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Diario de una descreída II
Fragmentos literarios, pintura, opinión (Música en imagen)
Acerca de

Gata disfrazada de loba. Un susurro en la grieta profunda y oscura de la noche. Ayer añorado y futuro incierto. Delirio sin dueño. Silencio de maldades, sin fauces ni zarpazos. Aliento perseguido y entrecortado. Tintero seco y olvidado. Salto mortal sobre el vacío, eternamente aplazado. Mezcla de aciertos y de errores; dudas y afirmaciones, convencimientos y desconocimientos. Hoja que, a veces, se encuentra separada de la rama, pero también puede ser tronco de raíces profundas. Vaivén de sentimientos, de clarooscuros, de aplazamientos íntimos, de carreras hacia cualquier parte...

 
Con amigos así... (o la inmoralidad informativa)


En este país y desde hace ya treinta años, cada cual tiene la libertad de escribir sobre lo que estime oportuno y, por supuesto, la responsabilidad sobre aquello que escribe. Eso mismo es lo que le dije a don Luís Herrero-Tejedor cuando me reclamó ayuda para escribir un libro acerca de mi padre. Le expliqué, con la mayor cordialidad y respeto, el compromiso que contraje con mi padre y que ello me impedía participar en cualquier obra del tipo de la que él pretendía abordar.

Me di cuenta que no le hacía ninguna gracia lo que le estaba contando y, si bien es cierto que no esperaba grandes aportaciones a la historia -
no por la falta de talento del autor, que lo tiene y mucho, sino por la falta de datos importantes y reales-, lo que no esperaba en absoluto es el resultado final que hoy se nos ofrece bajo el presuntuoso título de "Los que le llamábamos Adolfo". Suele ocurrir que los que más alardean de una determinada cercanía son los más distantes.

Es importante matizar que el gran y mejor amigo de mi padre fue -
y ha seguido siendo mientras ha podido recordar- don Fernando Herrero Tejedor, hombre recto y admirable donde los haya, no su hijo don Luis, a quien mi padre siempre ayudó como forma de honrar la memoria de su amigo, tristemente fallecido en accidente de tráfico un 12 de junio de 1975, mientras su mujer, doña Joaquina, y mis padres asistían a una corrida de toros en Las Ventas.

A pesar de la gran relación con sus padres, siempre mantuvo hacia él una especial desconfianza por muy diversas razones, entre las que se encontraba el convencimiento de que todo lo que se dijera en su presencia lo iba a utilizar, y lo iba a hacer de forma interesada. Esto es muy conocido por todo el círculo íntimo de mi padre y del que no ha formado parte nunca don Luis, fuera de ser el hijo de quien era. Es cierto que se han visto en muchas ocasiones, pero no son tantas ni tan importantes como intenta traslucir.

En cualquier caso, no recuerdo en los últimos 30 o 35 años un solo domingo en los que don Luis participase en una de las meriendas que regularmente organizaba mi madre para ese grupo de amigos tan reducido del que disfrutábamos. Tampoco le he visto nunca pasar unos días de verano en nuestra casa familiar, cosa que sí hacían los verdaderos amigos de mis padres como Emilio Vera o Fernando Alcón y que no salen de su asombro por las afirmaciones vertidas y la utilización que se intenta hacer de ellos.

Tal desconfianza, muy típica de mi padre y manifestada en numerosas ocasiones, queda hoy más que justificada con la publicación de la obra citada más arriba. En ella, se deslizan insinuaciones -
cuando no afirmaciones- en las que no voy a entrar, pero se hace algo extremadamente más grave y que demuestra el poco respeto de su autor por alguien que, entre otras cosas, sigue vivo: poner en boca de mi padre frases con las que se hace daño a instituciones y personas a cuya defensa ha dedicado toda su vida política y por las que hubiera dado materialmente la vida.

Muchos de los datos que se vierten en ese libro son absolutamente falsos y forman parte de leyendas urbanas del peor gusto, lo que demuestra la mala calidad de algunas de sus fuentes y la falta de rigor. Aún así, es mucho más grave el uso que hace el autor del entrecomillado para atacar, él sabrá por qué, a Su Majestad el Rey. Nunca le he oído semejantes palabras a mi padre, y dudo mucho que la confianza con don Luis fuera mayor que la mía. Pero suponiendo que fuera verdad -
y me es imposible creerlo-, su revelación hoy sería una traición en toda regla a esa supuesta amistad y confianza. Máxime cuando el interesado no puede defenderse. O miente don Luis, o traiciona don Luis.

En cualquier caso, se aprovecha don Luis de la enfermedad de una persona que no puede rebatir sus afirmaciones, como estoy absolutamente seguro que haría si pudiera.


Adolfo Suarez Illana

(Y una canción que nos quiere arrebatar la corriente pro-fascista del PP -con Aceves y Zaplana a la cabeza-, esos arribistas hombres de paja de oscuros interesés. Jarcha, Libertad sin ira... sin duda la canción que mejor define el periodo de Adolfo Suarez. Todo un honor haberlo tenido como presidente del gobierno de mi país... aunque ahora estemos pagando el precio de la "transición", no hubiera sido así de haber tenido una ruptura, justo despues de la derrota del fascismo tras el 23-F.)
(Imagen: "Adolfo Suarez", Guijarro)
(Música: "Libertad sin ira", Jarcha)
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