Donde Come un Camionero...
Al día siguiente de la entrevista nos pusimos de nuevo en marcha. Cruzamos las provincias de Alicante, Murcia y Granada, donde paramos en una venta donde comimos en un bar de camioneros. Estos sitios gustan de ser visitados de vez en cuando porque te demuestran que pese a quien le pese hay cosas en nuestra España que no cambiarán en la vida y una de ellas son los restaurantes donde jalan los camioneros. Menú del día con plato fuerte, segundo de carne con patatas y postre a precio asequible, rodeado de moscas y jaulas con cds de los Chichos o Manzanita y camareras orondas. Costumbrismo revertiano.
Llegamos a Málaga al caer la tarde, a Ciudad Jardín más concretamente. El barrio de Adriana. Con sus canis, sus merdellonas y sus ciclomotores. Lo mejor de la enésima vuelta a Málaga fue su tapeo por el centro en bares como Pepa y Pepe, Lo Güeno, Casa Bárcenas, Cervecitas, El Piyayo y un largo etcétera. Tambien los desayunos en el café de La Abuela. Siempre un pitufo con tomate, aceite de oliva y sal.
Tuvimos que levantarnos pronto el día siguiente a nuestra llegada para que Adriana se acercara al campus a recoger su pretítulo universitario. Le perdimos porque a mi se me ocurrió resguardarlo de la lluvia en un periodico que nos birlaron en la cafetería de la universidad. Allí Adriana quería ver a una profesora para que la orientara en el mundo laboral. Fue imposible encontrarla. Con la misma nos enteramos de que la entrevista de Adriana en Valancia ha sido en vano. Hagan apuestas para ver quien ha cubierto la vacante. Conclusión: A quien madruga Dios no ayuda. Al mediodía nos enteramos de que el pretítulo había aparecido en secretaría. Ahora ningún intruso podría ejercer de traductor bajo la licenciatura de mi novia.
Llegamos a Málaga al caer la tarde, a Ciudad Jardín más concretamente. El barrio de Adriana. Con sus canis, sus merdellonas y sus ciclomotores. Lo mejor de la enésima vuelta a Málaga fue su tapeo por el centro en bares como Pepa y Pepe, Lo Güeno, Casa Bárcenas, Cervecitas, El Piyayo y un largo etcétera. Tambien los desayunos en el café de La Abuela. Siempre un pitufo con tomate, aceite de oliva y sal.
Tuvimos que levantarnos pronto el día siguiente a nuestra llegada para que Adriana se acercara al campus a recoger su pretítulo universitario. Le perdimos porque a mi se me ocurrió resguardarlo de la lluvia en un periodico que nos birlaron en la cafetería de la universidad. Allí Adriana quería ver a una profesora para que la orientara en el mundo laboral. Fue imposible encontrarla. Con la misma nos enteramos de que la entrevista de Adriana en Valancia ha sido en vano. Hagan apuestas para ver quien ha cubierto la vacante. Conclusión: A quien madruga Dios no ayuda. Al mediodía nos enteramos de que el pretítulo había aparecido en secretaría. Ahora ningún intruso podría ejercer de traductor bajo la licenciatura de mi novia.





