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DIARIO DE UN TREINTANERO
¿SERÁ POSIBLE SOBREVIVIR CON UN POCO DE DIGNIDAD?
Acerca de
Creo que, a estas alturas, solo hay dos opciones: o quemarse a lo Bonzo o tratar de seguir adelante

Sindicación
 
Números infrecuentes
El tiempo pasa rápidamente y todo cambia sin darnos cuenta.
Un día te miras al espejo y ves que no eres el mismo- me dijo mi tío.
A mi me ha pasado algo parecido con mi mundo social.
En su momento, para ahorrar, contraté el programa de números frecuentes de mi compañía de telefonía móvil: elegí 5 números de teléfono, supuestamente los de la gente más allegada, y pagué una cuota de entrada con el compromiso de la compañía de que las llamadas a esos números me salían más baratas.
Pues por primera vez, no es la compañía la que no ha cumplido. Han sido mis expectativas sobre la gente las que me han fallado. Encuentro apuntados en un papel los cinco números que tenía elegidos hace dos o tres años y descubro que pertenecen a:
1- La mujer antes conocida como Ella, con la que llevo 18 meses sin contacto alguno.
2- N., que decidió no volver a conversar conmigo porque empecé a salir con la anteriormente citada.
3- T., que se echó novio y ya no tiene tiempo para mi.
4- I., que se fue a vivir a Gran Bretaña.
5- Mi madre

Menuda metáfora sobre el amor y la amistad.

Me gustaría hacerle yo una oferta a mi compañía telefónica: le pago el doble si me garantiza que la gente que me llama ahora me sigue llamando dentro de dos años.
 
Etimologias
Las palabras, que tanto adoro, son sin embargo engañosas y lo que significan pocas veces nos ayuda.

Esperanza fue mi primera novia y a la primera que perdí. Mi compañera Marina, que era de tierra adentro, me presentó a Rosa, que no estaba ya en la flor de la vida. Sus hermanas se llamaban Angelina, que era un demonio, y Candela, una chica más bien apagada. La madre se llamaba Gloria pero su padre no se encontraba así con ella.
Mi vecina Cruz, que es una persona muy llevadera, me presentó a su prima Margarita pero, como era ésta reacia a despetalarse, la dejé por Nieves, que no era tan fría como la anterior. Su amiga Esmeralda no era ninguna joya pero a través de ella conocí a Silvia, una chica urbanita que me introdujo en ambientes culturales (y yo hice por corresponderla, no en la cultura, claro). Silvia compartía piso con Marisol, Estrella y MariLuz, unas chicas poco brillantes pero muy limpias, no como Inmaculada, que vivió en la casa antes y dejaba todo hecho un asco.

Después de unos meses, Silvia me abandonó y, la verdad, no obtuve mucha ayuda de mis amigas: Consuelo no me ayudó mucho, Visi nunca vino a verme y Justa me echó a mí la culpa. ¡Qué diferente mi triste situación a la de mi hermana Sole, siempre rodeada de gente! Así que puse un anuncio en internet y empecé a tener citas con mujeres aunque a todas les encontraba defectos: Fina era muy basta, Paz, agresiva y Dulce, un tanto amarga. Luego vinieron Clara (a la que no entendía nada), Gracia (bastante sosilla) y Modesta, vanidosa enfermiza.

Pasé a apuntarme a una agencia de contactos pero todo siguió igual: Conocí a Lidia, incompatible conmigo porque odiaba el toreo; Alba porque se dormía muy temprano; Roció porque era muy seca. Ninguna mujer parecía ser lo que decía: Encarna era extremadamente pálida y Blanca demasiado sonrosada, Mari Fé era atea y Bárbara no era para tanto.
De Virginia y de Puri no voy a decir nada, porque soy un caballero…

Por eso, antes de acostarme, siempre rezo: Líbranos, San Isidoro, de las etimologías.

Y, por cierto, ¿Qué hago yo aquí que ahora mismo debería estar montado en mi camello y cargado de regalos?