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Días de lluvia
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Hasta siempre

Han pasado dos semanas.

Mi tatuaje no se ha borrado. He vuelto a la vida normal, con duchas a temperaturas decentes. Ahora que está curado, queda aún más bonito.

Mi agenda electrónica finalmente murió, tras una agonía de varios días. Pujé por otra en una subasta en Internet, y me mandaron un modelo equivocado. Curiosamente, inferior al que yo había pagado, porque si llegan a fallar en mi favor… a veces es difícil distinguir entre la honestidad y la estupidez… y no sé qué habría hecho. En principio, todo había sido un error, envié por correo certificado el modelo equivocado y recibí el correcto con los portes pagados. La agenda es genial, casi me alegro de que se estropeara la otra.

Mi jefe me ha hecho una propuesta… pero no del tipo que yo quisiera. Ésta es laboral. Lo cierto es que cualquier cosa que suponga un cambio en mi vida me agobia, y la presión en pleno síndrome premenstrual es lo peor que le puede pasar a una mujer. O, por lo menos, a ésta que escribe. Bueno, lo del síndrome premenstrual es meramente intuitivo, porque al haber estado dos semanas sin agenda, ando un poco perdida.
No obstante, propuestas laborales a parte, me ha parecido notar que me mira con otros ojos. O tal vez es mi mirada distinta la que me hace percibir otra mirada en él. Creo que ahora sus ojos verdes son más intensos, me atraviesan con una mayor profundidad y dulzura. Su actitud también es más prudente y amable… por no mencionar que me ha dicho de mil formas que hace siglos que no tiene relaciones sexuales. Yo tampoco, pero claro, durmiendo sola… digamos que tengo excusa. No sé qué quiere darme a entender con sus comentarios pero, por primera vez en casi cuatro años, se disculpa por sus impertinencias. Y eso sí que es toda una novedad.
Ahora que lo veo algo más factible… me apetece menos.

Y la tienda de magia sigue sin abrir. Los típicos problemas de licencias, obras, burocracia, incompetencia…
Pero ya conozco a la médium, y hemos tenido un par de largas conversaciones. No sé si ve en mí a una buena clienta potencial o realmente su comportamiento es desinteresado, pero me ha hecho partícipe de su don y ha contestado a muchas preguntas que le he formulado. Lo que más me empuja al mundo esotérico es mi insaciable curiosidad por todo. Siempre necesito saber más. Cuando acudo al centro de estética, a la peluquería, al dentista, a la psicóloga… siempre pregunto qué me hacen, cómo, por qué, para qué… Bueno, en el dentista es algo más complicado, por aquello de tener que mantener la boca abierta, pero me las ingenio. Y si me despierta la curiosidad el mundo cotidiano y banal, ¿cómo no va a hacerlo un mundo oculto y rodeado de misterio?



Dentro de poco hará siete años que perdí a mi mejor amigo. Lo echo muchísimo de menos, pero lo que en psicología se conoce como el “período de duelo” ya pasó. En principio, la adaptación a la vida después de una gran pérdida dura entre uno y tres años, dependiendo de cada persona. Yo pasé un tiempo muy mal, pero el cambiar de casa y dejar atrás tantos rincones que hablaban sin preguntarles nada me resultó de gran ayuda. Los recuerdos siguen imborrables, pero tampoco me perdonaría que fuese de otro modo. A veces duelen, a veces sorprenden, a veces hacen sonreír…
Pasaron años en los que soñaba que él seguía entre nosotros, y que todo era normal. Salíamos a tomar algo, charlábamos, reíamos… y el despertar era terrible. Eran sueños bastante habituales, que yo atribuyo a mi no aceptación de lo ocurrido.

Una noche, hará poco más de un año, todo fue distinto. Yo dormía, y él apareció en mi sueño. Pero no era como había sido siempre. Esta vez, venía de visita. De donde estuviese. Pasamos juntos un día entero, en el que pude contarle toda mi vida hasta el momento, enseñarle mi nuevo piso, explicarle tantas cosas que tenía pendientes, abrazarlo, decirle lo muchísimo que lo quería y lo echaba de menos…
Pero, como todo en la vida, el día terminó, y él tuvo que marcharse. Aún sabiendo que pedía un imposible, le supliqué que no se fuera… y él me dijo que tenía que hacerlo, y que yo lo sabía.
Había venido a despedirse.

Dicen que los muertos no se marchan si alguien los retiene.
Dicen que sólo se comunican con las personas que no temen hacerlo.
Y también dicen que una persona es más receptiva cuando la mente descansa y el inconsciente aflora, es decir, durante los sueños.

Desde aquella noche, no he vuelto a soñar con él. No le he visto más que en mis fotos y en mis reminiscencias.
La vidente me aseguró que es algo muy frecuente. Que vienen a despedirse cuando estás preparada para decir adiós de verdad. Y ya no vuelven.



Adiós…
...Pero siempre seguirás conmigo en mis recuerdos.

 
Comentario:
Me has puesto los pelillos de punta!! Poco a poco las cosas duras de la vida se van superando y nos refuerzan. Ánimo ;-)
Me gusta tu blog, ya lo tengo en favoritos ;-P
 
Comentario:
A los muertos hay que dejar que se vayan. Si no, terminarán rondándonos por la casa, enojados, irritados, y nos harán la vida imposible y los terminaremos odiando.

Nuestro recuerdo no debería ser una prisión.

Los videntes son como los banqueros: siempre mienten y siempre gana la banca.
 
Comentario:
Gracias por volver a escribir.
Creo que tienes razón, aunque a mi me gustaría que volviesen a aparecer en mis sueños mis abuelos... hay tantas cosas que quiero decirles, tanto que mostrar...
Te podría pedir un favor, Lluvia?
Me dirías el modelo y marca de tu agenda, para intentar comprarme una igual? si tú estás contenta, seguro que a mí me va estupendamente con ella.
Un saludo
X.
No