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DIARIO DE UN TREINTANERO
¿SERÁ POSIBLE SOBREVIVIR CON UN POCO DE DIGNIDAD?
Acerca de
Creo que, a estas alturas, solo hay dos opciones: o quemarse a lo Bonzo o tratar de seguir adelante

Sindicación
 
Imagina
(basado en un post de Amanda)

Acudes a un evento social. Todo el mundo finge pasarlo bien. La gente no se relaciona con casi nadie pero el éxito está en la cantidad de ganado y en la apreciación visual de la marca de la ropa, generalmente por personas del mismo sexo. La música puede gustarte o no pero aceptarás estar cuatro horas con una música francamente desagradable porque supones que a los demás sí les gusta, y tú siempre has sido una demócrata. Raro es que comas o bebas nada interesante allí.

Te presentan a Baltasar pero estás esperando otra cosa, así que no le haces ni caso. Aunque tiene unos labios sensuales no te lo imaginas comiéndote nada. De hecho, el título del post no está hecho para ti. Si, por alguna extraña razón, comienzas a hablar con él, descubres con horror una conversación interesante: peligro. No se limita a hablar de cosas superficiales; piensas: ¡intolerable! Algo en el fondo de tus entrañas, y no me refiero al chichi, te hace pensar que no estarás a la altura (y tan sólo porque tienes dificultades en conjugar el verbo convencer y el último libro que leíste fue el manual del windows 95). Aunque él no habla de física cuántica sino que pregunta sobre ti y trata de sacar temas de tu interés, buscas una excusa para huir.

Como tus amigas han desaparecido y ya has ido más veces al baño que tu prostático padre, consientes seguir hablando con él. Qué mala suerte. Encima descubres en él a un hombre educado que te trata como si fueras un ser humano y no un trozo de carne (muslo o pechuga). ¿Tendré mal puesto el wonderbra?, piensas.

El te cuenta cualquier cosa graciosa y te ríes. Por supuesto que no le entiendes pero es o reírte o tratar de contestarle, lo cual sería patético.
Piensas como una posibilidad remota el enrollarte con él (esto, si nadie más del local estuviese disponible, incluidos los camareros, el gorila de la puerta, el vendedor del cupón y la señora de la limpieza de los lavabos) pero no le ves dispuesto a mariposear por el local echándote miraditas estúpidas durante tres horas mientras se despeina cuidadosamente el flequillo, lo que le resta atractivo. Al contrario, insiste en hablar y saber de ti. Desde luego, ves grandes carencias en él: no fuma, así que, claro, no puede estar horas entretenido con un cigarro en una mano y la copa en la otra. No tiene excusa para estar parado sin hacer nada. Ves también carencias en la música: no es lo suficientemente alta para evitar que te siga hablando; que la gente siga hablando.

Bueno, al menos no intenta besarte. Menuda vergüenza que te vean con él tus amigas, no sabes ni donde trabaja, ni qué coche tiene y, desde luego, la ropa no es de marca.

Y hablando de tus amigas, aparecen en este momento. Ya tienes excusa para librarte de semejante pesado.

Te quedas sin sexo (el cual, por otra parte, no sería esta noche sino otra y precedido de una cena preparada por él, acompañada de un suave vino de La Geria y con un disco de alguna sugerente cantante de jazz de fondo, menudo rollo)

Te quedas sin sexo pero con la satisfacción de no volver a ver a Baltasar ni en pintura.
 
Allí estuve yo

Mucho tiempo sin escribir en este blog, sí, pero no por haber estado de vacaciones. Éstas duraron apenas diez días y, por cierto, estuve, entre otros lugares, en el que aparece en la fotografía.
Pero, en general, he estado bastante ocupado y sin internet, debido a la mudanza.

Mucho estrés y menos mal que, a pesar de que el profesor también se ha dado vacaciones, hemos tenido algunas sesiones de Yoga. En la última hacía mucho calor y el ventilador solo funcionaba a ratos, así que "el Ex" pidió un destornillador y se ofreció a ajustarlo sobre la marcha.
- Mi exmujer -nos comentó- me decía que tenía mucha habilidad manual.
- A mí también -se me escapó a mí.
- No sabía que hubieses estado casado
- Es que no lo he estado

Y así pasan los días y lo mismo no escribo más porque no me pasa casi nada y para hablar de las miserias del trabajo, mejor me callo.