Tatuada
Hace siete años, se me ocurrió la idea de hacerme un tatuaje en el tobillo. No sabía dónde ir, y una amiga me recomendó un centro de estética donde ella misma se había ido a tatuar una pequeña mariposa en la espalda. Con toda mi ilusión fui allí, escogí un dibujo bonito y discreto, y pedí presupuesto, día y hora. Por si me arrepentía algún día, preferí que utilizasen micropigmentación, para que el tatuaje se borrase en tres años aproximadamente. Era un sol en llamas, con doble contorno en violeta y naranja.
Recién hecho, era una preciosidad. Seguí al pie de la letra todas las instrucciones de cuidado, higiene y “post-operatorio”. Y cada vez que me quitaba la gasa que me acompañó durante quince días, se caía un trocito de costra, dejando debajo un horrible tono rosa pálido. Y, pasadas las dos semanas de curación, todo el tatuaje había quedado de aquel color. Naturalmente, fui a reclamar y se lavaron las manos. Aseguraban que en seis meses, como mínimo, la piel no podía tatuarse en la misma zona, y me dijeron que volviese en ese período de tiempo. Y cuando lo hice… el centro de estética había desaparecido.
El tatuaje no se borró en tres años, ni en cuatro, ni en cinco… Desde aquello, cada primavera me prometía que tenía que arreglar aquella especie de cicatriz de caprichosa forma, que era lo que todo el mundo interpretaba al verlo. Al paso de bota y calcetín a sandalia y falda, cuando miraba mi tatuaje, me acordaba de aquellas dos indeseables que se llevaron mi dinero a cambio de marcarme como a una vaca. Y así, han pasado siete años.
Pero, de un tiempo a esta parte, pongamos un par de meses, me ha entrado una especie de obcecación por que “yo lo valgo”, y me he dedicado, por primera vez en años, a gastarme mi dinero en mí. Me he comprado ropa, un móvil nuevo, he ido a la peluquería a hacerme mechas, me cuido el cutis y las uñas, sigo una dieta sana… No sé qué metamorfosis estoy sufriendo, pero soy más femenina que nunca. Será una crisis de los treinta, o mi avidez por seducir, o alguna reacción neuronal o química de mi cuerpo desencadenada por alguna razón que desconozco. También es cierto que a mí la primavera no me produce esa famosa astenia, sino todo lo contrario. Renazco, como las flores. Se me ilumina la cara, casi se podría decir que cambio de color. Despierto de la hibernación, dispuesta a vivir intensamente los meses de calor, hasta volver a apagarme en otoño.
Y, no sé si como fruto de mi afán por mejorar físicamente, o porque siempre he querido un tatuaje en el tobillo (porque, no nos engañemos, nunca lo he llevado), pedí presupuesto, día y hora en un centro especializado en tatuajes y piercings, relativamente cerca de donde vivo, para arreglar de una buena vez el estropicio que llevo luciendo siete años.
El sábado pasado era el gran día. Sorprendentemente, no estaba nada nerviosa. Aparqué el coche, pagué un buen rato de parquímetro, caminé tranquilamente fumando un cigarrillo hasta el centro en cuestión… pero en cuanto hube puesto un pie dentro, un retortijón y un mareo me prendieron sin previo aviso. Cuando subía las escaleras que llevaban a la “sala de torturas”, casi me caigo. Me flaqueaban las piernas.
Pero, a pesar de mis ganas de salir huyendo, me dejé aconsejar, y me dejé dibujar a rotulador una preciosa flor encima de aquel proyecto de sol asalmonado. Cuando la vi, mandé a paseo todos mis temores y di el visto bueno. ¿Sin anestesia ni nada? Me va a dar algo…
En veinte minutos tenía el tatuaje hecho. Qué bonito es. El procedimiento no es agradable, pero es cierto eso de que “sarna con gusto no pica”. Ahora tengo que cuidármelo durante dos semanas, con agua, jabón y una crema específica. No quería enseñarlo a nadie hasta comprobar que esta vez no se borrará, pero lo ha visto ya media familia y medio grupo de amigos. En esta ocasión, la tinta es permanente. Sin embargo, al recordar mi experiencia anterior, me asaltan las dudas.
Pero estoy contenta.
No obstante, como suele suceder, justo el día del tatuaje, me prometí que no iba a permitirme ni un solo gasto extraordinario más, como mínimo hasta septiembre. Y, ese mismo día, mi agenda electrónica falleció. Bueno, en realidad, estoy pendiente de diagnóstico, porque no sé si agoniza o está muerta del todo. Y parecerá una pijada, pero no puedo vivir sin ella. Ya no sé cuándo ovulo, ni cuándo menstrúo, ni cuándo tengo hora con la psicóloga, ni nada de nada. Y las agendas tradicionales en papel me duran menos que un caramelo en la puerta de un colegio….
Pero estoy contenta. Y eso es lo que importa. El dinero… sirve para gastarlo, ¿no?
Espero seguir teniendo tatuaje dentro de dos semanas...
Comentario:
Reconozco que nunca he entendido por qué tatuarse.
Comentario:
Hoy hace justo una semana que yo me repasé mi tatuaje. En septiembre del año pasado me hice una media luna muy sencillina en el pie. Cuando se cayó la costra, estaba medio borrada. Ni que decir tiene que al chico que me lo hizo le echaron de su trabajo. Cada vez que lo miraba me entraba una mala leche.... Pero por fin tengo mi lunita perfecta... casi toda la costra se ha caido y esta vez si que será para siempre...
Es cierto, no hace tanto daño como dicen... Un abrazo, te leo siempre...
Es cierto, no hace tanto daño como dicen... Un abrazo, te leo siempre...
Comentario:
Lluvia, tú sí que me halagas. No soy escritor, para nada. En último término, escribidor. Barrunto una y otra vez qué poner, cómo expresarme. Y me has convencido: para dentro de un mes me compraré una, si el bolsillo no me da un susto antes.
Besos
X.
Besos
X.
Comentario:
Qué retrasada iba en leerte, X., llevo media hora poniéndome al día en tu cuaderno rojo. Brillante, como siempre. Me halaga mucho que a un escritor como tú le guste leerme.
Lo del tatuaje, no duele tanto como parece. Dicen que en el tobillo es donde más duele, y yo soy nefasta aguantando el dolor. Y "mírame".
Y lo de la agenda, me acabó de convencer un amigo al que le expuse mis dudas (parecidas a las tuyas). Me preguntó si utilizaba las normales y le dije que no. "Entonces, ésta sí la usarás". Y es cierto. Me siento como perdida en el mundo sin ella.
Y sí, puedes poner que suene una alarma para avisarte de las cosas.
En Ebay hay muchas bastante bien de precio.
Un saludo
Lo del tatuaje, no duele tanto como parece. Dicen que en el tobillo es donde más duele, y yo soy nefasta aguantando el dolor. Y "mírame".
Y lo de la agenda, me acabó de convencer un amigo al que le expuse mis dudas (parecidas a las tuyas). Me preguntó si utilizaba las normales y le dije que no. "Entonces, ésta sí la usarás". Y es cierto. Me siento como perdida en el mundo sin ella.
Y sí, puedes poner que suene una alarma para avisarte de las cosas.
En Ebay hay muchas bastante bien de precio.
Un saludo
Comentario:
Estoy pensando en comprarme una, pero es que soy muy despistado usando la normal: no me acuerdo de consultarla. ¿Qué me recomiendas?¿Hay algún modelo electrónico que solucione los olvidos del dueño?
Me encanta ver esos tatuajes pequeños y sugerentes. Yo no sería capaz en absoluto. Le tengo pánico a las agujas.
Y no te prives. La persona que merece más tus mimos eres tú misma, Lluvia.
Me encanta volver a leerte.
Un beso
X.
Me encanta ver esos tatuajes pequeños y sugerentes. Yo no sería capaz en absoluto. Le tengo pánico a las agujas.
Y no te prives. La persona que merece más tus mimos eres tú misma, Lluvia.
Me encanta volver a leerte.
Un beso
X.






