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Dias de Arena y Sidra
Andabamos buscandonos... pero sabiendo que andabamos para encontrarnos
Acerca de
De todas las cosas que se pueden hacer con un ordenador, las más inútiles son las más divertidas
Sindicación
 
Lamarck-Caulaincourt
Paris es una tentación, un inmenso abanico de templos gastronómicos y, en su mayoría, un peligro para los bolsillos. Alejado de las rutas turísticas y de vanas grandilocuencias topamos en la Rue Lamarck con un restaurante de envidiable relación calidad-precio y trato familiar formidable.
Au Poulbot Gourmet es el restaurante de Jean-Paul Langevin, una casa-museo dedicada al dibujante Francisque Poulbot en la que se degustan productos de temporada excelentemente escogidos, pesentados de manera tradicional y con unos precisos tiempos de cocción. Elegimos de primero ostras frescas, fabulosas con su hielo escarchado que conservan plenamente su aporte de yodo y un pate hecho en casa de conejo, con parte de las visceras del animal en el centro, perfectamente condimentado. Algo que no hay que dejar de probar en Paris son los pates, la sopa de cebolla y el choucrutte de ciertos bistrots. De segundo elegimos raya y carne de la espina dorsal del buey. Jugoso todo, con mucho acierto el buey y sorprendente la raya, un pescado muy desaprovechado en España. Postre de chocolates y un acrema de chantilly con frambuesas. Remate de espirituosos y cuenta de 120 euros muy razonable. Vino Burdeos que no falte (en este restaurante hay una excelsa oferta) y a silbar una tonadilla mientras llueve sobre paris. Gloria bendita.
No