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Dias de Arena y Sidra
Andabamos buscandonos... pero sabiendo que andabamos para encontrarnos
Acerca de
De todas las cosas que se pueden hacer con un ordenador, las más inútiles son las más divertidas
Sindicación
 
Plaza del Mercado
... o de Jose Antonio, pese a quien le pese. Centro de mi pueblo que ha perdido gran parte de su brillantez y alegria.
Hace dos decadas la Plaza Jose Antonio era un patio de recreo los dias de diario para decenas de jovenes y era un mentidero para las marujas de las calles colindantes. Los sabados era emplazamiento para el mercado, que por aquel tiempo era mas bien un zoco, con pajareras, hojaldres, cazuelas de barro, leche recien ordeñada...
Yo vivi mi infancia en la Plaza, en el tercero de al lado del Boga- Boga, una casa que ya no puede despertar recuerdos en mi porque quede demasiado impresionado por el deterioro en el que está tras mi ultima visita. Desde su balcon los arboles de la plaza me marcaban el animo con su apariencia en primavera. En ocasiones me despertaba para ir al colegio con el vapor del surtidor de gasolina que recuerdo dulce.
En la calle debajo de mi casa habia un garaje que olia a garaje y era oscuro. Ahi se reparaban bicicletas. Al lado el pequeño estanco, el aroma del tabaco y mas alla la Barberia de Hilario con sus jaulas de canarios y el olor a baron dandy.
Aun hay veces que San Vicente sabe sorprenderme a pesar de que los tiempos y las costumbres indefectiblemente cambian.
A pesar de que la plaza no presente la vida de antaño y los viejos comerciantes se hayan visto sustituidos en su mayoria por otros menos....humanos.
Y creo que si me sigue sorprendiendo es porque ligo en mi pensamiento los recuerdos de mi feliz pasado con la realidad que se me presenta y aunque la desilusion es casi siempre la sensacion que sobreviene a veces me da por pensar que quiza algun dia los viejos tiempos vuelvan.
 
 
Comentario:
Pues la verdad es que ya me había olvidado del viejo taller donde reparábamos nuestras bicis. Recuerdo sin embargo la gran farola que coronaba el centro de la plaza y que posteriormente fue sustituida por el mosaico del escudo de San Viente para nostalgia de algunos. Y sin duda recuerdo mis tardes con Mimi, Richard, María África, Tamara y Mayte atravesando los portales en monopatín y patines pasando tan rápido como me era posible y deleitándome con el ensordecedor ruido que hacían las ruedas resonando al pasar sobre las juntas de las baldosas y que era amplificado por los soportales para mayor ira de Hilario, mi peluquero en aquel entonces(posteriormente sustituido por su hijo Miguel), que no dudaba en salir a reprendernos cuando el atronador ruido hacía enmudecer incluso a los canarios de su peluquería. Pues bien esta plaza de Jose Antonio se ha convertido en mi segunda casa o como muy ingeniosa y acertadamente definió Pedro: Mi ecosistema. Paso en ella una gran cantidad de horas diarias y me siento entre sus bancos como en mi propia casa. Sin duda el panorama ha cambiado sensiblemente pero... ¿acaso no hemos cambiado también nosotos?
No