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Días de lluvia
Historias, anécdotas y reflexiones personales
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DPV

He vuelto. Ha pasado mucho tiempo, lo sé, y si alguien me ha echado de menos, pronuncio mis más sinceras disculpas. Yo también he añorado este pequeño mundo, pero quería desconectar en vacaciones. Al no marcharme a ningún sitio (una de las dos desventajas de la soltería es que no sabes con quién irte, y la otra la dejo en el aire… aunque creo que está clara), he intentado encender el ordenador lo menos posible, anteponiendo la playa y el relax a cualquier contacto con el mundo cibernético y frívolo de los once meses laborales... que me quedan por delante.

Por aquello de disgustarme antes de tiempo, en el paso del ecuador de mis más de cuatro semanas de vacaciones, en mi cabeza empieza la cuenta atrás hacia el temido día de la vuelta al trabajo. Soy el ejemplo viviente de lo que se define como depresión post-vacacional. Y mañana vuelvo al trabajo. Once meses más. El tristísimo otoño y el temible invierno por delante. Despedirme de mis amigos “hasta el próximo fin de semana”. Qué cortas son las vacaciones, dios mío.

En todo este tiempo, novedades las justas, para variar.

Finalmente, mi jefe decidió separarse, y durante el mes de julio todo eran demandas de divorcio, eternas conversaciones telefónicas con abogados, con su futura ex mujer, con sus familiares… Y ya sin esconderse de nada. Fui partícipe de todas sus tribulaciones… con todo el estrés que eso conlleva, por aquello de mi pronunciada empatía… y de mi nueva opinión formada sobre él, a la que no me atrevo a calificar de “sentimientos” porque me da pánico. No sé qué tal le habrán ido las vacaciones, pero ahora viene lo peor, el juicio, la custodia de los niños… y si no aprendo a “desempatizar”, acabaré con un ataque de ansiedad como mínimo.

En agosto he ido mucho a la playa, y estoy tremendamente morena, para lo que son mis costumbres.
Tres amigas y yo fuimos a pasar un día a un balneario, con sus circuitos termales, sus masajes, su restaurante, su piscina… Impresionante. E impresionantemente caro, aunque ya que no me he ido de vacaciones, el gustazo me lo di sin pena ninguna ni remordimientos de ningún tipo. Además, si descontamos el precio del gorro, las zapatillas, la bolsita y el albornoz que me llevé (por error), tampoco salió tan mal el tema. Qué cutre soy, robando cosas y encima contándolo… pero lo ponían tan sumamente fácil, que era difícil resistir la tentación.
He salido a cenar fuera con los amigos, hemos ido de excursión, y un día fuimos a iniciarnos (algunos) en un campo de golf. Aunque digamos que no me entusiasmó eso de tirar bolas con un palo para diestros. Siendo zurda y poco hábil, lo tenía complicado. Actividades varias y divertidas, no me puedo quejar. El tiempo ha acompañado poco, pero podría haber sido peor.

Otro día me despertó aquel espeluznante tintineo del cencerro y, sí, efectivamente, mis amigos caballo y cabras habían vuelto al ruedo. Pero en esta ocasión, el granjero o quien fuese había puesto una especie de tronco metálico cilíndrico en el hueco de la discordia y los animales, aunque lo intentaron, no consiguieron entrar. De momento, no han vuelto. Ni falta que me hace.

Y eso es todo… por ahora. Mañana me veré las caras con mi jefe. En principio, estoy casi segura de que no me apetece en absoluto. Pero tal vez me equivoco. Pero no tardaré otros dos meses en volver. Lo prometo. La Lluvia volverá a caer en plena Depresión Post-Vacacional. Y seguirá cayendo y cayendo, para empapar a quien quiera refrescarse con más historias y recuerdos.

Estoy aquí de nuevo, y esta vez, para quedarme.