiando.
Así que me enfrento a la posibilidad de hacer un curso que ahora llaman de postgrado: en resumen, por ley de este año nos redujeron la categoría de licenciado a graduado (pero sin necesidad de enrollarse con una mujer madura como Dustin Hoffman) y luego nos hacen pagar más formación para acabar dejándonos como estábamos. Así que voy por ahí mirando cursos y veo que es un negocio del que pocos se sustraen en participar.
Me ofrecen un Master sobre “el cumplimiento del Derecho Internacional” y me parece demasiado de ficción, así que me voy a historia egipcia y me encuentro con “Euskadi y Egipto: imperios paralelos”. Comprendo que la historia siempre va a ser un tema polémico, así que me inclino por la zoología, y me ofrecen el siguiente curso: “La memoria desmembrada: represión y matanza de elefantes en la guerra civil y el franquismo”. Desisto: no hay solución.
Y el caso es que, por azar, encuentro en una página web el siguiente curso de postgrado: “Cría del escarabajo pelotero (scarabaeus sacer) en Madagascar”. Al ser un curso a distancia, es algo parecido a las colecciones que se pueden comprar en los quioscos: con el primer fascículo dan las tapas y un kit para hacerte varias pelotas de estiércol tú mismo. Y es que la reproducción del escarabajo pelotero es un tema muy interesante, del que todo el mundo dice saber (basta hacer una búsqueda en google para descubrir miles de citas) pero que pocos conocen en profundidad.
¿Y por qué resultará tan interesante este diminuto ser? ¿Será porque el mover las bolas de estiércol por el suelo es parecido a lo que hace quien gobierne el universo con el sol, haciéndolo rodar por su órbita? ¿Será porque vuelven a renacer de sus propias bolas de porquería? Sorprende la cantidad de seres que se pelean por el estiércol… aunque ¿No sucede también así en el mundo laboral?
Leo en la primera lección que el escarabajo pelotero reduce el efecto de los parásitos y otras plagas en el ganado, hace más digerible el pienso y libera el nitrógeno del estiércol que fertiliza a las especies vegetales. Sorprende que todavía no les hayan dado el Premio Príncipe de Asturias. Y además, el escarabajo me reconcilia con la egiptología: era un animal sagrado. Y si acabo yo también adorándolo siempre puedo acudir a la empresa Joyería Faraónica, que me vende un colgante del susodicho animalito, estuchado, con cordón de seda o caucho (según los colores) por 34 euros más gastos de envío.
Así que estoy encantado. Me voy a por la siguiente unidad didáctica… y a comprar unas camelias, para una amiga convaleciente.