logotipo

img_google
Días de lluvia
Historias, anécdotas y reflexiones personales
Acerca de

Vótame

convocado por:
20minutos.es

Sindicación
 
Reflexión de una tarde de primavera

Mis amigas están respondiendo a la supuesta llamada de la naturaleza y están teniendo hijos. Ya tengo cuatro “sobrinitos” y otro en camino. En cambio yo, o tengo las líneas ocupadas y, cuando la naturaleza intenta contactar conmigo, estoy apagada o fuera de cobertura, o mi arroz es de esos que nunca se pasan. El caso es que a mí la naturaleza aún no me ha localizado.



Supongo que mi síndrome de Peter Pan tiene alguna relación con esta cuestión. Yo me planté a los veinticinco. Y desde entonces hasta ahora, aunque mi vida ha cambiado en muchos aspectos, no he advertido en mi persona ninguna evolución como mujer, al menos en términos convencionales y tradicionales. Casarme de blanco y por la iglesia, convivir los años de rigor, tener el primer hijo, luego buscar la parejita… son cosas que jamás me han hecho ilusión alguna.
Muchos dicen que no me apetece tener hijos porque no tengo pareja. No obstante, según afirman todas esas estadísticas en las cuales creo cada vez menos, a las mujeres a partir de los treinta se nos despierta el instinto maternal, sean cuales sean nuestras circunstancias. Y no creo que el hecho de tener o no un marido esté supeditado al deseo de ser madre. Es más, pienso que si algún día quisiera descendencia, la tendría, independientemente de mi situación conyugal. Pero no quiero. ¿Es eso un problema?

En contra de lo que pueda parecer, me encantan los bebés. De hecho, al llevarme tantos años con mis hermanos pequeños, he convivido con niños durante mucho tiempo. Estoy literalmente loca por Víctor, el primer bebé de mi grupo de amigos, al que he cuidado y quiero como si fuera mío. Tal vez es porque su madre era amiga mía de la facultad, su padre era amigo mío de los fines de semana, y en una unión de amistades por mi cumpleaños se conocieron, luego se enamoraron, al cabo de unos años se casaron y ahora tienen al bebé más guapo del mundo. O tal vez es porque el roce hace el cariño, y nos vemos cada fin de semana. Por los motivos que sean, lo adoro.



A veces me inquieta el hecho de no ser como la mayoría del resto del mundo. O como mínimo, de mi mundo. Mi madre, que por suerte no enloquece por ver a su hija entrando vestida de novia en una iglesia, siempre me dice que no me pierdo nada. Que tengo que hacer lo que realmente quiero, y que no estoy obligada a seguir el hipotético camino correcto marcado por la gran mayoría. Y tiene razón. Soy feliz viviendo sola y no me apetece tener hijos. Me encantan los niños… pero los de los demás. ¿Por qué tendría que sentirme rara o culpable? ¿Por qué voy a hacer caso de todos los que opinan que me falta algo? Por ahora, no me falta nada.

A decir verdad, me falta algo, sí. Pero no es precisamente un hijo. Quiero una aventura. Quiero a un hombre en mi cama. A ese hombre.
Ya.
Ahora.
Será la primavera, serán los meses de estiaje, será que me he encaprichado por una persona en concreto, será que me he propuesto firmemente conseguir lo que pretendo…

Pero ya no me asusta reconocer que sé con quién quiero mi aventura. ¿Por qué no? No creo que haga daño a nadie. Sólo quiero un amigo, un amante, un poco de vibración. No quiero destruir nada ni a nadie. No quiero interponerme entre dos personas. Pero si llego a conseguir mi objetivo, no nos engañemos, no habré interferido en ese abismo insalvable que separa a un matrimonio. Y si, por obra y gracia de una energía superior se produjera el milagro de la reconciliación, mi lluvia se retirará y dará paso al sol y a la luz de un día nuevo. Buscaré los clamores del trueno en otro lugar.



Nunca deja de llover. Lo que sucede es que la lluvia no cae siempre en el mismo lugar. Yo soy esa lluvia que cae incesantemente, ahora aquí y ahora allá. Cuando el sol brilla, yo estoy en otro espacio, intentando que mi existencia y la de quienes me rodean sean más agradables, más tranquilas y más felices. La lluvia es buena… allí donde es necesaria.

 
 
Comentario:
Cuando quieras te lo presento, Lluvia, pero debo advertirte que en el terreno amoroso imita el plan James Bond: lo último que sé es que tiene dos novias y una amante...
A Brosnan se parece en lo externo: relojes suízos, porsche, las mismas gafas que lleva Bond en "Muere otro día", la misma ropa de marca...
En el físico no, aunque con las posibilidades que ofrece la cirugía estética, quién sabe...
Ah, no es príncipe.
Es dentista :)
Muchos besos, Lluvia
X.
 
Comentario:
Gracias otra vez, X. Ni te imaginas lo feliz que me hace leer tu comentario.

Por cierto... preséntame a tu primo, ese que se parece a Pierce Brosnan ;-)

Un saludo,
 
Comentario:
Adelante, Lluvia! Tienes toda la razón.
Realmente consigues hacer existencias más agradables, incluída la de este que te lee. Me encanta tu forma de expresarte y de escribir.
Y que lo que opinen los demás, que le den dos duros!Lo importante es lo que opines tú, lo que sientas, lo que quieras. Lo que disfrutes. Lo que te haga más feliz.
Ese cuadro es precioso.
A mí también me encantan los bebés. Y aunque no creo que haya ninguno ni a corto ni a medio plazo, también asumo como míos un par de "sobrinitos" que me han llegado de un tiempo a esta parte.
Besos
X.
No