Familia
En nuestros tiempos, las separaciones y los divorcios están a la orden del día. En cualquier clase de cualquier colegio, casi un tercio de los alumnos de cursos de primaria son hijos de padres separados. Tal vez el no ser “bichos raros” y el estar habituados a conocer a otros niños en su misma situación los hace sentirse unidos, o les hace comprender, hasta donde alcanzan, que los matrimonios vienen con fecha de caducidad.
Pero hace veinticinco o treinta años, las separaciones no eran tan habituales.
Una niña de dos o tres años puede comprender el divorcio de sus padres, en la medida de lo posible, siempre que éstos tengan en cuenta que ella será quien más lo sufra y, en consecuencia, intenten que el mal sea el menor posible.
Una niña pequeña pasará muy malos momentos cuando su padre pase a ser una visita esporádica, y llorará durante horas cuando se marche a su casa… porque papá ahora tiene otra casa. Y no es ésta.
Hace casi treinta años, los padres de una niña pequeña se dieron cuenta de que entendían el matrimonio de distinta forma. Para él, la libertad individual prevalecía por encima de todo. Y, a pesar de haber vuelto a casarse, sigue pensando lo mismo. Y para ella, la comunión de dos seres en una unidad, hasta que la muerte los separase (en principio) era la definición de matrimonio. Claro que, con el paso de los años, las perspectivas pueden cambiar… pero ya es demasiado tarde.
La fidelidad mutua, el respeto, el equipo formado por los dos y la vida en común eran comprendidas de diferente manera en aquella pareja. Dos lecturas totalmente lícitas… pero indiscutiblemente incompatibles. Y la única solución ante un problema de tal magnitud es la separación. Tal vez se casaron demasiado jóvenes. Quizá no se dieron cuenta de que quererse no lo era todo. Sean cuales fueren los motivos, aquel matrimonio se rompió.
La niña pequeña no es consciente de todo el proceso, por la edad que tenía, y porque sus padres sí estaban de acuerdo en una cosa: ella tenía que sufrir lo menos posible.
La niña sólo recuerda que su padre se fue a vivir lejos, y venía cada dos semanas a verla, a llevarla al cine, al zoológico, al parque de atracciones… pero luego la dejaba en casa para marcharse lejos otra vez. Y ella lloraba, porque no podía creer que su papá ya no estuviera viviendo con ella y con mamá..

Al cabo de un tiempo, que no podría precisarse con exactitud, llegó otro hombre a casa. Y, por su parte, papá empezó a visitar a la niña acompañado de otra mujer. A la pequeña nadie le dijo que aquel fuera el sustituto de nadie. Por supuesto, porque no lo era. Y la mujer que venía con papá… era simpática… y muy guapa.
Papá y mamá charlaban amigablemente, a solas, o con sus respectivas nuevas parejas. Papá y mamá se llamaban, para hablar de su hija, para preguntarse por sus vidas, para desearse suerte…
Papá y mamá siempre estuvieron allí cuando la niña estaba triste, o enferma, o tenía algún problema.
Papá siempre hablaba de mamá con ternura y cariño. Y continúa haciéndolo.
Mamá recuerda a papá con afecto y estima. Y sigue deseándole lo mejor.
Papá y mamá siempre han sido amigos y se han respetado. Y, a su manera, se siguen queriendo.
Hasta que no llegó a cierta edad, la niña se consideraba una hija de padres separados común. Cuando era pequeña, tampoco tenía demasiado con qué comparar. Pero con el paso de los años, empezó a compartir su experiencia con otros niños, y a conocer casos de separaciones en las que los padres no podían verse, en las que el divorcio había sido el postre de gritos y discusiones en casa o, peor aún, de un silencio y un frío que lo helaban y lo cortaban todo. A veces los padres se empeñan en mantenerse unidos sólo por los hijos… como si ellos, por ser pequeños, no fuesen a darse cuenta de que las cosas no funcionan en casa.
Los padres de los demás niños esperaban a sus hijos en el portal, para no ver a la bruja de su madre, culpable de todas las desgracias del mundo. Y las madres advertían a los hijos en contra de la nueva novia de papá, que era mala porque sí. Cuidado.
La niña, cuando ya no era tan niña, se dio cuenta de cómo sus padres la habían antepuesto a todas sus diferencias. Y aunque en muchos casos una separación sea la única solución a un matrimonio equivocado, existen distintas formas de separarse. La niña, al madurar, se sintió orgullosa de haber sido lo más importante para sus padres en tan difícil coyuntura.
Hasta la separación, el divorcio y la nulidad, en ese orden, en los tribunales jamás se habían encontrado con nadie que hablase maravillas de la persona que iba a dejar de ser su cónyuge. Y, por aquel entonces, coincidieron dos. Mi padre y mi madre.

Me enorgullece infinitamente lo bien que se portaron conmigo, y el ser tan inmensamente importante para ellos. Sé que me quieren muchísimo y ni que decir tiene que yo a ellos también. Si hay un dios, o quien quiera que mueva los hilos de este complicado universo, me dio un regalo de valor incalculable: los mejores padres del mundo. El hecho de que no pudieran vivir juntos jamás me ha privado de un ápice de todo su cariño, su amor y su cuidado. Porque para que un padre y una madre quieran a sus hijos, sólo los necesitan a ellos. Y un hijo necesita a sus padres… pero no necesariamente juntos. Jamás he presenciado una sola discusión entre mi padre y mi madre… y eso tampoco tiene precio.
Muchas gracias, mamá y papá. No sé qué he hecho para tener tanta suerte.
Comentario:
Es la primera vez que veo que se escriba con tanto sentido de una cuestión tan delicada y tan mal comprendida siempre. Cuando veo a algunos amigos que se han separado o compañeros de trabajo (aunque con estos siempre hay menos confianza), no puedo dejar de pensar que parece mentira que hayan sido tan tontos, tan ciegos, tan miserables como para haberse casado con parejas que retrospectivamente, cuando ahora ya no lo son, han sido tal cúmulo de defectos, de maldad y de mala fe.
No creo en el matrimonio, y no creo porque se miente siempre que se habla de él (aquí las mujeres tienen más culpa que los hombres, será la educación, este catolicismo rancio que arrastramos): para siempre, eterno, mutuo... ¿De verdad? No creo en las eternidades. Creo en el matrimonio como concepto legal, transitorio y que sirve para unir dos patrimonios y establecer derechos y deberes (¿fue alguna vez otra cosa el matrimonio?). El amor es otra cosa.
Pero es reconfortante saber que, al menos, hay una pareja en este país que, simplemente, se ha separado, no que haya declarado una guerra sin cuartel a quien (por declaración propia, no hay que olvidarlo) juraron que amaban, y es reconfortante saber que después de separados se siguen amando, aunque no convivan.
Con respecto al testigo de la encuesta, no tengo blog para contestar. Pero gracias por ponerme en la cadena.
No creo en el matrimonio, y no creo porque se miente siempre que se habla de él (aquí las mujeres tienen más culpa que los hombres, será la educación, este catolicismo rancio que arrastramos): para siempre, eterno, mutuo... ¿De verdad? No creo en las eternidades. Creo en el matrimonio como concepto legal, transitorio y que sirve para unir dos patrimonios y establecer derechos y deberes (¿fue alguna vez otra cosa el matrimonio?). El amor es otra cosa.
Pero es reconfortante saber que, al menos, hay una pareja en este país que, simplemente, se ha separado, no que haya declarado una guerra sin cuartel a quien (por declaración propia, no hay que olvidarlo) juraron que amaban, y es reconfortante saber que después de separados se siguen amando, aunque no convivan.
Con respecto al testigo de la encuesta, no tengo blog para contestar. Pero gracias por ponerme en la cadena.
Comentario:
Buf tu post me ha puesto la piel de gallina... ojala la actitud que adoptaron tus padres fuera mas habitual, que prueba de inteligencia y ... de amor!
Comentario:
Es de admirar un comportamiento así, supieron darse cuenta de lo que era realmente importante, tu felicidad... qué suerte tuviste!
Comentario:
Es maravilloso que alguien pueda escribir y sentir ese amor infinito tras una separación matrimonial. Creo que es el mejor regalo que pudieron hacerte. Saluditos
Comentario:
El amor no se puede forzar, y a veces las cosas acaban. En esos casos, para un niño siempre será mejor ver a sus padres por separado y felices que juntos y odiándose.
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
pozi
Comentario:
Creo que ya sé de donde viene tu sensibilidad, ese don tan especial que transmites al escribir.
Tus padres tienen que ser increíbles, y es lógico que estés tan orgullosa de ellos, Lluvia.
Pero olvidas decir que ellos tienen también muchísima suerte contigo, que ellos también recibieron en su momento un regalo de valor incalculable.
Gracias por comunicar tanto, por todo, con tus palabras.
Un beso
X.
Tus padres tienen que ser increíbles, y es lógico que estés tan orgullosa de ellos, Lluvia.
Pero olvidas decir que ellos tienen también muchísima suerte contigo, que ellos también recibieron en su momento un regalo de valor incalculable.
Gracias por comunicar tanto, por todo, con tus palabras.
Un beso
X.






