Café mañanero
La escena comienza en el bar del desayuno. Una conocida del trabajo, mientras devora un donut de chocolate, le cuenta a uno de mis compañeros:- Si es que lo que nos interesa a las mujeres es el interior...
Y yo pienso: qué ocasión para hacerme el descreído, y le digo:
- El interior de la cartera, claro
Y la otra entra al trapo y sigue con ese rollo romanticón, además con todos los tópicos:
- Buscamos un hombre que nos haga reir...
- Ahora eres tú la que me hace reir.
- Que sí, que lo importante es que tenga un fondo de conversación.
- ¿Un fondo de inversión?
- La belleza es secundaria...
- Al dinero... -le sentencio, pero mis golpes de chico haciéndose el duro no la acaban de frenar.
Y entonces, mi compañero de trabajo interviene y le dice:
- ¿Entonces por qué yo no tengo novia?
Demostración demoledora.
Y mientras la chica se queda callada ... yo pienso por qué en las encuestas la gente dice que ve los documentales de la TVE2 y lo que más le gustan son las revistas de historia y luego los datos de audiencia y de ventas revelan todo lo contrario. Y también me pregunto por qué esa chica va a sitios donde no se puede hablar y donde lo único que se aprecia es la apariencia externa y los signos de ostentación económica.
Y pienso en más cosas y creo que me voy a acabar creyendo mi papel... menos mal que aún está el mundo bloguero.
Botas
Me dice una amiga que nuestra sensibilidad es un handicap y yo añado que nuestra inteligencia, una condena. Por eso, cuando La mujer antes conocida como Ella pasa por mi lado, con el habitual desprecio, no es éste, ni la nostalgia, los que me dejan fatal. Es, principalmente, ver como teñirse el pelo de naranja para que le haga juego con sus nuevas botas de ante le hace tan feliz.
Porque eso contrasta fuertemente con mi incapacidad en ese sentido. Ya sé que no he probado a comprarme botas de ante... ni esas blancas que parece que se llevan y que a mí me recuerdan a las que llevaba mi Madelman policia militar .
Tampoco me he puesto medias a lo Pipi Calzaslargas (la Chica del Este dice que l.m.a.c.c.E. tiene el síndrome Obregón y se cree que tiene 20 años menos de los que tiene; ya la estoy viendo dentro de seis años saliendo con su hija, las dos juntas, a ligar a un MacDonalds). Pues no. No necesito probar a comprarme complementos ni un coche nuevo para saber que eso no me hace feliz.
Y quizá mi infelicidad no resista una auditoría externa. El auditor me diría que mi vida es normal, que tengo trabajo, una casa, que ahora no hay ningún problema grave de salud en mi familia, que tengo aficiones y que he hecho muchas cosas. Pero yo me siento profundamente incapaz, porque nuestro objetivo fundamental en esta vida no es otro que ser feliz.
Así que agacho la cabeza y, claro, acabo fijándome en las botas.





