La Ruta del Vino
Antes de continuar con mis crónicas parisinas os paso los apuntes de mi incursión primaveral hacia el este. En principio la idea, como estos últimos años, pasaba por estar un par de dias en San Sebastian, pero decidí darme un respiro de Bella Easo, no agobiarla y acercarme hasta Logroño y sus alrededores. Así pues este artículo va a ser de gran agrado para los seguidores de mis crónicas de mesa y mantel, sobre todo para Fito del que mucho me acordé durante este viaje al rememorar nuestra histórica visita a las Bodegas de Carlos Serres en Haro a mediados de los noventa. Empieza a segregar pues tus jugos gástricos, amigo.
La primera noche chateamos por la calle Laurel de Logroño y sus tropecientas mil tascas y trompas, asentando con tapas diversas: Setas, chapiñones, chistorras...En la vecina calle Portales cenamos en el Asador Ardanza, sitio dedicado a la mítica bodega de La Rioja Alta donde para no ser menos descorchamos un gran reserva del 95 de su afamado 904. 37 euros de vino bien pagado que hace que uno se reconforte con la memoria del buen vino y el gusto de los secretos del mejor caldo riojano embotellado. se cenó foie fresco con reducción de Módena, parrillada de verduras de la tierra y chuletillas de cordero a la brasa. Trato agradable y precio razonableen un restaurante que espera nueva visita de nuestra parte.
A la mañana siguiente cogimos la carretera nacional de Logroño a Vitoria y así llegamos hasta Laguardia, capital histórica de la Rioja Alavesa. A los pies de la Sierra Cantabria esta ciudad horadada por cientos de cuevas que sirven para elaborar y almacenar vino desde hace siglos se convierte en un remanso de paz y regocijo, más aún en un día primaveral en el que la vista de los viñedos desde el paseo que bordea la muralla que defiende el poblado resulta embriagadora.
Comimos en Mayor de Migueloa, un antiguo palacio restaurado que cuenta con bodega propia desde 1616. Cocina de la región con algunos toques vanguardistas. Revuelto de perrechicos, pencas y pimientos rellenos, cordero asado( (bastante por cierto) y ciervo con salsa de miel.Remate de canutillos rellenos con chocolate fundido y vino crianza de la propiedad del que se bebieron muy buenos tragos. Un sitio en el que se paga quizá en exceso el entorno y del que no se sale plenamente satisfecho por pequeños detalles en la mano del cocinero.
Para enganchar de nuevo la autovía de regreso continuamos por la gloriosa carretera general hasta Labastida, dejando atras bodegas como Ysios, Remelluri, Dinastia Vivanco en Briones, La Rioja Alta y tantas y tantas otras.
Planeo ya la próxima escapada a la Rioja con la esperanza de llevar a mi lado a mis mejores amigos. Dificil, pero...
La primera noche chateamos por la calle Laurel de Logroño y sus tropecientas mil tascas y trompas, asentando con tapas diversas: Setas, chapiñones, chistorras...En la vecina calle Portales cenamos en el Asador Ardanza, sitio dedicado a la mítica bodega de La Rioja Alta donde para no ser menos descorchamos un gran reserva del 95 de su afamado 904. 37 euros de vino bien pagado que hace que uno se reconforte con la memoria del buen vino y el gusto de los secretos del mejor caldo riojano embotellado. se cenó foie fresco con reducción de Módena, parrillada de verduras de la tierra y chuletillas de cordero a la brasa. Trato agradable y precio razonableen un restaurante que espera nueva visita de nuestra parte.
A la mañana siguiente cogimos la carretera nacional de Logroño a Vitoria y así llegamos hasta Laguardia, capital histórica de la Rioja Alavesa. A los pies de la Sierra Cantabria esta ciudad horadada por cientos de cuevas que sirven para elaborar y almacenar vino desde hace siglos se convierte en un remanso de paz y regocijo, más aún en un día primaveral en el que la vista de los viñedos desde el paseo que bordea la muralla que defiende el poblado resulta embriagadora.Comimos en Mayor de Migueloa, un antiguo palacio restaurado que cuenta con bodega propia desde 1616. Cocina de la región con algunos toques vanguardistas. Revuelto de perrechicos, pencas y pimientos rellenos, cordero asado( (bastante por cierto) y ciervo con salsa de miel.Remate de canutillos rellenos con chocolate fundido y vino crianza de la propiedad del que se bebieron muy buenos tragos. Un sitio en el que se paga quizá en exceso el entorno y del que no se sale plenamente satisfecho por pequeños detalles en la mano del cocinero.
Para enganchar de nuevo la autovía de regreso continuamos por la gloriosa carretera general hasta Labastida, dejando atras bodegas como Ysios, Remelluri, Dinastia Vivanco en Briones, La Rioja Alta y tantas y tantas otras.Planeo ya la próxima escapada a la Rioja con la esperanza de llevar a mi lado a mis mejores amigos. Dificil, pero...