Diario de una descreída II
Fragmentos literarios, pintura, opinión (Música en imagen)
Acerca de

Gata disfrazada de loba. Un susurro en la grieta profunda y oscura de la noche. Ayer añorado y futuro incierto. Delirio sin dueño. Silencio de maldades, sin fauces ni zarpazos. Aliento perseguido y entrecortado. Tintero seco y olvidado. Salto mortal sobre el vacío, eternamente aplazado. Mezcla de aciertos y de errores; dudas y afirmaciones, convencimientos y desconocimientos. Hoja que, a veces, se encuentra separada de la rama, pero también puede ser tronco de raíces profundas. Vaivén de sentimientos, de clarooscuros, de aplazamientos íntimos, de carreras hacia cualquier parte...

 
Premio Cervantes de Literatura 2008

" Mis viejos vinieron de Ucrania. Judíos los dos, mi madre pertenecía a una familia de rabinos en la cual el cargo se iba heredando al hijo mayor. Mi padre, en cambio, era de una familia humilde, de oficio carpintero. El se había casado una primera vez y con su esposa habían tenido dos hijos. Uno de ellos, el mayor, Boris, que tendría mucho que ver con mi gusto por la poesía. Mi papá llego por primera vez a la Argentina en 1912 o 1913, antes
de la guerra. Su mujer y sus hijos habían quedado allá en Ucrania. Cuando se produjo la revolución rusa, mi viejo (
activo militante en la revolución de 1905), volvió a su patria a reunirse con su familia. Pero le impidieron entrar al país. No hay que olvidar que había una guerra de 18 países contra la revolución rusa. Entonces, trato de que su mujer y sus hijos pudieran salir. Arregló todo para cruzar un río y escaparse en un botecito. Pero en el medio de la travesía se les dió vuelta el bote y su mujer y su hijo menor murieron ahogados. Boris se salvó porque un soldado se tiró al agua y lo sacó de los pelos. Después, mi papá y Boris decidieron quedarse. Allí, mi padre conoció a una muchacha estudiante de medicina en Odessa y se casó con ella, mi madre. Tuvieron otro hijo y en 1928 decidieron irse de la Unión Soviética. Mi padre se fue desilusionado de la URSS. Siempre se hablaba de la inmigración blanca, pero mi viejo formó parte de la inmigración obrera que se retiraba de la revolución rusa por no ver los cambios profundos que se decían. Llegó a la Argentina en 1929 y en 1930 nací yo, único argentino de esa familia.
Mi primer recuerdo es de muy chico. Tenía un perro que se llamaba Negrito. Una tarde se había escapado y yo salí a buscarlo. Me veo sentado en medio del empedrado de la calle, llorando al lado del cadáver del Negrito, arrollado por un coche. En esa época, cuando por las calles de mi barrio, Villa Crespo, pasaba un coche, todos los vecinos salían a aplaudir. ¡Pucha! Qué mala suerte la del Negrito. Boris, un gran lector, me recitaba poemas de Pushkin en ruso. Yo tenía cinco años y no entendía nada. Claro, no sabía ni media palabra en ruso. Pero Boris me recitaba y yo quedaba fascinado con aquellas palabras raras pero llenas de musicalidad, de ritmo. Pienso que aquellas lecturas de mi hermano definieron mi posterior amor por la poesía. "


Juan Gelman

(Música: "Milonga", Astor Piazzolla)
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