Amigos, compañeros, caprichos y Reiki
Ante todo, otra disculpa a mi/s lector/es por mis prolongadas ausencias. La verdad es que el síndrome post-vacacional me está afectando de una forma muy distinta este año. O tal vez sea otro mi problema. El caso es que me siento “rara”.
Para empezar, de la noche a la mañana, el capricho de mi jefe se me ha pasado. Queda algo de curiosidad y de morbo, pero es una dosis muy escasa. Saldría con él a cenar… sí. Le escucharía e intentaría ayudarlo… también. Me acostaría con él… en principio, no. Será simplemente que nos hemos hecho amigos, después de cuatro años. Sigo pensando que somos de dos mundos distintos que pueden unirse por un hilo de amistad y confianza. Pero nada más. Por otro lado, el hombre insiste en no contarme que tiene una aventurilla a cuatrocientos kilómetros de aquí. Y por más que yo le digo, lo niega y lo niega. No entiendo por qué.

Puede que también influya el hecho de que R., un buen amigo común entre J., el de la casa del cementerio o mi eterno amor de juventud, y yo, quiera hacer de celestina después de tantos años de desencuentros con J.
J. sigue con su novia yanqui, que lleva aquí unos cuatro meses. Lo mejor que podía pasar, porque así se definirá la situación: o se termina del todo su relación, o continúa, como efímeramente se dice, “para siempre”. Porque tener pareja al otro lado del charco es muy fácil. Tanto como no tenerla.
R. le dio una excusa a J. para que me llamara por teléfono. Y ahí me enteré yo de sus intenciones. Insiste en que esa chica no es para él. Y ahora ella tiene que ir a hacer “unas gestiones” a su tierra y a reflexionar sobre su relación o a decidir si vuelve o no.

Si algo he aprendido de tantos desengaños (muchos por mi poco tino en la elección del hombre adecuado) es que no pienso volver a obsesionarme con nada. Nada quiere decir nada; ni un hombre, ni un trabajo, ni una amistad, ni una casa… Antes, cuando mi jefe “amenazaba” con cerrar o traspasar la empresa, mis pulsaciones aumentaban a ritmo de maratón. Ahora pienso que tengo una licenciatura, cuatro idiomas y varios años de experiencia… en la calle no me quedaré. Y respecto a J., ya sabe dónde vivo. Es cierto que me veo con él como no me he visto con nadie, por aquello de la compatibilidad en términos fríos, y por aquello de la conexión, la intimidad, la confianza y el amor (¿por qué no?) en términos más viscerales. Pero no pienso salir de caza. De entrada, me gustará ver cómo se cumplen las predicciones de R. Yo interpreto el papel de buena amiga de J., y defiendo su relación como no lo hace nadie. En realidad, lo que quiero es que sea feliz, y si tiene que serlo con ella, no me importa. Desde los 13 años hasta los 31, hay tiempo para acostumbrarse a las situaciones. A ver por dónde nos sale la norteamericana… Yo, mientras tanto, a seguir con mi vida.

La tensión en el trabajo es tremenda. Justo cuando empecé las vacaciones, estaba al límite del ataque. No creo que hubiera aguantado una semana más. En realidad, los primeros siete días, estuve prácticamente todo el tiempo durmiendo. Lo necesitaba.
Ahora, después de haber cargado pilas, he vuelto al ruedo, pero el otoño es lo que es, el proceso de separación de mi jefe está en su cúspide, y me estoy empezando a cansar de todo. No será fácil encontrar un trabajo donde se me permita desempeñar mi otro trabajo. Tengo todo controlado, estoy cerca de casa y, por lo pronto, el horario no me disgusta. Así que no voy a marcharme. Pero la dichosa tensión ha hecho de las suyas, y se ha manifestado en forma de contracturas musculares en la espalda, que me han costado ya un par de masajes.

Muy cerca del trabajo (como siempre, me muevo mejor en las distancias cortas) se ha organizado un curso de iniciación al Reiki. El Reiki, para más datos, es un método para sanar enfermedades, eliminar el estrés, relajarte y sentirte feliz mediante la canalización de "energía universal" o en otros términos, la energía del amor puro. REI significa universal o sin limites, y se refiere al universo que nos rodea. KI significa energía vital, lo que fluye en todo ser viviente. El método consiste en aprender a controlar y a combinar las dos energías, la interna y la externa.
Sé de primera mano que las sesiones de Reiki realmente funcionan. De hecho, no se trata de nada esotérico. Es un hecho palpable que la energía está en nosotros y en todo lo que nos rodea. Hace tiempo traduje un artículo sobre esta práctica y, desde entonces, he conocido personas que se han sometido a sesiones, y que han quedado sorprendidas y encantadas con los resultados. Pues bien, yo quiero ir más allá. Quiero saber hacerlo. Quiero hacer todos los cursos necesarios hasta alcanzar la maestría. Sonará “sectario”, pero hacía tiempo que me rondaba por la cabeza, y ahora he sentido una especie de “llamada”. Quiero ayudarme a mí misma y poder llegar a ayudar a los demás. Faltan poco más de tres semanas para el curso y estoy impaciente.

Estoy liadísima de trabajo, con las traducciones y la tensión de mi jefe. La verdad es que hasta yo lo estoy pasando mal con todo esto, y eso que, en principio, a mí no me afecta para nada. Es curioso, las cosas salen cuando menos interés se pone en ellas. Llevo meses intentando encontrar una excusa por la que mi jefe tuviese que venir a casa. Y mi casa, que ya empieza a escucharme, se me ha adelantado. Cuando mis padres están fuera, mi hermano también y los fontaneros escasean, son caros y lentos, se me ha descollado el desagüe de la pila de la cocina. Una avería lo suficientemente tonta como para ahorrarme el fontanero y lo suficientemente complicada como para no poder arreglarla yo sola (el esfuerzo ha sido irrisorio, también hay que admitirlo). Mi jefe, amablemente, se ha ofrecido a venir a echar un vistazo.

Otra vez lo mismo: cuanto más fácil, menos interesa. O cuanto menos interesa, más fácil, no lo tengo del todo claro.
Según dijeron las cartas hace meses, tendré una aventura sin importancia antes de empezar a establecer una relación con cierto futuro. Entonces parecía inviable… pero ahora que las cosas aparecen más concretas… ojalá tuvieran razón…
Revelación
Creo que por fin lo he entendido.
Lo que me mata por dentro es que NO ME NECESITE.
Espero que las cosas cambien...
Invisible
A veces no me entiendo a mí misma. En fin, que me he encaprichado de un hombre con el que ni siquiera sé si quiero algo. Es todo lo contrario de lo que me gusta a mí, pero me apetece mucho que me tire los tejos. Me gustaría llegar a algo con él, pero no demasiado lejos. Siento algo y no lo siento. En el fondo, me da la impresión de que es como un reto personal. Es la rabia de que no me vea como una mujer, sino como un elemento más de la oficina. Estoy aquí, tío, ¿no me ves?
A lo mejor es porque quiero compañía y es lo que tengo más a mano. Porque, de verdad, si lo pienso, no me conformaría con alguien así. Aunque, por otro lado, para tener un amigo, tampoco hace falta el hombre perfecto. Con que me haga reír y podamos hablar… Y eso ya lo tengo. Quizá es porque soy testaruda, y cuando se me mete una idea en la cabeza, a por ella que voy. Y cuanto más difícil lo tengo, más quiero. Es como un desafío particular. Mírame, fíjate en mí, estoy aquí.
La vuelta al trabajo no ha sido tan dura como pensaba. Ya lo decía mi terapeuta… a ver si este año no hay síndrome post-vacacional… A ver, por mí, seguiría de vacaciones, al menos mientras el clima acompañe y pueda seguir disfrutando de la playita y el sol, y mantener mi bronceado. Estoy morena, ¿te has dado cuenta?
Mi trabajo está en una especie de “centro comercial”, o así lo llaman los pretenciosos de mi pueblo, porque quien haya estado en el Corte Inglés, se puede reír y mucho. Tiene dos plantas, es pequeñito, hay pocos locales… y alucino porque todavía hay gente que se desorienta… Vivir para ver. En fin, el caso es que mis compañeros de los locales vecinos se han deshecho en halagos y piropos, qué guapa, qué morena, cómo has adelgazado, qué bien te han sentado las vacaciones. Hola, estoy aquí, ¿no me ves distinta?
Me visto la mar de mona, con modelitos sexys a la par que elegantes y femeninos. Las mechas se me han aclarado con el sol, y en combinación con el bronceado, me dan una vida que se perderá en cuanto el otoño empiece a causar estragos. En primavera revivo, en verano florezco y en otoño me marchito. Y en invierno… ojalá pudiese hibernar, porque estoy apagada como una muerta. ¿No ves la luz de mi cara? ¿No ves que me preocupo por ti? ¿Todo el mundo puede decirme cosas bonitas menos tú? ¿Es que me ves igual que hace unos años? ¿Es que acaso me ves?
Desde hace unos meses estoy en plena fase de “espionaje laboral”. Investigo los movimientos de mi jefe. Eso es curiosidad pura y dura, y entre las facturas que yo manejo, lo que me explica él mismo, y alguna incursioncilla que otra en su vida, tengo una idea bastante clara de lo que es su existencia actual. Hoy me he enterado (por pura casualidad, y no precisamente de su boca) de que tiene una historia con una persona que conoció en un chat cuando las cosas con su mujer empezaron a romperse. La tiene a cuatrocientos kilómetros de aquí. Aún no tiene fecha para el juicio y ya está con ella. Con la primera persona que ha conocido por Internet. Y YO le enseñé todo lo referente al chat, a Internet en general y a los ordenadores en particular. Si no sabía ni manejar el ratón… En mala hora se me ocurrió. ¿Así me lo agradeces? ¿Yéndote con la primera que se te ha puesto a tiro? ¿Por qué ni siquiera lloras sobre mi hombro? En el fondo, no quiero más.
…Creo.
A lo mejor sólo quería tener a alguien cerca en mi misma situación. Alguien con quien poder ir a cenar, al cine, de fin de semana… Yo sin pareja durante años, y un capullo integral la encuentra en unos meses… y en un chat. Ahora más que nunca, tengo que conseguir que me veas. Primero que me veas, luego que me mires, y después que te mueras por tocarme.
La mujer invisible. Esa soy yo. Me muero de rabia. Rabia de fijarme en alguien que no se lo merece y más rabia aún de que ese alguien mire a través de mi transparencia.






