Existencias
Lo que en verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espera algo de nosotros. Dejemos de interrogarnos sobre el sentido de la vida y, en cambio, pensemos en lo que la existencia nos reclama contínua e incesantemente. Y respondamos no con palabras, ni con meditaciones, sino con el valor y la conducta adecuada. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta adecuada a las cuestiones que la vida nos asigna a cada uno en cada instante particular.
Esas tareas, y consecuentemente el sentido de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de forma y manera que resulta imposible definir el sentido de la vida en términos abstractos. Jamás se podrá responder a la pregunta sobre el sentido de la vida con afirmaciones absolutas. "Vida" no significa algo vago o indeterminado, sino algo real y concreto que conforma el destino de cada hombre, un destino distinto y único en cada caso singular. Ningún hombre ni ningun destino pueden compararse a otro hombre o a otro destino. Tampoco se repite ninguna situación, y cada una reclama una respuesta distinta. Una situación, en ocasiones, puede exigirle al hombre que construya su propio destino realizando determinados tipos de acciones; en otras, le reportará un mayor beneficio dejarse inundar por las circunstancias, contemplarlas y meditarlas, y entresacar los valores pertinentes. Y, a veces, la existencia demandará del hombre que sencillamente acepte su destino. Cada situación se diferencia por su unicidad irrepetible, y para cada ocasión tan existe una respuesta adecuada al problema que plantea.
Cuando un hombre descubre el sufrimiento, en ese preciso momento el sufrimiento se convierte en su única y peculiar tarea. Es más, ese sufrimiento le otorga el carácter de persona única e irrepetible en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento, ni sufrir en su lugar. Nada le sirve, ni el sufrimiento mismo: se personifica según la actitud que adopte frente a ese sufrimiento que la vida le ofrece como tarea.
Fragmento de "El hombre en busca de sentido", Víctor Frankl
(Imagen: "Reveries", Maxfield Parrish)
(Música: "Arabesque nº 2", Claude Debussy)
Esas tareas, y consecuentemente el sentido de la vida, difieren de un hombre a otro, de un momento a otro, de forma y manera que resulta imposible definir el sentido de la vida en términos abstractos. Jamás se podrá responder a la pregunta sobre el sentido de la vida con afirmaciones absolutas. "Vida" no significa algo vago o indeterminado, sino algo real y concreto que conforma el destino de cada hombre, un destino distinto y único en cada caso singular. Ningún hombre ni ningun destino pueden compararse a otro hombre o a otro destino. Tampoco se repite ninguna situación, y cada una reclama una respuesta distinta. Una situación, en ocasiones, puede exigirle al hombre que construya su propio destino realizando determinados tipos de acciones; en otras, le reportará un mayor beneficio dejarse inundar por las circunstancias, contemplarlas y meditarlas, y entresacar los valores pertinentes. Y, a veces, la existencia demandará del hombre que sencillamente acepte su destino. Cada situación se diferencia por su unicidad irrepetible, y para cada ocasión tan existe una respuesta adecuada al problema que plantea.
Cuando un hombre descubre el sufrimiento, en ese preciso momento el sufrimiento se convierte en su única y peculiar tarea. Es más, ese sufrimiento le otorga el carácter de persona única e irrepetible en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento, ni sufrir en su lugar. Nada le sirve, ni el sufrimiento mismo: se personifica según la actitud que adopte frente a ese sufrimiento que la vida le ofrece como tarea.
Fragmento de "El hombre en busca de sentido", Víctor Frankl
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