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Diario de una descreída II
Fragmentos literarios, pintura, opinión (Música en imagen)
Acerca de

Gata disfrazada de loba. Un susurro en la grieta profunda y oscura de la noche. Ayer añorado y futuro incierto. Delirio sin dueño. Silencio de maldades, sin fauces ni zarpazos. Aliento perseguido y entrecortado. Tintero seco y olvidado. Salto mortal sobre el vacío, eternamente aplazado. Mezcla de aciertos y de errores; dudas y afirmaciones, convencimientos y desconocimientos. Hoja que, a veces, se encuentra separada de la rama, pero también puede ser tronco de raíces profundas. Vaivén de sentimientos, de clarooscuros, de aplazamientos íntimos, de carreras hacia cualquier parte...

 
No llegaremos muy lejos

Hace unos días mientras escuchaba a un amigo, especialista en Medio-ambiente, explicarnos el devenir del planeta en un futuro posible por los excesos de USA y China, me acorde de una canción que escuche hace algún tiempo. Esta canción es, según parece, una predicción sobre eso: un futuro posible, y fue prohibida tras los sucesos del 11-S en Estados Unidos.
Al parecer fue un éxito en 1969, y la primera canción de carácter ecologista... aunque lo fían demasiado largo, según creo.


(Música: "In the Year 2525 (Exordium & Terminus)", Zager & Evans)
 
Sembrar cizaña

Ser orgulloso o sentirse orgulloso son dos polos opuestos.

Los orgullosos son aquellos que tienen el ego excesivamente cocinado. Aunque a veces y por necesidad de subsistencia hay que tragarlos, su chamusquina siempre es indigerible y tiende a provocar vómitos.

Sin embargo, cuando el orgullo se transforma en sentimiento, su significado gira en redondo. Sentir orgullo es el combustible de la convicción, la energía que nos aísla de la frialdad de la duda, la brasa que mantiene cálido el cerebro.

El sentimiento de orgullo hace el trabajo de un armazón íntimo sobre el que construimos nuestra pertenencia a una familia, a un grupo, a un país. Se refuerza con realidades: la honestidad, el ejemplo, la capacidad, los éxitos. Y se destruye con estupideces: la crítica idiota y permanente, la avaricia de poltrona, la mediocridad, la falta de visión y ambición.

Sin sentimiento de orgullo nace la indiferencia, la apatía e incluso lo que es peor, la frustración.

Aquí es donde radica el gran delito de ciertos líderes políticos cortos de vista y vuelo. Su más que evidente y repetitiva mediocridad significa la mayor fatalidad para la democracia, porque provocan mucho más daño colectivo que su personal pérdida de credibilidad y votos: día tras día están consiguiendo que se vaya apagando el orgullo de pertenecer, algo que en términos electorales se traduce en abstención.

Ellos son la cizaña de la democracia.


Ángela Becerra

(Música: "Tramp", Otis Redding & Carla Thomas)
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