¿Tres son multitud?
Hace ya algunos años, me enamoré locamente del que, hasta la fecha, ha sido el gran amor de mi vida.
Y no es J.
Lo curioso del asunto es que, de entrada, la impresión inicial que me llevé de él fue más que nefasta. Y yo que creía (y sigo creyendo) en la opinión que me merece una persona a primera vista…
Lo conocí, o mejor dicho, lo vi por primera vez un verano, en el club de tenis que tanto frecuento desde mi adolescencia. Yo estaba en la piscina, con una amiga, y él no dejó de mirarme durante un buen rato. Muy serio. Llevaba puestas unas gafas de sol, pero a través de los cristales negros, yo distinguía su mirada por pura intuición. No era tierna ni curiosa. Era fría, sentenciadora. Fija. Sentí un profundo desprecio por aquel chico que me repudiaba con tan decididos ojos.
El verano empezaba y con él las salidas nocturnas, las copas, las fiestas… Él hizo amistad con mis amigos, y algunas noches coincidíamos en algún bar o discoteca. Me ponía francamente nerviosa, con aquellos aires de grandeza y su mirada de superioridad. ¿Quién debía creerse?
Eres feo, bajito y te sobran unos cuantos kilos. No me explico cómo puedes ir de nada por la vida….

Un día de tantos, entablamos conversación. En una multitudinaria cena, después de los postres y los cafés, cuando la gente empieza a cansarse de la misma silla y la misma compañía a uno y otro lado, me volví para hablar con la persona que estaba a mi izquierda. Y cuando miré a mi derecha al cabo de unos minutos, allí estaba él. Ya no recuerdo exactamente cuáles fueron sus primeras palabras. De lo que sí estoy segura es de que la impertinencia fue supina. Buen comienzo, sí señor.
A los diez minutos, estábamos hablando de sexo, de amor, de pareja, de la vida… Todavía hoy no consigo entender cómo me sedujo con sus palabras en cuestión de minutos.
A partir de entonces, empezaron nuestras batallas dialécticas, porque no podría tildarlas de conversaciones. Eran mentalmente agotadoras. Pero él siempre dominaba la situación, parecía saber lo que yo iba a decir y lo que yo quería oír en todo momento. Era un reto intelectual, una seducción psicológica, un juego filosófico que, con el tiempo, se volvería inmensamente peligroso.
Él tenía pareja y yo estaba enamorada de otro. O, al menos, eso pensaba.
Tras meses y meses de jugar, un buen día le dije que la partida había terminado.
Ha sido divertido, pero no conduce a nada y yo ya me he cansado.
- Si estuvieras en mi situación, entenderías por qué me gusta jugar.
- Lo entiendo perfectamente, pero como no estoy en tu situación…
Pero, a partir de aquel momento, me propuse firmemente hacerlo mío. Había jugado con fuego y, por mi vida, que terminaría quemándose.

Al cabo de poco tiempo, una madrugada de sábado, yo dormía tranquilamente en mi cama, en aquella embrujada casa que atraía a todo aquel que pasaba por delante. De pronto, me despertaron unos extraños ruidos en mi ventana. Somnolienta, la abrí, y allí estaba él, con otro amigo, coreándome un intento de serenata la luz de la luna. Me obligaron a reunirme con ellos, so pena de gritar y despertar a toda mi familia. Así lo hice, y bajé en pijama, para escuchar la proposición más indecente que me han hecho en toda mi vida.
De camino a casa, en el coche, después de una noche de fiesta, habían estado fantaseando con la posibilidad de hacer un trío. Los dos con una chica. Y yo era la elegida. De entrada, pensé que me tomaban el pelo. A continuación, me negué en redondo e hice ademán de volverme a casa. Pero no podía dejar de mirarlo. Con los ojos, intenté decirle que era con él con quien quería estar. Él tampoco apartó la vista de mí, lo cual me frenó durante unos segundos… suficientes como para que me convencieran de irme con ellos en el coche. Nadie me obligaba a nada.
Si no te gusta, nos volvemos y aquí no ha pasado nada. Somos amigos, tenemos toda la confianza del mundo…
Pero me gustó.
Yo quería estar con él, pero en el lote venían dos. ¿Qué alternativa tenía?
Fue una experiencia única en todos los sentidos. Única, porque años más tarde, tuve la oportunidad de repetirla con dos personas distintas, y no quise. Pienso que es algo que hay que hacer una vez en la vida… o es que tal vez tiene su momento y aquél era el mío.
Pasaron años, durante los que nos veíamos a escondidas, nos besábamos en cualquier rincón, aprovechando los instantes de despiste del resto del mundo.
Creo que me enamoré de él durante aquellos primeros diez minutos de conversación. Cada vez que estábamos juntos, él siempre me decía que nunca volveríamos a vernos, que cada uno tenía su vida, que él tenía pareja… pero no tardábamos demasiado en planear otra escapada furtiva. Él aseguraba que yo era quien dominaba la situación, porque su firme propósito de no quedar más conmigo se desvanecía al instante de verme. Pero yo empecé a sufrir porque, al final, quien se había quemado por jugar con fuego era yo. Me había enamorado de un imposible… y lo sabía.
Con el tiempo, nuestras vidas se fueron separando, nuestras citas se fueron distanciando, y nuestros mundos se fueron alejando. Yo estaba enamorada y él no, lo cual también contribuyó a nuestra progresiva desunión. Pero me quería a su manera y siempre estuvo allí cuando lo necesité. Me di cuenta de que había perdido al hombre de mi vida, y de que nunca estaríamos juntos. Suerte que aún tenía a mi mejor amigo, que me ayudó, como siempre, en todo lo que pudo y más. Cómo le sigo echando de menos…
Al cabo de un tiempo, coincidimos en una boda, en la que estuvimos poniéndonos al día de nuestras vidas y donde zanjamos con un fuerte abrazo nuestra inacabada historia.
Hoy lo veo de vez en cuando, con su mujer y con su hijo pequeño. Su mirada ahora sí es tierna y curiosa. Y su sonrisa aún más. Evidentemente, hace mucho tiempo que no estoy enamorada de él, porque han pasado muchos años y varios hombres desde entonces.
Mi gran amor... espero encontrarte pronto y destronarle.
Porque hasta ahora, si acaso he conocido al hombre de mi vida, sin duda, era él.
Comentario:
Comentario:
Ya ves que se puede cambiar el tipo de letra, el tamaño e incluso el color
;-)
;-)
Comentario:
Desde luego cada persona es un mundo. Porque a mí personalmente esa proposición suya del trío hubiera sido suficiente para desenamorarme, y no por prejuicios de índole sexual sino porque yo tiendo a la idealización de mis parejas o futuras parejas y una proposición tan "carnal" hubiera sido como un jarro de agua fría. La pregunta a veces no está en por qué los demás hacen determinadas cosas sino en descubrir en nuestra naturaleza la clave de por qué nos prestamos a según que torturas psicológicas...
Kisses!
P.D.: No sé si has visto, un comentario extra que te he dejado en el post, Fiesta II para que puedas cambiar el tamaño de la letra y tampoco si me he expresado bien pero si no lo entiendes intento explicartelo de nuevo
Kisses!
P.D.: No sé si has visto, un comentario extra que te he dejado en el post, Fiesta II para que puedas cambiar el tamaño de la letra y tampoco si me he expresado bien pero si no lo entiendes intento explicartelo de nuevo
Comentario:
¿Cómo saber que alguien es la persona de tu vida... si la vida todavía es muy larga? Creo que sólo se sabe cuando se está a punto de morir, cuando ya no hay fuerzas ni para decir el nombre de esa persona, cuando ya es demasiado tarde para todo porque apenas duramos lo que un latido más. Es un conocimiento inútil.
Además, siempre pienso que es el plural lo que mejor define esto. Tenemos los hombres (o las mujeres) de nuestra vida, porque son los que trazan el entramado sobre el que se teje esa vida que desborda todo nuestro intento de racionalizarla, sopesarla o explicárnosla.
Y, con respecto a la sexualidad y los tríos, una de las cosas que más perplejos tiene a nuestros congéneres de hoy es, justamente, que la sexualidad carece de límites y de forma y que el erotismo se halla en los puntos más insospechados, incluso en la violencia, el castigo, la mutilación y la muerte. (La categorización del sexo pertenece sólo a la industria del porno, porque el de verdad no puede categorizarse, salvo violencia interpuesta y pura imitación). No creo que haya que experimentar por ver qué pasa, como el que prueba una comida por si le gusta, sino abandonarse a los instintos que nos llaman y vivir, tener la vivencia, que nunca se repite, que siempre es singular y que, por eso, distingue todos y cada uno de los actos, aunque formalmente estos actos se parezcan entre sí. ¿En qué se parecen dos besos o dos sonrisas? Tal vez sólo en que usamos la misma palabra abstracta.
Esta escritura tuya, estas cosas que cuentas y, sobre todo, cómo las cuentas, me parecen admirables. ¿Dijiste que no podías escribir un libro? Creo que sí, perfectamente. Otra cosa es que lo publiquen, pero ese es un problema diferente.
Además, siempre pienso que es el plural lo que mejor define esto. Tenemos los hombres (o las mujeres) de nuestra vida, porque son los que trazan el entramado sobre el que se teje esa vida que desborda todo nuestro intento de racionalizarla, sopesarla o explicárnosla.
Y, con respecto a la sexualidad y los tríos, una de las cosas que más perplejos tiene a nuestros congéneres de hoy es, justamente, que la sexualidad carece de límites y de forma y que el erotismo se halla en los puntos más insospechados, incluso en la violencia, el castigo, la mutilación y la muerte. (La categorización del sexo pertenece sólo a la industria del porno, porque el de verdad no puede categorizarse, salvo violencia interpuesta y pura imitación). No creo que haya que experimentar por ver qué pasa, como el que prueba una comida por si le gusta, sino abandonarse a los instintos que nos llaman y vivir, tener la vivencia, que nunca se repite, que siempre es singular y que, por eso, distingue todos y cada uno de los actos, aunque formalmente estos actos se parezcan entre sí. ¿En qué se parecen dos besos o dos sonrisas? Tal vez sólo en que usamos la misma palabra abstracta.
Esta escritura tuya, estas cosas que cuentas y, sobre todo, cómo las cuentas, me parecen admirables. ¿Dijiste que no podías escribir un libro? Creo que sí, perfectamente. Otra cosa es que lo publiquen, pero ese es un problema diferente.
Comentario:
No sé donde leí que cuando algo se desea con mucha fuerza, el universo se confabula para cumplirlo. Estoy seguro de que aparecerá ese alguien, Lluvia, que tendrá que ser muy especial para estar a la altura de tu sensibilidad.
Pero también creo que esa persona será muy afortunada.
Espero que no te parezca mal el atrevimiento de este comentario... pero es que al leerte, tengo una gran impresión de cercanía con lo que cuentas. Y siendo así, tengo que agradecerte el que nos permitas asomarnos a alguien muy especial en la forma de narrar, de usar las palabras, y de transmitir los sentimientos.
Simplemente me llega muy dentro lo que escribes.
Un beso
Pero también creo que esa persona será muy afortunada.
Espero que no te parezca mal el atrevimiento de este comentario... pero es que al leerte, tengo una gran impresión de cercanía con lo que cuentas. Y siendo así, tengo que agradecerte el que nos permitas asomarnos a alguien muy especial en la forma de narrar, de usar las palabras, y de transmitir los sentimientos.
Simplemente me llega muy dentro lo que escribes.
Un beso
Comentario:
Cada post tuyo es un regalo, Lluvia.
Besines.
Besines.






