Nosotros, los del alma al aire;
nosotros los de pies descalzos
y flores en las manos,
invocamos la sombra del sol,
sombra de árbol virgen,
la sombra de madre,
la sombra de estrella.
Llamamos los signos,
revolvemos sus conjuros,
entre suspiro y suspiro,
entre camino y despego.
Nosotros los del alma al aire
llevamos el alma al aire;
sin ataduras,
sin puntos finales.
Andamos desnuditos por el mundo,
entre mar y mar,
entre río y risa,
invocamos la sombra del sol.
La sombra de años,
la sombra de espera,
de vidas y vidas,
de ciclos y ciclos.
Respiramos en el viento,
sobre lo que dicta la aurora,
desprotegidos,
sin armaduras, sin mentiras.
Nosotros los del alma al aire,
reímos desmedidamente
y amamos sin cuerdas,
sin hilos, sin ropajes.
Llevamos el corazón como estandarte,
marchando hacia el lugar
donde caminar desnudos
no sea una insolencia.
Sofía Santim






