E y P
Hace poco más de un año, me reencontré casi por casualidad con una antigua amiga del instituto. Cuando teníamos dieciséis o diecisiete años, compartimos un curso, muchas confidencias, varias prendas de ropa en común, una buena cuota de diálogo, y una gran amistad.
Pero ella dejó el instituto y, a pesar de vivir muy cerca la una de la otra, fuimos dilatando las distancias, hasta que dejamos de vernos.
A lo largo de los casi quince años que han pasado desde entonces, nos encontramos alguna que otra vez, en la cola del cine, en una boda, en algún bar. Y la firme proposición de llamarnos y retomar nuestra antigua amistad quedaba siempre en promesa incumplida, por ambas partes, y sin motivo justificado o aparente.
Pero el año pasado, poco después del fallecimiento de mi abuela, me encontré de nuevo con ella. Tal vez porque los acontecimientos recientes me hicieron reflexionar sobre la cantidad de personas que dejamos en el andén durante viaje en el tren de la vida, o sobre lo poco que disfrutamos de su compañía, la cual no valoramos hasta que la perdemos, en aquella ocasión decidí firmemente no perder una potencial amistad que había dejado escapar en varias ocasiones.
A partir de aquel momento, empezamos a vernos con mayor periodicidad. Me presentó a una gran amiga suya de la infancia, que todavía se recuperaba del mal trago de un matrimonio tan breve como fallido. Tras unas cuantas citas con las dos, su amiga yo empezamos a entablar una buena amistad.
Por un momento, a mí no se me había ocurrido pensar que, aunque fuimos íntimas durante un tiempo, quince años y una serie de acontecimientos pueden cambiar definitivamente el rumbo de una persona. Al poco de nuestro reencuentro, empecé a sentir una especie de envidia ante la gran cantidad de amigos y amigas que tenía, y ante sus ganas de vivir y moverse por el mundo. Como el círculo en el que yo giro es bastante cerrado, quise dejarme aleccionar por su forma de ver las cosas. Pero, con el paso del tiempo, empecé a conocer otras cosas sobre mi amiga, tales como una bulimia nerviosa debida en parte a la terrible muerte en accidente de su pareja, a la incomprensión familiar de la que era víctima, a la soledad, al fracaso de otra relación y a su inmensamente baja autoestima. Su interminable círculo de amistades se reducía a un Chat. Sí, es cierto, los amigos eran físicos y no digitales, porque se había reunido con muchos en diversas ocasiones, pero, al menos para mí, ese tipo de amistades pierden gran parte de la esencia de las relaciones humanas, que se basa en el roce cotidiano, en el día a día, en el contacto físico y visual y en muchos otros aspectos que Internet no proporciona, al menos por ahora.
Por otro lado, E., mi amiga, siempre me hablaba de P., su amiga, como de una persona insegura, tremendamente dependiente de la amistad que las unía, sola en la vida y muy afectada por su separación. En cierto modo, me chocó ya que, lo que aparentaba ser una longeva amistad, era realmente una relación materno-filial, de la que E. estaba empezando a cansarse.
Cuando P. y yo empezamos a forjar una relación más sólida, me llevé una tremenda sorpresa, ya que me empezó a contar la insoportable dependencia que tenía E. de ella. “No sabe estar sola, me necesita, y yo no puedo estar siempre pendiente de sus problemas. Tengo mi vida, y una hija de la que ocuparme”.
Desconcierto desmedido.
Se supone que E. es mi amiga de toda la vida, pero… quince años son mucho tiempo. El suficiente como para no reconocer a una persona. Y más en el tortuoso trayecto entre la adolescencia y la madurez. Una decía de la otra lo mismo que la otra decía de la primera. Y yo en medio del triángulo, sin saber a qué atenerme.
P. y yo empezamos a quedar a comer o a cenar, pero siempre bajo la premisa de que era mejor que E. no lo supiera, ya que se sentiría al margen y no podría soportar los celos.
Durante el año que ha transcurrido tras nuestro reencuentro, he ido descubriendo la obsesión que ambas tienen con el sexo, cada una a su manera.
E. acude a citas con los hombres que conoce en el Chat, con los que disfruta de encuentros sexuales plenamente satisfactorios. O, al menos, eso afirma.
P. sale por las noches a buscar presa a un bar musical, del que muchas noches termina llevándose a algún hombre a su casa para acostarse con él.
Pero lo que buscan ellas es amor. Y creo que se equivocan de camino.
Tanto una como la otra afirman que mi pachorra ante la vida es un error. Ambas, cada una con su sistema, me instan a buscar el amor siguiendo sus métodos.
En cambio, yo pienso que las dos están errando el tiro. Yo siempre he asegurado que no sería capaz de acostarme con un desconocido y, hasta la fecha, me mantengo en mis trece. Ellas buscan el amor mediante encuentros forzados y creen que, siguiendo el sistema de prueba y error, acabarán por acertar.
Tal vez yo me esté equivocando al no salir de mi mundo, pero no es tan fácil hacerlo. Que le pidan a un pez que salga del agua. Yo soy feliz con mi vida social, laboral y familiar, y no me apetece cambiarla. A pesar de que disfruto mucho de mis comidas, cenas y salidas con E. y P., al estilo de Sex in the City, a veces me siento vértice de un triángulo irregular, variable y muy desconcertante. Ellas mantienen su amistad entre ellas y conmigo, y parece que empiezan a aceptar el hecho de que yo nunca voy a posicionarme en un bando o en el otro.
Curiosamente, en lo que sí me apoyan ambas incondicionalmente es en tener una aventura con mi jefe. Y en este caso, adopto la misma actitud que ante los horóscopos de las revistas. Si me conviene, les doy la razón...
Además, qué mejor suerte la mía, que voy cada día a trabajar con una alegría…
Comentario:
Precisamente hoy hablaba con una compañera del trabajo del tema de dar sexo a cambio de cariño. Últimamente estoy viendo ke hay muchas mujeres ke han entrado en esa dinámica. Es muy triste. Ellas mismas no se dan cuenta que, ante los ojos de los hombres a los ke ellas entregan su "flor" buscando amor, están quedando como unas auténticas p[CENSURADO]s, y, como bien dice el dicho, "trapo, como te veo te trato", y así poco amor van a encontrar...
Bueno LLuvia, me ha gustado mucho leerte. Un beso mu grande. Aufwiederlesen.
Bueno LLuvia, me ha gustado mucho leerte. Un beso mu grande. Aufwiederlesen.
Comentario:
Me encanta cómo y lo que escribes. Vendré a visitarte de vez en cuando. Y sólo una cosa. ¿Podrías hacer que lo primero que se leyera al entrar fuera lo último que has escrito?
Un abrazo (electrónico)
Un abrazo (electrónico)
Comentario:
Hola, "Auto-bombo", me ha hecho gracia tu comentario en el foro de 20minutos.com y he pasado a leerte.
Me ha dado un poco de pereza porque sale la letra muy pequeñita, pero al final he conseguido leerlo entero.
¿Me presentas a E. y P.? ^_^
Me ha dado un poco de pereza porque sale la letra muy pequeñita, pero al final he conseguido leerlo entero.
¿Me presentas a E. y P.? ^_^
Comentario:
Yo he hecho igual que tú, Lluvia. Nunca he podido acostarme con una desconocida, o llegar a un aquí te pillo aquí te mato. Para estas cosas fui siempre bastante tímido, pero tenía las ideas muy claras a ese respecto. Aún así, como todo el mundo, he llevado palos muy grandes. Hasta que al final, cuando menos lo esperaba, todo se ha encarrilado y he encontrado lo que buscaba. Estoy seguro de que a ti te ocurrirá lo mismo.
Y haces bien, pero que muy muy bien en tener esa alegría para ir a trabajar... ;)
Había perdido tu dirección, pero ya he vuelto a encontrarte. Buf, llevé un susto... porque es un auténtico placer leerte.
Besines
X.
Y haces bien, pero que muy muy bien en tener esa alegría para ir a trabajar... ;)
Había perdido tu dirección, pero ya he vuelto a encontrarte. Buf, llevé un susto... porque es un auténtico placer leerte.
Besines
X.






